México Mágico
Sólo en México una turbulenta historia de amor puede poner los cimientos de una exitosa zona turística.

25 lugares de México que hay que ver ahorita
Son algunas visitas imprescindibles para descubrir la esencia de un país que sumerge al viajero en un mosaico de culturas que a través de magníficos yacimientos arqueológicos narran los secretos de una historia única en el mundo.
México D.F.
Museo Nacional de An tropología y los museos de Chapultepec
Un lugar imprescindible en la capital es el Museo Nacional de Antropología, que expone y explica en sus 26 salas el legado de todas las civilizaciones prehispánicas del país. Se encuentra en el Bosque de Chapultepec, el mayor parque público de Latinoamérica con sus casi 700 hectáreas, un santuario natural que acoge otros museos -Arte Moderno, Rufino Tamayo o Historia Natural, entre otros-, además del Zoológico, lagos, paseos y puestos tradicionales. Toda la zona es el lugar de encuentro preferido por las familias del D.F. Hay que ir a Chapultepec para ver pasar, entre ahuehuetes, colibríes y puestos de helados, el alma más festiva de México.
Guadalajara
Las Plazas en torno a la Catedral
"Jalisco es México", proclaman los habitantes de un estado orgulloso de la fuerza de sus tradiciones, que incluyen la música de mariachi y el tequila. El centro de Guadalajara, la capital del Estado, con su Catedral, museos y mercados, reúne en un espacio limitado todo el simbolismo y la fuerza vital de Jalisco. A las afueras están el centro alfarero más importante del país, Tlaquepaque, la espectacular Basílica de Zapopán y el centro artesanal de Tonalá, fundado hace más de mil años.
Oaxaca
El Centro Cultural de Santo Domingo
El centro histórico de la ciudad de Oaxaca es Patrimonio Cultural de la Humanidad y su Centro Cultural, ubicado en el antiguo Convento de Santo Domingo, contiene un jardín botánico excepcional, una biblioteca de incunables y toda la historia del desarrollo de la cultura virreinal hasta llegar al México moderno. Desde Santo Domingo al Zócalo se extiende una calle peatonal que invita a disfrutar de los mercados del Estado con mayor diversidad indígena de México.
Monterey
La Macroplaza
La "Sultana del Norte" es la metrópoli más vanguardista de México. Su centro cultural y administrativo se ordena en torno a la Macroplaza, una de las más grandes del mundo, vestida con jardines y esculturas. Hay que navegar por el canal de Santa Lucía, que llega al Parque Fundidora, sede del Fórum de las Culturas 2007.
Mérida
El Zócalo y el Paseo de Montejo
Laureles de Indias dan la bienvenida a quienes visitan la capital de Yucatán, Mérida, con su música y tesoros: la Catedral, el Zócalo, la casa del conquistador Francisco de Montejo y el Paseo, a cuyos lados se sitúan los palacios del henequén. Mérida también es centro de conocimiento del mundo maya, cuenta con fascinantes mercados y una rica gastronomía.
Mundo Maya
Chichén Itzá
Una de las nuevas maravillas de la humanidad. La riqueza cultural del Mundo Maya expresada en un conjunto urbano en medio de la selva tropical. Conviene también visitar otros centros mayas como Palenque, Uxmal, Tulum o Calakmul.
Campeche
Centro amurallado
De Campeche salió mucha de la riqueza producida en los tiempos del virreinato, en especial la vinculada al palo de Campeche, un árbol cuya corteza se utilizó como colorante vegetal en Europa. Sitio de interés para los piratas del Caribe, la ciudad se protegió con murallas hoy bien conservadas. Una traza urbana revitalizada, el malecón, las zonas arqueológicas cercanas y su excepcional oferta gastronómica conforman un atractivo merecido.
Veracruz
Noche de Danzón en el Puerto
Rodeada por bellísimos portales, la plaza mayor de Veracruz, el zócalo, disfruta de la silueta de la Catedral y del Palacio Municipal, la música de las marimbas, las tertulias de los cafés y de las noches de danzón, el baile típico de los veracruzanos. A unos pasos del zócalo se encuentran el malecón y el puerto, frente al Castillo de San Juan de Ulúa, y a unos kilómetros están las ruinas de Cempoala, la huella de Hernán Cortés en La Antigua, y Boca del Río, con sus ricos restaurantes de marisco.
Xalapa
Museo de Antropología
Famosa en el mundo por los chiles jalapeños, esta ciudad presume de la riqueza que atesora su Museo de Antropología, con magníficos vestigios de las culturas olmeca, totonaca y huaxteca. En particular destaca el número y la belleza de sus cabezas olmecas. En la zona, merece la pena visitar la cascada de Texolo y el pueblito de Xico, donde está la plaza de toros más antigua de México, conocer la cultura del café en Córdoba y Coatepec, y admirar el pico más alto del México: el volcán Orizaba, con 5.754 metros.
Taxco
Iglesia de Santa Prisca
La riqueza de don José de la Borda se desbordó en su amor a Taxco y su grati- tud por la plata que nació en las entrañas de esta tierra y luego recorrió el mundo. Basta con recorrer las callejuelas que se extienden y se cruzan desde la Iglesia de Santa Prisca hasta la plaza central para verificar las razones de ese amor.
Chihuahua
El ferrocarril y las Barrancas del Cobre
Un modo de viajar pegados a la tierra. El paisaje se va abriendo ante los ojos que no cesan de asombrarse con la mira- da larga. Los nombres son curiosos a la par que bonitos: divisadero, tarahumaras, rarámuri, y por la ventanilla del ferrocarril parece que va emergiendo, por su orden, la creación. Un paraje y un medio de transporte realmente únicos.
Chiapas
San Cristóbal de las Casas
San Cristóbal de las Casas es una urbe colonial rodeada de bosques donde se reúnen sin mezclarse las culturas indígenas y la mestiza y donde suena la música de marimba de los Amigos del Sol. Cerca están las localidades de San Juan Chamula y San Lorenzo Zinacantán, famosas por el sincretismo de sus cultos. San Cristóbal puede ser una buena base para disfrutar de las bellezas de Chiapas, como, por ejemplo, el espectáculo del río Grijalva en el Cañón del Sumidero, la Corona de la Reina en Chiapa de Corzo, la zonas arqueológicas de Palenque y Toniná, las misteriosas ruinas en plena selva de Yaxchilán y Bonampak o las cascadas de Misol-Há o Agua Azul.
