Si te gusta el chocolate… entonces Opatija podría ser tu pecado…

Hacemos apología de uno de los mayores placeres para el paladar

José Miguel Barrantes Martín
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Foto: iascic / ISTOCK

Empezamos a empaparnos con el mes de diciembre y el ambiente navideño y qué mejor forma de hacerlo que en torno al chocolate, una de las estrellas gastronómicas de estas fechas, junto con otras tan apetecibles con la entrada del frío como los turrones o las castañas. Tomar un buen chocolate caliente durante estas jornadas es, sin duda, uno de los momentos clásicos de este periodo. Un placer que se multiplica durante los primeros días de diciembre en Opatija, donde se celebra cada año uno de los festivales más importantes de Europa con el chocolate como protagonista.

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Ponemos toda nuestra atención a esta espléndida ciudad croata conocida como la «Niza del Adriático» para deleitarnos con la experiencia de este festival y dejarnos atrapar por la tentación de este dulce pecado que es el chocolate.

Un festival para los cinco sentidos

El Festival del Chocolate de Opatija va enfilando un nuevo lustro de dedicación al chocolate para llegar a acumular dos décadas a sus espaldas. Un festival con solera en la ciudad croata, habiéndose convertido en este tiempo en el más importante de la población. Durante los inicios de diciembre y proyectado en 2020 para este fin de semana – hay que tener en cuenta la incidencia este año de unas circunstancias excepcionales -, Opatija acoge a las mejores marcas chocolateras del país, junto con algunos participantes internacionales, con especial presencia de su vecina Eslovenia.

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Un festival que nos regala una amplísima variedad de postres y bebidas hechos a base de este alimento, en una muestra que abarca los cinco sentidos, gracias a las múltiples actividades que se desarrollan dentro del evento. A la exhibición principal en el carismático Hotel Kvaner, donde las marcas presentan sus productos, en años anteriores se han unido talleres, degustaciones, maridajes, conciertos, teatros, mercados, competiciones, proyecciones de cine, platos especiales en locales de restauración, actos en museos y colegios… todo ello con el chocolate como temática y orientado tanto a un público adulto como infantil.

El aroma a chocolate que se respira por las calles de Opatija armoniza con la decoración que lucen durante estos días las calles de la ciudad, que no dejan lugar a dudas de la celebración del evento.

Chocolate junto al mar…

Opatija es una pequeña ciudad balnearia de la península de Istria, situada en el extremo más septentrional de la extensa bahía de Kvaner. Una población pesquera con apenas un puñado de casas que pasó desapercibida hasta que, a mediados del siglo XIX, el comerciante Higinio Scarpa – de la vecina Rijeka - se enamoró de este rincón del mar Adriático creando aquí una impresionante villa y hermosas zonas verdes, atrayendo posteriormente a reyes, aristócratas, artistas y acaudaladas personas de la sociedad europea del momento, convirtiéndose además en una referencia en el turismo relacionado con la salud y en la precursora del turismo vacacional en la costa dálmata.

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Higinio Scarpa, a su llegada a Opatija, comenzó plantando robles para embellecer el entorno, creando así una tradición entre los marineros que llegaban a estas tierras, consistente en plantar ejemplares de otras especies traídas del resto del mundo. Es así como, en la actualidad, los parques de la ciudad son pequeños jardines botánicos en los que es posible observar plantas de todo tipo, destacando las palmeras y las camelias japonesas, convertidas en el símbolo de esta villa costera croata.

La icónica imagen de la escultura de La joven de la gaviota, situada en una roca sobre el litoral, parece invitarnos sutilmente a levantar el vuelo sobre Opatija y admirar lo mucho que tiene para ofrecernos junto con sus afamados hoteles como el Grand Hotel Kvaner, el más antiguo de la costa croata. Lo más destacable, por encima de bellas e interesantes iglesias, son seguramente las preciosas villas – algunas reconvertidas en hoteles -, con la villa Angiolina a la cabeza – mandada construir por Higinio Scarpa en homenaje a su mujer – que, junto con sus jardines, forma el punto de mayor atracción turística de Opatija. Convertida en la actualidad en museo, es la punta de lanza de un estilo muy diferente al que podamos encontrar en otras célebres ciudades de la costa dálmata.

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Además, toda visita a Opatija no puede dejar pasar de lado uno de los imprescindibles de la zona, el paseo Lungomare, un encantador paseo marítimo de doce kilómetros que une las localidades de Lovran y Preluka.