El balneario perfecto para una escapada es un antiguo convento mudéjar y está a tan solo dos horas de Madrid
Entre aguas termales y piedras centenarias, esta ciudad castellana guarda un rincón donde el cuerpo se relaja y la historia susurra en cada rincón.

A tan solo unas dos horas de Madrid y en pleno corazón de la provincia de Valladolid, Olmedo es mucho más que un pueblo castellano con historia. Aunque ya era conocido por su riqueza patrimonial —con la iglesia de San Andrés, el Palacio del Caballero o el Parque Temático del Mudéjar—, el balneario instalado en su antiguo castillo, hoy el hotel Castilla Termal Olmedo, lo ha puesto de nuevo en el mapa para quienes buscan una escapada de relax y salud con un toque de encanto medieval.

Un convento que renació como templo del bienestar
Olmedo, en la provincia de Valladolid, es una de esas ciudades castellanas que conservan el sabor de otros tiempos. Pasear por sus calles es como hojear un libro de historia. Pero lo que más sorprende hoy a los visitantes no son solo sus iglesias o su patrimonio mudéjar, sino su balneario.
A diferencia de lo que sugiere su nombre o algunos folletos turísticos, el balneario no está situado en un castillo, sino en el antiguo convento de Sancti Spiritus, fundado en 1128 por Sancha Raimúndez, hermana del rey Alfonso VII. Durante siglos, este convento fue hogar de religiosas, refugio de nobles y albergue de peregrinos o viajeros. Entre sus muros, se alojaron personalidades de la realeza, como la propia Juana I de Castilla, más conocida como Juana “la loca”, aunque no como prisionera ni enclaustrada, como a veces se dice, sino como huésped de paso.
Hoy, ese convento es el corazón de un moderno balneario que ha sabido conservar la esencia del pasado, integrando sus claustros, capillas y muros originales con instalaciones de última generación. Un espacio donde historia, bienestar y salud se dan la mano.
Su verdadero tesoro
El verdadero tesoro del balneario está bajo tierra, y son sus aguas mineromedicinales, que emergen a una temperatura de 22 ºC, declaradas de utilidad pública por sus propiedades terapéuticas. Estas aguas están indicadas para tratar dolencias reumáticas, problemas respiratorios y, por supuesto, para combatir el estrés, el insomnio o el simple cansancio de la vida moderna.
El centro cuenta con una piscina termal activa con chorros a presión, camas de burbujas, cuellos de cisne y zonas de relajación. También hay duchas escocesas, saunas, baños de vapor, cabinas de tratamientos faciales y corporales, e incluso terapias basadas en el vino. Y es que, si no hay vino, ¿estás realmente en la provincia de la Ribera del Duero?
Aquí, el ritmo lo marca el agua. Ya sabes lo que dicen, “dónde hay salud, hay riqueza”. Tras una sesión en el balneario, uno sale como nuevo, es una experiencia necesaria para aquellos a los que la vida de ciudad les ha sobrepasado.
Descanso con vistas
El complejo incluye un hotel de cuatro estrellas, el citado Castilla Termal Olmedo, que es el complemento perfecto para la experiencia. Habitaciones amplias, algunas con vistas al antiguo claustro, techos altos, decoración elegante y camas que abrazan. Dormir aquí es como hacerlo dentro de un capítulo de la historia, pero con todas las comodidades del presente.
Y si hablamos de comodidades, no puede faltar la gastronomía. El restaurante del balneario ofrece cocina tradicional castellana con un giro moderno: lechazo confitado, bacalao al ajo negro, cremas de temporada y postres caseros de esos que hacen que el régimen se quede fuera. Todo ello acompañado por una bodega que incluye los mejores vinos de la zona.
Un viaje a la Castilla del ladrillo
Una vez descansado y relajado, conviene descubrir el entorno. Olmedo es la capital del mudéjar castellano, y presume de uno de los parques más originales de la región, el Parque Temático del Mudéjar de Castilla y León, donde se pueden ver maquetas a escala de los monumentos más emblemáticos de esta arquitectura, hechos con los mismos materiales y técnicas del original.

Además, el pueblo cuenta con varios templos y palacios históricos, como la iglesia de San Andrés, el Palacio del Caballero o las ruinas de las murallas medievales. Todo ello envuelto en un ambiente sereno, ideal para pasear, hacer fotos y disfrutar del tiempo sin prisas.
Un destino para cuidarse… y repetir
En resumen, el balneario de Olmedo es mucho más que un spa: es un viaje por el cuerpo, la historia y los sentidos. Una escapada perfecta para quienes buscan desconectar sin renunciar a la cultura, la buena mesa y el encanto de lo auténtico.
Puede que no haya un castillo con almenas, pero sí hay muros con siglos de historia, agua que cura, aire puro y esa sensación de paz que se siente en los lugares bien hechos. Así que ya sabes, si necesitas una pausa, Olmedo te espera con las puertas abiertas… y la piscina caliente.
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