Morelia
La Plaza Central
Una joya nacida también de una cantera. Su nombre honra al cura José María Morelos y Pavón, quien soñó continuar el anhelo libertario de otro cura, Miguel Hidalgo y Costilla, quien en 1810 dio "el grito de Dolores" con el que se inició la Guerra de la Independencia. La Plaza Central de Morelia, con su espectacular Catedral, con tanta riqueza urbana y arquitectónica, quedó para el México moderno como una lección de arte bien hecho. Desde la Plaza se puede caminar admirando colegios, iglesias o conventos que nos transportan a otras épocas donde la belleza parecía tan natural. Desde Morelia, merece la pena acercarse a Pátzcuaro, a Janitzio, a Tzintzuntzán... los nombres más hermosos de la cultura tarasca.
San Miguel de Allende
Calles y patios coloniales
San Miguel de Allende resume el atractivo de los tesoros coloniales que se extienden por numerosas urbes del centro de México, donde la riqueza agrícola y minera servía de base económica para el desarrollo urbano y para al intercambio de ideas ilustradas sobre la independencia y la libertad. Además, goza de un clima benigno y suave y una buena gastronomía.
Puebla
El mole y el convento de Santa Mónica
En un valle fértil se estableció en el siglo XVI la ciudad de Puebla, fundada con el nombre de Puebla de los Ángeles. En pocos años llegó a ser "el bodegón donde se alojaron los géneros llegados de Europa¨. Florecen aquí las órdenes religiosas dominicas y carmelitas con sus conventos de clausura para las mujeres de linaje de la Nueva España. También las leyendas. La china poblana es la base de un traje nacional que expresa que por aquí pasaba el comercio entre Oriente y Europa. La gastronomía integra elementos occidentales, nativos y orientales. También los celestiales. En el convento de Santa Mónica los ángeles enseñan a las religiosas la receta del mole. A un paso están Tlaxcala, Cholula, Tonanzintla y San Francisco Ecatepec.
Cantona
La ciudad prehispánica mejor conservada
México tiene una enorme riqueza de sitios arqueológicos en todo su dilatado territorio. Cantona, en el Estado de Puebla, es una ciudad indígena que sorprendentemente se ha conservado y que amorosamente se ha excavado en el altiplano para mostrar a los visitantes la traza indígena con sus calles, sus plazas y sus sitios ceremoniales que emocionan por la sabiduría ancestral de sus nativos pobladores.
San Luis Potosí
Plaza del Carmen
San Luis se fundó en el siglo XVI junto al curso de agua más próximo a una mina recién descubierta, cuya riqueza se pensó que podía ser comparable a la de las minas del Potosí, en Bolivia. Con el desarrollo de la explotación minera, la agricultura, la ganadería y el comercio, la ciudad adquirió un importancia tal, que en un periodo de la historia llegó a gobernar administrativamente las provincias de Coahuila, Nuevo León, Nuevo Santander (Tamaulipas) Tejas y Nueva Orleans, casi todo el norte. Se puede imaginar la riqueza que fluyó entonces a esta ciudad, cuyo centro se ha revitalizado y que cuenta con un excepcional sistema de iluminación nocturna de sus principales monumentos.
Teotihuacán
Pirámides del Sol y de la Luna
El agua como origen de todo. Bajo la pirámide de la luna, un manantial. El urbanismo indígena a gran escala con las calzadas que dan importancia a la Pirámide del Sol. En aquellos tiempos la región lacustre del centro de México llegaba hasta la ciudad más importante de Mesoamérica, cuyo prestigio se extendía a todo lo que hoy es México. Aquí siguen vigentes las creencias ancestrales y miles de personas vienen a cargarse de energía al principio de la primavera en la Pirámide del Sol. El museo de la pintura y las casas restauradas dan una idea de la sofisticación técnica y estética de los teotihuacanos.
Caribe
Cozumel e Isla Mujeres
Los primeros rayos del sol alumbran Isla Mujeres antes que ningún otro sitio de México. El color turquesa del mar rodea a este sitio privilegiado por la naturaleza con un puerto de abrigo natural único en el mundo maya. Frente a la isla está Cancún, una de las atracciones turísticas del país. Isla Mujeres tiene una escala más pequeña y humana. Cozumel, en cambio, es la isla mayor de México. El mismo mar claro y transparente. Puerto de escala para cruceros internacionales, sitio para el buceo que permite admirar las maravillas de sus arrecifes, tiene frente a sí, en Riviera Maya, el desarrollo turístico de mayor crecimiento en el país, y a un paso zonas arqueológicas mayas como Tulum.
Zacatecas
Centro histórico y plaza de toros
Ciudad de cantera rosa, las minas son el origen de los esfuerzos y de la riqueza para construir una ciudad que se puede contemplar desde el Cerro de la Bufa. Ahora el turismo es la nueva riqueza de esta urbe que ha convertido su plaza de toros en un hotel muy especial, una prueba clara de la creatividad mexicana.
Cuernavaca
Los murales de Rivera y Xochicalco
A principios del siglo XX, el Estado de Morelos, del cual Cuernavaca es capital, fue el segundo productor de azúcar del mundo. La Catedral de Cuernavaca da testimonio con sus murales de los viajes a Oriente de la nao de la China y del afán evangelizador en la Nueva España. El Palacio de Cortés con los murales de Diego Rivera expresan parte de la historia de México y nos remiten a la Gran Tenochtitlán en el Palacio Nacional. La historia antigua también esta vigente en Xochicalco y sigue el asombro al constatar los avances indígenas en la astronomía y el contacto entre el altiplano de México y el Mundo Maya.
Valles de Oaxaca
Los pueblos mancomunados
Después de la conquista los pueblos zapotecos de la Sierra Norte se organizaron en mancomunidad para proteger sus recursos naturales y sus usos. La asamblea comunitaria decidió hace diez años iniciar un proyecto de ecoturismo. En 2002, un concurso internacional otorgó a los Pueblos Mancomunados el premio como mejor destino ecoturístico en el mundo. En la Sierra se respira el aire puro. Sus manantiales llevan el agua al mercado de Oaxaca. La empresa está dirigida por mujeres. Se empacan y deshidratan las frutas y los hongos que producen. Se siembran flores en invernaderos y la papa criolla se ha convertido en manjar.
Xilitla
Las pozas surrealistas
En la Huasteca potosina nadaba el noble inglés Edward James en unas pozas cuando cientos de mariposas blancas descendieron sobre él como signo de que ahí debía construir su morada. En Xilitla la base económica era el café, pero James dio a 68 familias la posibilidad de vivir de las construcciones que imaginaba para realizar una obra de arte en medio de la selva tropical. La condición era respetar a la naturaleza, los árboles y los animales. La riqueza de James se empleó para realizar sus sueños de belleza y armonía.
