Todo lo que necesitas para viajar a Kazajistán
Bienvenidos a una fascinante travesía de horizontes infinitos.

Todo lo que necesitas para viajar a Kazajistán: dónde comer, qué ver, dónde dormir. / Gonzalo Azumendi
Desde el mar Caspio, cruzamos Kazajistán de este a suroeste, pasando por el norte, para descubrir la asombrosa geografía de Mangystau y la futurista metrópolis de Astaná y los bosques de Burabay, donde se muestran las primeras huellas de domesticación de los caballos. Todo para acabar rendidos ante la majestuosidad vertical de Almaty y sus cañones. Esto es todo lo que necesitas saber para emprender un viaje inolvidable por el gigante de Asia Central.

Garganta de Ybykty-Say (o Cañón Ybykty) en la región de Mangystau. / Gonzalo Azumendi
CÓMO LLEGAR
Para viajar desde España a Kazajistán, la opción más cómoda es hacerlo con Turkish Airlines, que conecta los principales aeropuertos del país, como Madrid, Barcelona, Málaga o Bilbao con los de Almaty, Astaná o Aktau a través de una cómoda escala en el modernísimo hub de Estambul. Al tratarse de un trayecto de larga distancia, optar por su premiada clase Business cambiará completamente la experiencia de viaje gracias a sus asientos que se transforman en camas y a un exclusivo servicio de restauración a la carta con “chefs a bordo” y el acceso al espectacular Business Lounge en Estambul. La mejor opción para aterrizar en Asia Central listo para comenzar la aventura.

Viaje a Zhygylgan, en las estepas del oeste de Kazajistán. / Gonzalo Azumendi
QUÉ VER
En el suroeste desértico, la región de Mangystau sorprende con sus abismos costeros, cañones profundos y colinas cromáticas. Entre estos paisajes se encuentran antiguas necrópolis y mezquitas perforadas en la roca, como Shakpak Ata o Beket Ata. No hay que perderse las misteriosas esferas del Valle de Torysh y el emocionante paisaje lunar de Bozzhyra.

Parque de atracciones familiar en el monte Kok Tobe, Almaty. / Gonzalo Azumendi
Hacia el norte, las llanuras esteparias descubren la cultura ecuestre de Botai, la futurista Astaná y los bosques de piedra de Burabay. Además de refrescarse en las playas lacustres de estos últimos, será indispensable ascender al Monte Bolektau para contemplar las perspectivas pétreas de este territorio inesperado.
El viaje cambia radicalmente en Almaty, la capital del país hasta que, en 1997, fue trasladada a Astaná por motivos estratégicos. Su cosmopolitismo es idóneo para lanzarse a explorar los Lagos de Kolsay, el bosque sumergido del Lago Kaindy o las paredes rojizas de 300 metros del Cañón de Charyn. Dentro de la ciudad tampoco hay que perderse un ascenso en teleférico a las montañas de Tian Shan, que se elevan desde la misma urbe superando los 5.000 metros. A sus pies se encuentra la famosa Medeu, la pista de hielo a mayor altitud del mundo y con una calidad excepcional para practicar deportes gracias a que está elaborada con agua de montaña.
DÓNDE COMER
Los hombres kazajos bromean con orgullo sobre que solo los lobos comen más carne que ellos. El beshbarmak es el plato nacional, elaborado con carne de caballo, camello o ternera hervida y servida sobre fideos anchos con caldo. Tradicionalmente se acompaña de un cuenco de leche de yegua fermentada llamada kumis.

Café Fika en Almaty. / Gonzalo Azumendi
No obstante, la oferta gastronómica de Kazajistán es tan variada como sus paisajes, combinando raíces nómadas con influencias de la Ruta de la Seda y cocina vanguardista. En la ciudad de Aktau, las paradas obligatorias miran al mar Caspio, pudiendo deleitarse con su afamado esturión beluga en lugares como el restaurante del hotel Caspian Riviera Grand Plaza, en cuyo interior se encuentra el acuario más grande de Asia Central. También son célebres Kaimal y Aydin.

Restaurante griego Spiros en Almaty. / Gonzalo Azumendi
Astaná invita a sumergirse en la hospitalidad centroasiática a través de Aula, un restaurante que recrea la calidez regional entre platos tradicionales.

Cafetería Tary Kolsay en Almaty. / Gonzalo Azumendi
El viaje gastronómico termina en Almaty. El multipremiado Fika destaca por sus premios de arquitectura al asentarse en un edificio histórico con molduras originales, con platos de diseño que integran ingredientes locales como frutos rojos, queso de la zona y carne de caballo. El restaurante Jüz gobierna la escena local, sirviendo el plato nacional y otras variantes de carne de caballo en un decorado tradicional de lo más encantador. Por su parte, Spiros traslada al comensal a Grecia, cuidando al máximo cada detalle. El aclamado Auyl, reconocido en la lista de los 50th Best, ofrece entre montañas una inmersión en la cocina neo-nomad de Asia Central. El recorrido urbano continúa en Akku, situado en el parque Astaná, un espacio coqueto con obrador propio donde degustar sabrosos desayunos. Por la noche no hay nada como descender al sótano de Group 63, un rincón de aires italianos que evoca la época en que los poetas buscaban crear sus obras.
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