Sudáfrica es posible

Guía práctica sobre Sudáfrica en la que podrás encontrar las mejores playas, safaris y ciudades, así como dónde realizar las compras o qué deportes son los mejores para practicar.

Las puertas del paraíso

Por Mariano López, director de Viajar

"Esto es el paraíso", me decía el corresponsal del diario ABC en Ciudad del Cabo, mientras disfrutábamos de un vaso de buen vino y de un pescado de roca frente a los acantilados donde dicen que se encuentran los dos océanos: el Índico y el Atlántico. El paraíso, ¿por qué? De puro usarla, en folletos y campañas turísticas, esta palabra, paraíso, se ha desgastado en multitud de rincones playeros, algunos tan artificiales que sólo sostienen su pretendido encanto durante los escasos segundos que dura el spot televisivo o la mirada sobre un recorte de playa, dos palmeras y los cuerpos inmaculados de unos modelos pagados para expresar infinita felicidad. Pero verán que en esta guía hay pocas palmeras. Y no porque no existan en Sudáfrica, donde se concentra el diez por ciento de las especies florales del mundo, sino porque no hacen falta, no son sustantivas para mostrar un país bendecido como pocos por la naturaleza: con dos océanos, sabanas, desiertos, bosques tropicales, oro y diamantes, algunas de las mejores reservas de fauna y flora de África y playas a las que arriban miles de tortugas y desde las que se contempla el paso milagroso de las ballenas. Sí, no hay duda. Es el paraíso. Una naturaleza excepcional, una historia tan turbulenta como la del propio paraíso bíblico y unas gentes, de todas las partes del mundo, que sueñan, hoy, con construir la "rainbow nation", el país de todos los pueblos y razas, la sociedad del arco iris. Hace años intenté marcharme de corresponsal a Sudáfrica, en parte porque me atraía -y me atrae- dar cuenta de la vitalidad actual de este país y en parte porque imaginaba algunos ratos libres en el Cabo, el Kruger o el Kalahari. Ahora, después de haber tenido la oportunidad y el privilegio de visitar en cinco ocasiones el extremo sur de África, permítanme que les invite a disfutar de esta Guía, para cuya realización compartí con el extraordinario fotógrafo Tino Soriano cuatro semanas en Sudáfrica, y que ahora se reedita actualizada, con el mismo fin que su edición original: acercarnos a un auténtico paraíso, Sudáfrica.

La nación del arco iris

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Ningún otro país de la tierra posee la riqueza natural, la diversidad ecológica de Sudáfrica. El diez por ciento de las especies conocidas de aves se encuentra aquí, junto con el diez por ciento de las especies florales, la sexta parte de las especies marinas costeras del mundo y más clases de mamíferos que en américa o que en europa y asia unidas. Es, también, el país de África con mejores servicios, comunicaciones, hoteles e infraestructura turística y el que sólo puede dar cuenta de la diversidad de sus gentes con la expresión "el país del arco iris".

El paraíso no estuvo junto al Tigris y el Éufrates. Según un antiguo mito bantú, el Edén nació aquí, en el extremo sur de África, donde los dioses trabajaron duro, antes de crear al hombre, para situar todas las maravillas de la naturaleza. Ningún otro país de la tierra posee la riqueza natural, la diversidad ecológica de Sudáfrica. El diez por ciento de las especies conocidas de aves se concentra aquí, en el uno por ciento de la superficie mundial, donde también se encuentran 23.200 especies de flores y plantas, 19.000 de ellas endémicas, la sexta parte de las especies marinas costeras del mundo y más clases de mamíferos que en América o que en Europa y Asia unidas. Sólo en Sudáfrica es posible ver, con suerte en un mismo día, leones y ballenas, pingüinos y aves tropicales, leopardos y tiburones.

Bañada por dos corrientes marinas, la fría Benguela y la cálida Mozambique-Agujas, Sudáfrica posee una costa de casi 3.000 kilómetros de playas y una inusitada topografía que acoge desde bosques tropicales hasta desiertos. Su corazón central es una meseta elevada entre 1.500 y 2.000 metros sobre el nivel del mar a la que flanquean dos grupos de montañas que la separan del mar y avanzan de norte a sur hasta converger en el área del Cabo. La edad geológica de esta meseta se corresponde con la de Pangea, el continente del que nacieron gran parte de América, Asia y Australia. No es de extrañar que se hallan encontrado en el corazón de Sudáfrica restos de 14 especies de dinosaurios, fósiles antediluvianos y huesos de homínidos con más de dos millones y medio de años de antigüedad.

El subsuelo de este país es el más rico de la tierra. Sudáfrica posee la mitad de las reservas mundiales de oro y es el mayor productor de diamantes, cromo, manganeso, platino, vanadio, silicatos y aluminio. Cerca de Kimberley, en el centro del país, se encuentra el mayor agujero excavado por el hombre en la superficie terrestre, el big hole, donde se hallaba la que en su día fue la mayor mina de diamantes del mundo. Y al norte, entre 50 minas de antimonio, tántalo, andalusita, circonio y otros raros minerales, está la mina de oro más profunda de la tierra, un agujero que llega hasta los 3.777 metros de profundidad.

El oro y los diamantes han marcado la historia de este país que ocupa más de 1.200.000 kilómetros cuadrados -la extensión que suman, unidas, las superficies de España, Portugal, Francia, Bélgica y los Países Bajos- y en el que viven cerca de 50 millones de personas, en su mayor parte alojadas en las grandes áreas urbanas y en las poblaciones de la costa del Índico.

Habitado desde la más antigua Edad de Piedra -Sudáfrica posee la mayor colección de pinturas rupestres del mundo- por pueblos procedentes, en su mayoría, de migraciones realizadas a lo largo de los siglos desde el centro y el oeste del continente, la llegada de los europeos en el siglo XV obligó al extremo sur de África a relacionarse con la historia de las grandes rutas marítimas establecidas para obtener las telas y especias de las Indias, palma, caucho y aceite de coco. Los primeros colonos no fueron los portugueses, que prácticamente sólo marcaron en el mapa los principales accidentes geográficos de la costa, sino los holandeses, que, casi 140 años después del avistamiento del Cabo por Bartolomé Díaz, comenzaron a establecer una colonia que pudiera proveer de agua, comida y defensas a los navíos de la poderosa Compañía Holandesa de las Indias Orientales.

Exiliados políticos de Europa, marineros procedentes de mil puertos, granjeros en busca de fortuna, apenas unos miles de almas, se establecieron en el Cabo y generaron un próspero enclave agrícola que importó esclavos del norte y se extendió hacia el Océano Índico enfrentándose con violencia a las tribus locales, especialmente a los khoikhoi, a quienes los primeros colonos denominaron -así entendían su nombre- "hotentotes".

Las guerras napoleónicas en el continente determinaron el interés político y militar del imperio británico en el extremo sur de África. La Corona británica terminó por arrebatar a los holandeses la colonia del Cabo, a la que llegaron desde las islas cinco mil nuevos colonos, exploradores y misioneros, entre ellos Thomas Pringle, amigo de Walter Scott y de Coleridge; Mary Barber, botánica, entomóloga y poetisa, cuyas informaciones nutrieron la documentación de Darwin; o David Livingstone, quien tuvo su hogar en Kuruman desde 1840 a 1850.

Las tensiones entre los primeros colonos del Cabo, los nuevos colonos y sus padrinos, las autoridades inglesas, alcanzaron su máximo grado de conflicto en 1834, el año en el que fue abolida la esclavitud en las colonias británicas. Un grupo de granjeros del Cabo o boers(la palabra "boer" en su origen significa "granjero") decidió alejarse de la dominación inglesa por la vía de poner tierra de por medio y así comenzó la "gran marcha" (great trek), la aventura de unos miles de pioneros que con sus caravanas y sus biblias,sus armas y sus deseos de independencia, avanzaron hacia el norte y hacia el este, se enfrentaron con los poderosos impiscreados por el jefe zulú Shaka y terminaron por crear sus propias repúblicas independientes.

El descubrimiento de diamantes al norte del Cabo en 1867 y de oro cerca de la actual Johannesburgo en 1886 cambió la historia como sólo podía cambiarla el hallazgo de la mayor fuente de riqueza mineral del planeta. La fiebre del oroatrajo al extremo sur de África a miles de mineros, buscavidas, negociantes, jugadores, ladrones y predicadores de todas partes del mundo. La fortuna sonrió especialmente a una sola persona: Cecil John Rhodes, quien llegó al Cabo para curar su agrietada salud y se convirtió en el principal beneficiario del negocio del oro y los diamantes, en gobernador del Cabo y en la persona más poderosa del sur de África, desde el Cabo hasta el lago Tanganika.

Tras el descubrimiento del oro y de los diamantes, el interés británico por la colonia cobró nuevos argumentos. Las guerras entre las repúblicas boers y el imperio finalizaron con la victoria de los británicos y el nacimiento de un nuevo país, la Unión de Sudáfrica, que dejaba de ser colonia pero mantenía su fidelidad a la Corona británica integrado en la Commonwealth. En la constitución del nuevo país no participó la mayoría negra, excluida legalmente, que se encontró con una situación, tras las primeras leyes, que anticipaba la ignominia del apartheid. En 1913, las leyes de redistribución de la tierra reservaron la propiedad para la minoría blanca, obligando a los antiguos propietarios negros a trabajar como empleados en parcelas que habían sido suyas. Cuando esta ley fue enmendada, en 1936, la mayoría negra sólo poseía el 13 por ciento de la superficie del país, en su mayor parte formada por terrenos poco aptos para el cultivo.

El odioso régimen del apartheidoficialmente comenzó en 1948, cuando el Partido Nacional ganó las elecciones y alcanzó el gobierno con un programa que avanzaba un régimen basado en la segregación racial, si bien antes de esta fecha ya se habían promulgado numerosas leyes racistas, se habían constituido las más importantes organizaciones de defensa de los derechos de la mayoría negra y se habían producido numerosos enfrentamientos en diversas partes del país. Durante casi medio siglo, el apartheidmantuvo su ignominia a través de leyes que obligaban al confinamiento de la población negra en barrios, ciudades o townships-precarios alojamientos en los suburbios urbanos-, que impedían los matrimonios mixtos, permitían reclutar mano de obra barata, exigían pasaportes para moverse de una provincia o de una ciudad a otra, creaban estados artificiales -los "bantustanes"- y, en definitiva, ignoraban los más mínimos derechos humanos y políticos a la mayor parte de la población, al tiempo que reprimían violentamente cualquier tipo de protesta.

El 27 de abril de 1994, por primera vez en su historia, todos los habitantes del país pudieron ejercer su derecho al voto. Moría el apartheidy nacía una nueva Constitución, un nuevo país, regentado por alguien que había sufrido especialmente las consecuencias del anterior régimen, que había permanecido 26 años en prisión y que al salir de la cárcel había anunciado el comienzo de otra "gran marcha", el largo camino hacia la libertad: Nelson Mandela, primer presidente democrático del país.

El país, cuyo voto en 1994 dio la presidencia a Mandela, en 1999 y 2004 a Thabo Mbeki, y en 2009 a Jacob Zuma, une a su diversidad natural y riqueza ecológica la diversidad y la riqueza culturales señaladas por la expresión "The Rainbow Nation", creada por el arzobispo anglicano de Ciudad del Cabo, Desmond Tutu, y popularizada por Mandela. El país del arco irisdefine la pluralidad de una sociedad que tiene once lenguas oficiales, entre ellas una tan antigua que usa sonidos guturales ya desaparecidos en el resto de África, una de las más jóvenes del mundo -el afrikaans- y otras de origen bantú ahora tan distantes entre sí como el español y el alemán. Dieciocho millones de personas hablan una lengua del grupo nguni; nueve millones, sotho; ocho millones, zulú; dos millones, venda. El inglés acoge como lengua de mayor uso y referencia a millones de personas de origen africano, europeo, malayo, indio, australiano y americano. El crisol de religiones no queda a la zaga: ocho millones se declaran pertenecientes a las iglesias africanas independientes; cuatro, a la iglesia reformista holandesa; hay 800.000 luteranos, 460.000 presbiterianos, dos millones y medio de católicos, siete mil mormones, cuatrocientos mil musulmanes, trescientos mil hindúes, cien mil judíos y un número creciente de la secta baha''i, que cree en la comunión de todas las religiones y levanta templos para uso de todas las iglesias y todos los ritos.

El país del arco irisexpresa también el horizonte al que desea encaminarse un país que vive la contradicción de poseer la mayor riqueza mineral del mundo y tener buena parte de su población bajo el umbral que define la pobreza. Sudáfrica posee más de la mitad de los automóviles, camiones, carreteras y ferrocarriles de África, millones de ordenadores y teléfonos móviles y algunos de los mejores hoteles del planeta. Para algunos, Sudáfrica no es África, en la medida en que los rascacielos del Cabo, Durban o Johannesburgo no tienen parangón en el resto del continente y que muchos de los escenarios de la costa del Cabo o de Kwazulu Natal parecen extraídos de California o de la desarrollada Australia. Para estos buscadores de horizontes inexplorados, Sudáfrica guarda más de la mitad del país, desde las dunas del Kalahari hasta Namaqualand. Pero la mayoría de los viajeros coincide en que el principal atractivo de Sudáfrica descansa en su prodigiosa diversidad, en su red de contrastes y matices, como los que incorporan sus famosos vinos. Los dioses bantú trabajaron duro para forjar las maravillas naturales que engalanan Sudáfrica y ahora siguen trabajando para fraguar la "rainbownation": un país diverso, prodigioso, que crece sobre lechos de oro y de diamantes, acoge gentes de todos los credos y protege a las ballenas, las proteas y los rinocerontes. Uno de los más bellos del mundo, si se acepta, como ideal de belleza, el que encierra el arco iris.

Qué ver de Sudáfrica y dónde

El mapa recoge la división de Sudáfrica en nueve provincias y la localización de 30 de los lugares más visitados de Sudáfrica. La lista no es completa ni exhaustiva, pero puede servir de ayuda para la preparación de un viaje al país más austral de África.

1. Johannesburgo.
El corazón comercial y financiero de Sudáfrica. Espectaculares hoteles, casinos y centros comerciales, especialmente en el distrito de Sandton. Próximo a la ciudad se encuentra Gold Reef City, parque temático dedicado a la extracción del oro.

2. Soweto.
Acrónimo de South Western Townships, antiguos suburbios del suroeste de Johannesburgo donde hoy viven más de dos millones de personas y que se convirtió en un símbolo de la lucha contra el apartheid. Hay tours organizados para visitar sus principales puntos de referencia.

3. Pretoria.
Capital administrativa de Sudáfrica. La ciudad de las jacarandas (que florecen entre septiembre y octubre) ofrece, además, la oportunidad de visitar la casa y el museo de Paul Kruger, el monumento a los voortrekker (colonos pioneros que marcharon del Cabo hacia el interior) o los Union Buildings, gran monumento colonial donde Nelson Mandela celebró la ceremonia de inauguración de su histórico mandato.

4. Cullinan.
Mina de diamantes al aire libre, aún en funcionamiento, de la que se extrajo el famoso diamante Cullinan, de cientos de quilates. Se puede visitar la mina, la exposición y el museo.

5. Parque Nacional Paul Kruger.
La mayor reserva de vida salvaje de Sudáfrica: 350 kilómetros de norte a sur y más de 70 de este a oeste que protegen uno de los más preciados ecosistemas de África. Los aeropuertos más próximos a la entrada principal del parque son los de Skukuza y Nelspruit.

6. Cañón Blyde River.
El tercer cañón, por sus dimensiones, del mundo. Cerca se encuentran escenarios naturales únicos como la Ventana de Dios (God''s Window).

7. Pilgrim''s Rest.
Aquí se vivió la fiebre del oro en 1873 y aún quedan casas, lugares y vestigios de aquella odisea.

8. Nelspruit.
Base de acceso al Kruger. En sus proximidades hay un jardín botánico, una granja de cocodrilos, un parque de dinosaurios y unas inmensas cuevas naturales.

9. Gran Humedal de Santa Lucía.
Declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, el Parque comprende el lago, las islas y el estuario, y en estos hábitats se pueden ver desde hipopótamos hasta antílopes de agua, además de una extensa y variada avifauna. Cerca se encuentra la reserva de Phinda y, al norte, los bancos de coral de Sodwana Bay, los mejores de Sudáfrica para el buceo.

10. Parque de Hluhluwe-Umfolozi.
La reserva más antigua de Sudáfrica, especializada en la protección de los rinocerontes blancos y negros.

11. Shakaland.
Uno de los poblados culturales que recrean y explican en esta región el legado del pueblo zulú, sus creencias y tradiciones.

12. Parque Ukhahlamba Drakensberg.
Declarado Patrimonio de la Humanidad en el 2000, el parque contiene dos reservas diferentes, Giant''s Castle y el parque nacional de Royal Natal, ambas espectaculares por sus formaciones basálticas, anfiteatros de piedra y gargantas.

13. Durban.
El mayor puerto de Sudáfrica. Mercados y santuarios indios se mezclan con mezquitas y catedrales. En su playa principal se encuentra un serpentario y uno de los mejores acuarios
de Sudáfrica.

14. Parque Nacional Addo de elefantes.
Rinocerontes, búfalos, leopardos, 185 especies de pájaros y unos 300 elefantes tienen su refugio en este parque abierto al público que se encuentra a unos 75 kilómetros de Port Elizabeth.

15. Port Elizabeth.
Ciudad industrial en cuyas proximidades se encuentran algunas de las playas más solicitadas por los surfistas, como St. Francis Bay o Jeffreys Bay.

16. Graaff Reinet.
Situada en el centro de la Reserva Natural del Karoo, acoge 300 monumentos nacionales, especialmente arquitectónicos, desde casas de campo de hace 200 años hasta elegantes palacios victorianos. En sus proximidades se encuentra el Valle de la Desolación, una maravilla geológica caracterizada por gigantescas columnas de piedra que se elevan desde el fondo del valle.

17. Ruta Jardín.
Entre Wilderness y el Parque Nacional de Tsitsikamma se encuentran los restos del gran bosque húmedo que acompañaba a la cálida corriente del Índico desde False Bay hasta Mozambique. Playas, bosques, senderos, lagunas, estuarios, ríos salvajes y en el mar, cuando llega el invierno austral, la presencia de las ballenas.

18. Mossel Bay.
Una playa idílica y una población marinera donde se encuentra un museo con la réplica de la primera carabela que surcó estas aguas, guiada por Bartolomé Díaz.