Catemaco y Los Tuxtlas
Brujos y secretos
Catemaco tiene fama por sus brujos. También tiene una laguna en medio de una selva tropical de Veracruz y un manantial en Coyame donde se puede oler el agua sulfurosa. Cerca está la cascada de Eyipantla y la magnífica Playa Escondida, que da al Golfo de México. Por aquí anduvieron los olmecas y en la región de los Tuxtlas -Santiago, San Andrés - guardan testimonios de sus andanzas junto a colinas de tabaco, campos de piña y la riqueza humana del trópico.
Monte Albán
Al atardecer
Cincuenta mil metros cuadrados se pusieron a nivel sobre la cima del cerro. Se organizaron la ciudad, el mercado, los observatorios astronómicos y la ciencia médica más avanzada. Las laderas se cubrieron con terrazas de maíz. Un sistema de drenaje permitió el uso de agua con eficacia. Se urbanizaron tres cerros, además de los más alejados del Gallo y de Atzompa. Se establecieron puestos de vigilancia hacia los Valles de Etla, Ocotlán y Tlacolula. Hoy desde la cima de la ciudad de Monte Albán, cerca de la ciudad de Oaxaca, ambas Patrimonio de la Humanidad, se contempla una inmensa grandeza cada vez que sale y se pone el sol.
13 pueblos realmente mágicos
Son pueblos bellos, tranquilos, singula res y, además, mágicos, es decir, cargados de leyendas, mitos y lugares que sugieren que los dioses aún viven aquí, entre sus piedras, desocupados y completamente felices.
1. Cuetzalán, en Puebla
En la Sierra Norte de Puebla existe un lugar, dentro de un bosque de niebla, donde, conforme a un rito ancestral, los hombres se visten y bailan como los quetzales. Se cuenta que el nombre original del lugar era Quetzalán, lugar donde abundan los quetzales. Ahora se llama Cuetzalán y en él abunda la belleza.
2. Izamal, en Yucatán
Su nombre se debe a Zamná, "rocío del cielo". La población destaca por la majestuosa planta del antiguo Convento de San Antonio de Padua y porque es el único pueblo pintado de blanco y amarillo del mundo. Comenzó a implantar esos colores, vaticanos, tras la visita de Juan Pablo II en el año 1992. Ahora todo el pueblo, que está próximo a Chichén Itzá, luce a la vaticana manera.
3. Pátzcuaro, en Michoacán
Está a orillas del lago Pátzcuaro y debe su cierta fama a la cerámica, a las artes de sus gentes para la pesca y al cultivo de flores de gran belleza. Su nombre original significa "lugar en donde está la piedra que señala la entrada al paraíso". Así es también ahora: un lugar de entrada al paraíso, al Estado de Michoacán, secundado por la magia de otros pueblos del Estado, como Tlalpujahua, antigua veta de oro y plata rodeada de montañas, o Cuitzeo, cerca del lago del mismo nombre.
4. Tepoztlán, en Morelos
Cuando llegó Hernán Cortés, los tepoztecos se subieron a la sierra. Les ordenó bajar, pero no lo hicieron. Quemó el pueblo. Ignoraba la historia del Tepozteco, el dios del pulque, que protege el pueblo, nació de una virgen, fue echado a un río nada más nacer, rescatado y convertido en un héroe tras destruir al monstruo de Xochicalco. La historia ya casi tiene mil años. Mil años que han regado esta localidad de leyendas.
5. Comala, en Colima
Pueblo blanco, de calles estrechas, casas encaladas y tejados muy rojos. Cuna de artistas. En sus calles se siente el paso de la colonia y del arte. Hay que andarlas despacio, a la sombra de los almendros y las palmeras. A sus espaldas tiene dos colosos: el Volcán de Fuego y el Nevado de Colima; ambas cumbres superan los cuatro mil metros de altitud.
6. Tlacotalpán, en Veracruz
Junto al río de las mariposas, el Papaloapán, se encuentra uno de los pueblos con la arquitectura tropical más sofisticada del país. Portales de colores para caminar a cubierto, música de jaranas, gastronomía propia. Patrimonio de la Humanidad, fue muy rico en la época de los vapores, que anclaban mirando a su iglesia. Y conserva tradiciones realmente increíbles y originales, como las disputas en versos de diez sílabas.
7. Real de 14, en San Luis Potosí
Un pueblo colonial que está asentado en un paisaje alucinante. Aquí hubo una mina tan importante como para que hubiera también una ceca, una casa de la moneda. Luego la mina se agotó completamente y la localidad quedó anclada en algún instante de hace siglos. Real de 14 está aislado. Sólo se puede llegar a la población por encima de una montaña, por donde van los huicholes, o por un túnel. Los indios huicholes efectúan una peregrinación hasta la villa para conmemorar la fiesta de San Francisco.
8. Bernal, en Querétaro
La villa de San Sebastián Bernal, más conocida como Bernal, se abriga al amparo de un peñón con diez millones de años. Es el tercer monolito más grande del mundo, después del Peñón de Gibraltar y el Pan de Azúcar. Arriba de la peña hay una capilla para la Virgen y, abajo, en el pueblo, talleres de artesanos, casonas, calles señoriales y más templos. El cine ha rodado muchos sueños en las calles de este pueblo, frente al monolito.
9. Ajijic, en Jalisco
Situado junto al Lago de Chapala, es un pueblo de artesanos que integran las artesanías del pasado con lo más moderno. Lugar para contemplar la belleza del lago y vivir, además, las tradiciones de Jalisco, donde también brillan con magia Tapalpa, con sus colores, y Tequila, donde nació la famosa bebida.
10. Cuicatlán, en Oaxaca
La región de la Cañada oaxaqueña es rica en atractivos y, de momento, poco conocida. Hay zonas arqueológicas descubiertas y por descubrir, riqueza y diversidad biológicas, una de las cuevas más profundas del planeta y la Reserva de la Biosfera Tehuacán-Cuicatlán. En el Estado, además, abundan los pueblos mágicos. Entre ellos, Santa María del Tule, con su ahuehuete milenario, y Coicoyán de las Flores, profundo e intenso.
11. Todos Santos, Baja California Sur
Un lugar para imaginar cómo era la California que recorrió a pie Fray Junípero Serra predicando el Evangelio. Una reliquia de otro tiempo que contrasta con los nuevos mundos, tan acelerados, de California. Se cuidan tanto la arquitectura como los recuerdos.
12. Huasca de Campo, en Hidalgo
Su nombre deriva de una palabra azteca que significa "lugar de pájaros, agua, vegetación y alegría". Junto a sus casas de cantera blanca y techos rojos a dos aguas aún resulta bastante fácil escuchar el náhuatl y el otomí. En el centro de la localidad circulan tranvías, y en sus alrededores hay formaciones de basalto y ríos con magníficas truchas arco iris.
