De estación de tren abandonada a hotel de lujo en los Pirineos: así es alojarse en Canfranc Estación, una experiencia que te traslada a una película de Wes Anderson
Un fin de semana en el mejor escenario posible: una estación que revive el esplendor de la época dorada del ferrocarril de los años 20.

Canfranc Estación, antigua estación de tren convertida en un hotel 5 estrellas GL. / Manolo Yllera
Todo viajero tiene una lista de destinos soñados. Y la comarca de la Jacetania, en pleno Pirineo Aragonés, es, sin lugar a dudas, uno de esos lugares que los amantes de la aventura y la naturaleza deben visitar. Cuenta con más de 300 kilómetros de rutas señalizadas en su entorno para hacer senderismo (se sitúa en el Camino de Santiago aragonés), pero también se puede practicar escalada, barranquismo o, durante el invierno, deportes de nieve en las estaciones de Astún y Candanchu, situadas en las inmediaciones.

Hall de la Estación Internacional de Canfranc, Patrimonio Histórico Cultural Ferroviario. / Manolo Yllera
Hoy, en cambio, nos trasladamos hasta Canfranc no para descubrir el lugar y la interesante historia que alberga en el poco más del siglo desde que se fundó la zona de la Estación, sino de un hotel que, por su encanto y características, ya es un destino en sí mismo. Si los grandes trenes de lujo que recorren el viejo continente desprenden un magnetismo único, este hotel no se queda atrás.

La Estación Internacional de Canfranc forma parte del Patrimonio Histórico Cultural Ferroviario, puesto que es uno de los complejos ferroviarios más importante de los construidos en Europa en el primer tercio del siglo XX. Inaugurada en 1928 y declarada Bien de Interés Cultural en 2002, actualmente da la bienvenida al viajero que decide alojarse en este hotel que Barceló Hotel Group ha recuperado bajo su marca de lujo superior, Royal Hideway Hotel.
Homenaje a la cultura ferroviaria
Lo primero que nos llama la atención al llegar a la imponente estación es la bienvenida de los botones, que se encargan de nuestro equipaje. Sus uniformes llevan la impronta del diseñador aragonés Nacho Lamar que pone en valor la cultura ferroviaria. Y es que, cada uno de los trabajadores del hotel, rinde homenaje a los oficios ferroviarios que en su día estuvieron presentes en la estación. El botones es el que antaño fue mozo de equipajes, mientras que en recepción nos topamos con el antiguo jefe de estación.

El hotel cuenta con 104 estancias, distribuidas en 5 categorías diferentes. / Manolo Yllera
El check in es rápido y nos ofrecen una copa de cava antes de subir a las habitaciones. El hotel cuenta con 104 estancias, distribuidas en 5 categorías diferentes ubicadas en la primera y segunda planta de la estación, desde la Deluxe (con un tamaño entre 21 y 30 metros cuadrados) hasta las Suites o Suite Dúplex, con habitaciones de 35 metros cuadrados con sala
Los canfraneros no admiten discusión alguna con respecto a la leyenda que indica que la estación original contaba con 365 ventanas, una por cada día del año. La realidad es que había alguna más, pero, sea como fuere, tras la rehabilitación llevada a cabo por el estudio de interiorismo ILMIODESIGN, cada una de las habitaciones cuenta en sus paredes con alguna de las ventanas originales que ahora contienen fotografías antiguas de la estación. También los cabeceros de terciopelo nos recuerdan a los tapizados de los asientos de los vagones de los años 20.

