Todo lo que necesitas saber para viajar a Trujillo
La localidad cacereña, en la que aún resuenan los ecos de las conquistas y la exploración, actualmente cuenta con nuevos proyectos artísticos y gastronómicos que la vuelven a situar en el mapa.

Trujillo es una escapada perfecta para quienes buscan sumergirse en la historia entre callejuelas medievales flanqueadas por iglesias, palacios y conventos vigilados por un castillo de origen árabe, todo levantado con la piedra caliza sobre la que se asienta la ciudad antigua. Bautizada como Turgalium por los romanos, esta localidad narra, a través de sus fachadas, batallas de reconquista y gestas en el Nuevo Mundo.

Las armaduras de sus exploradores aún parecen resonar en el empedrado de sus calles de camino a la Plaza Mayor, centro neurálgico desde que, en el siglo XVI, se construyeran en ella edificios nobiliarios como el Palacio Ducal de San Carlos, con su patio interior de estilo plateresco, el Palacio del Marqués de la Conquista, edificado en 1562 por Hernando Pizarro y el Palacio del Marquesado de Piedras Albas.
A este sublime escenario histórico se suben las fiestas del Chíviri, la Salve y la Feria del Queso, imprescindibles en el calendario trujillano.
En estas tierras también se desarrollan estupendos proyectos gastronómicos y artesanales que perpetúan raíces familiares y posicionan a Trujillo en el mapa.

CÓMO LLEGAR
Situado a tan solo dos horas y media de Madrid y 30 minutos de Cáceres, lo más fácil y cómodo es llegar a Trujillo en coche, aunque también hay autobuses que comunican la localidad desde la estación de Méndez Álvaro en Madrid.
QUÉ VER
En lo alto del Cabezo del Zorro, el castillo domina el paisaje desde el siglo IX. Sus torres y almenas rodean un amplio patio de armas donde destaca una higuera centenaria y un aljibe árabe. En las murallas, una hornacina con la talla de granito de la Virgen de la Victoria hace honor a la leyenda de reconquista de 1233, su imagen se gira hacia el interior si se echa una moneda.

Varias calles parten desde este punto desvelando un impresionante casco monumental compuesto por iglesias como Santiago -transformada en museo-, San Martín -con su órgano barroco- o Santa María la Mayor, donde descansan personajes como Diego García de Paredes, rebautizado como el “Sansón extremeño” por Cervantes. Su torre Julia propone el reto de buscar el escudo del Athletic de Bilbao que el cantero dejó esculpido en ella al restaurarla. Entre los museos trujillanos se encuentran la Coria –en el convento de San Francisco el Real-, el Museo del Traje de Enrique Elías y la Casa-Museo de Pizarro.
A tan solo 17 kilómetros, Santa Cruz de la Sierra guarda la memoria de Ñuflo de Chaves, fundador de la ciudad boliviana que lleva el mismo nombre. Este pueblo está resguardado por un pico, declarado Monumento Arqueológico Nacional debido a la gran cantidad de altares y vestigios, de distintos periodos, que guarda su ladera. A sus pies se encuentran las ruinas del convento de los agustinos, del siglo XVII.
QUÉ COMPRAR
En Trujillo, comprar también es una forma de viajar en el tiempo y en el sabor. Basta pasear por la calle Tiendas para descubrir cómo conviven los comercios tradicionales con otros especializados en productos extremeños que han florecido con el auge del turismo. Esta mezcla da lugar a un panorama de tiendas donde encontrar lo mejor de la tierra: desde embutidos ibéricos hasta dulces con historia.
Para quienes buscan productos auténticos lejos del bullicio turístico, la carnicería Ortega Rubio (Av. de Miajadas, 13) es una parada imprescindible. Ofrece una cuidada selección de ibéricos, quesos artesanos, vinos de la tierra y licores locales, perfectos tanto para regalar como para llenar la despensa con sabor extremeño. Si lo que se desea es un recuerdo dulce, la Panadería de Vienas (Emilio Martínez, 7) es el lugar. Con más de 80 años de historia, este establecimiento familiar sigue elaborando panes tradicionales, galletas ralladas, perrunillas y bollas de manteca como antaño.