13. Cuatrociénegas, en Coahuila
El Valle de Cuatro Ciénegas es uno de los lugares más increíbles que pueden descubrirse en un país con tanta diver- sidad como México. Su paisaje incluye montañas -con alturas que oscilan entre los 2.800 y 3.200 metros sobre el nivel del mar-, cañones, manantiales, ríos, el desierto y, por supuesto, las ciénagas (en México "ciénegas") a las que alude su nombre. En el centro del valle se encuentra el municipio de Cuatrociénegas de Carranza, que tiene cuatro manantiales en sus cuatro puntos cardinales. Lagunas de agua clara en medio del desierto entre las montañas. Así de extraño.
7 platillos tentadores y un poco -bastante- picantes
La gastronomía mexicana es una de las más ricas y apreciadas del mundo por la calidad de sus productos y el ingenio en su elaboración. La lista de platos es infinita. Hemos elegido sólo siete, tentadores y algo "picosos".
Entre la infinidad de platillos que ofrece la gastronomía mexicana, y además de los siete aquí reseñados, conviene probar las tortillas, los tamales, los tacos, las enchiladas, los atoles o los escamoles para abrir boca, antes de entrarle a los chilaquiles, las enchiladas potosinas, el cabrito de Monterrey, los nopales navegantes o el pámpano empapelado.
1. Mole
Salsa por excelencia de la comida mexicana, llegó a tener más de cien ingredientes y hoy no se conforma con menos de treinta. Italo Calvino dijo de esta salsa que "abría las perspectivas de un éxtasis flamígero". Tienen fama los moles de Puebla, Oaxaca y Yucatán.
2. Cochinita pibil
Carne de cerdo condimentada con la semilla roja del achiote (colorante y saborizante natural), que se envuelve en una hoja de plátano, se hornea y se sirve acompañada de cebolla morada curtida en vinagre. Un verdadero manjar del sureste de la república, sobre todo del Yucatán.
3. Chiles en nogada
Chiles rellenos de carne y frutos secos y recubiertos por los tres colores de la bandera mexicana: el verde, creado con chile poblano y perejil; el blanco, con una salsa de nuez, y el rojo, con granada. Fue creado en 1821, en Puebla, por las monjas del Convento de Santa Mónica con motivo de la visita del emperador Agustín de Iturbide.
4. Pozole
Sopa que utiliza una variedad de granos grandes de maíz que se cuecen dos veces: una para que pierdan la cáscara y otra posterior, más inten- sa, para que se abran. Suele llevar carne de cerdo, pero también admite pescado, hongos o marisco. Hay diferentes versiones (blanco, rojo y verde), según se adereza con más o menos tomate y chile. Se remata con innumerables ingredientes finales al gusto: orégano, lechuga, rábanos, cortezas, aguacate y chile molido.
5. Quesadillas de huitlacoche
Una quesadilla es una tortilla de maíz amasada con sal y manteca de cerdo que lleva en su interior queso fundido y se dobla sobre sí misma. El huitlacoche es un hongo azul, parásito del maíz. Por la intensidad de su sabor era un alimento reservado a los emperadores aztecas.
6. Escamoles y gusanos de maguey
Los escamoles son larvas de la hormiga que anida en las raíces del maguey, la planta de la que se obtiene el tequila. Se comen en tortilla, con ajo, cebolla, chiles y sal. En las pencas de la planta, de la que se obtiene otra bebida, el pulque, anidan unos gusanos blancos, orugas de un tipo de mariposa nocturna, que se sirven ligeramente aderezados y churruscaditos y se consideran desde antes de los aztecas un manjar. Ambos platos son escasos y caros, muy apreciados.
7. Birria de chivo
Dicen que no hay nada mejor para recuperarse de la cruda (la resaca): carne de chivo en caldo acompañado de cebolla picante, zumo de limón y una salsa de chiles secos capaz de revivir a los muertos. Después, apetece un traguito de mezcal. Lo dice una doctrina clásica: "Para todo mal, mezcal; para todo bien, también".
Michoacán, la tierra de los sueños
El hogar de los indios tarasca o purépecha , que atraviesa una tierra fértil e inquieta, poblada de tradiciones precolombinas, rincones coloniales y playas paradisíacas, es uno de los sueños mejor guardados del México auténtico.
Cuando la imaginación se encamina rumbo al paraíso, los mexicanos siempre tienen en mente algún tesoro de Michoacán. Y es que este Estado, situado al oeste de Ciudad de México y al sureste de Guadalajara, guarda el encanto de lo esencial. Bajo su geografía de montañas escarpadas y montes humectantes, la sucesión de tranquilas urbes bañadas por la herencia colonial y el legado indígena da lustre a una región con identidad propia.
Esta característica queda patente en Morelia, la capital del Estado, cuyo acontecer está lejos de encarnar las diversiones urbanas al uso. Las discotecas o campos de golf no definen esta población de medio millón de habitantes sino que son los edificios coloniales tallados en piedra rosa y la carnalidad de sus mercados los gestos más propios. Fundada en 1541 con el nombre de Valladolid, cambió su nombre en 1828 en homenaje a su hijo ilustre, José María Morelos de Pavón, el cura revolucionario que encabezó el movimiento independentista.
Morelia es famosa por la animación de sus calles y una ingente producción artesanal. Rematada por buganvillas y rosales, la Plaza de Armas proporciona una visión clara de su realidad. En el recinto, cada mañana aparecen vendedores de pepitas de granada y paleta -un sorbete de frutas tropicales- bajo sus arcos columnados, que también alojan tranquilos cafés, coquetas mansiones barrocas transformadas en hoteles y posadas con amplias entradas de carruajes e imágenes religiosas pintadas en las paredes.
La estampa barroca de la capital se amplía en edificios emblemáticos como el Palacio del Gobierno -cuyos murales, obra del local Alfredo Zace, retratan la agitada historia de este Estado- o la Catedral, de impronta colonial. La calzada principal de Fray Antonio de San Miguel desemboca en otra de las visitas populares de Morelia: el Mercado de los Dulces. En sus puestos alineados con postres multicolores ofrecen mango y tamarindo cristalizado y palos de miel y dulce de leche, toda una tentación para el paladar. Y en la Casa de las Artesanías, deslumbra una selección de las cuidadas manufacturas: mariposas lacadas, armadillos tallados en madera, diablos de Ocumicho, ollas de metal de Santa Clara del Cobre o torres de cerámica de San José de Gracia.