19. Oudtshoorn.
La capital mundial del avestruz. Granjas abiertas al público y los ejemplos de los palacios construidos en la edad de oro de las plumas. Cerca se encuentran las cuevas de estalactitas y estalagmitas más famosas de Sudáfrica: las Cango Caves.

20. Hermanus.
La mejor base para el avistamiento de ballenas en temporada (entre los meses
de junio y noviembre).

21. Stellenbosch.
La segunda ciudad más antigua del país, tras Ciudad del Cabo, y la primera capital de los viñedos. A sus alrededores se concentra la producción vinícola sudafricana, en la que también destacan las áreas de Constantia, Paarl, Franschoek y Wellington.

22. Ciudad del Cabo.
Es la ciudad que, seguramente, tiene el emplazamiento más bello de la tierra. De especial interés son las visitas a la Montaña de la Mesa, los jardines botánicos, Robben Island, el VA Waterfront y la Península del Cabo.

23. Springbok.
Puerta para la visita a Namaqualand, una región desértica que ofrece de golpe millones de flores salvajes entre agosto y noviembre.

24. Parque de las Cataratas Augrabíes.
El río Orange o Gariep cae 150 metros por una profunda garganta y forma con esta caída las Cataratas Augrabíes. Entre abril y octubre, los mejores escenarios del parque pueden ser descubiertos a lo largo del senderio Klipspringer.

25. Parque Nacional Kalahari Gemsbok.
Dunas y cactáceas caracterizan gran parte del paisaje de este parque, que también goza de zonas débilmente arboladas donde se encuentran felinos y antílopes como el springbok o el gemsbok. En la cercana reserva privada de Tswalu se encuentran grandes poblaciones de antílopes y cebras, así como ejemplares del rinoceronte negro.

26. Kimberley.
La ciudad de los diamantes, cuya búsqueda provocó la creación de la mayor mina al aire libre del mundo. Se visita la mina, el museo y el Big Hole (gran agujero).

27. Bloemfontein.
Capital judicial de Sudáfrica, uno de sus parques (King Park) posee 4.000 rosas y otro (Hamilton Park) 6.000 orquídeas. Algunos de sus principales monumentos recuerdan escenarios de la guerra anglo-boer.

28. Parque Nacional Golden Gate Highlands.
Masivas formaciones rocosas con escenarios increíbles. En sus cercanías se encuentra otro parque nacional, el de Qwaqwa, hogar de numerosas especies salvajes como el eland, el springbok o el wildebeest.

29. Valle de Sterkfontein.
Aquí probablemente nació la humanidad. Al menos se han encontrado algunos de sus rastros más antiguos: homínidos de 2,5 y de 3 millones de años.
Cerca se encuentra la presa de Hartbeespoort, apacible lugar de recreo para deportes acuáticos.

30. Sun City.
Las Vegas en Sudáfrica. Un increíble complejo hotelero con casinos, hoteles, piscinas, golf y las posibilidades de realizar un safari en el vecino Parque Nacional de Pilanesberg, el cuarto mayor de Sudáfrica, asentado sobre unas montañas nacidas de la eclosión de antiguos volcanes.

Qué hacer en Sudáfrica

Vivir un safari de lujo, disfrutar del vino y de la mesa, recorrer la costa donde es posible avistar ballenas y contactar con el gran tiburón, descubrir los lugares históricos, conocer la diversidad cultural del país y atreverse con alguna de las aventuras que propone este país único son experiencias que no deben faltar en el programa de viaje a Sudáfrica. Estas serían 10 imprescindibles:

1.- Descubrir el grandioso espectáculo de los paisajes sudafricanos.
Sudáfrica posee grandiosos escenarios naturales que destacan por su belleza y por su diversidad. Kilómetros y kilómetros de playas vírgenes, montañas con cataratas espectaculares, desiertos de dunas y cactáceas, sabanas, bosques únicos de ribera, cañones, ríos para relajarse o para descender por sus rápidos, y campos en los que las flores brotan de golpe por millares. Una eclosión continua de vida.

2.- Disfrutar de un gran vino.
Las regiones vinícolas en Sudáfrica tienen una personalidad tan atractiva como el sabor de sus vinos. Recorrer las provincias del Cabo Occidental y del Norte del Cabo, hasta el borde del Karoo, le llevará al encuentro de cuidadas granjas, casas de fachadas blancas rematadas con gabletes, huertos cuajados de árboles frutales, pueblos tranquilos y exquisitas bodegas que le animarán a probar, conocer y disfrutar sus productos. Una experiencia ideal para gastrónomos, enólogos y sibaritas. Y para
los buenos viajeros.

3.- Realizar un safari cinco estrellas.
Los mejores lodges del mundo para realizar un safari están en Sudáfrica. Los encontrará en Mpumalanga, Limpopo, la provincia oriental del Cabo, por todo el país. En Sudáfrica nacieron los safaris cinco estrellas: impecable servicio, excelente cocina, relajantes spas y encuentros memorables con la fauna salvaje y la naturaleza. Todo en el mismo lugar. Una experiencia extraordinaria, más allá de todas sus expectativas.

4.- Conocer los lugares que simbolizan la lucha por la libertad.
El largo camino hacia la libertad que ha vivido Sudáfrica, su lucha por la democracia, emociona e inspira a millones de personas en todo el mundo. Merece la pena conocer los lugares que se han convertido en icono de esa lucha, uno de los grandes episodios de la historia en busca de la libertad.

5.- Navegar por la costa de las ballenas.
La costa sudafricana está llena de vida. En ningún otro sitio del planeta se puede navegar cerca de las ballenas, vivir un encuentro cara a cara con el gran tiburón blanco, pasear frente a los pingüinos, asistir al momento en que las crías de las tortugas corren hacia el mar o bucear, con un simple tubo de snorkel, junto al tiburón ballena.

6.- Vivir un encuentro con las culturas tradicionales.
No es una propuesta "turística". Es una experiencia real, que permite conocer, aprender y vivir momentos especiales. Merece la pena dedicar parte de nuestro viaje a conocer cómo es un pueblo zulú, una granja tradicional o la vida en un township. Mejor aún: pasar una semana en una granja xhosa o en un poblado ndebele. Sólo en Sudáfrica es posible esta conexión con costumbres y tradiciones reales, de hace siglos, que esperan al viajero.

7.- Atreverse con los deportes de aventura.
El país se ha ganado el título de Capital Mundial de los Deportes de Aventura. Y ha sido por algo. La lista de los deportes es inabarcable y su atractivo, único: surcar los cielos, en parapente, sobre el mayor cañón verde del mundo; bajar en una jaula al encuentro con el gran tiburón blanco; cabalgar en playas vacías, que parecen infinitas; saltar en el "bungi" más alto del mundo... Todo con buen tiempo, en magníficos escenarios y con la ayuda de excelentes profesionales.

8.- Sentir el ritmo de las ciudades.
Sudáfrica es uno de los epicentros de la música en el mundo. Una fuente mundial del ritmo. Aquí se reúnen los sonidos tradicionales del sur de África con las últimas tendencias en afro pop, hip hop, jazz o el popular kwaito. El lugar para sentir la fuerza de estos ritmos está en las ciudades. Hay que capturar esa energía. En las calles, las tiendas, los museos, los casinos, los teatros o los bares de Soweto, los shebeens. Sentir el espíritu de las ciudades con más ritmo del planeta.

9.- Paladear un auténtico banquete.
Algunos de los mejores restaurantes del mundo se encuentran en Sudáfrica. No deje pasar la ocasión. Pero tampoco se olvide de cenar en una boma, de noche, bajo las estrellas; pasear por las playas de Durban con un bunny chow, un bollo con curry; o disfrutar de una barbacoa, con la carne a su punto y la salsa tradicional. Una parte importante de la cultura sudafricana está en su comida: desde el salvaje biltong a los refinados menús distinguidos cada año con el reconocimiento de la gastronomía internacional.

10.- Rejuvenecer el cuerpo y la mente.
La luz, el sol, el agua, los paisajes de Sudáfrica le llenarán de vida. Pero, además, tendrá la ocasión de vivir un encuentro con relajantes técnicas de sabiduría tradicional, actualizadas en modernos spas que rejuvenecerán sus sentidos. Bienvenido a la vida, bienvenido a Sudáfrica.

El Cabo

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Pocas ciudades en el mundo pueden presumir de un emplazamiento tan singular y tan bello como el de Ciudad del Cabo: abierta de frente al mar, a un cabo que, según el inglés Francis Drake, era el más excepcional que había visto en sus viajes, y protegida, a sus espaldas, por una gran montaña con forma de mesa de la que parecen nacer dos brazos, el Pico del Diablo y la Montaña del León, con los que la Mesa rodea a la ciudad y alcanza la costa. El primer europeo que observó esta maravilla fue un portugués, Bartolomé Díaz, quien avistó la Mesa en 1488 y bautizó el cabo próximo como Cabo de las Tormentas, nombre que, a su regreso, cambió el rey de Portugal para cuidar la moral de la marinería por el que se le conoce hoy: Cabo de Buena Esperanza.

Fue también un portugués, Saldanha, el primero en subir a la Mesa, 1.087 metros, y otro portugués, Camoens, el que urdió su leyenda. Según Camoens, en la cima de la Mesa se esconde el espíritu de Adamastor, uno de los titanes hermano de Atlas a quien Zeus condenó por su rebeldía a sostener para siempre la última montaña en los límites de la Tierra. Durante el verano austral, entre noviembre y marzo, la cima de la montaña recoge un colchón de nubes que descienden lentamente por el lateral de la montaña, como si estuvieran aún controladas por el espíritu de Adamastor. Es el prodigioso espectáculo del mantel de la Mesa, nubes densas, algodonosas, que cuando sopla el llamado viento del Doctorcorren pegadas a la Montaña y se disipan al llegar a su base, donde empieza la ciudad.

La Montaña de la Mesa es el máximo icono de Ciudad del Cabo, su símbolo protector. Un moderno funicular giratorio permite alcanzar con comodidad la cima desde la Montaña del León y contemplar, arriba, parte de uno de los reinos florales más diversos del mundo: el fynbosdel Cabo (del inglés "fine bush"): plantas, flores y matorrales que suman 8.550 especies. El 10 por ciento de todas las flores del mundo se cree que ha salido de aquí, del Cabo, donde, por ejemplo, existen 300 variedades de geranios.

Cuando llegaron los primeros europeos, en el área del Cabo no sólo había fynbossino también pequeñas poblaciones de granjeros y pastores khoi. Díaz dejó sus padraos-hitos de piedra rematados en cruz- a lo largo de la costa en 1488 y Vasco de Gama hizo lo mismo en 1499. Pero el Cabo no sería para los europeos más que un punto en el mapa hasta que fue ocupado, en 1652, por el holandés Jan van Rieebeck.

Para Van Rieebeck, que tardó 104 días en llegar al Cabo desde Holanda, aquel destino era un obligado escalón en su carrera dentro de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales, empresa que decidía los destinos comerciales de buena parte del mundo desde sus oficinas de Batavia, actual Yakarta, en Indonesia. La Compañía estaba interesada en los beneficios que le procuraban sus rutas marítimas, no en establecer una colonia, y Van Rieebeck obró de acuerdo con esta instrucción. Plantó, según la leyenda, las primeras cepas de vino, atendió a los marineros, construyó un débil fuerte y soñó con jubilarse en Batavia, a donde de hecho le transfirieron antes de enviarle a la India. Fue uno de sus sucesores, Simon van der Stel, quien desoyó las instrucciones de la Compañía y llegó al Cabo en 1679 con la idea de fundar una nueva Holanda.

Van der Stel promovió la llegada de colonos -entre ellos, hugonotes franceses-, la creación de granjas, la importación de esclavos y la expansión de la colonia -no sin violencia- por la línea de costa, hacia el este, a los territorios ocupados por los pueblos khoi. Fue el auténtico fundador de la colonia europea en el Cabo.

Van der Stel exploró, por primera vez, la península, en la que por entonces aún había leones, elefantes, hipopótamos y ejemplares del hoy extinguido quagga. Exploró también la bahía contigua, por el sur, al Cabo de Buena Esperanza, la bahía llamada Falsa (False Bay) porque los barcos la tomaban, por error, creyendo que era la Bahía de la Mesa que conduce a la Ciudad del Cabo. Y plantó 70.000 viñedos -en su mayoría de uvas moscatel, semillony cinsauro hermitage- en el área de Constantia que dieron realmente origen a los vinos del Cabo, una de cuyas capitales lleva el nombre del viejo gobernador: Stellenbosch.

Hacia el sur de la ciudad, tras dejar las playas que sirven de esparcimiento a los capetonians, la carretera alcanza el Parque Nacional de la Península del Cabo, una lengua de tierra entre el Atlántico y False Bay que aún conserva parte de su riqueza floral y de su fauna -antílopes, babuinos...- y que concluye en las puntas rocosas del Cabo de Buena Esperanza y Cape Point.

El recorrido por los acantilados de ambos cabos está facilitado por un tren de cremallera que se eleva hasta casi llegar a uno de los dos faros de la costa. Desde los miradores de piedra se contemplan las aguas del Atlántico y las recogidas en False Bay, aunque la tradición indica que éste es el lugar donde chocan los dos océanos, el Índico y el Atlántico, donde se encuentran las dos corrientes, y el que quiere y puede ver este encuentro naturalmente que lo ve. Entre julio y octubre es posible contemplar, además, las ballenas que se acercan a la costa y juegan frente a los acantilados sin preguntarse por el nombre de los océanos.

Desde los roquedos se pueden observar, también, los restos de cinco de los veintitrés navíos hundidos en esta zona. Uno de los más famosos es el Birkenhead, cuyo naufragio dio al mundo el famoso lema de "las mujeres y los niños, primero". A bordo viajaban 476 soldados británicos que se negaron a abandonar el buque mientras el capitán, Robert Salmond, no desembarcara a las mujeres y a los niños. Otro hundimiento famoso, por razones esta vez teatrales, fue el sufrido por el barco del holandés Van der Decken, quien, cegado por la niebla cuando buscaba el camino de entrada a la bahía de la Mesa, se hundió, en 1641, no sin antes jurar que seguiría dando vueltas por aquel mar hasta el día del Juicio Final. Doscientos años después, un joven oficial de la marina británica, que con los años sería el rey Jorge V de Inglaterra, afirmó en su diario haber visto de madrugada las luces y la silueta del navío del "holandés errante".

La era del vapor decidió la construcción en Ciudad del Cabo de un nuevo muelle en 1831, al que siguió, en 1860, otro muelle bautizado en honor del Príncipe Alfredo. El primer faro en Cape Point se construyó ese mismo año, en 1860, pero sus repetidos fracasos, especialmente el hundimiento del Lusitania, decidieron la construcción en 1911 de un nuevo faro que llegó a desempeñar un notable papel, junto con un centro rudimentario de transmisiones, en el control de la navegación alemana por el Cabo durante la Segunda Guerra Mundial.

Los peligros del Cabo llevaron a los holandeses, primero, y más tarde a los ingleses a buscar refugio en puertos del interior de la Bahía Falsa, en una población también bautizada con el nombre del gobernador Van der Stel, Simon''s Town, y en la cercana Kalk Bay. Los británicos hicieron de Simon''s Town su principal base militar marítima y todavía hoy sigue siendo un importante enclave militar. El desarrollo de la zona permitió la existencia de un ferrocarril que une Simon''s Town con Muizenberg y que hoy es uno de los más excepcionales trenecitos del mundo, por su recorrido por la costa de la bahía, y porque quizá sea el único tren desde el que, en temporada, se puede ver el resoplido de las ballenas.

Desde Boulders, Simon''s Town o Muizenberg apenas se tarda una hora en regresar a la Ciudad del Cabo. Por el camino de regreso se encuentran los jardines botánicos de Kirtensbosch, entre los más valiosos, cuidados y didácticos del mundo, y el memorial a Cecil John Rhodes, quien llegó al Cabo en 1870 para curarse una tuberculosis y veinte años después era gobernador y propietario de la mayoría de las empresas mineras más importantes de las actuales Sudáfrica, Zambia y Zimbabwe.

La vida en la Ciudad del Cabo, al atardecer, se refugia en el muelle (waterfront) que lleva el nombre de quien puso la primera piedra, el Príncipe Alfred, y su madre, la reina Victoria. El centro urbano exige, al menos, un día para recorrer y visitar la Catedral de San Jorge, el Parlamento, la Gran Sinagoga, el Castillo, el espectacular museo nacional, las mezquitas del Distrito Seis y las colinas donde se superponen las coloridas casas del barrio malayo.

En el centro de la ciudad, en su plaza más significativa, se alza un mural gigantesco que evoca el nacimiento de la sociedad del arco iris. Nunca antes en su historia ha estado Ciudad del Cabo tan cerca de hermanar descendientes de ingleses, holandeses, zulúes, xhosas, ndebeles, malayos, alemanes, griegos, portugueses..., cada uno con su credo, todos ahora oficialmente iguales y protegidos por la montaña y el océano que dibujan, como dijo el gran viajero Francis Drake, "el cabo más excepcional que existe en toda la Tierra".

Lo mejor de Ciudad del Cabo

La Montaña de la Mesa.
Impresionante la subida en el funicular, el recorrido por los senderos de la cima y las vistas desde los miradores.

El nuevo Victoria Alfred Waterfront.
Uno de los destinos top de Sudáfrica, por las tiendas y restaurantes y, sobre todo,
por el ambiente festivo. El acuario es una joya.

La Península del Cabo y Cape Point.
Un bello escenario natural al que se añade la contemplación de los acantilados y el encuentro
de los dos océanos que bañan su costa.

Los jardines botánicos de Kirtenbosch.
Organizados, didácticos y exhuberantes, muestran y explican la riqueza y diversidad floral del Cabo.

Stellenbosch y la ruta del vino.
Una ruta gastronómica que permite ver casas coloniales magníficas y paisajes de viñedos bajo las montañas.

Robben Island.
A pocos minutos en ferry desde el Victoria Alfred Waterfront se alcanza esta isla donde se encuentra la prisión donde Nelson Mandela estuvo preso durante 26 años.

