Dormir frente a la fuerza del agua: hoteles con poderosas cascadas a la vista
Desde las del Iguazú a las del Niágara, pasando por todo un catálogo de impactantes cascadas, recorremos alojamientos en los que dormir con la hipnótica imagen del torrente de agua.

Son salvajes, estruendosas, irresistiblemente fotogénicas. Son cortinas de agua que se desbordan en un atronador estallido de espuma. Será, tal vez, por el poder magnético de sus vertiginosas caídas, o por el paisaje que labran al desplomarse o por la prodigiosa irradiación que emiten con intermitentes destellos de arcoíris. Será por todo ello por lo que las cataratas se cuentan entre los más hermosos fenómenos de la naturaleza.

Dormir en las inmediaciones de estas impactantes cascadas es hacerlo bajo el sonido de una estrepitosa orquesta de mil grifos. Y despertar después, al llegar la mañana, con vistas al espectáculo de su continuo e infinito torrente es constatar cómo el planeta se rige por el milagro del agua. Agua que nutre y fertiliza, agua que cura y purifica, agua que es fuente de vida.
Un paseo por El Bronx
Hay hoteles que tienen ese privilegio. El de asentarse muy cerca de las más poderosas cataratas del mundo. Las de Iguazú, por ejemplo, compartidas por dos países —Argentina y Brasil—, que si bien es cierto que no son las más altas (la mayor de sus caídas es solo de 82 metros, mientras que el Salto del Ángel, en Venezuela, mide casi un kilómetro), sí ostentan el título (probablemente) de las más deslumbrantes: nada menos que 275 cascadas, generadas por el río del mismo nombre, en un marco de selva y bruma con más de dos mil especies de plantas y con una exótica fauna que incluye monos, coatíes y hasta trece variedades de colibríes. Por algo no solo son Patrimonio Natural de la Humanidad, sino también una de las Siete Nuevas Maravillas Naturales del Mundo.

Míticas como ninguna son las cataratas del Niágara, en la provincia canadiense de Ontario, famosas en el mundo entero por su volumen de agua, el mayor de todas las cascadas del planeta: cada segundo cae el equivalente a un millón de bañeras.
Y espectacular es la cascada de Godafoss, en la zona norte de Islandia, no tanto por su insólita y misteriosa belleza como por la particularidad de poder contemplarse desde los pies y desde la cresta. No faltan tampoco las Cataratas Victoria, declaradas asimismo Patrimonio de la Humanidad en el año 1989, que constituyen el salto de agua del río Zambeze situado en la frontera de los africanos Zambia y Zimbabue. En todas ellas, siempre hay un hotel con vistas a su eterno fluir.
No solo ver..., sino también mojarse
Más allá de la mera contemplación del atronador desplome, más allá de la belleza que destila la imagen de su constante discurrir (factores ambos que, ya de por sí, justifican el viaje), existen otras curiosas y emocionantes maneras de explorar las cataratas más potentes del mundo. Una es hacerlo desde las alturas, sobrevolando el lugar en cuestión en helicóptero, avioneta y ultraligero. Es tal vez la mejor forma de apreciar la magnitud y la fuerza de estos fenómenos de la naturaleza, con una vista panorámica completa tanto de su extensión como del entorno natural, y con una perspectiva única que no se puede tener desde el suelo.

La adrenalina también se libera en las experiencias de rafting por las cataratas, bien para acercarse a los saltos hasta acabar empapado o bien para descender por los rápidos en una intrépida aventura. En este sentido, los rápidos de las Cataratas Victoria, en el río Zambeze, están considerados los mejores del mundo. Más tranquilos son los cruceros por las inmediaciones en apacibles botes de paseo, especialmente al atardecer, con el sol filtrándose entre las aguas. O los safaris en coche, a caballo o, en el caso de la selva, incluso a lomos de elefante.
Los hoteles que no puedes perderte si eres amante de las cascadas
Gran Meliá Iguazú, Argentina
Este hotel, el único dentro del Parque Nacional Iguazú (en el lado argentino), goza de privilegiadas vistas a la Garganta del Diablo, la estrella de las cataratas más visitadas del mundo, y de un servicio exquisito en los tratamientos de su de Yasi Spa.

Hotel das Cataratas, Cataratas del Iguazú, Brasil
Con la fachada color rosa de una hacienda de estilo colonial portugués de los 50, este hotel de Belmond destaca sobre la naturaleza del lado brasileño de las cataratas del Iguazú. En este lugar (dicen) se vierte una de las puestas de sol más impactantes del mundo.

Loi Suites Iguazú Hotel, Argentina
Ubicado a apenas unos minutos de las cataratas del Iguazú, este hotel dotado de una piscina infinity que se funde con la vegetación se encuentra sumergido en la selva subtropical Iryapú. Su estancia facilita la más íntima conexión con la naturaleza.

Hilton Niagara Falls/Fallsview Hotel & Suites, Canadá
Desde las ventanas de las suites, el agua parece salpicar en este hotel con vistas a las cataratas del lado estadounidense y canadiense. Emplazado en el corazón del distrito de entretenimiento del Niágara y conectado directamente al Fallsview Casino Resort.

The Oakes Hotel, Canadá
El único hotel boutique con vistas a las cataratas del Niágara presume de una posición inmejorable para disfrutar de su panorámica, tanto desde las habitaciones como desde su mirador. También presume de ser un hotel atento a la sostenibilidad.

Niagara Marriott Fallsview Hotel & Spa, Canadá
No hay estancia en este hotel a la que no lleguen las vistas a las cataratas del Niágara. Desde las habitaciones y suites, hasta los restaurantes, pasando también por las salas de reuniones. Se encuentra a solo cien metros de este espectáculo natural.
Grandhotel Giessbach, Suiza
Este hotel, integrado en el hermoso paisaje de las cascadas de Giessbach, fue a lo largo del siglo XIX un símbolo de la elegancia alpina. Hoy, recién cumplido su 150 aniversario, es un apacible lugar que aúna naturaleza, arquitectura y descanso.
Hótel Goðafoss Fosshóll, Islandia
A tiro de piedra del Círculo de Diamantes y con uno de los paisajes naturales más bellos de la isla, este hotel se asienta a los pies de la cascada Goðafoss, a la que se divisa en un ambiente relajado. Es también un buen lugar para emprender aventuras en la naturaleza.

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