A las afueras de Morelia, las haciendas transformadas en hoteles de lujo -como Villa Montada, antigua propiedad del conde francés Philippe de Reiset- animan el camino hacia Pátzcuaro, que conserva una bella arquitectura del XVII. Esta urbe, junto con las seis islas habitadas del lago -Los Urandenes, Tecuela, Yunuén, La Pacanda, Jarácuaro y Janitzio-, guarda el ajuste perfecto entre tradiciones prehispánicas y costumbres coloniales.
us casas de adobe, coronadas por tejas rojas que se arremolinan en la calle principal Sde Quiroga, explican cómo la vida tarascana logró convivir con la llegada de los españoles, dando lugar a una riqueza artística y cultural única.
Los 250 kilómetros de costa son otro de sus grandes atractivos mejor guardados. La orilla michoacana constituye el principal refugio de quienes buscan la sensación de descubrir sus aguas transparentes por primera vez, con la urgencia de saber que sólo es cuestión de tiempo que la afluencia del turismo conquiste sus arenas doradas y pequeñas calas rocosas, que se adivinan entre las plantaciones de mangos, cocoteros y bananos ante las verdes cumbres de la Sierra Madre del Sur. Diseminadas a lo largo de la autopista 200, muchas de sus playas ni siquiera aparecen en las guías.
En otras abunda la presencia de viajeros que buscan tranquilidad, congregados en torno a pequeñas villlas donde los aromas a marisco de las palapas o tabernas típicas apenas mitigan el rumor del agua y el canto de los pájaros. Muchos visitantes, sin embargo, ya han hecho de lugares como San Juan de Alima -que resulta ideal para la práctica del surf junto con Las Peñas o Plaza Azul, cerca de la población de Lázaro Cárdenas-, Las Brisas o Playa La Ticla su rincón favorito, alojándose en rústicas cabañas o contados establecimientos hoteleros.
Otros prefieren la cálida soledad de lugares como Pichinguillo o Caleta de Campos para desconectarse completamente del mundo. Rodeada de lagunas para explorar, las olas turquesa de Playa Maruata están declaradas un centro ecológico donde observar el desove de las tortugas negras. Incluso el rincón más visitado de esta costa pacífica prolonga la sensación de calma meditativa, de una tierra hecha para observar y soñar.
Cuitzeo
A 35 kilómetros de Morelia, esta villa asentada sobre el lago homónimo -el segundo más grande del país- es uno de los centros de la cultura tarasca. En el zócalo destaca el convento agustino de Santa María Magdalena, en cuyo claustro se encuentra el Museo del Grabado mexicano. Gozan de fama sus artesanías de petates y figuras de tule y está declarado "pueblo mágico".
Jiquilpán de Juárez
En esta población, a 55 kilómetros de Zamora, encontrará el Centro de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana, que incluye los fondos de quien fue uno de los presidentes mexicanos e hijo predilecto, Lázaro Cárdenas. En la Biblioteca Gabino Ortiz pueden visitarse los murales firmados por José Clemente Orozco. Sus rebozos, sarapes y mantas son muy apreciados.
Pátzcuaro
En la época prehispánica, fue un gran centro ceremonial de los purépechas. El conquistador Vasco de Quiroga trasladó aquí el Obispado desde Tzintzuntzán, convirtiéndolo en la capital del Estado entre1539 y 1580. Sus construcciones de adobe y su Plaza Vasco de Quiroga la convierten en centro turístico. Los alrededores del Lago y sus islas están habitadas por comunidades indígenas dedicadas a la pesca, quienes usan redes en forma de mariposa características.
Quiroga
Bautizada en honor a Vasco de Quiroga, es un destacado centro comercial, donde se producen desde vasijas a artículos de piel, latón y cobre; lo mejor es adquirirlos en talleres y locales del mercado.
Zacapu
Es el primer asiento de la etnia tarasca, que más tarde poblaría Michoacán y parte de Guanajuato. El nombre de esta villa cercana a Zamora significa en chichimeca Piedras preciosas. Junto con las excursiones al cerro de Tecolote y la pesca, destacan sus dos balnearios: Los Cipreses y La Angostura.
Zamora de Hidalgo
Cuenta con edificios religiosos bastante interesantes, como la Catedral, la Iglesia de San Francisco y el templo del Calvario, y es el lugar perfecto para acceder al Lago de Camécuaro y a la zona geotérmica de Ixtlán de los Hervores, en la que destaca un géiser que alcanza los 30 metros de altura.
Yuriria
Por su ubicación a orillas de un lago y la estampa de su Monasterio, del siglo XVI, esta población, situada a 31 kilómetros de la capital, guarda una cierta semejanza con la cercana Cuitzeo; desde su puerto se organizan excursiones lacustres.
Población: 3.992.000 hab.
Superficie: 58.585 km2
Puebla, la mejor obra de los ángeles
El turístico estado de Puebla tiene ciudades prehispánicas tan importantes como Cantona y Cholula, es reconocido internacionalmente por su gastronomía y tiene en su capital una de las ciudades más bellas de México.
Puebla, capital del Estado del mismo nombre, ofrece a quien la visita uno de los centros históricos mejor preservados en el continente, un acervo arquitectónico que, por su valor, le ha valido a la ciudad el sobrenombre deRelicario de América. Además, se distingue por ser una de las capitales gastronómicas de México. Aquí se disfruta del mole poblano, una de las salsas más intensas de México, y también se han creado platos tan exquisitos como los chiles en nogada (chiles rellenos de carne, con crema de nuez de Castilla y espolvoreados con granada, de forma que componen los colores de la bandera de México). Y desde aquí se puede acceder con facilidad al resto de los grandes tesoros del Estado, como Cholula de Ribadavia, Atlixco o Cuetzalán del Progreso.
Puebla, la capital, encabeza la cuarta conurbación más grande de México, con una población equiparable a la de Barcelona, y se encuentra a 100 kilómetros al oriente de México D.F. Para disfrutar de Puebla sólo se necesita tiempo. Basta con deambular por las calles del centro histórico para dejarse seducir por el encanto de la arquitectura colonial y de la época de mayor esplendor de la Nueva España. El punto de inicio es el Zócalo, la plaza principal. Ahí se puede admirar una de las catedrales más altas de México, con torres que miden 74 metros de altura. Cuenta la leyenda que el diseño de la ciudad, perfectamente ordenada y organizada en una exacta cuadrícula, con el Zócalo o plaza mayor en su centro, fue obra de los ángeles.