Las rutas del vino
Junto a la Mesa y su mantel, el vino es, hoy, otro de los símbolos del Cabo. En el valle inaugurado, para la historia del vino, por holandeses y franceses, se cultivan ahora 101.000 hectáreas de las que nace el 3 por ciento de la producción mundial de vino, más de 800 millones de litros al año, la mayoría para su exportación. En las carreteras que salen de Ciudad del Cabo se indican 17 rutas del vino que pasan por sus principales capitales: Stellenbosch, Constantia, Franschoek y Paarl. Cepas y viñedos jalonan la ruta que abandona Ciudad del Cabo por el sureste, entre mansiones holandesas que rematan su fachada con el característico gablete y que apenas se dejan ver entre las palmeras, buganvillas, hibiscos y estrelitzias que crecen a su alrededor. Muchas de estas casas son bodegas centenarias, están abiertas al público, tienen museos, tiendas y restaurantes y algunas ofrecen servicios propios de hoteles de lujo.

Pingüinos y ballenas
En la costa del Cabo se registran, cada año, numerosos avistamientos de ballenas, especialmente de las especies conocidas como franca, jorobada y azul, que a veces se pueden ver desde las playas. Otro inquilino natural del Cabo es el pingüino africano, conocido popularmente como pingüino asno porque su voz es parecida al rebuzno de un asno. Los pingüinos anidan entre febrero y agosto cerca de Simon''s Town, en un lugar accesible a los visitantes llamado Boulders, nombre de una roca granítica que caracteriza un punto de la costa que fue estación ballenera, base pesquera y campo de prisioneros durante la guerra anglo-boer. Los pingüinos se refugian por centenares en Boulders en los meses del invierno austral y los meses más cálidos la mayoría parte aguas adentro en busca de comida.

La vida en el Waterfront
La vida en la Ciudad del Cabo se refugia al atardecer en el Victoria Alfred Waterfront: 450 tiendas, 80 restaurantes, la mejor langosta del planeta, tres mercados, nueve hoteles (algunos considerados entre los mejores del mundo), multicines, una sala Imax, músicos por todas partes y un fantástico acuario con 3.000 especies configuran el ambiente de este muelle, junto al que se solazan las focas y del que parten los ferrys a Robben Island, la isla donde estuvo confinado Nelson Mandela, declarada por la Unesco Patrimonio de la Humanidad.

Leyendas del mar
Desde los roquedos se pueden observar restos de navíos hundidos como el Birkenhead, cuyo naufragio dio al mundo el famoso lema de "las mujeres y los niños, primero". Pero el hundimiento más famoso fue el sufrido, en 1641, por un capitán holandés, Van der Decken, cuyo fantasma -el holandés errante- creyó haber visto, 200 años después, el rey Jorge V de Inglaterra.

Ruta Jardín

Galería de fotos

La corriente de Mozambique-Agujas rodea Madagascar y viaja a gran velocidad hacia el sur, hacia el Cabo, arrastrando masas de agua caliente que se evaporan con facilidad. Hace siglos, estas nubes, el sol y la fina lluvia crearon un bosque húmedo costero que se extendía desde Ciudad del Cabo hasta el norte de Mozambique y en el que vivían elefantes, rinocerontes, leopardos y miles de aves, insectos y especies florales. A lo que queda de aquel bosque, en la franja costera surafricana que va desde Wilderness hasta el Parque Nacional de Tsitsikamma, es a lo que hoy se denomina Garden Route, la Ruta Jardín.

Playas semidesiertas, lagos tranquilos, el segundo estuario en dimensiones del país, bosques cerrados, ríos, gargantas y torrenteras configuran la ruta que serpentea frente a la costa, donde viven más de diez mil especies de plantas y animales. Las especies marinas de litoral no son muy diferentes de las existentes en el Atlántico. En ocasiones sólo varía el color: el mismo tipo de pez que es gris en las aguas batidas por las corrientes frías del Atlántico se torna de colores en las aguas quince grados más cálidas del Índico, aunque sólo las separen unas decenas de kilómetros y, a veces, menos.

El Museo Marítimo de Mossel Bay explica algunas de estas singularidades, entre otras que el punto de la costa más cercano al área donde se produce el encuentro de las dos corrientes no es el Cabo de Buena Esperanza, sino East London, mucho más al norte por el Índico. Mossel Bay guarda en este museo una réplica de la carabela de Bartolomé Díaz, el primer europeo que circunnavegó el Cabo. La carabela de Díaz medía 23 metros y medio de largo y 6,62 de ancho. Arrastraba 130 toneladas de carga, 37 de ellas de lastre, con el empuje del viento sobre sus dos velas.

Mossel Bay tiene una de las oficinas postales más antiguas y curiosas del mundo: un árbol, donde, según la leyenda, un marinero portugués llamado Pedro de Ataide dejó una carta metida en una vieja bota con la esperanza de que alguien la recogiera. La carta hablaba de posibles conflictos en Calicut (India), al tiempo que alentaba a proseguir la exploración comercial al norte de Goa. Un año después, otro marinero portugués, João da Nova, miró en el árbol y encontró la bota y, dentro, la carta. Asombrado por el portento, erigió en el lugar una pequeña capilla e instituyó la actual tradición del Post Office Tree, el árbol postalque sigue vivo y admitiendo cartas, que parten para su destino con medios más modernos pero con el matasellos de la única oficina postal del mundo oficialmente establecida en un árbol.

El árbol postalno es el único árbol famoso de esta ruta. En Knysna también hay un árbol de 33 metros de alto y cuatro de diámetro cuya edad se calcula en 800 años. Y en George todavía queda un roble que fue utilizado antes de 1834 para encadenar a los esclavos antes de ser vendidos en subasta.

George, a 495 kilómetros del Cabo, es la ciudad más poblada de la ruta y una de las más antiguas de Sudáfrica. Debe su nombre al rey inglés Jorge II y es sede de la más antigua catedral católica en Sudáfrica, la de San Pedro y San Pablo, y de la catedral que tuvo en el año 1911 el récord de ser la más pequeña del hemisferio sur, la de San Marcos.

Hacia el norte se elevan las montañas de Outeniqua, con pasos estrechos aun hoy para los automóviles, panorámicas excepcionales que costaban tres días de marcha a las caravanas. A un costado de estas montañas, comienza, en Oudtshoorn, el Pequeño Karoo, caracterizado por una sucesión de planicies y suaves colinas donde por falta de lluvia sólo crece una hierba rala, la lucerna, sobre un campo de piedras machacadas, diminutas.

Karoo significa secoen la lengua khoi. Pocos cultivos y menos ganado podrían aprovechar semejante desierto. Pero resulta que esta hierba y las pequeñas piedras sobre las que crece constituyen el plato preferido de las avestruces, que se crían, por millares, en el Pequeño Karoo. En la época dorada del negocio de las plumas de avestruz, a principios del siglo XX, cerca de Oudsthoorn se criaban 750.000 avestruces, cuyas plumas viajaban por todo el mundo para formar las boas de las estrellas de cine, los plumeros de las grandes mansiones y los exagerados abanicos de la época del charlestón. La fiebre de la plumaen Sudáfrica fue equiparable a la del caucho en el Amazonas. Los ricos hacendados propietarios de las granjas de avestruces se hacían traer desde Europa mármoles para sus mansiones, lámparas, mobiliario y hasta bodegas de champán francés. Aún se pueden ver algunos de los palacios de las plumasque nacieron de aquella fiebre, así como visitar modernas granjas que explican cómo se crían ahora las avestruces y que han visto su negocio revitalizado gracias a que la carne de avestruz no posee ni gota de colesterol.

George es también la puerta para visitar las Cuevas Cango, la más formidable cavidad con estalactitas y estalagmitas de Sudáfrica, cuyas primeras galerías se pueden recorrer en una mañana antes de ver otras granjas de animales salvajes que también prosperan en Oudtshoorn, granjas que permiten acercarse a un cocodrilo o -aún más excitante- acariciar a un joven guepardo.

En George se encuentra uno de los museos de Sudáfrica que rinden homenaje al ferrocarril. Es, a la vez, museo -de coches, locomotoras y carruajes- y estación desde la que parte el tren más famoso de la Ruta Jardín: el Outeniqua Choo Tjoe, que empezó a soltar humo en el año 1928 y aún sigue traqueteando por la misma ruta, entre George y Knysna, en cuyo estuario hace una entrada más que espectacular. Pasado Wilderness, donde realmente comienza el bosque animado que caracterizaba en tiempos a toda esta ruta, se alcanza, siguiendo el humo del tren, la población de Knysna, fundada, cuidada y enriquecida por George Rex, un comerciante de quien se decía que era hijo ilegítimo del soberano inglés Jorge III. Rex llegó en el año 1797 a Knysna y se inventó sucesivas excusas para vivir allí. Trató de crear un enclave maderero, un puerto para el carbón, incluso construyó su propio carguero, el Knysna. El caso es que nunca tuvo que volver a Gran Bretaña y cuando murió, en 1839, era propietario de diez mil hectáreas de las más bellas de Sudáfrica.

El corazón de Knysna es su laguna, alimentada por el estuario de un río, que es el segundo mayor estuario de Sudáfrica, y abierta al mar bajo la vigilancia de dos moles rocosas, denominadas las Cabezas (Heads) que guardan el paso hacia el océano como si fueran Caribdis y Scilla. En la laguna vive una especie de caballito de mar y una peculiar caracola utilizada a veces como símbolo turístico. Varios barcos de recreo recorren la laguna, se acercan hasta las Cabezas (donde aún se ven restos del hundimiento de un carguero, el Paquita) y cruzan hasta el lado opuesto al muelle para desembarcar a quienes quieran dar un paseo por el bosque misterioso de Knysna. Si hay suerte, el paseo en bote se hará en compañía de los delfines. Si hay más suerte aún, es posible encontrarse con una ballena que ha cruzado las Cabezas y busca el camino de regreso a los océanos. Y ya, con el máximo de buena suerte, dicen que es probable encontrar en el bosque al último de los elefantes de montaña de Knysna.

Knysna es, ahora, uno de los refugios favoritos de las fortunas sudafricanas. Un rincón idílico cuya conservación se debe en parte a George Rex y donde la fiebre del oro, que llegó hasta el estuario en 1880, fue una falsa alarma.

En julio, Knysna celebra su festival de las ostras, en torno al muelle donde ahora crece una nueva y animada área de tiendas y de restaurantes.

A unos pocos kilómetros de Knysna, siguiendo la ruta, aparece, deslumbrante, Plettenberg Bay. Plettenberg tiene una bahía extraordinaria, donde es fácil, en temporada, ver delfines, ballenas, focas y tiburones. La playa, hasta hace no muchos años desierta, poco a poco se ha ido animando con la presencia de barcos de recreo y restaurantes que afortunadamente ignoran que en la época del apartheidestaba prohibido vender alcohol en público y, por lo tanto, era ilegal tomarse una cerveza al aire libre frente al mar. Llamada a convertirse en la Marbella de Sudáfrica, Plettenberg Bay es, todavía, una joya donde es posible disfrutar, dicen, del campo magnético con mayor energía positiva de Sudáfrica, o lo que es lo mismo, para quienes no crean en las líneas de energía, de una vida relajada en esta tranquila parcela del paraíso.

La Ruta Jardín finaliza en el que, seguramente, es el lugar que mejor la define: el bosque costero del Parque Nacional de Tsitsikamma. Un bosque tupido y salvaje, serpenteado por ríos sobre los que a veces se elevan puentes de madera colgantes, aguarda a quien haya completado la ruta hasta su último hito. Algunos senderos llevan, bosque adentro, durante decenas de kilómetros en los que es fácil encontrarse con antílopes, dassies, decenas de aves y, si se precisa la mirada, con el ave tropical de Knysna o Knysna Lourie, sorprendente por su gran tamaño y por sus extraordinarios colores.

En el invierno austral, frente a la estación de los rangersdel parque, imponentes olas de hasta seis metros golpean el acantilado. Su vuelo se refleja en las cristaleras de los bungalós. En las profundidades de ese mar, cálido y tan misterioso como el bosque de Knysna, vive aún el celacanto, un pez antediluviano que hasta no hace muchos años se creía totalmente extinguido.

No serán líneas de energía, o quizá sí, pero habrá que convenir que alguna magia rodea aún a esta ruta, cuando la frecuentan las ballenas, los elefantes, un ave del paraíso y el misterioso celacanto.

Lo mejor de Ruta Jardín

La laguna de Knysna.
Delfines y, a veces, ballenas suelen acompañar a las barcas que cruzan la laguna de Knysna hasta las rocosas paredes que guardan la entrada al mar.

Un viaje en el tren Outeniqua Choo Tjoe.
Un tren a vapor que cruza algunos de los más bellos escenarios de la ruta y hace una entrada espectacular en Knysna.

La playa de Plettenberg.
Perfecta, idílica y poco concurrida. Hay posibilidades de salir al encuentro de los delfines, las focas y las ballenas.

El bosque de Tistsikamma.
Constituye el auténtico corazón de la Ruta Jardín. Puentes de madera colgantes, bosques cerrados, antílopes, aves y, en la costa, imponentes olas de hasta seis metros que baten contra los acantilados.

Granjas de avestruces de Oudsthoorn.
Resulta divertida la experiencia de conocer los secretos de las avestruces, e incluso galopar sobre este ave. Además, es compatible con la visita a las cercanas granjas de guepardos y cocodrilos.

EXCURSIONES
Las granjas de avestruces.
Una mañana puede bastar para recorrer las Cuevas Cango, visitar una granja de guepardos y recorrer con calma una granja de avestruces, que nos puede proporcionar, además, un menú todo avestruz: paté, tortilla, brocheta y solomillo.

El bosque de Tsitsikamma.
El recorrido por los acantilados, junto a las oficinas del parque, y un paseo por el principio del Sendero de la Nutria hasta el puente colgante llevará toda una mañana. El área tiene alojamientos que permiten una estancia mucho más prolongada.

Ballenas de Plettenberg Bay.
En temporada es posible salir desde la idílica playa de Plettenberg con excursiones marinas organizadas en busca de focas, delfines y ballenas. La excursión dura unas tres horas.

La laguna de Knysna.
Las barcazas cruzan la laguna de Knysna hasta el margen opuesto donde se encuentra un restaurante y comienzan los senderos para recorrer el magnífico bosque.

El último elefante
El bosque de Knysna que bordea la laguna guarda la leyenda del último de los elefantes existentes en la Ruta Jardín. Muy abundantes hace siglos, estos elefantes pertenecían a la especie común en el resto de África, pero se distinguían por sus costumbres y por su hábitat: el corredor boscoso creado por la evaporación de las aguas del Índico en la línea de costa desde el Cabo hasta Mozambique. Todas las pruebas daban por extinguido a este grupo hasta que, a principios de los noventa, se encontraron restos recientes de una pareja. Todavía hoy se cree que en el bosque de Knysna es posible toparse con el último de los elefantes que vive junto al mar.

Los palacios de las plumas
Se calcula que en 1914 se criaban en Oudtshoorn no menos de 750.000 avestruces. Era la época de la fiebre de la pluma, equiparable a la del caucho en Manaos e incluso a la del oro en la propia Sudáfrica. Los ricos propietarios de las granjas de avestruces exportaban las plumas de la más grande de las aves a Europa y América, en cuyas cortes y salones no podían faltar las boas y los abanicos confeccionados con pluma de avestruz. El negocio les permitió llevar hasta el Pequeño Karoo mármoles, lámparas, alfombras y bodegas con los que convirtieron sus viviendas en auténticos palacios, los aún existentes palacios de las plumas. Hoy, tras algunas décadas de crisis, el negocio de las granjas de avestruces ha vuelto a florecer gracias a que la carne de este ave no aporta colesterol.

Kwazulu Natal

Galería de fotos

Las playas que atraen a la mayoría de los sudafricanos, los mejores lugares para bucear de toda la costa sudafricana, los picos del Drakensberg, los poblados zulúes, las reservas especializadas en la protección de los rinocerontes y la huella de las batallas entre los británicos, los boersy los zulúes son los principales atractivos turísticos de la provincia de Kwazulu Natal, cuya capital, Durban, el puerto más activo de Sudáfrica, es una de las ciudades más cosmopolitas del país.

Vasco de Gama fue el primer europeo que desembarcó en estas costas. De hecho, el nombre de Natal, con el que hasta hace pocos años era designada esta provincia, procede de la tradición que sostiene que Vasco de Gama pasó en algún lugar no muy lejos de Durban las navidades de su primer viaje a India. Algunos siglos después, el relato del viaje de Vasco de Gama excitó los sentidos de un jovencísimo Fernando Pessoa, quien estudió en la High School de Durban entre 1899 y 1902. Uno de los más conocidos poemas de Pessoa es el dedicado, precisamente, al barco de Vasco de Gama, el San Gabriel, al que dibuja surcando ese mar cuya sal, dice Pessoa, está hecha, en gran parte, de "lágrimas de Portugal". Frente a la oficina de turismo de Durban, bajo un espeso sauce, hay un busto de piedra erigido el 7 de junio de 1986 por el embajador de Brasil en Sudáfrica en memoria del insigne Pessoa.

Tras el viaje del portugués Vasco de Gama, las tierras de Natal no fueron objeto del interés ni de la codicia de los blancos hasta que las disputas entre británicos y boersen el Cabo, agravadas en el año 1834 por la reacción negativa de los boersa la abolición de la esclavitud en las colonias, motivó la gran marchade pioneros boer y el viaje de los voertrekkers a las tierras de promisión, entre otras a Natal.

En 1835, dos partidas de pioneros conducidos por Louis Trichardt y Johannes van Rensburg salieron de Ciudad del Cabo y llegaron hasta el Índico para acabar sus días: unos murieron de fiebre en la actual capital de Mozambique, Maputo, y otros cerca, a manos de los shangaans.

Las malas noticias no impidieron que nuevas hordas de pioneros llegaran hasta Natal, descrita por uno de los exploradores boercomo "la tierra más bella jamás vista en África". Con los años y por los efectos de esta marcha y sus aspiraciones, los bellos parajes de Natal -hoy Kwazulu Natal- se convertishy;rían en escenario de batallas entre los boery los zulúes, entre los británicos y los zulúes y entre los boer que proclamaron la independencia de la República de Natal y los británicos, que acabaron sometiéndola.

Las guerras que se sucedieron en Kwazulu Natal en la segunda mitad del siglo XIX tuvieron como principales escenarios Isandlwana, Rorke''s Drift, Talana y Spionkop. En Isandlwana, un total de 1.300 soldados británicos perecieron ante el ataque de 28.000 zushy;lúes. La leyenda de aquel combate engrandeció la fama de los ejércitos zulúes y de su creador, el gran jefe Shaka, que ascendió al poder en 1816 y murió asesinado unos años después, víctima de una conspiración familiar. No fue, por tanto, el temible Shaka quien se enfrentó a los boersy a los británicos, sino sus sucesores. Pero las lanzas y los escudos zulúes honraron la memoria de su mayor guerrero. Entre las víctimas de las guerras contra los zulúes, figura el hijo de la emperatriz Eugenia de Montijo, quien, el 1 de junio del año 1879, salió de patrulla por propia iniciativa y murió en una emboscada cerca de la actual población de Babanango. Así finalizaron los días del último heredero de la dinastía napoleónica.