La piscina climatizada cuenta con unas vistas privilegiadas. / Manolo Yllera
Con algunos metros más que el mítico Titanic, recorrer Canfranc Estación, a Royal Hideaway Hotel, lleva su tiempo gracias a sus 241 metros de longitud. Podemos empezar por la zona wellness, que cuenta con piscina climatizada, área relax y gimnasio. Además, ofrece una interesante carta de tratamientos que van desde los clásicos (como el que lleva por nombre masaje del río Aragón) hasta rituales corporales como el Lomi Juma, que ofrece una fusión de amasamientos hawaianos, balanceos y estiramientos.
Gastronomía con estrella Michelín en el Pirineo
Otro de los puntos fuertes de Canfranc Estación, a Royal Hideaway Hotel es su gastronomía. A los pocos meses de abrir ya conseguían su primera estrella Michelín, a la que se sumó posteriormente un Sol de la guía Repsol gracias a su restaurante Canfranc Express. En un antiguo vagón de tren rehabilitado para 8 comensales, el chef Eduardo Salanova y Ana Acín como jefa de sala y sumiller del restaurante, ofrecen un menú de 17 pases que reinterpreta la cocina aragonesa.

Comer en un vagón de tren rehabilitado es posible en Canfranc Estación. / Manolo Yllera
Y, si se prefiere el savoir faire de la cocina del otro lado del puerto de Somport, en el vagón aledaño (eso sí, sin cocina vista) descubrimos 1928, el restaurante de cocina francesa elaborada con productos de kilómetro 0. En su menú destacan entrantes como el gazpachuelo ahumado de ostra francesa y ensalada verde o la sopa de cebolla 1928. En carnes ofrecen solomillo Rossini 1928, mientras que los amantes del pescado pueden degustar un turbot (rodaballo) con pil-pil de clorofila y guisantes de temporada. Mención aparte merecen algunos de los vinos con los que se puede maridar el menú, como el Enate Chardonnay fermentado en barrica de la D.O. Somontano o el Zinca d’Odre, 100 % Garnacha de uvas cultivadas en Montesa (Huesca).
Para comidas más informales, Canfranc Estación, a Royal Hideaway Hotel cuenta también con el restaurante El Internacional (cuyo nombre rinde homenaje al hotel que albergaba la estación en el pasado) y Art Déco Café, un espacio decorado con elementos art déco y una interesante carta de tapas. Y, como fin de fiesta, o como parte de un après- ski de lujo, el viajero debería acercarse a conocer la Librería, cafetería que nos recuerda a los cafés parisinos y que ofrece una amplia carta de coctelería.

La Librería permite disfrutar de un après- ski en una cafetería que nos recuerda a los cafés parisinos. / Manolo Yllera
Y, más allá de las instalaciones o la gastronomía, este hotel ubicado en una antigua estación de ferrocarril ofrece experiencias únicas que hacen que la categoría 5 estrellas Gran Lujo sea más que merecida. En colaboración con la empresa Sargantana se ofrecen, por ejemplo, visitas guiadas por la estación. Y, ojo, porque si tienes suerte, la persona que te acompañará será Víctor López, oriundo del pueblo y, probablemente, una de las personas que mejor conoce la historia de este lugar. No en vano, ha sido alcalde de la localidad durante varios años y, además, es autor del libro ‘Canfranc. El ferrocarril de los Pirineos’.
Un entorno único: Pirineos oscenses
También se puede disfrutar de una experiencia con raquetas de nieve en invierno o realizar una sencilla ruta de unas dos horas de duración que discurre por el paseo de los Melancólicos y el bosque cercano que alberga algunos búnkeres de la Segunda Guerra Mundial con la compañía de un guía especializado de Raka, Guías de Canfranc. En nuestro caso, María nos permitió disfrutar de un recorrido plagado de anécdotas y curiosidades, como que su padre fue el primer montañero que fue evacuado en helicóptero en el pirineo aragonés.
En definitiva, hay hoteles que son un destino en sí mismos y este, ubicado en los Pirineos oscenses, es uno de ellos. De estación de tren abandonada a hotel de lujo, el Canfranc Estación, a Royal Hideaway Hotel nos permite disfrutar de la magia del ferrocarril (aquí te dejamos algunos viajes en tren que se deberían hacer una vez en la vida) y sentirnos como los protagonistas de una peli de Wes Anderson.
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