Ponzano, la calle de moda para los foodies

Castiza. Vermutera. Y cervecera. Guapa por fuera y por dentro. Y tan en la cresta de la ola que no hay foodie que no la conozca. Así es Ponzano. Deliciosa. Divertida. Canalla. Open mind hasta la médula. Versátil. Y muy puntera. Se lleva la P. De Ponzano. ¿De quién sino?  

Yolanda Guirado
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Foto: Redacción Viajar

PONZANING

El término nació para dejarnos clara una cosa. La calle Ponzano no se suma a las modas. Ella es la moda. Sin ir de nada, va más allá de tendencias y corrientes gastro.  Por eso nos encanta ponzanear. De ponzaning en ponzaning, disfrutamos de cada rincón. Tabernas. Bares de siempre. Cervecerías. Vermuterías. 

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No empezamos por el principio. Si no por el número 48. Entramos en Candeli. Primer imprescindible. Los hermanos Rivera saben cómo tratar las brasas. La parrilla de carbón a la vista de todos es la protagonista del local. Este aroma es de los carabineros a la parrilla. Nos quedamos a saborearlos con una de las más de 100 referencias de vinos. (Para tomar aquí o llevar).

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Arima es arrolladora. Su alma es guipuzcoana. Así que sobra decir que la calidad prima en todas sus propuestas. La Gilda Josefa triunfa. Hasta 3.000 al mes preparan en esta taberna. La tomamos con el vermut de grifo con naranja deshidratada, corteza de naranja. Y hasta aquí puedo leer. Hay un ingrediente secreto que lo hace único. Como a Arima.

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 ESTO ES UNA CAÑA BIEN TIRADA

No hay fachada igual en toda la calle Ponzano. Sus azulejos de Talavera nos llaman. Su cerveza helada también. En El Doble son cerveceros de espíritu. Dicen los maestros en la materia que tiran las mejores cañas de la ciudad. No queremos quedarnos con la duda. Una cerveza de barril y una lata de conservas. Son gallegas y tienen marca propia de mejillones, navajas o ventresca. Si el número 15 está a rebosar, podemos entrar en el 48. Más acogedor. Misma calidad. 

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En De Atún solo trabajan con atunes de almadraba. Producto de primera en este espacio de Ponzano. Si queremos ver el ronqueo de un animal de hasta 300 kilos, en Ponzano es posible. Su carta se llena de sugerencias. Nos recomiendan el trío de atún; sashimi, tartar y tataki. Lo maridamos con un vino de la tierra de Cádiz. Nos apetece un Palo Cortado. Toca cambiar de tercio.

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En Ponzano con Bretón de los Herreros nos encontramos con Fide. Una cervecería de siempre. Aquí no hay mesas ni taburetes. Ni falta que hacen. Desde hace más de 50 años, esta marisquería ofrece producto gallego. Y vinos. Y vermut de grifo castizo. Las conservas, apiladas en las estanterías, son parte de la decoración y están deliciosas. ¿Qué más se puede pedir? Unos embutidos de Joselito para llevar.

¡CUÁNTA SOLERA!

Es una de las tabernas más antiguas de la calle. La de Alipio Ramos lleva en el número 30 desde principios del siglo XX. Una parada para los más nostálgicos. Con solera. De las paredes cuelgan espejos antiquísimos y barricas. Todo lo que aquí vemos es patrimonio protegido. El vino llegaba a granel en las tinajas sobre las que hoy tomamos el vino con el aperitivo pensando en los tiempos que no volverán. (Los que quieran un plato contundente: El Colesterol. Lo preparan con chistorra, huevos, pimientos, morcilla y patatas fritas).

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El Grupo Lalala se deja querer en Ponzano. Estamos en La Mamona. En esta cool y enorme cervecería la carne hecha al Josper es siempre un acierto. Como el secreto ibérico puro de bellota al carbón o el entrecot trinchado a la brasa. Lo tomamos en la barra. Y lo disfrutamos con todos los sentidos que somos capaces. Como las cervezas y la buena compañía.

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Cuando entramos en una taberna y nos dicen que tienen entre 300 y 400 referencias de vinos, sabemos que hemos dado con un sitio clave en Madrid. Cuando además nos dicen que todas podemos tomarlas por copa, solo podemos estar en Averías. Chilenos, franceses, austriacos y hasta indios. Los amantes del vino encuentran aquí su paraíso. Concretamente en el número 16.

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CON P DE PONZANO. CON P DE PRODUCTO

¿Algo menos castizo e igual de auténtico? Toque de Sal. En este bistrot podemos ser un poco más formales. (Solo si nos apetece). Empezamos con una copa de cava en este espacio con cocina de mercado y un toque afrancesado. Para compartir, la tortilla de trufa francesa con queso Emmental y el foie gras de canard mi-cuit casero. 

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Si vas a Ponzano y no paras en Sala de Despiece, no lo habrás vivido al máximo. Javier Bonet lo consigue. Deslumbra desde el primer momento. El producto es la estrella en este original local. Las cajas que se usan para transportar el marisco y el pescado cuelgan de las paredes. Las cartas son albaranes. A bolígrafo aparecen la sección, el origen o la preparación. Ostras francesas, mejillones de Levante o langostinos de Sanlúcar.  Hay que probar el Rolex en esta barra de producto.

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En el número 48 de la calle más gastro de Madrid nos espera. Fiel a su filosofía. Leal al producto. Le Qualité Tasca recupera esos sabores de antaño. A veces tan olvidados. Y los pone sobre la mesa con un buen vino. (Unas 40 referencias, la mayoría por copa, lo convierten en otro de los favoritos para ponzanear una mañana de domingo.) 

FANS DEL HUMO

Nos declaramos fans del humo. Desde la H hasta la O. “Se vende humo”, nos advierten en la puerta. (Y qué humo). Son esos asados con humo los que crean otros sabores en la concisa carta. Como las costillas o el salmón. Por no hablar de la verdura. Las alcachofas y el repollo, impresionantes. Lo encontramos en el número 10 de Ponzano.

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Y dos más abajo nos espera Charnela. (El nombre viene de la articulación que une las conchas de los moluscos). Primera pista. Sí. El producto estrella es el mejillón. Lo preparan con 9 salsas diferentes. Nos perdemos por el bocatín de mejillones en pan de aceite con queso fundido, rúcula y mayonesa del propio escabeche del mejillón Charnelo. Por no hablar del Gildón. La versión de esta Gilda con mejillones es para repetir. 

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Marabú no es lo que parece. Es mucho más. Una cena en el nuevo local del Grupo La Máquina puede empezar después de la medianoche. O terminar a altas (altísimas) horas de la madrugada con las croquetas de queso azul o el flamenquín de poularda. Un clandestino muy canalla nos espera después de los postres. Estamos en el 37. Ponzano non stop.