La Mallorquina, el obrador del kilómetro 0 cumple 125 años

Porque a nadie le amarga un dulce, La Mallorquina lleva alegrándonos la vida más de un siglo en la Puerta del Sol. Un planazo para chuparse los dedos ahora que cumple 125 años.

Yolanda Guirado
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Foto: Goyo Conde

Napolitanas home made

Da igual la hora. Siempre está a rebosar. En el número 8 de la Puerta del Sol preparan a diario la tradicional tarta de fresa. Es una de las especialidades de esta pastelería. Tres capas de bizcocho complementadas con una fina capa de crema pastelera y nata artesanal, cubiertas con fresas naturales. Cuando el calor aprieta, la acompañamos con un sorbete de mango. Otra opción, saborearla con una taza de chocolate. Es uno de los tantos postres que preparan justo aquí. En el Kilómetro 0 llevan 125 años elaborando recetas tradicionales. Lo artesano es parte de la historia de este lugar.

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Epicentro de turistas y madrileños. Los que nos hemos criado con ella, disfrutamos redescubriéndola en cada visita. Los que la conocen por primera vez, repiten. Aún no ha amanecido. El equipo del obrador ya está en marcha. De estos hornos salen a diario las napolitanas de crema y chocolate.

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Los maestros reposteros elaboran durante todo el día las pastas de té, la tarta de trufas, las bambas de nata, el ponche de yema, las napolitanas, las trufas o las tradicionales palmeras de chocolate. (Y así hasta más de 200 referencias). Cuando llega Navidad, el escaparate se llena de Roscones de Reyes. Y en San Isidro, no faltan las tradicionales Rosquillas.

El origen: una isla

Todo empezó en la próxima calle Jacometrezo. Hablamos de 1894. Poco después, La Mallorquina llega a la plaza más telegénica de todo el país.

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Hoy, la tradición sigue siendo la filosofía de la casa. Hace más de un siglo, en esta pastelería los madrileños veían por primera vez las ensaimadas. Tres mallorquines traían los productos más típicos de su tierra junto al Oso y el Madroño.

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Sus vitrinas y escaparates eran tan golosos como ahora. Barquillos, Torteles, Rusos y colecciones de Bombones. Tan frescos que en esta pastelería centenaria no hay congeladores. Lo que sobra al final del día, lo donan a instituciones benéficas. Y fue así como este lugar se ganó un más que merecido prestigio. Con aquellos camareros vestidos de frac que sugerían a los clientes delicias elaboradas con técnicas francesas. Hoy, seguimos quedándonos embelesados antes sus escaparates. Y no es para menos. Los turistas se hacen fotos en la puerta. Es parte de la idiosincrasia de esta plaza.

La Mallorquina, más allá del sol

Este cumpleaños lo celebran con dos nuevas aperturas. Los dulces artesanos llegarán a dos nuevas tiendas. Una, en el barrio de Salamanca. Será a partir de septiembre. Al igual que la de Sol, contará con un obrador propio. Misma carta que en el Kilómetro 0. Sabores para el recuerdo de los que seguimos disfrutando. La otra, en el barrio del Rastro. Será a partir del 21 de julio cuando La Mallorquina llegue a uno de los rincones más castizos de la ciudad.

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Estamos en el origen de todo. El gentío es parte de esta pastelería. Antiguos servilleteros para los que queremos disfrutar de este momento dando un paseo por los alrededores. No hay take away más centenario en toda la ciudad que esta confitería de siempre en la esquina de la calle Mayor.

Goyo Conde

Arriba, el Salón del Té. Un espacio que rebosa personalidad por los cuatro costados. Desde aquí, las vistas son las de los luminosos que inundan la plaza. Abajo la estación de metro. Sol. Línea 2. Antaño, desde esta primera planta; el paisaje era tan distinto que cuesta creer que sea el mismo. Los caballos tiraban de carruajes. Y las mujeres se paraban en la puerta de la pastelería a charlar animadamente. El metro, del que salen cientos de personas cada día, no existía por aquel entonces.

Tertulias muy dulces

Luego vendrían las tertulias. Ortega y Gasset, Pío Baroja, Benito Pérez Galdós, Gómez de la Serna o Juan Ramón Jiménez. Personajes conocidos y miles de anónimos la llenaban cada día. Nos cuentan que al autor de Platero y Yo le encantaban los torteles de la casa. Con el tiempo, muchos de estos dulces cambiaron. Tocaba renovarse.

Goyo Conde

Hoy nos reciben esa característica marquesina de granito, la muñeca rosa con delantal de repostera y unas letras que llevan aquí décadas. LA MALLORQUINA. Ya lo dicen los toldos: desde 1894.

Puerta del Sol, 8. Madrid.