Al otro lado de la catedral, frente a un costado de la misma, se encuentra el Palacio de Gobierno, cuya fachada es del estilo arquitectónico del Porfiriato, el periodo previo al inicio de la revolución mexicana. Ahí mismo, en el centro, vale la pena visitar La Casa del Alfeñique, la Antigua Casa de la Lotería Nacional, la Biblioteca Palafoxiana y el Museo Amparo, sede de una de las colecciones artísticas más importantes de México.
Otro punto imprescindible es la Iglesia de Santo Domingo para ver la capilla del Rosario, que está cubierta de estuco forrado con una lámina de oro de 22 quilates. Es uno de los mayores hitos del arte barroco novohispano y, de paso, da una idea del poderío que la iglesia llegó a tener por estos rumbos hace un par de siglos. No muy lejos, en la 6 Oriente, se encuentra el antiguo Convento de Santa Clara, famoso por las golosinas que ahí se preparaban. Hoy en día hay varios lugares para degustar esos dulces.
Unas cuadras al sur está el Callejón de los Sapos, un lugar apto para tomar algo al aire libre y donde los fines de semana hay un mercado de antigüedades. Muy cerca está el Barrio del Artista, una plazuela con galerías de arte y varios cafés.
Pero si de compras se trata , hay que ir al Parián o al Mercado de Analco. Ambos son ideales para conseguir artesanías, sobre todo cerámica talaverana, producto emblemático de Puebla. Después, uno puede darse un respiro en alguno de los locales del Paseo San Francisco, una calle finamente restaurada y de ambiente relajado, o recorrer la Avenida Juárez, llena de buenos restaurantes y opciones para salir en la noche, o la zona de Angelópolis, que muestra cómo son las urbes mexicanas del siglo XXI.
Dentro del Estado, casi pegada a su capital, es obligatorio visitar Cholula para admirar los restos de la pirámide más grande del mundo y descubrir si es cierto que hay una iglesia por cada día del año. Cholula tiene una identidad única y especial, producida por la fusión de la herencia prehispánica, el legado colonial y el ambiente estudiantil. Urbe milenaria, de hecho es el asentamiento continuamente habitado con mayor antigüedad de América. En sus orígenes fue considerada ciudad sagrada; hoy podemos recorrerla andando o en bici, ya que es uno de los pocos lugares de México donde hay carriles bici. En Cholula, los atardeceres son espectaculares, con mil y un tonos, enmarcados por dos volcanes. A sólo 25 kilómetros de Puebla está Atlixco, un pueblo agradable y de clima magnífico. En la Sierra Norte esperan otras villas hermosas como Cuetzalán, Zacatlán, Zacapoaxtla, Xochitlán, Apulco y Piedras Encimadas.
Cuetzalán es un pueblo mágico, donde la neblina y el encanto de las montañas crean una atmósfera única que parece haber detenido el tiempo. Merece la pena visitarlo para escuchar a la gente comunicándose en náhuatl, la más hablada de las lenguas indígenas. En los alrededores hay todo un mundo de actividades en la naturaleza: cascadas, rappel, rafting, cuevas, ríos, trekking, incluso se puede experimentar el temascal, la versión azteca del baño de vapor. En definitiva, Puebla es una excelente opción para conocer el México genuino y auténtico.
Gran Pirámide de Cholula
Aunque parece más un cerro que una pirámide, sólo en su cima se puede percibir la fuerte carga energética del lugar. Además, las vistas son realmente hermosas. Es uno de esos enclaves para recorrer sin prisas, percibiendo cada detalle.
Iglesias de Puebla
Conviene no perderse la Catedral ni la Capilla del Rosario; dos auténticos tesoros.
Cuetzalán
Para descubrir un México menos globalizado y más ligado a las raíces indígenas, para dejarse llevar por el encanto de un pueblo mágico y, además, visitar atractivos naturales como la Cascada de las Brisas.
Reserva de la Biosfera de Cuicatlán
Es uno de los parques naturales de cactáceas más espectaculares del mundo. Está cerca de Tehuacán, en el camino al Estado de Oaxaca.
Helados exóticos en Atlixco
Ya sea guanábana, tamarindo, mamey, guayaba, nanche o chamoy, pero el punto es probar un sabor novedoso para los paladares ibéricos mientras se da un paseo en el centro de Atlixco.
Paso de Cortés
Ubicado entre los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl, este espacio al aire libre resulta perfecto para convivir con la naturaleza y, de paso, revivir la ruta de Hernán Cortés desde las costas de Veracruz a la capital del Imperio Azteca.
Beber una sangría
Uno se merece un vaso de esta exquisita bebida después de una intensa jornada de exploración por las tierras poblanas, ya sea preparada por doña Martita en el Bar Capri o bien en el Bar Reforma de Cholula. Por no decir que también es una buena oportunidad para compartir las costumbres con los locales.
Hacienda de Chautla
Localizada en San Martín Texmelucán, entre Puebla y el D.F., es un castillo de estilo inglés, construido hace dos siglos a orillas de un lago, y que parece sacado de un cuento de hadas.
Hoteles boutique de Puebla
Para quienes el alojamiento resulta tan importante como el propio destino, no pueden perderse El Sueño o La Purificadora, donde puede descubrirse el nuevo estilo mexicano y donde hasta el más mínimo detalle está bien cuidado.
Calles de Cholula
Caminar por este lugar es una deliciosa experiencia; ya sea en la parte colonial restaurada, cercana al zócalo de San Pedro Cholula, o bien en la 14 Poniente, justo al lado de la Universidad de las Américas Puebla.
Población: 5.384.000 hab.
Superficie: 34.251 km2
Yucatán, maravillas del Mayab
Un sugestivo peregrinaje en pos de las huellas del "Mayab", la tierra de los mayas. Pirámides astronómicas, ciudades coloniales... es éste un viaje que nos ayuda a descubrir los restos de una civilización aún no del todo perdida.
Desgarrado por un relámpago, el encapotado cielo se abre y deja caer una fina lluvia sobre un escenario plagado de ruinas. Desde lo alto de una pequeña montaña se divisan enigmáticas colinas ocultas por un manto de verdor; son los restos de la civilización maya de Uxmal, que alcanzó su apogeo en esta región entre los años 250 y 900 después de Cristo. Aunque el hundimiento de esta avanzada civilización se produjo hace más de un milenio, restos de su arquitectura y de otros aspectos de su cultura han sobrevivido. Muchos habitantes de Yucatán presentan todavía las típicas facciones mayas y conservan el modo de vestir y el estilo de vida de sus antepasados.