Las guerras anglo-boerdejaron en las antiguas provincias de Natal y Orange Free State el saldo de 6.000 muertos británicos y 4.000 boers. Entre sus protagonistas se encuentran militares como Baden Powell, fundador de los boy scouts; escritores como Henry Rider Haggard, autor de Las minas del rey Salomóny abanderado de las tropas británicas cuando entraron en la ciudad de Pretoria; una española, Lady Juana Smith, y un periodista que con los años desempeñaría un papel político clave en Europa: Winston Churchill.

Lady Smith era Juana María de los Dolores de Ponce de León, señora de sir Harry Smith, gobernador de la colonia del Cabo. Tenía fama de ser la mujer más bella del sur de África. Cuando los británicos tomaron la república boerindependiente de Kilp River (una de las mini repúblicasfundadas por los boeren el oeste de Natal), en 1847, acababan de conquistar una población situada 80 kilómetros al norte a la que habían rebautizado con el nombre del gobernador, Harrismith, y se sintieron obligados, por cortesía, a bautizar esta nueva conquista con el nombre de su mujer, Ladysmith. Hoy, Ladysmith es una importante población favorecida por su estratégica situación geográfica, en la línea de ferrocarril que enlaza Durban con Johannesburgo y Pretoria. El grupo musical sudafricano más conocido en el exterior es de Ladysmith y se llama Ladysmith Black Mambazo.

Winston Churchill era un joven periodista destacado para cubrir la cruenta guerra anglo-boercuando fue capturado por los boerel 13 de diciembre de 1899 y conducido a un campo de prisioneros en Pretoria. La suerte del futuro político podía haberse roto para siempre en aquella prisión. Pero, como se sabe, no fue así. Winston Churchill escapó y embarcó rumbo a Inglaterra.

Algunos biógrafos de Churchill destacan que aquella peripecia le permitió al futuro político entrar en contacto con otro ilustre protagonista del siglo XX: Mahatma Gandhi, quien llegó a Johannesburgo en 1893, compró un billete de primera clase en el tren para Pietermaritzburg y, de camino, alguien le dijo que debía abandonar su compartimento porque estaba en la zona reservada a los blancos. Gandhi permanecería en Sudáfrica casi 21 años. Luchó por los derechos de los indios y de la mayoría negra. Escribió para el Indian Opinion, fundó una granja comunal al norte de Durban y se cree que desarrolló en Sudáfrica su filosofía de la resistencia pasiva. Gran parte de los recuerdos de su estancia en África se pueden encontrar en el Centro de Documentación de Greyville. Su estatua, en Durban, se encuentra junto a la vieja estación de ferrocarril.

La agitada historia de Kwazulu Natal ayuda a explicar la vitalidad y la diversidad de la provincia y de su capital, Durban, cuya espléndida bahía justificó los primeros asentamientos y que hoy se ha convertido en la ciudad portuaria más activa de Sudáfrica.

Durban posee la comunidad de origen indio más numerosa de cuantas existen fuera de India. Cualquier visita debe incluir un paseo por el mercado indio para disfrutar del olor y el color de las especias, comer bunny chow(pan relleno con legumbres al curry) y regatear en los puestos que ofrecen desde joyas de malaquita hasta unos singulares preservativos zulúes. Hindúes, jainistas, budistas y parsis se mezclan en esta ciudad cuya principal iglesia católica linda, pared con pared, con la mayor de las mezquitas, y a poca distancia se levantan una sinagoga, una iglesia metodista y un inyangadonde los hechiceros o sangomasinvocan a los antepasados para curar todas las enfermedades o los males de amor.

El paseo marítimo de Durban, la llamada golden mile, es otro de los lugares donde se puede tomar el pulso a esta ciudad, provinciana frente al Cabo o Johannesburgo, pero muy activa, ya que no para de crecer y confirmar proyectos: dos casinos, el nuevo muelle, un centro de convenciones y, al norte, en Umhlanga, la mayor galería comercial de toda Sudáfrica. En la playa, entre los lugares de baño y el parque donde están instalados un fabuloso acuario y un interesante serpentario, ofrecen sus servicios rickshawsde madera pintados de vivos colores que sirven como icono turístico de la ciudad. En la década de los treinta, llegaron a pasearse por las calles de esta ciudad más de mil rickshaws, introducidos por un magnate del azúcar, Marshall Campbell, que trajo dos desde Japón. Hoy sólo hay quince, para el paseo y la fotografía de recuerdo.

Las costas de Kwazulu Natal, al norte y al sur de Durban, están viviendo su definitiva eclosión como centros turísticos preferentes de todo el país, especialmente para el turismo local. Margate Beach es el lugar más animado de la costa sur. Al norte de Durban, a menos de 25 minutos en automóvil, se encuentran las playas de Ballito y su oferta, permanente todo el año, de sol, golf, surf y toda la gama de deportes acuáticos. Desde Ballito hacia el norte, entre campos de azúcar y monumentos que conmemoran las guerras zulúes, la carretera principal atraviesa Zululand, sus poblados tradicionales y su costa virgen hasta Richards Bay. Desde esta población hasta la frontera con Mozambique, se encuentran el mayor humedal del país, el Parque de Santa Lucía, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, y las mejores playas para bucear entre arrecifes de coral: Sodwana Bay y Kosi Bay, a donde llegan, entre diciembre y enero, miles de tortugas para desovar.

No muy lejos de la costa, entre Santa Lucía y Sodwana Bay, se encuentran algunas de las mejores reservas de Sudáfrica. En especial, las de Hluhluwe y Umfolozi -el santuario de los rinocerontes- y la de Phinda, con sus excelentes lodges y su indudable contribución a la preservación del que quiere ser un gran parque nacional con numerosos ecosistemas (sabana, bosque, dunas, manglares, corales...) en su interior.

Y hacia el oeste, tras atravesar Ladysmith, surgen en el límite de la provincia las impresionantes siluetas de los picos del Drakensberg, también declarados Patrimonio de la Humanidad. No pocos alojamientos de montaña permiten disfrutar de la Reserva del Castillo de los Gigantes (Giant''s Castle), de las cataratas Tyugela, del Parque Ukhahlamba Drakensberg donde se hallan más de 5.000 pinturas rupestres, o del Parque Nacional Royal Natal, cuyos escenarios justifican el significado de la palabra que ahora nombra a esta provincia: Kwa Zulu, el lugar del cielo.

Lo mejor de Kwazulu Natal

El mercado indio y la golden mile de Durban.
El pulso de una de las ciudades más cosmopolitas de Sudáfrica se advierte en el mercado indio y en su milla dorada playera, donde pasean los rickshaws de colores, junto al serpentario y el Sea World.

La tierra de los zulúes.
Shakaland y otros poblados permiten conocer cómo era la vida de los zulúes en tiempos del gran Shaka. Cerca, se encuentran las reservas de Hluhluwe y Umfolozi, especializadas en la protección de los rinocerontes.

La cordillera del Drakensberg.
La cordillera más alta del país guarda unos escenarios increíbles y hasta 30.000 pinturas rupestres.

El Gran Humedal de Santa Lucía.
Un espacio natural de casi 40.000 hectáreas, que ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, donde se puede ver el mayor estuario del país, fondos marinos casi vírgenes (Sodwana Bay, Kosi Bay) y fauna salvaje en unas reservas dotadas con alojamientos magníficos, como la de Phinda.

Gauteng

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El corazón económico comercial y financiero de Sudáfrica se encuentra en Gauteng, lugar del oroen lengua sotho, la más pequeña y la más poblada provincia del país. Produce el 40 por ciento de la riqueza nacional y mueve el 60 por ciento del consumo. Es la sede de la administración gubernamental, de las corporaciones financieras, de las cien embajadas acreditadas en el país; el lugar de las convenciones, los negocios, la puerta de entrada comercial a Sudáfrica y a gran parte del hemisferio sur en el continente. El lugar del oro, todavía hoy.

Fue en Kimberley, el 16 de julio de 1886, en la plaza del mercado, cuando F. W. Alexander provocó la estampida anunciando que había descubierto oro cerca de lo que es hoy Johannesburgo. Apenas 20 años antes, la fiebre tenía como motivo los diamantes: primero las minas, cerca de Kimberley, y luego el depósito de diamantes aluviales en Namaqualand, al oeste del país.

El descubrimiento del oro volvió a repetir historias vividas con el hallazgo de los diamantes. Nadie sospechaba que pudiera existir una gran veta del ansiado mineral, aunque, siglos atrás, un fraile portugués, João dos Santos, había narrado que los makalanga tenían una palabra -ukubura- para definir a los buscadores de oro.

El primer hallazgo, de poco éxito, tuvo lugar en Wilgespruit, cerca del actual Johannesburgo. Atraídos por aquella mínima posibilidad de riqueza, dejaron El Cabo y llegaron hasta Gauteng dos granjeros australianos sin mucha vocación agrícola llamados George Walker y George Harrison. Walker se empleó en la mina mientras que Harrison trabajaba, a ratos, para una granja y empleaba su tiempo libre en buscar pepitas.

En marzo de 1886, Harrison descubrió por azar la que sería la mayor veta de oro del mundo. El gobierno envió a dos comisionados, Johannes Risk y Christian Johannes, para inspeccionar el hallazgo y verificar su autenticidad. Los dos Johannes confirmaron la veta y declararon la zona abierta a los buscadores, quienes luego darían el nombre de Johannesburgo a su principal campamento, más tarde ciudad, en honor de los Johannes.

George Harrison, el descubridor, hizo un mal negocio. Vendió los derechos de su mina por 20 dólares y se marchó. Nunca más se supo de él. Quizá fue una de las víctimas de Scotty Smith, el Robin Hoodde las minas, un salteador de caminos, jugador, ladrón de caballos, que robaba a los mineros que hacían fortuna para entregar el dinero a los pobres.

En 1889, Johannesburgo era la mayor ciudad de África. Cada día, mil vagonetas iban y venían entre la ciudad y los campos de oro. A mediados de 1890, había 200 compañías mineras instaladas, 75.000 mineros, millones de kilos de piedra extraída y miles de onzas de oro. Los señores del dinero, los randlords, dominaban Johannesburgo: Wernher, Beit, Rudd, Barney Barnato y, claro está, Rhodes.

Un año antes de que comenzara a operar el Big Holellegaba a Sudáfrica un chico pálido, enfermo, de 17 años, llamado Cecil J. Rhodes. Quinto hijo de un clérigo anglicano, le habían enviado a casa de su hermano Herbert, en la provincia de Natal, para reponerse de una especie de tuberculosis que amenazaba su vida. Cuando estalló la fiebre de los diamantes, los hermanos Rhodes se olvidaron de los problemas de salud y de su granja y se apuntaron a los campamentos mineros donde hicieron una fortuna fabricando y vendiendo hielo.

Con el dinero ganado con el hielo, compraron varias pequeñas explotaciones y, finalmente, las de su máximo competidor: Barnett Isaacs, también llamado Barney Barnato, camarero de Londres que quiso hacerse famoso en El Cabo con espectáculos de music hall, dejó el cabaret por las minas y en cinco años, entre los 20 y los 25 de edad, se convirtió en multimillonario.

Pero aún ganó más dinero Rhodes. Compró todo el negocio de diamantes a Barney Barnato por 5.338.650 libras, cantidad que, entonces, no había banquero en Sudáfrica capaz de pagarla en efectivo. Su influencia se plasmó en leyes que comenzaron a prohibir la libre explotación de los terrenos mineros. Había que tener una licencia y había que contar con Rhodes para administrar las licencias. Rhodes creó la compañía De Beers Consolidated Mines Company, que todavía hoy controla el comercio mundial de diamantes, y siguió extendiendo su imperio y repartiendo cheques. Como el que entregó a la familia Wessels por la Wesselton Mine, que los Wessels emplearon en fundar en África la Iglesia Adventista del Séptimo Día.

Cecil J. Rhodes repitió con el oro los mismos pasos hacia el monopolio que había practicado con los diamantes. A su autoridad financiera, añadiría pronto la autoridad política derivada de su nombramiento como gobernador del Cabo. En 1893, su principal compañía, la British South Africa Company, era la más poderosa del hemisferio sur. Las minas de oro, gran parte de ellas bajo el control de Rhodes, se sucedían a lo largo de la veta por el actual Gauteng. Cerca de 60 minas que producían unas 700 toneladas de oro al año, a razón de 5,6 gramos de oro por cada tonelada de piedra extraída. El polvo de las minas y de las piedras machadas hizo que Johannesburgo tuviera, como Roma, siete colinas, sólo que las de la ciudad sudafricana no habían nacido de la mano de Júpiter, sino de la pala de los mineros.

Johhanesburgo, hoy, ya no tiene aquellas colinas que permitían a alguna guía turística despistada comparar el corazón financiero sudafricano con la Ciudad Eterna. Un reciente adelanto tecnológico ha permitido encontrar un método barato para rentabilizar la búsqueda y el hallazgo en las viejas colinas de partículas de oro y de restos ínfimos de otros valiosos minerales que aparecen junto al oro. El resultado ha sido que la ciudad ha perdido todas sus colinas, excepto aquellas que ya estaban parcialmente construidas y especialmente una sobre la que pasa la autopista. La única autopista del mundo construida sobre polvo de oro.

La historia del oro y del actual proceso de extracción del metal dorado se puede disfrutar en Gold Reef City, un pequeño parque temático levantado sobre una antigua mina que permite bajar unos centenares de metros y conocer la vida diaria en las minas, y, luego, en la superficie, pasearse por un reconstruido poblado de época donde abundan las tiendas, restaurantes y diversiones.

Gold Reef City es una de las principales atracciones turísticas de Johannesburgo, la más visitada, posición que disputa anualmente a los toursorganizados por Soweto, el conjunto de townshipsque convirtieron su nombre en símbolo de la lucha contra el apartheid. Soweto es el acrónimo de South Western Townships, los townshipso suburbios del suroeste de Johannesburgo, donde ahora viven dos millones de personas. La iglesia católica Regina Mundi, la casa de los Mandela en Orlando West, la torre Oppenheimer, los shebeenso bares donde se servía alcohol cuando estaba prohibido, y el memorial a Héctor Peterson, el niño de 13 años que se convirtió en la primera víctima de la revuelta del 16 de junio de 1976, son algunos de los lugares más visitados en Soweto.

Los viejos townshipsde Soweto y los nuevos townshipsde la ciudad, a la que no paran de llegar emigrantes en busca de fortuna de todas las partes de África, contrastan, por su miseria general, con las nuevas avenidas, comercios, hoteles y restaurantes del distrito de Sandton, una ciudad dentro de la ciudad de Johannesburgo, su más nuevo y reciente pulmón comercial.

En Sandton hay cinco casinos y más de diez grandes centros comerciales que influyen en la vida de una ciudad que cierra la mayor parte de las oficinas y centros de trabajo a las cinco de la tarde y se vuelca en las grandes superficies comerciales del extrarradio. Como Eastgate, que aloja 247 tiendas en 106.000 metros cuadrados de extensión; o el Cresta Shopping Centre, con 176 tiendas; el East Rand Mall, 150 tiendas; The Boulders, 106 tiendas; Southgate, Alberton City, Westgate, Lakeside Mall o Killarney Mall, todos ellos con más de 100 tiendas en miles de metros cuadrados, o el más reciente, snoby cuidado centro comercial de Sandton, que aloja en torno a Sandton Square sus 90 tiendas y 36.000 metros cuadrados.

A 60 kilómetros de Johannesburgo se encuentra la capital del ejecutivo, Pretoria, denominada turísticamente la ciudad de las jacarandas, por sus grandes avenidas flanqueadas por la presencia de este árbol que entre septiembre y octubre viste de color púrpura la ciudad. Las primeras jacarandas -dos- llegaron a Pretoria en 1888, importadas por un industrial llamado Celliser. Diez años después, otro industrial, James Clark, al que la ciudad terminaría llamando Jacaranda Jim, trajo semillas de jacaranda de Australia y consiguió un contrato municipal para plantar y extender estos árboles a lo largo y ancho de la urbe.

En la época de las primeras jacarandas, muchos voor trekkers, pioneros boercon sus carretas y sus sueños de independencia, llegaron a Pretoria y se establecieron. Todavía la ciudad conserva elementos de aquella época, en torno a la plaza de la iglesia, y, especialmente, en la casa museo de Paul Kruger, presidente de una de las repúblicas boerque vivió en Pretoria entre los años 1884 y 1900, cuando el avance de las tropas británicas, a las órdenes de Lord Roberts, aconsejaron su salida de la ciudad.

La casa museo de Kruger testimonia el estilo de vida en la época del granjero que llegó a presidente. Comprende la casa original, residencia privada de Kruger y sus esposa Gézina, dos salas de exposición y el carromato utilizado en sus desplazamientos por Kruger. La residencia es una casa modesta, aunque fue la primera de Pretoria en conocer el teléfono y la electricidad. El hallprevio al museo ilustra la salida de Kruger de Pretoria, su viaje a bordo del navío de guerra holandés Gelderlanda Marsella, su muerte, en 1904, en Clarens (Suiza), y sus funerales en Pretoria. El carromato era el utilizado para los viajes oficiales de Kruger y también le sirvió para salir de Pretoria con destino a Maputo, donde embarcaría con destino a Europa.

El museo recoge objetos y documentos de la época de las guerras anglo-boer, que fue vista en muchas partes de Europa como la lucha entre David y Goliat, el enfrentamiento de una minúscula república contra el imperio británico. Entre los documentos que testimonian el apoyo de diversas organizaciones europeas a la causa boer, el museo Paul Kruger guarda una carta de los máximos responsables del partido catalán Unión Catalanista.

Pretoria exhibe también un gran monumento en piedra a los voortrekkers, obra del principal arquitecto de la época de las guerras anglo-boer: Herbert Baker, un inglés, de Kent, a quien dio empleo Cecil J. Rhodes en el Cabo para remodelar una vieja mansión que hoy es la residencia del presidente de la República. Baker terminaría trabajando en Nueva Delhi, pero en Sudáfrica dejó una larga obra. Es también responsable de la catedral anglicana del Cabo, de la estación de ferrocarril de Pretoria y de los Union Buildings, el máximo símbolo arquitectónico de Pretoria, uno de los antiguos iconos del colonialismo y el lugar donde Mandela inauguró su mandato presidencial.

