De ruta por Somontano, la tierra del culto al vino

Explorar esta hermosa comarca de Huesca supone saltar de bodega en bodega, entre campos de viñedos infinitos, villas medievales y aromas a barrica vieja.

Noelia Ferreiro
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Al pie de las montañas, que es lo que su nombre significa, esta tierra de privilegiado emplazamiento en el corazón de Huesca, encajada entre la sierra prepirenaica y las vastas llanuras monegrinas, tiene en su suelo de arcilla y caliza y en sus temperaturas extremas los mejores aliados para el mejor cultivo de la uva. También en los aires fríos que soplan desde la cumbres nevadas y, por supuesto, en el mimo del hombre en un cultivo de la vid que se remonta a los orígenes de la historia, con labores tan ancestrales como la poda y la vendimia

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El resultado son unos caldos firmemente consolidados dentro del panorama español que han vivido un despegue definitivo desde la Denominación de Origen de 1984. Hoy esta comarca, que ha logrado recuperar las variedades de su uva autóctona —moristrel y parraleta— y adaptar otras variedades foráneas, presume de sus más de 4.700 hectáreas de viñedos, asentados en un soberbio paisaje.

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Saltar de bodega en bodega entre la belleza silenciosa de unos campos que, según la estación se colorean de ocres, verdes y rojos, es una placentera forma de viajar por Somontano, en un escenario jalonado de gargantas y ríos, y con el agradable sobresalto de una villa medieval a cada paso.

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Porque esta D.O. pionera en fomentar el enoturismo, presume de joyas naturales tan espectaculares como el P.N. de la Sierra y los Cañones de Guara, que es uno de los espacios protegidos más extensos de Aragón y todo un imán para los deportes de aventura. Esculpido durante millones de años por el agua y el viento, este paisaje de profundos cañones, sinuosas grutas y vertiginosos desfiladeros es perfecto para el barranquismo, las rutas de senderismo, los paseos en bicicleta... e incluso el avistamiento de aves, puesto que los bosques mediterráneos y atlánticos que alfombran este territorio acogen una de las colonias de rapaces más importantes de Europa. Además, para los amantes del arte rupestre, cuenta con más de 60 abrigos con pinturas prehistóricas, declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

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Más allá de la naturaleza, Somontano está cuajada de localidades pintorescas. Barbastro, su capital, es una ciudad moderna y animada con una imponente catedral y un agradable bulevar arbolado plagado de terracitas. Pero la palma se la lleva Alquézar, asentado sobre la arista de una montaña, con su laberinto de casas abigarradas que conducen a la Colegiata de Santa María la Mayor, antaño fortaleza y hoy Monumento Nacional.

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Pero es el vino, como decíamos, el el alma mater de esta comarca, que hace de él, más que el motor turístico, su propia cultura, la cual se filtra por todas las manifestaciones artísticas. Vino que es también, claro, el complemento imprescindible de una sabrosa gastronomía.

Enate

Decir Somontano es hablar de sus bodegas emblemáticas: Lalanne, una de las más antiguas, emplazada en un chateau al más puro estilo francés dentro de una extensa finca próxima al río Vero; Enate, un ejemplo de bodega contemporánea con su fusión de estética y enología, su trazo moderno y geométrico y su apuesta decidida por el arte; Irius, espectacular construcción de vidrio y acero que emerge, con aire futurista, entre un inmenso campo de viñedos… Y otras tantas como Blecua, Pirineos, Laus… que confirman que esta D.O. está en la primera línea.