Yucatán fue lo que entendieron los españoles, pero fue un equívoco. "U''ythan", decían una y otra vez, y con ello querían decir: "Escucha cómo hablan". Pero esta palabra quedó vinculada para siempre a aquella tierra recién descubierta. Para los mayas, que la habitan desde hace milenios, continúa llamándose Mayab, que significa "no hay muchos", es decir, se refiere a una tierra con pocos pobladores. Y, sin embargo, ésta es una de las zonas arqueológicas más ricas de América.
Situada en una hondonada montañosa, a 80 kilómetros al sur de Mérida, la capital del Estado de Yucatán, Uxmal, es una de estas joyas de la arquitectura maya.
Esplendorosa urbe entre los años 250 y 900 después de Cristo, Uxmal conserva su área monumental. A su entrada se yergue la Pirámide del Hechicero, de 30 metros de alto. Hay que aprovecharse del fresco clima matutino y trepar a lo alto de la pirámide para tener una visión de conjunto de la grandiosidad de Uxmal: la Gran Pirámide, el Palacio del Gobernador, el Convento, un complejo rectangular de edificios que dan al patio donde los mayas practicaban el juego de pelota, ritual prominente en sus ceremonias religiosas. ¿Cómo jugaban a la pelota los mayas? Con todas las partes del cuerpo, excepto con las manos y los pies. No era un juego de niños manejar con las caderas y los codos aquella pelota de goma que representaba el curso del Sol en el cielo. Era algo así como la representación de la lucha cósmica entre la luz y las tinieblas, un acontecimiento sagrado. Siguiendo la carretera que une Uxmal con Mérida, hacia el norte, más o menos a mitad de camino está Yaxcopoil. Aquí, la elegante verja de una hacienda del XVII sirve de entrada a un gran corral, reliquia del tiempo en que el ganado vagaba por los vastos latifundios del Yucatán.
A finales del siglo XIX, la demanda de sogas y cuerdas en el mercado internacional convirtió al henequén, una planta de este lugar cuyas fi bras ya eran usadas por los mayas, en oro verde. A medida que las haciendas de criadores de ganados se fueron transformando en plantaciones de henequén, Yucatán se alzó como uno de los Estados más ricos de México. Mérida cambió de aspecto, se llenó de palacios y se permitió el lujo de imitar, con su Paseo de Montejo, nada más y nada menos que los Campos Elíseos, por lo que empezó a ser conocida con el sobrenombre de "la París mexicana".
Hoy, la cuerda de henequén todavía se usa, aunque mucho menos. La riqueza, tan fácilmente como llegó se desvaneció. Y las huellas de la crisis han quedado marcadas en el paisaje de Yucatán: las haciendas henequeras fueron abandonadas, aunque algunas de ellas fueron reestructuradas y transformadas en hoteles.
Mérida, la ciudad principal del Yucatán, es una urbe tranquila; la llaman "la ciudad amable" por sus claras arquitecturas coloniales. Fue fundada a mediados del XVI sobre los restos de la maya T''ho y los conquistadores españoles la bautizaron con el nombre de Mérida en memoria de la urbe española del mismo nombre.
Es la típica ciudad colonial americana de planta cuadrada, con los ritmos lentos del trópico y los hombres sentados a la puerta de sus casas charlando y tomando el fresco. Los mejores momentos para ver la urbe son las primeras horas de la luz y el crepúsculo. Dando una vuelta por Mérida se descubre la Plaza Mayor con el Palacio Municipal, el Palacio de Montejo y la Catedral, signos tangibles de la época colonial. Esta ciudad es la base ideal para hacer dos excursiones inolvidables: Celestún y Chichén Itzá. La primera se halla en mitad de una reserva con abundante población de aves acuáticas residentes y migratorias, de las cuales el fl amenco constituye la atracción estelar; el segundo es el plato fuerte de un viaje por Yucatán, Chichén Itzá, el más famoso y mejor restaurado de los yacimientos mayas yucatecos.
Mérida
Calles estrechas, bellos edificios coloniales y un paseo espectacular entre los palacios de los reyes del henequén. Además, ofrece todas las noches de la semana danzas, música o representaciones teatrales, cerca de su imponente Zócalo.
Izamal
La "ciudad amarilla y blanca" hay que recorrerla a pie.
Valladolid
Pequeña y con un sosegado ritmo de vida. Edifi cios coloniales de cierto empaque.
Uxmal
Tiene un puesto de honor entre los yacimientos mayas.
Chichén Itzá
Es la joya arqueológica de Yucatán. El más famoso y mejor restaurado complejo maya que sorprende incluso a los arqueólogos.
Labná
En el corazón de la ruta PUUC, cuyos yacimientos, de esplendorosa arquitectura permiten ahondar en el conocimiento de la civilización maya homónima.
Grutas de Loltún y Balankanché
Las primeras están a 20 kilómetros de Labná. Las cuevas, hoy iluminadas, permiten ver formaciones calizas de notable belleza. En Balankanché, a cinco kilómetros de Chichén Itzá, se han encontrado objetos mayas.
Los cenotes
Hace 65 millones de años, un meteorito se estrelló en Yucatán y abrió un boquete de 300 kilómetros de ancho. Millones de años después la erosión fue creando fi suras que el agua de la lluvia fue llenando. Muchos turistas visitan estos cenotes (del maya dzonot, "hoyo en el suelo") para bucear y nadar. Entre los más interesantes están el Cenote Xlacah (en el yacimiento de Dzibilchaltún), el Cenote Sagrado de Chichén Itzá (impresionante pozo natural de 60 metros de diámetro y 35 de profundidad) y el Cenote Ik Kil (muy cerca de Chichén Itzá, hoy es una sensacional piscina).
observación de flamencos
Celestún es el destino perfecto, dada su proximidad a Mérida, para una excursión enfocada a la observación de aves, especialmente fl amencos. Sin embargo, la contemplación de la colonia de flamencos más espectacular de México está en Río Lagartos (100 kilómetros al norte de Valladolid). Cuando remontan el vuelo, miles de fl amencos despliegan su plumaje rojo anaranjado encendiendo súbitamente el horizonte. Espectacular.
Las haciendas henequeras
Algunas de las antiguas haciendas henequeras, dedicadas al cultivo del henequén o fi bra del sisal, se han convertido en preciosos alojamientos de lujo con exquisitos detalles. Entre estas haciendas están Santa Rosa, Yaxcopoi y Temozón.
Población: 1.920.000 hab.
Superficie: 38.402 km2
10 cosas que hay que hacer (y 10 que no) en México
¿Perdido en la ciudad más pobla da del pla neta? ¿Desorientado en un cruce de cualquiera de los 32 Estados? ¿La primera vez que visita el país? Aquí tiene 20 instrucciones con las que organizar su próximo viaje a México.