Al noreste de Pretoria se encuentra la población de Cullinan y su célebre mina. Durante sus casi cien años de vida, la mina Cullinan ha producido más de 300 piedras de 100 o más quilates, entre ellas la piedra de la que se extrajo el mayor diamante que brilla entre las joyas de la corona de Inglaterra. En 1954 produjo un gran ejemplar de 426,5 quilates, que fue cortado en tres partes, una de las cuales fue comprada, en dos millones de dólares, por el magnate Niarchos. Otros diamantes famosos fueron el Gran Mogul(280 quilates) y el Jubilee (245).

Al oeste de Pretoria y de la mina Cullinan se encuentra, también, una de las mayores reservas naturales de Gauteng, De Wildt Centre, en las colinas de Magaliesberg, dedicada a proteger guepardos, perros salvajes y conejos de ribera. Y justo a la salida de Pretoria, en la tranquila población de Irene, se puede visitar la casa restaurada del general Jan Smuts, donde vivieron, durante la Segunda Guerra Mundial, varios miembros de la familia real griega a la que pertenece la Reina de España.

Smuts fue quien encargó al arqueológo Robert Bloom, del Transvaal Museum, la búsqueda de restos de homínidos en Sterkfontein, donde en 1925 habían aparecido los restos del Australopithecus africanus. En 1947 aparecieron los restos de un homínido al que se denominó Mrs. Ples, con dos millones y medio de antigüedad, catalogado como Plesianthropus(casi hombre).

Hoy, los lugares arqueológicos de Sterkfontein, Swartkrans y Kromdraai, en el área llamada Craddle of the Humankind, 47.000 hectáreas al noroeste de Gauteng, han sido declarados Patrimonio de la Humanidad. Según estos indicios, Adán y Eva nacieron en Gauteng, y nunca les faltaron ni el oro ni los diamantes.

Lo mejor de Guateng

Gold Reef City.
Un agradable y divertido parque temático, donde es posible bajar a una mina de oro y conocer el proceso de extracción y fundido.

Un tour por Soweto.
Los townships del suroeste de la ciudad de Johannesburgo encierran numerosos puntos que ya son símbolos de la lucha contra el apartheid. Imprescindible visitar un par de shebeens (bares).

Las compras en Sandton.
El más nuevo, moderno y deslumbrante corazón comercial de Gauteng.

La experiencia del Carnivore.
El único restaurante donde resulta posible probar las carnes de serpiente, cocodrilo, ñu, cebra, avestruz y, por supuesto, pollo y cordero.

La casa de Kruger.
La visita a la ciudad de Pretoria y a sus monumentos no estará completa sin conocer la casa del más famoso de los boer.

La mina Cullinan.
A escasos kilómetros de Pretoria se encuentra la población de Cullinan y su famosa mina de diamantes, que facilita un recorrido turístico y didáctico incluso en días de trabajo. La extracción de diamantes en esta mina comenzó en 1903, una año después de que la empresa de Rhodes adquiriera la granja donde se había producido el hallazgo de los diamantes por 52.000 libras. A?los pocos años de actividad, la mina arrojó, a nueve metros de la superficie, el famoso diamante Cullinan -cuyo hermano gemelo aún están buscando-, de 530 quilates, cuya pieza mayor, de 317,40 quilates, fue comprada por el gobierno de Transvaal y regalada al monarca Eduardo VII?para que formara parte de las joyas de la Corona británica. Durante sus casi cien años de vida, la mina Cullinan ha producido más de 300 piedras de 100 o más quilates. La mina opera ahora a 580 metros de la superficie, sigue moviendo a diario toneladas y toneladas de piedra -de las que extraen el diamante azul, que, por llevar aluminio, es un excelente semiconductor utilizado en los satélites- y se estima que aún le quedan, como poco, 20 años de vida.

Kimberly y el "Big Hole"
En julio de 1886, Kimberley era la única ciudad de África que tenía todas sus calles iluminadas por luz eléctrica, la única que contaba con un tranvía y la única que movía millones de rands a diario. Los diamantes habían sido descubiertos 120 kilómetros al sur de Kimberley, en 1867.

Un joven holandés, Erasmus Jacobs, fue quien dio con el primer hallazgo: una pepita de 21 quilates a la que bautizó como Eureka. Pronto, el área, denominada ciudad de la esperanza, Hopetown, se llenó de tiendas de campaña armadas por mineros profesionales y buscavidas ansiosos de dar con el preciado cristal, el fruto de una extraña piedra llamada kimberlita arrojada a la superficie de la Tierra 60 millones de años atrás por la fuerza de decenas de volcanes luego extinguidos. Más de 30.000 personas trabajaban, de día y de noche, buscando diamantes a cielo abierto. En 1871 la fiebre de los diamantes se trasladó al lugar, cerca de Kimberley, que, con los años, sería llamado

Big Hole, el gran agujero: un kilómetro y medio de circunferencia, 400 metros de profundidad a cielo abierto y otros 900 metros excavados bajo el final visible del hoyo. La mina y la ciudad fueron bautizadas con el nombre de Kimberley, en honor del secretario de Estado británico para las colonias, conde de Kimberley. El Big Hole comenzó a producir diamantes en 1871 y reunió 14 millones de quilates en poco más de cuarenta años de explotación.

Gramos dorados
Sudáfrica posee más de la mitad de las reservas mundiales de oro y es el principal exportador de diamantes extraídos de las minas de kimberlita.

El proceso de extracción, en ambos casos, es laborioso y complejo. Cada tonelada de piedra obtenida en una mina de oro aporta, como media, 5,6 gramos del codiciado mineral, y cada tonelada de piedra de una mina de diamantes, 6,7 gramos.

Sun City

Galería de fotos

Cuatro de los mejores hoteles de Sudáfrica, dos de los mejores campos de golf del mundo, un parque acuático colosal, el casino con los premios más cuantiosos del hemisferio sur, 14 restaurantes, un millón de plantas y árboles, Las Vegas en África, esto es Sun City: el complejo de ocio, juego y espectáculos más deslumbrante de Sudáfrica. Un universo de tentaciones que, como Las Vegas, nació de la nada, de la mirada del promotor hotelero Sol Kerzner, sobre las laderas de un cráter volcánico extinguido.

No había nada, no más que el suelo ocre y verde característico de los anillos que roshy;dean a la montaña Pilanesberg, uno de los dos volcanes del mundo, ya extinguidos, con lecho de roca alcalino. Pero Sol Kerzner, el máximo ejecutivo de la cadena hotelera Sun, tuvo una visión: "Este es el sitio". Llevaba días sobrevolando en un helicóptero el área del bantustán, hoy desaparecido, de Bophuthatswana. Entonces, a finales de los setenta, el juego era ilegal en Sudáfrica, pero no así en los bantustanes como Transkei o Bophuthatswana. El lugar elegido, junto al viejo volcán, le entusiasmó. Para los técnicos resultaba un desafío casi imposible. La zona no tenía agua, la ciudad más próxima estaba a 40 kilómetros, no había carreteras pavimentadas, el poste de la luz más próximo estaba a 25 kilómetros y, por supuesto, los cables telefónicos brillaban por su ausencia. Pero se dio la voz de adelante. El 7 de diciembre de 1979 tenía que estar listo el mayor complejo hotelero de Sudáfrica: Sun City.

Llegó el 7 de diciembre y la obra había sido levantada. Se habían creado nuevas técnicas arquitectónicas y batido todas las marcas de velocidad. Sólo siete meses después de la explanación de los suelos, el hotel Sun City, con 340 habitaciones de lujo, estaba perfecto y completamente listo. Además de la obra del hotel, se había transformado por completo el paisaje semidesértico de la ladera volcánica. Más de un millón de flores, árboles y arbustos habían sido plantados en la zona. Y además estaban las pistas de tenis, que fueron inauguradas por los campeones Bob Hewitt y Abe Segal; el gran teatro y auditorio, cuya primera gala condujo Cliff Richard; el campo de golf, cuyo torneo inicial se apuntó Gary Player; y el casino, que el día de la inauguración dio más de 6.000 euros a un turista que se había registrado con el nombre de Basil Nakos.

Durante su primer año de vida, Sun City atrajo más turistas que el conjunto del país. No existía un complejo hotelero en Sudáfrica como éste, en el que trabajaban dos mil personas y que había supuesto una inversión de 30 millones de rands, lo que requeriría, ahora, un coste de unos mil millones de rands, unos 100 millones de euros. "El problema-dijo Kerzner- puede ser el éxito. Hay que seguir".

El primer cumpleaños de Sun City se celebró por todo lo alto con la inauguración del complejo Sun City Cabanas, un área de alojamientos familiares con capacidad para 284 personas. Mientras tanto, en la cercana montaña de Pilanesberg, la llamada operación génesisiba dando sus frutos. La operación consistía en reintroducir en el Parque Nacional de Pilanesberg, el cuarto en extensión de Sudáfrica, todos los mamíferos que el parque había perdido: rinocerontes, kudus y leopardos, entre otros.

El siguiente escalón en la vida de Sun City fue el colosal parque acuático, ordenado en torno a un lago de 750 metros de longitud. Un waterworldcolosal donde es posible practicar el esquí acuático, la vela, el parasailingy otros numerosos deportes acuáticos. Poco después, la primitiva arena de boxeo se transformó en el teatro de la Superbowl, corazón a su vez del incipiente Entertainment Centre. El 24 de julio de 1981, el legendario Frank Sinatra fue el encargado de inaugurar el teatro de la Superbowl y probó el sonido de los 215 altavoces, 35.000 vatios, que unos días después disfrutaría el público que acudió para escuchar a los británicos Rod Stewart y Elton John cantando a dúo.

En torno al teatro de la Superbowl fue creciendo el centro de entretenimiento, con el mayor bingo en su clase del mundo, cinco restaurantes, tiendas y un número creciente de slotsy de premios. Diez años después de la apertura, el casino había pasado de 250 slotsa contar con 1.000, y la máquina estrella, la Dream Machine, ofrecía un gran premio de cinco millones de rands, al cambio actual unos 500.000 euros.

En diciembre de 1984, otro hito en Sun City fue la apertura del lujoso Cascades Hotel, con 243 habitaciones rodeadas por cascadas, lagunas y vegetación tropical. La extensión cada vez mayor del complejo obligó a instalar, en 1986, un monorraíl que conectara el área general de aparcamiento con los tres hoteles entonces construidos.

Cumplidos diez años de vida, el staffde Sun City ya sumaba 3.200 personas. Todas las cifras se habían multiplicado, los récords se sucedían. Por el auditorio habían pasado Shirley Bassey, Ann Margret, Kenny Rogers y, de nuevo, el gran Sinatra. En aquella ladera volcánica, antaño casi desértica, 14 restaurantes servían ahora desde judías francesas a caviar iraní, y bebidas de medio mundo. En 1991, Sun City añadió al libro de los Guinnessla elaboración de un cóctel de 1.500 litros.

Y aún quedaba lo mejor. En 1990, empezaron a despuntar las fantásticas torres del Palacio de la Ciudad Perdida (The Palace of the Lost City), una fantasía arquitectónica rodeada por la mayor jungla hecha por el hombre en el mundo, con no menos de nueve zonas separadas para alojar desde cactáceas a plantas tropicales. El diseño del Palacio, el más espectacular hotel del complejo con 338 habitaciones, rememoraba las aventuras deIndiana Jonesy, de hecho, había participado en su concepción parte del equipo artístico de la segunda de las entregas del popular héroe. Las torres, las ventanas y los arabescos sugieren el lujo y la fantasía de los palacios mongoles de India, mientras que la vegetación tropical orienta la imaginación hacia los templos de Camboya en la jungla. Pero el Palacio no tiene un referente concreto. Como fruto de la fantasía, parece pertenecer a otro tiempo más fastuoso: a la época de las mil y una nochesdel califa Harum al Raschid en Bagdad, a los caravanseraide la Ruta de la Seda, a los palacios de los reyes de Siam o de Indonesia.

En su interior, los elementos orientales dejan paso al impacto de la sabana africana. Pinturas, esculturas y mosaicos inspirados en escenas de estas tierras del continente africano y protagonizados por los big five, los cinco grandes mamíferos terrestres y, en especial, por los elefantes. La entrada al hall de los tesorosestá custodiada por elefantes de piedra que parecen guardar todos los secretos de la ciudad perdida. Y además está la reproducción en bronce del gigante Shawu.

En paralelo a la construcción del Palacio se produjeron nuevas modificaciones del centro de entretenimiento, que vio doblado su tamaño. De acuerdo con el nuevo concepto arquitectónico introducido por el Palacio, el acceso al centro fue configurado como una gran caverna de roca con forma de cabeza de leopardo. Al atardecer, una larga fila de antorchas ilumina el camino hacia el puente que alcanza la caverna. Cuando el leopardo ruge y parece anunciar el estallido del viejo volcán, el puente acusa su fuerza y el sonido del conjunto llega hasta las escalinatas del Palacio.

La apertura del nuevo hotel y de todas las novedades introducidas en el complejo fue realizada en diciembre del año 1992 con un espectáculo producido y dirigido por Jean Michel Jarre.

La historia de Sun City ha seguido con la ampliación de las Cabanas, la inauguración de The Vacation Club (tiempo compartido) y el éxito del Palacio de la Ciudad Perdida. Nuevas tiendas, boutiques, restaurantes, salas de videojuegos, pistas de deportes, jardines, helipuerto helicópteros y la posibilidad de realizar safaris en globo -cerca de Sun City se encuentra un moderno aeropuerto-?han acompañado el desarrollo de este hotel, cuya suite principal tiene 800 piezas de artesanía y que cuenta en cada una de sus 338 habitaciones, tres de ellas para discapacitados, con multicanal TV, acceso a Internet y vistas a los jardines, al Valle de las Olas, al campo de golf o a las montañas de Pilanesberg, cuya reserva natural permite ahora, gracias al éxito de la operación génesis, que los huéspedes de Sun City tengan, además, un inolvidable encuentro con los reyes salvajes de África, los big five. Algo con lo que nunca podrá soñar Las Vegas.

Lo mejor de Sun City

Alojarse en The Palace of the Lost City.
Un hotel de fábula inspirado en los escenarios de Indiana Jones. Al atardecer, las mejores vistas se obtienen desde la terraza del Tusk Bar.

Sobrevolar Sun City y Pilanesberg en globo.
Las condiciones climatológicas permiten durante casi todo el año paseos en globo sobre Sun City y la reserva de animales de Pilanesberg.

Jugar al golf donde los maestros.
Sun City cuenta con dos campos de golf distinguidos en muchas ocasiones como los mejores de África. Antílopes y aves acuáticas contemplan a distancia los recorridos de los jugadores.

Los dos campos de golf de Sun City han sido considerados en numerosas ocasiones como los mejores de África. El primero fue inaugurado en 1979, con un torneo cuyo ganador fue el ídolo nacional Gary Player. En 1993 fue inaugurado el segundo campo de golf: Lost City Golf Course, cuyo diseño utiliza la belleza de la montaña Pilanesberg como telón de fondo de los 18 hoyos, y quizá sea el único en el mundo que cuenta en su recorrido -atención al hoyo 13- con lagos habitados por cocodrilos. Antílopes, avestruces, cebras y aves acuáticas también vigilan, curiosos, el juego de los visitantes. El año 2000, la historia del golf en Sun City añadió un nuevo récord con la celebración, en el Gary Player Country Club, del primer torneo premiado con dos millones de dólares. El ganador fue el surafricano Ernie Els.

Perderse por los jardines.
Más de 3.000 especies florales, entre ellas 400 tipos de palmeras, configuran los jardines de Sun City.

Divertirse en el parque acuático.
Seis piscinas, una de ellas con olas mecánicas, definen el área del waterworld, donde es posible navegar a vela y practicar numerosos deportes acuáticos.

Operación génesis
Las montañas de Pilanesberg son el resultado de un seísmo ocurrido hace 1.300 millones de años. Antes del terremoto, la presión del magma rompió la superficie de la tierra formando círculos concéntricos y, tras la erupción, el plegamiento de la tierra y la solidificación del magma dieron origen a estas bellas montañas que ahora rodean Sun City.

En las montañas Pilanesberg se encuentra la Reserva de Pilanesberg, donde es posible realizar safaris fotográficos para contemplar elefantes, leones, rinocerontes blancos y negros, guepardos, hipopótamos, jirafas, búfalos, casi todas las especies de antílopes existentes en Sudáfrica, perros salvajes y cientos de aves. Tal abundancia de fauna se debe al éxito de la operación génesis, nombre dado al programa de sistemática recuperación de fauna y flora en la zona iniciado a finales de la década de los setenta, cuando comenzó a levantarse Sun City. Durante casi treinta años, la protección de la reserva y la cuidadosa aclimatación de especies antaño desaparecidas en el área han permitido la creación de una excepcional área, donde se organizan safaris diurnos y nocturnos en automóvil y safaris a pie para disfrutar de una amplia variedad de la vida salvaje en Sudáfrica.

Shawu
Pinturas, esculturas y mosaicos del interior del Palacio de la Ciudad Perdida reproducen escenas de la vida salvaje en África: leopardos, leones, antílopes y, sobre todo, elefantes. Frente a las escalinatas que miran hacia el Valle de las Olas se levanta una colosal reproducción en bronce de Shawu, uno de los elefantes más conocidos y filmados del Parque Nacional Paul Kruger.

Kruger

Galería de fotos

El parque Kruger, el mayor de los 17 parques nacionales de Sudáfrica, tiene el honor de ser uno de los primeros espacios naturales protegidos del mundo. Se constituyó en 1898, dos décadas después del de Yellowstone, en Estados Unidos, que fue el primer parque nacional declarado de cuantos existen en el globo.

El Kruger debe su nombre y su creación a Paul Kruger, presidente de una de las repúblicas boerque lucharon por su independencia frente a las tropas británicas entre 1880 y 1902. Cuando Kruger decidió su creación, el Parque estaba diezmado por la caza incontrolada, el comercio de oro y las epidemias. Se calcula que a principios de siglo la población de elefantes en el interior del Parque era de cinco ejemplares. Sólo la acción natural de la mosca tse-tse, propagadora de la enfermedad del sueño, y del mosquito responsable de la malaria habían impedido una mayor devastación por parte, especialmente, de los traficantes de marfil y de los mineros asentados en el área de Pilgrim''s Rest y en el corredor entre Komaitpoort y Maputo, la actual capital del vecino Mozambique.