Y si hay un producto que ha traspasado fronteras, ese es el queso de Finca Pascualete. Esta finca, gestionada por Juan de Figueroa —nieto de la célebre espía y condesa Aline Griffith— y su familia, se ha convertido en una referencia internacional en el mundo quesero. Con un rebaño de 5.000 ovejas y un catálogo de quesos que incluye tortas cremosas, pasturas con trufa y variedades ácidas, su proyecto es un ejemplo de la historia trujillana.
DÓNDE COMER
Para los paladares más exigentes, Trujillo ofrece una cocina contundente y sabrosa. Rodeada de arquitectura renacentista, la Plaza Mayor es el centro gastronómico de la localidad. La Casa de los Chaves-Orellana, conocida como Casa de la Cadena, por la que cuelga de ella como concesión de derecho de asilo por parte de Felipe II tras dormir aquí en su paso a Portugal en 1583. La Troya, Nuria, Corral del Rey, Bizcocho Plaza y El Medievo son otros clásicos de la plaza donde probar platos locales como las migas, la caldereta o el cochinillo.

También en la plaza, restaurante Meseguera ha sabido reinventarse tras un relevo generacional en 2023. Aquí la cocina extremeña se mezcla con sabores del continente asiático. No te pierdas la croqueta de atún rojo, el torrezco con baba ganush o el buñuelo de caldereta de cordero.
En la parte antigua, Alberca destaca por la premiada cocina del joven chef Mario Clemente y sus sabrosos platos aderezados con toques innovadores, entre los que destacan la presa de ibérico, las patatas revolconas o las migas.

En la zona es popular el vino de pitarra, como el que se produce en las bodegas de las Granadas. Aunque las bodegas que han puesto a Extremadura en el mapa vitivinícola es HABLA, a ocho kilómetros de Trujillo. Durante dos fechas al mes ofrecen un contundente menú degustación maridado con sus vinos, que se puede disfrutar en la Sala Mira, construida en pendiente para tener siempre presente los viñedos, los campos y el perfil trujillano; después de una completa visita a las instalaciones. Frente al moderno edificio se extiende la Dehesa de la Torrecilla, la finca de mil hectáreas donde todo comenzó. Esta alberga unas caballerizas con una yeguada de pura raza, una colección de antiguos carruajes y diferentes espacios para celebrar eventos y bodas. Dos espacios que se complementan muy bien, vanguardia y tradición con el campo como unión.

Regresando a Trujillo, conviene parar en La Abadía (García de Paredes 20) para tomar una copa al atardecer en el jardín del bar, con vistas al castillo. La que probablemente sea la discoteca más bonita de España, está alojada en un antiguo hospital de monjes agustinos. Después de una larga reforma, vuelve a abrir ofreciendo también servicios gastronómicos.
DÓNDE ALOJARSE
Dormir en Trujillo es sumergirse en la historia. Sus alojamientos no solo ofrecen descanso, sino también una experiencia que conecta con el pasado monumental de la ciudad. Muchos de ellos están ubicados en antiguos conventos, palacios o casas nobles. El Hotel Izan Trujillo ocupa el antiguo convento de San Antonio. La estructura original se conserva en muchos de sus espacios, como el claustro y la iglesia, hoy convertidos en zonas comunes y salones para eventos.

En plena Plaza Mayor se alza el Hotel Eurostars Palacio de Santa Marta, un verdadero tesoro arquitectónico. Construido en el siglo XVI sobre una antigua casa solariega, este palacio combina elementos góticos y renacentistas. Su fachada, de sillería granítica, y su claustro interior, con columnas de mármol, evocan la nobleza de otras épocas.
El Parador de Trujillo es otro de los alojamientos emblemáticos. Se sitúa en el antiguo convento de Santa Clara, fundado en el siglo XVI. Su claustro y sus estancias amplias son una opción ideal para quienes buscan descanso en un espacio histórico. Para una estancia más íntima y con aire romántico, El Medievo o el Hotel Boutique Posada Dos Orillas, son excelentes opciones.
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