Qué hacer
1. Comer chapulines en un mercado de Oaxaca. El chapulín es un saltamontes que se sirve tostado, salado y crujiente, una delicia culinaria imposible de perderse. Los mercados de Oaxaca, además, son un espectáculo por su colorido y vitalidad.
2. Beber tequila y cantar con un mariachi en la Plaza de los Mariachis de Guadalajara o en el Parián de Tlaquepaque. Una fiesta inolvidable. Sólo un consejo: no mezclar el tequila con otras bebidas.
3. Bucear en Cozumel, el segundo arrecife más grande del mundo, un universo lleno de vida y especies fascinantes. Atención también al paso del gigantesco y pacífico tiburón ballena por la isla de Holbox, al norte de la península de Yucatán.
4. Contar los ángeles de la ciudad de Puebla. Es verdad que los tiene. Bajaron para elegir el lugar, cuando la fundación, y dicen que están en los sitios más reposados. De vez en cuando, también dicen que se les ve comiendo chalupas o molotes.
5. Subir la pirámide del Sol en Teotihuacán. Es fama que quién conquista la cúspide de esta pirámide, la segunda más alta del país, se carga con la energía del Sol.
6. Ir a una función de lucha libre. Rudos contra técnicos, la batalla del bien contra el mal, superhéroes mexicanos que superan a los de los cómics.
7. Asistir a una celebración del Día de Muertos. Cada año, en la noche del 1 al 2 de noviembre, los muertos regresan a esta tierra. En ese momento, los mexicanos agasajan al espíritu que retorna con ofrendas, comida, bebida, flores e incluso música.
8. Ver los equinoccios en Chichén Itzá. Obra de la arquitectura maya, de manera puntual en primavera y otoño el sol refleja la sombra de una serpiente que baja por la escalera norte del Castillo. Asombroso.
9. Navegar el Cañón del Sumidero en Chiapas. Es fácil y merece la pena: el cielo se ve a través de un cañón de exuberante vegetación. Es como un paseo por el paraíso.
10. Contemplar las mariposas monarca. A finales de octubre, millones de mariposas monarca llegan a los bosques de Michoacán después de un largo viaje.
Qué NO hacer
1. Pedir una tortilla y esperar huevo batidoo con patatas. Te darán una tortilla de maíz para hacerte un taco.
2. Hacerle caso a un mexicanocuando diga que un alimento no es "picoso".Seguro que pica. De niños los mexicanos comen dulces con chile; de grandes, su capacidad para comer picante es inigualable.
3. Tomar fotos en la iglesia de San Juan Chamula, Chiapas. Los lugareños opinan que las fotos les roban parte del alma y hay una "ley tradicional" que asegura que esa falta ha de ser castigada con palos y cárcel.
4. Contentarse con hacer tres comidas al día. La costumbre es tomar un buen desayuno y luego otras tres, seis, quince o cuarenta veces al día. Hambre no pasará.
5. Conducir en la ciudad de México. Evítelo. Dicen que aquí manejan los peores y más atrevidos conductores del mundo.
6. Emplear el verbo "coger" como se usaría en España. En México el significado de ese verbo tiene connotaciones sexuales, así que si uno afirma que quiere "coger un taxi", puede provocar muchas sonrisas.
7. Decir que "no" cuando te ofrecen el gusanito del mezcal. Es una descortesía muy grande dado que sólo hay uno por botella. Hay que agradecer la oferta e ingerir tan blando regalo con una tortilla y con una sonrisa.
8. Creer que la palabra "ahorita" quiere decir "ahora".Puede significar "ya mismo", pero también "luego", "dentro de una hora o de dos", "el mes que viene" o -lo habitual- "quién sabe". Por lo mismo, si alguien te dice "luego te llamo", más vale que te relajes. El móvil (en México se lama celular) puede tardar horas y horas en sonar.
9. Tomar el sol sin precaución. Éste es un país bendecido por el sol. Es posible que esté más cerca. Hay pirámides que así lo atestiguan. El caso es que hay que protegerse, incluso cuando el cielo está lleno de nubes.
10. Tener prisa. Hay que dejar olvidados en Europa los relojes. Bienvenido a un país donde se puede ser feliz no haciendo nada. Hay muchos lugares que incluyen esa oferta.
Del Pacífico al Caribe
Sólo en México una turbulenta historia de amor puede poner los cimientos de una exitosa zona turística. La historia es la de Liz Taylor y Richard Burton, y la localidad, Puerto Vallarta. Antes de que crecieran los hoteles a su alrededor, el pueblo era una aldea de pescadores a la que llegaron John Huston y sus actores para rodar La noche de la Iguana y decidieron quedarse, convirtiendo Puerto Vallarta en una leyenda. Una en la que no faltaban sus ruidosas borracheras. La historia tiene mucha literatura como para enfocarla desde otro ángulo que no sea el del humor. Eso es lo que ha hecho el guionista de cómics mexicano F. G. Haghenbeck en Trago amargo (Roca Editorial, 15 ), donde narra la historia del rodaje y fabula en clave detectivesca sobre sucesos sangrientos que pudieron haber ocurrido (pero no ocurrieron) en aquel fuego cruzado de egos.
Sin abandonar del todo el tema, al menos en lo que se refiere a John Huston, Acantilado reedita El tesoro de Sierra Madre (22 ), de B. Traven. Convertido con el paso del tiempo en autor de culto, el escritor estableció su residencia en México en 1924, a los 34 años. Aquí firma un alegato contra la ambición y sus consecuencias.
Muy diferente es la novelaLos que se fueron (Ediciones del Viento, 14 ), de Concha Castroviejo, publicada en 1957 con la narración del exilio en Francia y luego en México de los que perdieron la Guerra Civil. Tras una primera mitad que narra el desconcierto de los meses iniciales en el país vecino, la autora acompaña a los que llegaron a Veracruz en una de las primeras oleadas, describe el ambiente de los cafés y sigue a alguno de los aventureros que se instalaron en las haciendas de Chiapas.
Por su parte, Nido de espías (Debolsillo, 9,95 ), de Simon Levack, se suma a la última tendencia de la novela histórica sobre México. En este caso los protagonistas son los aztecas, y la época, 1517. Una entretenida historia política y detectivesca se desarrolla a lo largo de 364 páginas.
Y para lo que buscan organizar su viaje sin mucha literatura, dos guías: México (Geoplaneta, 36 ), que ofrece toda la información que un viajero por cuenta propia pueda requerir; y Cancún-Yucatán (Anaya, 13,90 ), con 124 páginas que exhiben abundantes datos de interés.
Síguele la pista
Lo último