Kruger creó las leyes que alumbraron la concepción de la zona como un espacio natural protegido y fue uno de sus ayudantes, James Stevenson Hamilton -apodado por los nativos "skukuza", que significa "el hombre que todo lo cambia"-, quien realmente afrontó la tarea de recuperar y proteger el que es hoy uno de los principales santuarios de la vida salvaje en África.

El actual Parque Kruger ocupa casi dos millones de hectáreas del noreste de Sudáfrica, 350 kilómetros de norte a sur, con una anchura mínima de 40 kilómetros y una máxima de 80. Tiene frontera al norte con Zimbabwe y al este con Mozambique. Uno de los proyectos más cálidamente defendidos por el ex presidente sudafricano Mandela fue, precisamente, la ampliación del espacio protegido más allá de sus límites políticos y administrativos, para crear un gran corredor de fauna salvaje en el hemisferio sur, de cuyo cuidado y administración se encargarían los tres citados países.

La gran superficie ocupada por el parque (de norte a sur, la distancia entre Madrid y Valencia) se corresponde con la gran diversidad física de sus áreas y de la fauna y flora que las ocupan. La altura del terreno varía de los 140 a los 900 metros sobre el nivel del mar. Hay colinas, depresiones, suaves montañas, planicies, vegetación de ribera en torno al cauce de los dos ríos principales, el Limpopo y el Cocodrile, y formaciones de montículos rocosos, llamados kopjes, similares a los que se dan al sur del Serengeti.

Las zonas de ribera son los refugios del hipopótamo, el leopardo, los babuinos y cientos de aves. El área de planicie dominada por el árbol mopane es propia del antílope roany del tssessebe. Los grandes rebaños de cebras y ñúes son fáciles de ver en las llanuras donde sobresalen las acacias espinosas y el árbol de la marula, mientras que el suroeste, la zona de más lluvia anual, es la frecuentada por el rinoceronte blanco. En total, el Kruger acoge, según los censos realizados, 450 especies de pájaros y 138 de mamíferos. De los cinco ejemplares de elefante censados a principios de siglo se ha pasado a más de 8.000.

El Parque puede ser recorrido y visitado con la ayuda de los mapas que se adquieren en las entradas y las facilidades que aportan los refugios, miradores y alojamientos distribuidos en su interior. Las normas de visita exigen que los vehículos no abandonen las carreteras de tierra trazadas, que los viajeros no dejen sus coches salvo en las zonas acondicionadas para ello y que se respeten los horarios de apertura y cierre, así como el resto de las normas de conservación del parque, entre otras las que impiden arrojar basura y las que prohíben sacar del parque cualquier hueso, piedra o planta.

El Parque tiene vallado gran parte de su perímetro. La instalación de las vallas comenzó a mediados de los años 60, para proteger a las especies de un brote de fiebre aftosa detectado en el país. Hay ocho puertas de entrada, de norte a sur: Pafuri, Punda Maria, Phalaborwa, Orpen, Paul Kruger, Numbi, Malelane y Cocodrile Bridge. La entrada principal es la de Paul Kruger, la más cercana al aeropuerto de Skukuza, nombre que rinde homenaje al auténtico creador del Parque, James Stevenson Hamilton, alias Skukuza. Los horarios de apertura y cierre varían según la época del año. El horario más frecuente durante el año es el comprendido entre las 5.30 de la mañana y las 6.30 de la tarde.

Los visitantes pueden recorrer el Parque durante las horas que permanece abierto y pueden, también, alojarse en su interior. Los alojamientos públicos del Parque son de dos tipos: lodgesque sólo ofrecen servicios básicos y campamentos donde, además de la cama, se cuenta con restaurantes, gasolineras, sanitarios, cocinas, teléfonos, habitaciones especiales para discapacitados y centros de interpretación. Hay también zonas de camping y miradores con servicios.

El Parque está libre de la acción de la mosca tse-tse desde 1953 tras las bombardeosmasivos de DDT que se realizaron, con la ayuda del gobierno estadounidense, entre 1945 y 1953. No sucede igual con la acción del mosquito transmisor de la malaria, por lo que conviene consultar en los centros de medicina internacional sobre la necesidad de medicación preventiva.

Otra manera de visitar el Kruger es realizar un game view, un safari fotográfico, alojado en alguno de los soberbios lodgescon que cuentan las reservas privadas instaladas en su mayoría en los límites suroccidentales del Parque.

Las reservas privadas son una fórmula casi exclusiva del Kruger y dentro de ellas se encuentran los alojamientos más lujosos, cómodos y acogedores de cuantos se ofrecen en África para realizar safaris. Sólo en Sudáfrica, en las principales reservas privadas del Kruger, es posible realizar un safari nocturno en vehículo todoterreno abierto, con expertos conductores y buscadores de huellas, y vivir los momentos que depara alojarse en un lodgeprovisto, como Singita, de una bodega que alberga 12.000 botellas de vino, o como Londolozi, con un jacuzziprivado en la terraza de cada suite, o en las excepcionales cabañas bajo tierra de Earth.

El lujo africanode los mejores alojamientos de estas reservas es excepcional. Cristales de bohemia, bañeras italianas, espejos ingleses, artesanía exclusiva, manteles de lino, alfombras persas, un trato personalizado y un nivel gastronómico excelente -y sorprendente en la sabana- definen algunos de los rasgos que han atraído a millones de turistas desde la fundación de estas reservas privadas, en los años 60, hasta hoy, entre ellos muchos personajes famosos de la política, las artes, el cine o la música.

La mayoría de las reservas privadas se encuentran al suroeste del parque, en las áreas conocidas como Timbavati, Klaserie, Thornybush, Manyeleti, Mala Mala, Sabi Sabi y Sabi Sand. No hay barreras artificiales entre las reservas y el Parque, por lo que se puede decir que todas estas superficies de uso privado pertenecen al ecosistema del mismo parque. La entrada principal al parque -y a las reservas- se encuentra junto al aeropuerto de Skukuza, a una hora de vuelo del de Johannesburgo.

El lodgeactualmente más exclusivo de cuantos ofrecen estas reservas es Earth, en Sabi Sabi. Es el más sorprendente y el más singular, ya que ha construido prácticamente todas sus instalaciones y todos los alojamientos bajo tierra. Desde el exterior, de camino a Earth sólo se perciben los techos cónicos por donde entra gran parte de la luz a las habitaciones. Techos que parecen nidos de aves y que están perfectamente integrados con la vegetación circundante. Los vehículos entran en un foso subterráneo desde el que se accede a la recepción principal, el bar, el restaurante, la tienda y el centro de Internet. Todo el ambiente busca sugerir un encuentro con la tierra, con los elementos naturales. La barra del bar está hecha de la madera de un solo árbol, al igual que el mostrador de la recepción. Los grandes espacios eliminan cualquier posible sensación de claustrofobia y la luz entra a raudales por las claraboyas del techo y por los espacios que comunican con el exterior. Cada suite ocupa 100 metros cuadrados -la presidencial, más del doble: 236-, posee su propio mayordomo, su propia piscina exterior -que permite darse un baño mientras se contempla el paso de los animales- y una decoración exclusiva, con piezas firmadas por Geoffrey Armstrong, un renombrado artista de Ciudad del Cabo.

Los Reyes de España durmieron en Selati, un lodgepróximo al lugar donde ahora se levanta, o se esconde, Earth. Durante su visita al Kruger, hace algunos años, don Juan Carlos ocupó la suite Lourenço Marques y doña Sofía la suite Ivory. La decoración de Selati está caracterizada por elementos -lámparas, placas, fotografías- procedentes de una vieja línea férrea minera, la Selati Railway Line, construida en 1909 para enlazar este área con el mar en Mozambique.

Otros lodgesdistinguidos son Sabi Sabi, Singita, Londolozi, Ulusaba, Mala Mala, Exeter, Lion Sand, Ngala y Nkambeni. Entre todos se podría decir que han creado un estilo, una manera de entender el encuentro con la vida salvaje que busca el lujo partiendo de la base de que el auténtico lujo comienza en la posibilidad de vivir una noche en la sabana, sentir a pocos metros la presencia del leopardo o disfrutar de los cielos de África. Las reservas han añadido a ese encuentro con la vida salvaje seguridad, comodidad y servicios que añaden placeres exquisitos a la estancia en una reserva natural. "Demasiado poco tiempo en este paraíso", escribió el rey Juan Carlos en el libro de visitas de Selati.

Lo mejor de Kruger

Alojarse en una reserva privada.
Los lodges de algunas de las reservas privadas son de auténtico lujo, tanto en la decoración como en la comida y el servicio. Además, permiten vivir la emoción de un safari nocturno y, al regreso, cenar en una boma, una empalizada cercada al aire libre.

Realizar un safari aéreo.
Para quienes quieran emular las experiencias de Dennis Fynch Hutton (Memorias de África) al sobrevolar la sabana.

Blyde River Canyon.
A no muchos kilómetros de la entrada principal del Kruger se encuentra el pueblo minero de Pilgrim''s Rest y las cascadas y miradores de Blyde River Canyon, la Ventana de Dios y el Fin del Mundo.

Los "Big Five"
La mayoría de las reservas privadas de Sudáfrica han especializado sus safaris fotográficos en el encuentro con los "big five", los cinco mamíferos que cautivaban a los cazadores del siglo XIX: león, leopardo, elefante, rinoceronte y búfalo. La posibilidad de realizar safaris nocturnos -casi exclusiva de las reservas- facilita el encuentro con "los cinco".

La ventana de Dios
A escasos kilómetros de los límites occidentales del Kruger, en la provincia de Mpumalanga, se encuentra la reserva del Cañón del Río Blyde (Blyde River Canyon Nature Reserve), donde los protagonistas no son los big five sino cataratas, columnas de cuarcita, precipicios, miradores, torrentes y una carretera sinuosa que recorre todos sus espectaculares paisajes. El mirador más famoso de esta ruta es la Ventana de Dios (God''s Window), que fue elegido en la película Los dioses deben estar locos para representar el fin del mundo, el lugar elegido por el pastor de la etnia san (bosquimanos) para tirar la botella que pertenecía a otra civilización. La Ventana de Dios produce, realmente, el efecto del fin de los límites del mundo: un mirador que parece conducir a la sola niebla. Cuando las nubes se disipan, aparece nuevamente el mundo. Merece la pena acercarse a las cataratas (Berlin Falls, Lisbon Falls) y, si se dispone de algo más de tiempo, subir hasta el Fin del Mundo (World''s End) y ver el río Blyde desde el mirador de Three Rondavels.

Peregrinos del oro
Cerca del aeropuerto de Skukuza se encuentra el pueblo minero de Pilgrim''s Rest, en la vecina provincia de Mpumalanga, un pequeño pueblo que conserva parte del ambiente de la época en que se vivió la fiebre del oro. En 1866, Carl Gottlieb Mauch, un profesor aficionado a la búsqueda de pepitas de oro, afirmó haber descubierto oro en los márgenes del río Sabie, que pronto se llenaron de buscadores y alumbraron un campamento llamado Mac Mac por la cantidad de escoceses que habitaban en sus tiendas. Uno de estos escoceses, Alec Whellebarrow, encontró oro en el actual Pilgrim''s Rest, y poco después fue superado en hallazgos y riquezas por William Trafford, quien, según la leyenda, gritó, tras su hallazgo, "the pilgrim is a rest" y las montañas le devolvieron, con su eco, el nombre del futuro pueblo minero, cuya riqueza le permitió importar, piedra por piedra, una iglesia ahora convertida en bar, donde, según reza una inscripción en la barra, está "prohibido hablar de religión". El museo de Pilgrim''s Rest ilustra la época de los campamentos mineros, el proceso de extracción del oro y la vida de los pioneros.

Extensiones: Cataratas Victoria

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El río Zambeze es el cuarto río del continente africano, por longitud, y el mayor de los que vierten sus aguas al Océano Índico. Nace al noroeste de Zambia y recorre 3.540 kilómetros hasta su desembocadura, en Mozambique. Discurre por Angola, Namibia, Bostwana, Zambia y Zimbabwe, antes de formar un delta que se encuentra con el mar del Canal de Mozambique. Su curso se ve alterado por varios rápidos y por cinco cataratas, entre las que destacan las que forman uno de los mayores espectáculos naturales del mundo: las Cataratas Victoria. El explorador y misionero escocés David Livingstone fue quien las bautizó con ese nombre, el de su reina: Victoria I, la tatarabuela de Isabel II. El 16 de noviembre de 1855, Livingstone avistó las cataratas. "La mayor maravilla que he visto en África", escribiría años después. Se cree que Livingstone fue informado de la existencia de las cataratas por nativos kololo.

Los kololo procedían del noreste de Sudáfrica. La expansión de los zulúes les había empujado a emigrar. Viajaron hacia el norte y se establecieron junto al curso del Zambeze. Los kololo llamaban a las cataratas "mosi oa tunya", el humo que truena, una descripción que coincidía bastante con la que aplicaban los antiguos habitantes de la zona. Para los nambia, las cataratas eran "chinotemba", el lugar que truena. Los zezuru las llamaban "mapopoma", estruendo, y los ndebele las decían "manza thunqayo", el agua que se eleva como humo. Los tonga creían que allí donde se estrellaban las aguas del río y nacía el arco iris se ocultaba una divinidad. A Livingstone le pareció también que el cielo debía intervenir en tan formidable despliegue de la naturaleza: "Hasta los ángeles en su vuelo deberían detenerse-escribió- para contemplar un espectáculo como éste".

Las Cataratas Victoria son una de las grandes maravillas naturales del mundo. No son las más altas (el récord lo posee la Cascada del Salto del Ángel, en Venezuela), ni las más anchas (Khone, en Laos), ni las que más volumen de agua vierte por minuto (Iguazú, Brasil), pero forman la mayor cortina de agua en la Tierra. Vierten 550 millones de litros por minuto. Miden 1.708 metros de ancho y alcanzan una altura, en su cascada más elevada, de 103 metros. El salto es abrupto. El río lanza sus aguas al espacio que existe entre la pared por la que actualmente se desborda y la pared que está enfrente, por la que se desbordaba hace millones de años. Desde el aire, en helicóptero, ultraligero o avioneta, se pueden observar las gigantescas paredes de roca, hasta siete, que revelan los sucesivos lugares por los que se ha ido precipitando el río en los últimos 20 millones de años. El encuentro de millones de litros de agua contra la pared vecina genera un formidable estruendo acompañado de una nube de vapor que se puede ver a 60 kilómetros de distancia. La presencia del arco iris es constante. A veces se forman dos o más arcos iris. También es posible ver la formación del arco iris de noche, con luna llena. Inolvidable.

El río Zambeze sirve de frontera entre Zambia y Zimbabwe. Para disfrutar de las cataratas en toda su magnitud, hay que verlas desde los dos lados, el de Zambia y el de Zimbabwe. Hay que cruzar el puente de hierro que Cecil J. Rhodes mandó construir en 1905 para la línea ferroviaria que soñó construir entre Ciudad del Cabo y El Cairo. El puente, que tiene un arco de 152 metros, necesitó 2.000 toneladas de acero. Por el lado de Zimbabwe conduce a una carretera que lleva al cercano pueblo de Victoria Falls y al pequeño parque, vallado, que protege el mirador sobre las cataratas. Desde ambos lados se puede observar la presencia ocasional de elefantes, hipopótamos, jirafas y antílopes, que se asoman al río desde el bosque de ribera que acompaña al Zambeze antes de las cataratas. El bosque forma parte de un Parque Nacional, que en Zambia suma 70 kilómetros cuadradados y en Zimbabwe 550, y que cuenta con presencia de numerosas especies animales -se han censado 1.400 búfalos y 1.300 elefantes-, entre ellas rinocerontes blancos y leopardos. Abundan las higueras, las acacias, el árbol del mopane, y sobresale el baobab. Una tradición oral de la zona sostiene que quien bebe una infusión de la raíz del baobab será fuerte y vigoroso; si bebe de su semilla, estará protegido contra los cocodrilos.

La contemplación de las cataratas.
Hipnótica. La mayor cortina de agua de la Tierra. El estruendo es formidable; la nube de vapor, que se puede ver a 60 kilómetros de distancia, es constante. Conviene llevar capa impermeable. El espray envuelve a los visitantes.

El vuelo de los ángeles.
En avioneta, helicóptero o ultraligero. Desde el cielo se ve el Zambeze, cómo se precipita y dónde lo ha hecho en los últimos 20 millones de años.

El rafting por sus 19 rápidos.
Grado cinco. Sólo hay dos ríos en el mundo que ofrezcan esta intensidad. El otro está en Chile. Los primeros nueve rápidos son los más difíciles e inolvidables.

El crucero al atardecer.
Tranquila y romántica, la navegación por el río permite avistar los animales de la ribera y dejarse envolver por el rojo cielo de África.

El arco iris lunar.
La presencia del arco iris es permanente. A veces se forman dos o más. De noche, es posible ver el arco iris lunar cuando hay luna llena.

Son numerosas las propuestas de aventura junto a las cataratas. El rafting por los primeros 19 rápidos del río después de las cataratas es uno de los más intensos del planeta, grado cinco. El salto (bungi) desde el puente de hierro tiene 111 metros. Hay campos de golf, granjas de cocodrilos y posibilidades de realizar safaris fotográficos a caballo o a lomos de elefante. También se puede caminar con leones jóvenes, entre 18 y 20 meses de edad; navegar río arriba, antes de las cataratas, para contemplar la ribera y el atardecer; o río abajo, en canoa de dos motores, hasta la isla Livingstone, que el explorador conoció por el nombre de Kazeruka, para disfrutar de un brunch en el borde mismo de las cataratas, en el exacto lugar donde David Livingstone plantó unos granos de café... que se llevaron los hipopótamos.

Extensiones: Delta del Okavango

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Hace millones de años, los ríos Chobe, Okavango y Zambeze fluían como un solo río inmenso hasta su desembocadura en el Índico. Movimientos sísmicos modificaron su curso. La ruptura de aquel cauce prehistórico nos ha legado un fenómeno inusual: la desembocadura de uno de los tres mayores ríos del África austral, el Okavango (los otros dos son el Chobe y el Zambeze), en un delta de más de 15.000 kilómetros cuadrados cuyas aguas no se pierden en el mar, sino en un desierto: el Kalahari.

