Limbo, el asador del nuevo Bastardo Hostel

El barrio de Malasaña tiene nuevo vecino, se llama Bastardo Hostel y viene a revolucionar un poco la zona. ¿Lo mejor? Su propuesta gastronómica, el asador Limbo.

Macarena Escrivá
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Foto: David Salazar

Hace apenas unos meses se inauguraba en la ciudad un nuevo concepto de alojamiento. Abría sus puertas el Bastardo Hostel, un establecimiento diferente a los demás. Tienen la lavandería más instagrammeable de todo Madrid, una terraza en las alturas donde practicar yoga, habitaciones desde 2 a 6 personas y un lobby en el que pasa de todo. Y nos referimos a que en este espacio diáfano, presidido por una pequeña recepción, tienen lugar todas las actividades de un hostel sin igual. Aquí pasan cosas y es que Bastardo se ha convertido en un punto de encuentro de madrileños y visitantes, muy a modo de epicentro cultural en el que se suceden propuestas de arte, música, sesiones DJ, clases de swing, artes escénicas, tecnología y, por supuesto, gastronomía. Y aquí es donde nos encontramos con Limbo (San Mateo, 3).

Mesas de trabajo en la cocina del restaurante Limbo. | David Salazar

A pesar de lo que su nombre pueda indicar, no es el lugar donde quedan las almas perdidas y tampoco ese lugar donde no te enteras de nada de lo que pasa. Más bien tiene relación con el juego tan divertido que nació en la isla de Trinidad y en el que tienes que poner de manifiesto tu flexibilidad y ganas de pasarlo bien. Y es que en el asador Limbo, el fin de todo es pasarlo muy bien.

Concebido como un espacio industrial, de grandes ventanales y estructuras de acero, Limbo se postula como una de las novedades más interesantes de la temporada. De la mano del prolífico grupo gastronómico La Musa, nace la idea de montar un restaurante concreto y conciso. Y de eso se ha encargado el chef argentino Javier Brichetto. En Limbo presiden el espacio dos grandes hornos donde -casi- todo se cocina. "La gran novedad es la parrilla que hemos creado en exclusiva junto a un experto en este tipo de maquinaria. Quisimos que se pareciera a un camión cisterna, aunque de aspecto rústico y funcional. El proceso es el de antaño, cuando se cocinaba con madera, hierro y fuego", comenta el chef.

Tomates a la brasa de Limbo. | David Salazar

¿El rey de la carta? El pollo asado. Pero no un pollo asado cualquiera, sino una interesante pieza que marinan con ají panca y chipotle y asan hasta que alcanza su punto perfecto. Alrededor del protagonista indiscutible, han creado una carta breve y genial. Porque ya sabes eso que dice de que "lo bueno, si breve, dos veces bueno". Antes de hincarle el diente al famoso pollo, puedes pedir unas cremosas croquetas caseras de jamón y pollo, un queso provolone a la chapa con pimientos asados o, ahora que aprieta el calor, un salmorejo de tomates a la brasa -sí, a la brasa- con ensalada fresca de verano.

Pero no solo de pollo vive el hombre y en Limbo han pensado otras tres opciones de plato principal para satisfacer a todos los paladares. Además del pollo que puede pedirse como mitad o pieza entera, la carta se completa con un bocadillo de brisket con tomate asado, pepino, lechuga y salsa criolla, metido en un delicioso pan de pueblo, unas costillas de cerdo ahumadas durante siete horas con salsa BBQ Jack Daniels o una hamburguesa con queso fundido y chimichurri.

Hamburguesa con quedo fundido de Limbo. | David Salazar

Adereza cualquiera de sus platos con las guarniciones. ¿Nuestras favoritas? Lo tomatitos a la brasa con perejil y aceite de ajos asados y la patata asada de feria. También puedes pedir una ensalada clásica de lechuga y cebolla -para rebajar-, un arroz caribeño con frijoles o espinacas que gratinan con queso Havarti. Sea como sea, Limbo te va a gustar, y mucho.

La mejor opción para maridar sus delicias, son las cervezas artesanas que sirven, cualquiera de las que emanan de los tiradores del centro del restaurante o la suya propia, la Bastarda, una Pale Ale fresca y perfecta.

Si eres goloso, encontrarás en sus postres el final feliz. Hay para todos los gustos. ¿Algo cítrico? Entonces pedirás su lemon pie con galleta de mantequilla y merengue quemado. ¿Chocolatero? Entonces para ti el postre ideal es el mug cake de chocolate con helado de vainilla o la tarta cremosa de chocolate blanco con fresas estofadas y espuma de violetas. Como homenaje del chef a su tierra, el colofón final lo pone un flan de dulce de leche con espuma de queso de cabra.

¡Para chuparse los dedos!