De tabernas por Córdoba

En Córdoba las tabernas son la quintaesencia de la conversación, el bueno vino y la mejor cocina tradicional. Están repartidas por toda la ciudad y en sus viejas barras sirven el mejor vino del marco de Montilla-Moriles.

Carolina Oubernell
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Foto: nimu1956 / ISTOCK

En Córdoba a las tabernas populares se las denomina casas, quizá para equipararlas al hogar más íntimo de todo individuo. Repartidas por toda la ciudad, en el centro urbano, en el casco antiguo o alrededor de la Mezquita y la Judería, las tabernas de Córdoba son el último templo de la palabra, el hogar de todo moderado bebedor y la barra o la mesa donde saciar el hambre. Si algo las caracteriza es que todas comparten una misma estética. Abiertas la mayor parte de ellas en el primer tercio del siglo pasado, sus salones y comedores están enaltecidos con viejas fotografías, carteles de festejos taurinos, barriles, castizas mesas de madera y veladores de mármol.

El Pisto es una de las tabernas más tradicionales y conocidas de Córdoba. Está en la plaza de San Miguel y cuentan que a ella se acercaba cada mediodía el pintor Julio Romero de Torres para tomar un chato de vino a mediodía, después de su jornada de trabajo. Sobre la barra de madera oscura dibujaba con la misma tiza con la que el camarero apuntaba los pedidos de los clientes escenas de la vida cotidiana. Cuando el pintor se marchaba el camarero borraba aquellas genialidades. Cuánta obra perdida…

Croquetas caseras, albóndigas de artesanía, japuta en adobo o rabo de toro, que viene a ser la quintaesencia culinaria en esta ciudad, son las tapas más habituales de las tabernas. En El Coto, en la calle Doce de Octubre, próxima a Ronda de los Tejares, sirven deliciosos riñones a la plancha y solomillos de cerdo ibérico con los que ganar fuerzas para bajar a la judería. 

Hay un viejo dicho en Córdoba que asegura que se ha de comer en función de lo que se bebe y no al revés. Los vinos del marco de Montilla Moriles, finos, olorosos y amontillados, son el mejor aperitivo que llevarse a la boca. Los alrededores de la Mezquita están salpicados de tabernas de un sabor añejo. Una de las más visitadas es la de Pepe, el de la Judería, en la calle Romero. Repartida en varios salones, de sus cocinas salen las berenjenas fritas con miel, el venado en guiso, la presa ibérica del Valle de los Pedroches o el famoso salmorejo, que una deliciosa crema fría, salpicada de daditos de jamón ibérico y huevo duro considerada uno de los manjares más codiciados de la cocina cordobesa.

En la casa de Rafael Ordóñez, en la calle Deanes, es costumbre pedir vinos amontillados y espumosos, acompañado de ricas viandas, ibérico en forma de chacinas sobre todo. Hay otras tabernas y restaurantes míticos en la vieja ciudad califal como Bodegas Campos, que está en la calle Lineros, próxima a la plaza del Potro, donde abundan las terrazas que miran al río. Bodegas Campos es la suma de varias casas tradicionales donde no falta la capilla y la bodega. En su barra se degusta una de las cocinas tradicionales más famosas de la ciudad. Platos de raigambre, jamones ibéricos, guisos y pucheros y postres de repostería conventual para rematar la sobremesa junto a los mejores vinos andaluces.