El Kalahari cubre una superficie de más de 700.000 kilómetros cuadrados (más que la extensión de Francia) que incluye una parte considerable de Sudáfrica, Namibia, Angola y más del 80 por ciento de Botswana. No es exactamente un desierto, sino un territorio de amplias zonas de arbustos, pastizales, árboles diversos, roquedos y depresiones que se llenan de agua durante la estación de las lluvias. Sus principales habitantes son los khoisan, pobladores originales de la zona. Las lenguas de los khoisan, tonales, con uso de chasquidos, son una joya en peligro de extinción. En el resto del país, en Bostwana, la mayoría de la población habla tswana. En esta lengua, el nombre del desierto es Kgalagadi, que significa "lugar de la gran sed". Los cursos del Chobe y del Okavango suponen los mayores caudales de agua superficial en Bostwana. El río Chobe nace en la sierra norte de Angola, con el nombre de Kwando. Hace diez mil años acompañaba al Okavango hasta el lago Makgadikgadi, pero ahora avanza en solitario hasta el Kalahari, emerge de sus arenas y desemboca en el Zambeze. En torno a su curso, se creó, en 1967, el primer parque nacional de Bostwana, el Parque Nacional de Chobe. Cubre más de diez mil kilómetros cuadrados y posee una de las mayores concentraciones de elefantes del mundo, estimada en más de 70.000 ejemplares.

El río Okavango nace, también, en las montañas de Angola. Se encajona entre dos fallas geológicas al llegar a Bostwana y acaba vertiendo sus aguas en el Kalahari, en un delta que llega a ocupar más de 20.000 kilómetros cuadrados durante las crecidas. En el delta se encuentra la única población de leones nadadores del mundo. Los safaris habituales en el Chobe y en el Okavango se realizan desde el agua, en unas canoas llamadas mokoros. La canoa avanza pausadamente, con un impacto mínimo en la rica vida animal del delta.

En "mokoro" por el Delta del Okavango.
Después del paseo por la sabana, la modalidad de safari que menos impacto causa en la vida animal es el safari en canoa, en el típico "mokoro" del Okavango, que se desliza pausadamente, sin ruido, por el agua .

Los elefantes de Chobe.
El Parque Nacional del Chobe acoge una de las mayores poblaciones de elefantes del mundo: más de 70.000 ejemplares. Un lugar excepcional para conocer al mamífero más grande sobre la Tierra.

Avistamiento de aves.
Los ríos Chobe y Okavango representan uno de los primeros destinos mundiales para los aficionados al avistamiento de pájaros. Se pueden contemplar más de 350 especies en la zona.

Días en el desierto del Kalahari.
La tierra de la gran sed posee unas enormes dunas de arena, pero también áreas cubiertas por una rala vegetación, fauna salvaje y la presencia de unos 50.000 khoisan, que son los primeros pobladores de esta región.

Extenisones: Islas y parques de Mozmbique

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El río Zambeze divide en dos mitades Mozambique, la tierra de las sonrisas, un gigante de más de 800.000 kilómetros cuadrados donde vive una de las poblaciones más jóvenes de África, formada por 22 millones de personas. Para muchos turistas, Mozambique es su último descubrimiento. Cada vez más lunas de miel tienen como destino algún exquisito lodgeen una isla de Mozambique.

Las islas de Mozambique constituyen uno de los últimos destinos tropicales vírgenes, con playas increíbles y preciosos fondos para bucear. En particular destacan las islas del archipiélago de Bazaruto y las islas Quirimbas. El archipiélago de Bazaruto está formado por cinco islas principales y numerosos islotes situados cerca de la costa, al norte de Vilankulo y al sur de Inhassoro. Está declarado Parque Nacional desde 1971. Kilómetros de arena blanca, palmeras, playas exclusivas e islas tan privadas que en ocasiones sólo pueden ser vistas cuando desciende la marea. Los delfines llegan en ocasiones a nadar junto a los turistas. Para los buceadores, uno de sus más preciados encuentros es el que les permite ver el dugong, el mamífero acuático que mejor evoca, junto con el manatí, a las sirenas.

Las islas Quirimbas fueron durante mucho tiempo un lugar inaccesible porque la profundidad de su fondo marino es excesivamente baja e impide la navegación de embarcaciones de gran calado. Durante siglos, naves, marineros, comerciantes y colonos evitaron este archipiélago, formado por 27 pequeñas islas de coral, que ahora se ha convertido en uno de los pocos destinos tropicales del mundo realmente paradisíaco. Once de estas islas fueron declaradas Parque Nacional en el 2002. La belleza de este parque reside en el mar y en la tierra: en los fondos marinos, las playas, el coral, los manglares, los delfines y el paso ocasional de los gigantescos tiburones ballena.

Algunas islas también poseen riqueza cultural. Es el caso de la isla de Ibo, que entre los siglos XVI al XIX acogió mercados de marfil, oro y esclavos, y mantiene vestigios coloniales portugueses. En el interior, los parques de Niassa y Gorongosa y el lago Niassa ofrecen la mayor concentración de fauna salvaje del país. Gorongosa es, además, un destino clave para los birdwatchers, los observadores de pájaros. Cuatrocientas especies de aves anidan en esta reserva natural. Nelson Mandela impulsó la unión del parque Kruger con los parques del suroeste de Mozambique y del sureste de Zimbabwe para crear el mayor corredor de fauna salvaje de África.

Nadar junto al tiburón ballena.
El tiburón ballena es el pez más grande que surca los océanos y una de las especies más antiguas que habitan en el planeta. Los canales de las islas Quirimbas son uno de los mejores lugares del mundo para bucear a su encuentro.

Bucear con un dugong
El dugong es el último representante de una familia de sirenios que incluía la vaca marina. El mejor sitio para verlos se encuentra en las costas de las Bazaruto.

Atardecer desde la cubierta de un "dhow"
Los atardeceres de las Quirimbas son espectaculares. Mejor aún vistos desde un "dhow", la embarcación tradicional en los canales del archipiélago que fue traída por los árabes.

Pesca de altura
Bonito, wahoo, dorada y barracuda son las especies más atractivas para los pescadores que buscan grandes capturas en las costas
de Mozambique.

Gastronomia

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La gastronomía sudafricana tiene la fortuna de contar con excelentes y abundantes materias primas (como la langosta o los pescados del Cabo, el cordero del Karoo o las frutas tropicales de Kwazulu Natal) y con el talento aportado por oleadas de emigrantes que han creado un auténtico arco iris culinario de sabores. Comer bien en Sudáfrica no sólo es fácil sino casi una obligación para el viajero que quiera apreciar el resultado de una larga tradición que mima la cocina, cuida los detalles, elige bien el vino y compite por ofrecer un entorno agradable, excelentes vistas o el mejor servicio.

El área del Cabo es el territorio donde reinan los pescados, los frutos de mary la langosta, que se ofrece -condimentada o a la plancha- a unos precios mucho más bajos que en Europa. En las cartas de los restaurantes es fácil que aparezca, como pescado principal, line fish, es decir, el pescado del día: fresco, recién traído de la lonja. Muy apreciados son el kingklip(pescado blanco, suave, parecido al rape), el steen bras(típico de False Bay, de sabor parecido al lenguado), el skat(manta raya) o el snoek(una especie de atún). La variedad de pescados es enorme y propia de unas costas azotadas por corrientes frías (el Atlántico) que atraen a pescadores de medio mundo (incluidos los españoles) para capturar bocados exquisitos. A los pescados hay que añadir la calidad de calamares, gambas, langostinos (el crayfish), pulpo y las excelentes ostras de Knysna.

En Ciudad del Cabo, por otra parte, será fácil encontrar acentos muy cosmopolitas en la cocina: influencias malayas, chinas, indias y europeas (franceses, ingleses, alemanes, principalmente). Los estilos y sabores indios (el curry, los tandoori) están aún más presentes en la culinaria de Durban y de Kwazulu Natal, donde son muy comunes platillos ligeros y picantes como los stews(judías con tomate y curry) o el bobotie(picadillo de carne, cebolla y huevo con curry).

La cocina del bush(antílopes, cebras...) no es muy común, salvo excepciones como la exquisita cazuela de gallina de guinea o la cecina o carne seca (biltong) de antílope o elefante, que se toma como aperitivo. Muy popular es el restaurante Carnivore, en Johannesburgo, que ofrece en sus rodicios carne de cebra, cocodrilo, serpiente, avestruz y varias clases de antílopes.

Una auténtica pasión nacional es el braai, la barbacoa, más por razones sociales que culinarias, si bien hay auténticos especialistas en dar el punto a una carne por lo común excepcional que se sirve acompañada de una salsa llamada boereworso de otra no menos famosa llamada chakalaka. Más sencillo es el bunny chowcallejero: bocadillo de curry, en algunos puestos delicioso. Otros platos muy típicos son el bredie(cazuela de cordero y verduras) y los sosaties(pinchos morunos de cordero o cerdo con cebollas).

Los postres registran sobre todo influencias europeas, alemanas y francesas, y tienen una especial tradición en el área de los viñedos del Cabo. Muy dulces son los koeksusters, bollitos fritos envueltos en sirope, y un tanto agridulces las frutas chutney, en conserva y condimentadas con curry.

La tradición inglesa obliga a contar con un buen abanico de tés. El más famoso té local es el rooibos, té de arbusto digestivo, que se recomienda con leche. Entre los licores, destaca el conocido amarula, realizado con la fruta amarilla del árbol de la marula, bastante dulce.

La cultura del vino ha calado hondo en las mesas sudafricanas, que difícilmente perdonarán la elección de un buen vino a la hora de disfrutar del menú. El arco vinícola nacional comprende cavas, espumosos, jerez, oporto, coñac y una amplia referencia de tintos y blancos por lo común jóvenes, de buen cuerpo y mejor color, complejo aroma, intensos en el gusto y ligeros en el paladar. Los blancos sparklingy afrutados y los tintos jóvenes son toda una tentación.

Los 10 mejores restaurantes
No le será difícil encontrar buenos restaurantes durante su estancia en Sudáfrica, incluidos los restaurantes de hotel, tan denostados en otras partes del mundo. Una mínima selección destacaría los que según la última selección de la revista Eat Outconfiguran el Top 10 gastronómico del país: La Colombe, The Roundhouse y The Greenhouse,en Ciudad del Cabo; Mosaic, en Pretoria; Rusten Vrede, Terroir y Overtureen Stellenbosch; The Restaurant at Grande Provence, en Franschhoek; Roots, en Krugersdorp, y 9th Avenue Bristro and Bar,en Durban.

Música

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Parte del corazón musical de África late en los discos, las tiendas y los clubes de Sudáfrica, que a su actividad musical propia une su capacidad tecnológica y comercial para ofrecer algunas de las músicas más representativas de los países vecinos (Mozambique, Angola, Zambia, Zimbabwe) y del resto del continente, en especial la rumba zaireña y la música tradicional y moderna que se escucha en África al sur de la línea del Ecuador.

La tradición musical más reciente del país distingue entre dos corrientes con fuerte personalidad. De un lado, las canciones y el ritmo del isicathamiya, conocida y representada por Ladysmith Black Mambazo, el grupo que acompañó a Paul Simon en la grabación de Gracelandy en su gira promocional. Generalmente la interpretan grupos de hombres que armonizan sus voces, y sus silencios, para cantar acapellatemas influidos por las canciones típicas de las bodas zulúes y por los oficios religiosos, que, a su vez, recogen la lejana influencia de los grupos gospelestadounidenses que recorrieron el país a finales del siglo XIX. Cada tarde, en el Victoria Alfred Waterfront de Ciudad del Cabo hay más de un grupo de cantantes que ofrecen, gratis, al aire libre, su manera de sentir isicathamiya.

Otra corriente es la asociada al jazz, al jazz de elite, influido por los discos de American Records y que desarrolló en el Gauteng, a mediados de los años 50, un estilo y un fraseo con fuerte personalidad conocido como mbaqanga, la fuente del ritmo, y al jazz más fácil, popular, conocido como marabíe interpretado y mantenido en los shebeenso bares antaño ilegales de los townshipscomo Soweto. Representantes destacados del jazz sudafricano son el trompetista Hugh Masekela, el saxofonista Kippi Moeketsi, la cantante Miriam Makeba, el pianista Abdullah Ibrahim, y una larga lista de nombres asociados a la revista Drum Magazine, con mención aparte para los veteranos e inclasificables miembros del Soweto String Quartet.

El pop sudafricano también tiene su propia expresión, el kwaito, donde se mezclan sonidos del soul, el funk o el pop estadounidense, con variaciones, fantasías y, sobre todo, ritmos claramente africanos. Es la música de Arthur Mafokate, Zola, Mandoza, Mzambiya Brenda Fassie o Thandiswa Mazwai.

Música que a veces ha recogido la larga tradición sudafricana del izibongo, la poesía hablada con la que se transmitía la historia de cada generación familiar, se pedía la mano de la prometida o se narraban los cuentos tradicionales para impresionar a los niños.

Mucha de la historia reciente de Sudáfrica se ha escrito en los shebeensy en los beer hall, los únicos lugares que vendían alcohol en los townshipsy donde, en ocasiones, circulaba la daggao marihuana. La mayoría de los shebeensestaban regentados por mujeres, las shebeens queens, mujeres que a veces acompañaban la música del bar con su baile y que a veces iniciaban la toyi toyi, una marcha rítmica, una especie de conga que se unió a los símbolos de la lucha contra el apartheid.

De compras

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Los comercios se rigen, en general, por un mismo horario: de 9.00 a 17 horas. La excepción está en las tiendas de los grandes centros comerciales, como los del Waterfront, en Ciudad del Cabo o algunas galerías de Sandton, en Johannesburgo, que suelen permanecer abiertas hasta las 19 e incluso hasta las 21 horas. En general, son las macrogalerías comerciales las que reúnen las mejores condiciones para la compra, por su número, su diversidad, la seguridad y la facilidad de horarios. Los mercadillos callejeros son, por lo general, una buena opción para las artesanías y los recuerdos. Hay famosos mercados estables en Durban (Indian Market) y en Ciudad del Cabo (Church Street, Greenmarket Square y el Pan African Market). También pueden encontrarse gangas en los mercadillos de los townships. Los precios pueden ser buenos, pero hay que evaluar que en los mercadillos no dan facturas y en Sudáfrica funciona excepcionalmente bien el servicio de devolución de impuestos, que supone un ahorro del 14 por ciento cuando se compran objetos por valor superior a 250 rands (un rand equivale a 0,10 euros) y se cumplen determinados trámites. En la aduana, por otra parte, hay controles muy estrictos sobre productos vinculados a especies de fauna y flora en vías de extinción, que impiden cualquier compra de marfil o pieles de animales que no tengan el debido certificado de su producción controlada o de granja. Entre las posibles compras destacan las siguientes:

Arte y artesanía:Sudáfrica es un notable escaparate de artesanías autóctonas y de las producidas en el continente, desde Níger hasta Madagascar. Hay excelentes trabajos en telas, madera, caña y piedra. Las principales galerías identifican la procedencia de cada pieza. Un lugar para comprar arte sudafricano es la National Gallery de Ciudad del Cabo.

Oro y diamantes:Un recuerdoapropiado en el país del oro y los diamantes, donde la compra será más rentable si se opta por la pieza en bruto, sin engastar. En la mayoría de las joyerías son frecuentes los trabajos en oro bajo, así como un abanico de opciones relacionado con el diamante: color, brillo, talla y tamaño.

Piedras semipreciosas:Sudáfrica es el país donde nace el ojo del tigrey donde se reúne la mayor variedad de piedras semipreciosas del mundo. Ágatas, ónices, malaquita..., todas se ofrecen en bruto y ya trabajadas, a buenos precios y con excelentes cortes.

Pieles de avestruz: Las granjas de avestruces y cocodrilos poseen tiendas donde es posible comprar bolsos, cinturones, zapatos y otros complementos que han sido elaborados con la piel de estos animales, al mejor precio y garantizados.

Joyería: Hay una larga tradición de trabajos joyeros, especialmente en brazaletes elaborados con bronce y cobre.

Vinos: Las bodegas de la ruta de los viñedos junto a Ciudad del Cabo disponen de paquetes perfectamente embalados de botellas que aguantan bien el viaje de regreso. También sirven a domicilio pedidos de una cierta magnitud.

Libros y discos: Buena parte de la música del sur de África se puede encontrar en los grandes almacenes. Igual sucede con los libros, especialmente los de viajes. Atención especial merecen los libros sobre la fauna y flora del continente, algunos excepcionales por la calidad de sus ilustraciones.

Ropa de safari: Se encuentra en todas las galerías comerciales y en las tiendas de las principales reservas privadas. Desde botas hasta cazadoras, sombreros, chalecos y los famosos salacots. No hace falta vestirse en España antes del viaje.

Sedas: El mercado indio de Durban y la calle frente a la gran mezquita están llenos de bazares con excelentes sedas, saris y textiles.

Fútbol, la ruta de la roja

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Iker Casillas y Sara Carbonero, la pareja de moda, volverán algún día de vacaciones a Sudáfrica. Lo tienen en mente, aunque para dentro de unos añitos. También se animarán a hacerlo, bastante antes, muchos seguidores de La Roja, a quienes probablemente les empuje a viajar a Sudáfrica la idea de recorrer los escenarios que pisaron los campeones del mundo.

Las experiencias que vivieron el seleccionador Vicente del Bosque y los futbolistas a su cargo comenzaron el pasado 11 de junio a su llegada a la localidad de Potchefstroom, habitualmente denominada Potch, (www.potchefstroom.co.za), una ciudad de unos 130.000 habitantes, situada junto al río Mooi ("mooi" significa "bello" en afrikaans), a 120 kilómetros del sudoeste de Johannesburgo. Potchefstroom alberga la Universidad del North West, dotada de un Centro de Alto Rendimiento y una flamante Villa del Deporte, que finalmente fue elegida por la Federación Española de Fútbol como centro base para la concentración y preparación de la selección española durante su estancia en Sudáfrica.

En Pocht, a 1.700 metros de altura sobre el nivel del mar, la selección se encontró con un invierno seco, sol, temperaturas suaves durante el día y frías al caer la noche y unas instalaciones idóneas, con acceso directo de la zona residencial al campo de entrenamiento y todo lo necesario para la preparación y el ocio de los futbolistas. Nadie podía pensar que el primer partido contra Suiza acabaría en una derrota decepcionante que comprometió gravemente el futuro español en el torneo y, lo que es peor, desató una corriente de pesimismo que afortunadamente no caló en los futbolistas. El buen tiempo de Durban, con su kilométrica y excepcional playa urbana, y las excelencias de un estadio maravilloso como el Moses Mabhida, al final del mismo paseo marítimo, no se vieron acompañadas por el acierto de España, que se volvió alicaída esa misma noche a Potch. A la mañana siguiente, sin embargo, una docena de jugadores decidió que lo mejor era airearse un poco y se marchó a un safari fotográfico en una reserva llamada Bona Bona ("bona bona" en tswana significa "mirar" o "ver"), situada en la N12 entre Klerksdorp y Wolmaransstad, a unos 80 kilómetros de Potch. No estuvo entre ellos Casillas, quien decidió perderse con su novia, a esas alturas algo confundida por todo lo que provocó su entrevista al portero a pie de campo antes del primer partido.

Otros, como los madridistas Xabi Alonso, Arbeloa y Albiol se dejaron caer ese mismo día por el restaurante Primi Piatti, en el centro comercial Mooi Rivier Mall (http://www.themooiriviermall.co.za/), situado en la confluencia de las calles Nelson Mandela y Govan Mbeki, apenas a 200 metros de los hoteles donde se alojaba la mayor parte la prensa española. El restaurante Primi Piatti, junto con el restaurante Cape Town Fish Market, especializado en cocina japonesa, situado también en el Mooi Rivier Mall, fueron un destino habitual de los futbolistas y sus familiares en las jornadas libres hasta las seis de la tarde de los días postpartido. Un tercero fue el Neptune''s, apenas a 500 metros de la residencia de la selección y justo al lado del gimnasio donde cada día José Antonio Camacho y Guillermo Amor, comentaristas de Telecinco, afinaban su físico.

El Primi Piatti fue escenario precisamente de un gran desfile al día siguiente del triunfo frente a Chile en el estadio Loftus Versfeld de Pretoria, con España ya clasificada para los octavos de final. Vicente del Bosque, su mujer Trini y sus tres hijos se reunieron allí con José Antonio Camacho y su esposa, además del preparador físico, Javier Miñano, también con la suya. Unos metros más allá se juntaron Arbeloa, Ramos, Busquets, Alonso, Torres, Mata, Albiol y Navas. Piqué, sus padres y uno de sus hermanos optaron por el teppanyaki del Fish Market, local donde también estuvieron Javi Martínez y sus padres.

Todos los jugadores del Barça, a excepción de Iniesta, repitieron el día 30 después de haber superado la noche anterior en el estadio Green Point de Ciudad del Cabo a Portugal y pasar a cuartos de final. Se les sumaron Ramos y Navas, primero, Javi Martínez poco después y, finalmente, Piqué con su hermano. Todos dieron cuenta de las especialidades de la casa: pasta y pizza de primera. A quienes no se les vio nunca por el complejo ni por ningún otro establecimiento de Potch fue a Casillas y a Sara Carbonero, celosísimos de su intimidad hasta que fueron fotografiados en Johannesburgo después del triunfo sobre Paraguay en cuartos de final.

Repitió España en el Ellis Park de Johannesburgo y los jugadores lo celebraron con menú especial en el hotel Da Vinci, justo al lado de la plaza Nelson Mandela y con visita después a un pub cercano. Todos excepto Iker, que se escapó con permiso del misterhasta el hotel donde se alojaba su novia, el Radisson Blu.

La vuelta a Durban para disputar la semifinal contra Alemania supuso también cambio de hotel para no tentar a la suerte, entre otras cosas. El elegido para la ocasión fue Protea Umhlanga Ridge, al norte de la ciudad, en una zona turística emergente, cerca de otra impresionante playa, Umhlanga, por la que los futbolistas españoles pasearon por la mañana el día del partido.

La final estaba servida y la selección española abandonó Potch el día 10 por la mañana para alojarse por tercera vez en el hotel Da Vinci de Johannesburgo. El resto ya es historia, la del primer Mundial que gana España gracias a un gol de Iniesta y a las paradas de Casillas. Iker, además, fue doble protagonista por otro motivo. El beso de Johannesburgoya forma parte de la simbología del título mundial y ha sido tan repetido por las televisiones y las páginas web de medio mundo como el único gol de la final. España se proclamó campeona del mundo por primera vez en su historia en el primer mundial que se celebraba en África, en Sudáfrica. El Soccer City, símbolo de Soweto, donde se encuentra, ha pasado a ser también símbolo y santuario del fútbol español. Para siempre.

Fase de Grupos: España-Suiza. Fecha: 16/06. Resultado: 0-1 Sede: Durban. Estadio: Moses Mabhida. Hotel de la selección: Riverside Hotel Spa, Durban.

España-Honduras. Fecha: 21-06. Resultado: 2-0. Sede: Johannesburgo. Estadio: Ellis Park. Hotel de la selección: DaVinci Hotel Suites, Johannesburgo.

España-Chile. Fecha: 25/06. Resultado: 2-1. Sede: Pretoria. Estadio: Loftus Versfeld. Hotel de la selección: The Centurion Lake Hotel, Pretoria.

Octavos de final: España-Portugal. Fecha: 29/06. Resultado: 1-0. Sede: Ciudad del Cabo. Estadio: Green Point. Hotel de la selección: Southern Sun Newlands Hotel, Ciudad del Cabo.

Cuartos de final: España-Paraguay. Fecha: 03/07. Resultado 1-0. Sede: Johannesburgo. Estadio: Ellis Park. Hotel: DaVinci Hotel Suites, Johannesburgo.

Semifinal: España-Alemania. Fecha: 07/07. Resultado: 1-0. Sede: Durban. Estadio: Moses Mabhida. Hotel de la selección: Protea Hotel Umhlanga Ridge, en Durban.

Final: España-Holanda. Fecha: 11/07. Resultado: 1-0. Sede: Johannesburgo. Estadio: Soccer City. Hotel de la selección: DaVinci Hotel Suites, Johannesburgo.

(*) Carlos F. Marcote, redactor de deportes de El Periódico de Catalunya, acompañó a la selección española durante toda la fase final de la Copa del Mundo.

Golf

Galería de fotos

El golf es una de las pasiones nacionales en Sudáfrica, que reverencia a sus ídolos (Gary Player, Ernie Els), organiza el torneo mejor premiado del mundo (Needbank Challenge, en Sun City, dotado con dos millones de dólares) y cuenta con más de 400 campos de golf en el país, entre ellos The Links, en Fancourt, George, que fue la sede, en el año 2003, de la prestigiosa President Cup, que enfrenta al equipo de Estados Unidos con una selección de los mejores jugadores del resto del mundo.

La afición al golf en Sudáfrica tiene una historia centenaria. El primer campo del continente, The Royal Cape, se inauguró en 1882, cerca de Ciudad del Cabo, con un trazado espectacular, a menudo amenizado por la presencia de gallinas de Guinea correteando por las calles. En 1890 se estrenó The Royal Johannesburg y a principios de siglo comenzaron a crearse campos y clubesen la actual provincia de Kwazulu Natal.

En el área del Cabo, la mejor estación para la práctica del golf es durante los meses del verano austral, entre diciembre y abril, cuando la temperatura es agradable, los días soleados y el viento flojo, aunque en ocasiones el viento del Doctorañade un reto especial a la prueba. Entre noviembre y marzo, se disputan la mayor parte de los torneos de Kwazulu Natal. En cualquier caso, resulta muy díficil hablar de una temporada apropiada para el golf en Sudáfrica, cuando son muchos los europeos que prefieren los meses más fríos, de mayo a septiembre, y algunos los que buscan el centro del verano, los meses de enero y febrero, para jugar en la zona de las?Midlands, cuya altitud suaviza los efectos de la relativa subida de las temperaturas.

Los campos de golf de Sudáfrica destacan, en general, por la calidad de los hoteles a los que suelen estar asociados y por las excepcionales vistas que suelen acompañar a los recorridos por sus calles. En Sun City es posible ver, durante el juego, antílopes, cebras y avestruces, que curiosean a distancia de los greenes. Hay campos en los mismos límites del Kruger, como Sabi, Hans Merensky y Malelane, donde no será difícil ver monos, jabalíes y antílopes a escasos metros de los greenes. Las costas del Cabo aportan, por otra parte, escenarios difícilmente superables, con las montañas del Overberg o las Outeniqua a la espalda de los campos y de frente el mar. Los complejos hoteleros que ofrecen campos de golf tienen, por lo general, incorporados servicios de spa, aromaterapia, belleza, piscinas, saunas, jacuzzis, tenis y squash. Además de una soberbia cocina regada con los vinos del Cabo.

Hay campos de golf próximos a los bellos parajes de Sudáfrica: al bosque de Tsitsikamma, a la costa del Índico junto a Fish River, a las cataratas Augrashy;bíes, al Parque Nacional Paul Kruger, a la Montaña de la Mesa, en el Cabo, o al volcán de Pilanesberg.

Safaris

Sudáfrica posee 17 parques nacionales y numerosos parques locales, áreas de conservación ecológica y lugares de interés natural. La reserva más conocida y accesible es el Parque Nacional Kruger, donde viven más de 140 especies de mamíferos. Áreas especialmente singulares son el Mountain Zebra National Park, que protege a la rara cebra de montaña; el Kalahari Gemsbok National Park, centrado en un antílope cada vez más escaso, el gemsbok; y el parque de las Cataratas Augrabíes, que cuida de una rara fauna adaptada a un entorno de granito y agua. Las reservas de Hluhluwe y Umfolozi, al noroeste de Durban, atienden a la conservación de los rinocerontes blancos y negros.

Todas las reservas nacionales ofrecen facilidades para alojarse dentro del parque o en sus inmediaciones, aunque son las reservas privadas del límite suroccidental del Kruger y las del norte de Kwazulu Natal las que poseen los resorts más espectaculares y el mejor servicio. Las reservas o parques naturales que ofrecen alojamiento y destacan por sus excepcionales ecosistemas de fauna y flora son Ndumo Game Reserve, Mkuzi Game Reserve, Hluhluwe-Umfolozi Park, Greater St. Lucia Wetland Park, Uhkhahlamba Drakensberg Park, Itala Game Reserve, Golden Gate Highland National Park, Mountain Zebra National Parak, Addo Elephant National Park, Tsitsikamma Forest Coastal National Park, Wilderness National Park, Bontebok National Park, Karoo National Park, Augrabíes Falls National Park, Kgalagadi Transfrontier Park (en el Kalahari) y Pilanesberg National Park.

Los mejores meses para avistar los big five(león, shy;leopardo, rinoceronte, elefante y búfalo del Cabo) son los que transcurren entre mayo y octubre, cuando la hierba es corta y las posibilidades para ver los animales aumentan.

Conviene llevar rópa cómoda, calzado resistente y ropa de abrigo (chalecos, cazadoras) para los safaris de primera hora de la mañana y para los safaris nocturnos. El uso de camisas de manga larga y de pantalones largos reduce, por otra parte, la posibilidad de picaduras de insectos. Al ser una zona no libre de malaria, también conviene consultar con los centros de medicina internacional la necesidad de tomar medidas preventivas.

Ofrecen más información en National Parks Board (? 00 27 12 34 31 99), Kwazulu Natal Parks (? 00 27 31 25 12 71) y Wildlife Society of Southern Africa (? 00 27 11 486 32 94). En Internet, es interesante la web: www.parks-sa.co.za

Los océanos

TIBURONES: Las costas de Sudáfrica son las únicas del mundo que permiten avistamientos del gran tiburón blanco en una jornada de navegación, esto es, a unas dos horas de tierra firme. Cerca de Seal Island, en False Bay, se estima que vive la mayor población mundial de ejemplares del gran tiburón blanco. Los barcos que realizan avistamientos salen, sobre todo, de Kleinbaai Harbour, cerca de Gansbaai. Admiten hasta 20 pasajeros, llevan refrescos, sándwiches, fruta, y programan excursiones de varias horas o de toda una jornada. Las posibilidades de ver acercarse a la barca para comer el cebo a un gran tiburón blanco (entre cuatro y seis metros de largo, de 600 a 800 kilogramos de peso) son muy elevadas, casi garantizadas.

Las embarcaciones disponen de una caja cilíndrica de hierro, de unos dos metros de altura y uno de diámetro, y permiten a los buceadores con licencia sumergirse de uno en uno para tener un contacto más íntimocon el tiburón, después de haber asumido por escrito los riesgos y liberar a la compañía de reclamaciones. La experiencia es única, entre otras cosas porque esta costa es la única que permite avistar tiburones blancos a menos de una hora de navegación.

BALLENAS: Tres tipos de ballenas recorren la costas de Sudáfrica entre junio y noviembre. Hermanus, a una hora en automóvil desde Ciudad del Cabo, tiene fama de ser el mejor lugar costero para el avistamiento de ballenas. Cada año, entre junio y noviembre, unas 2.000 ballenas peregrinan desde el auténtico sur hasta la costa del Cabo y algunas curiosean dentro de las bahías. Hay ballenas azules, jorobadas y, sobre todo, las llamadas francas (Eubalaena australis), nombre debido a la facilidad con que eran cazadas por los arponeros. La época en la que se registra un mayor número de avistamientos suele coincidir con la segunda quincena de septiembre. En Hermanus se celebra anualmente un Festival de las Ballenas, que dura 11 días y se desarrolla, según la temporada, entre septiembre y octubre.

Una ballena franca adulta puede llegar a medir 18 metros y pesar más de 50 toneladas. Su comida favorita es un crustáceo del plancton, que pueden consumir a razón de unos 600 kilos al día. Entre 1785 y 1805 se estima que fueron cazadas en estas aguas cerca de 12.000 ballenas francas, especie que estuvo al borde de la extinción tras la implantación en los barcos balleneros del arpón mecánico, en el año 1908. En parecida situación se encontraron las otras dos especies más frecuentes en estas cosas: la ballena jorobada (Megatera novaeangliae) y la ballena azul (Balaenoptera edeni). Las tres son fácilmente identificables a simple vista por la forma de las aletas y las marcas o callosidades adheridas al morro. Algunas se acercan a escasos metros de las barcazas utilizadas para los avistamientos.

La salida al mar -desde Hermanus, Simon''s Town o Plettenberg Bay- está rigurosamente regulada. Sólo operan barcos con licencia especial, que explican previamente a los pasajeros las normas de observación. Gracias, cabe suponer, a estos controles, la población de ballenas en el Cabo está creciendo a un ritmo del siete por ciento cada año. En Hermanus es muy popular la figura del avisadorde ballenas: Wilson Slakuzana, un simpático personaje que recorre las playas entre las 10 de la mañana y las 4 de la tarde, de lunes a viernes, y hace sonar una bocina cuando divisa alguna ballena. También en Hermanus es posible conocer algo más de la historia de las ballenas en el Old Harbour Museum, completado en 1998. En Internet, una buena dirección es: www.cape-whaleroute.co.za

Si alguno de los pasajeros cree ver una ballena blanca, puede ser verdad. Se estima que un cuatro por ciento de las crías de ballena franca nace blanca o casi blanca. Moby Dickdebió nacer en estas aguas. O en algún lugar entre el cercano Cabo Agujas, el lugar realmente más austral del continente africano, y la siguiente costa rumbo al sur, tras 4.030 kilómetros en línea recta: la Antártida.

VELA: En el Cabo, la Ruta Jardín y el norte de Kwazulu Natal, junto a Sodwana Bay, proliferan los yates y veleros que se ofrecen para organizar excursiones marinas. No es fácil ni recomendable alquilar yates o veleros sin tripulación, debido a que la navegación en estas costas, donde proliferan arrecifes, pecios hundidos y, en ocasiones, sopla con fuerza el viento, requiere un elevado grado de experiencia.

Riesgo y aventura

RAFTING: El curso más deseado por los especialistas es el del Doring, en el área del Cabo. Algunos tramos del río Orange son también especialmente apreciados por los gourmetsde las aguas rápidas.

BUCEO: Hay varias experiencias diferentes recomendables para buceadores. El buceo en arrecifes coralinos -y el esnórquel- tiene su mejor emplazamiento en Sodwana Bay, y, algo más al norte, en Kosi Bay, quizá uno de los mejores lugares del Índico para bucear. La exploración de pecios hundidos es excepcional -por la cantidad de posibilidades- en False Bay y, en general, en la costa del Cabo. Los encuentros con las langostas son más fáciles en las costa de Kwazulu Natal, con base en Ballito o en Margate. Y los encuentros con los tiburones -especialmente con el gran tiburón blanco- se organizan en Gaansbaai y en diversos puntos de False Bay entre junio y agosto, y desde Durban entre octubre y enero. Hay operadores que organizan singladuras para el avistamiento, otros que facilitan encuentros más íntimos(en cajas de metal) y otros que llegan hasta a proveer el equipo necesario para que el buceador dé de comer a los tiburones con su propia mano. Por otra parte, hay dos senderos submarinos señalizados en la marina del Parque Nacional Costero de Tsitsikamma, en la Ruta Jardín.

SURF: Las playas de la costa del Índico de Sudáfrica se encuentran entre las más afamadas del globo para la práctica de un deporte como el surf. El centro principal de contacto e información es el muelle de Durban y las playas surferas más populares se encuentran al norte y al sur de esta capital.

PASEOS EN GLOBO:Las condiciones meteorológicas y topográficas de Sudáfrica son excelentes para la navegación aerostática. La mayoría de los paseos organizados en globo se ofrecen desde Johannesburgo y desde Sun City, donde es posible, además de sobrevolar el complejo hotelero y disfrutar de una copa de champán a media mañana en el aire, sobrevolar la cercana reserva de fauna salvaje de Pilanesberg.

PUENTING: El mayor salto del mundo -registrado en el libro Guinness- se realiza en Sudáfrica, en el puente sobre el río Blaaukrans, cerca de Knysna. El puente tiene una altura de 217 metros, más del doble del que une Zimbabwe con Zambia, junto a las Cataratas Victoria. El salto en este puente -al que llegan aficionados procedentes de todos los rincones del mundo- es, sin duda, una de las más intensas experiencias que se pueden realizar en Sudáfrica. Y en la vida.

PESCA: En Sudáfrica existen unas 1.500 especies de peces cuya captura está autorizada en sus aguas. La pesca de la trucha quizá sea la más barata del mundo. Los mejores escenarios se localizan en las colinas del Drakensberg y en Dullstroom, Lydenburg, Belfast y Tzaneen. La pesca marina, en el Atlántico y en el Índico, tiene últimamente como principal atractivo el pez espada. En junio se reúnen muchos aficionados para seguir a lo largo de la costa de Kwazulu?Natal el movimiento de los grandes bancos de sardinas. En el verano, destaca la pesca del atún, mientras que en el otoño y en el invierno la estrella es el snoek, un pez especialmente popular en el Cabo.