Viaje por España a través de sus dulces

Hoy se celebra el Día Mundial del Postre. Repasamos lss recetas tradicionales de nuestra geografía: arroz con leche, crema catalana, tarta de Santiago...

Estela Pérez
 | 
Foto: anyaivanova / ISTOCK

La gastronomía de España es una de las más apreciadas en todo el mundo. Desde el boom de la dieta mediterránea, las cocinas españolas han ido refinándose y perfeccionándose en manos de chefs de amplio renombre internacional. Basada en ingredientes frescos y naturales, la cocina de autor suele coincidir en un mismo punto de partida: los recuerdos de los platos típicos del hogar. Y es que las recetas de toda la vida, ejecutadas con sabiduría y cariño por nuestras abuelas entre fogones y pucheros son, al final, las más irresistibles. Un menú en condiciones no estaría completo sin un suculento postre como broche final. El paladar también los agradece en desayunos, meriendas o como un merecido homenaje en un picoteo entre horas. De norte a sur, la repostería de España es absolutamente tentadora. Estos son los dulces típicos más suculentos de España

La cocina gallega se precia de ser consistente y sabrosa, algo que comparte con sus postres. Buen ejemplo de ello son las filloas, una especie de crêpe que se hace con una base de harina, huevo, caldo o leche, espolvoreada finalmente con azúcar o miel. Su interior se rellena con cremas dulces de nata, chocolate, membrillo, etc. Suelen comerse en época de Carnaval. Pero el dulce gallego por excelencia es la tarta de Santiago. Según aseguran los expertos reposteros, nació en Portomarín, aunque se extendió rápidamente por todas las cocinas compostelanas. Este postre que endulza y aporta energías a los peregrinos del Camino de Santiago, se puede encontrar en casi todos los puntos que recorre la ruta jacobea. Su textura esponjosa se consigue con una mezcla de almendras molidas, huevo, azúcar y manteca, con variantes que incluyen canela, ralladura de limón o aguardiente. El toque final lo aporta el azúcar glas espolvoreada a modo de cobertura sobre una plantilla con la cruz de Santiago

Proformabooks / ISTOCK

Los cántabros están muy orgullosos de su dulce más conocido: el sobao pasiego. Jugoso, rotundo y dulce, el sobao es un producto sencillo pero extremadamente sabroso, nacido entre los valles pasiegos donde la leche de vaca es fresca como ninguna. Aquí es precisamente donde reside su secreto: la mantequilla con la que se elabora lo hace delicioso. Los auténticos sobaos pasiegos se hacen a mano, con altas dosis de paciencia y cariño, consiguiendo una bollería tan tierna que se deshace al primer toque y al contacto con la leche. La quesada es otro de los manjares que sólo se encuentra en Cantabria. Sus ingredientes son la leche de vaca cuajada, mantequilla, harina de trigo, huevo y azúcar, aromatizado con un toque de limón rallado o canela en polvo.

chekyfoto / ISTOCK

La vanguardia culinaria vasca se ha ganado el respeto y admiración de la comunidad internacional. Sus dulces típicos, por supuesto, también hacen las delicias de los comensales. La pantxineta es un pastel -o pastelillos, depende del gusto del cocinero- de hojaldre con un corazón de suave crema pastelera. Se espolvorea con almendra molida tras su horneado, de modo que continúe tibio a la hora de comerlo. Mención especial merece también el goxua, un postre típico de Vitoria que se presenta en cuencos o en forma de pastel. Este delicioso dulce se elabora con nata, bizcocho, crema pastelera y caramelo líquido. 

Algo más al este, encontramos las famosas frutas de Aragón, siendo Calatayud el municipio donde están más arraigadas. Estos trozos de fruta en almíbar saturadas de azúcar se remontan hasta la época del Imperio Romano. Manzanas, higos, naranjas, cerezas… se endulzan hasta límites aptos sólo para los más golosos, para luego recubrirlas de de chocolate. Su consumo se dispara en Navidad, siendo elemento indispensable en los roscones. En la misma época, salta a la palestra el guirlache, un dulce aragonés elaborado con almendra repelada y tostada, miel y anís en grano. La ruta por los dulces de Aragón requiere una parada en el Maestrazgo. Sus tradicionales pastas tienen ‘Marca de Calidad Alimentaria’, y se diversifican entre el cariñol, la alojábana, el almendrado y el mantecado, todos perfectos para acompañar una buena taza humeante de café con leche.

Proformabooks / ISTOCK

La crema catalana es tan sencilla como deliciosa. Hecha a base de crema pastelera con huevo, la cremosidad contrasta con su cobertura de azúcar tostada, crujiente e intensa. Es un postre concebido para fiestas concretas, en especial, el día de San José. Se consume por toda Europa aunque, por supuesto, Cataluña es su cuna indiscutible. Allí mismo, merece la pena pararse a probar los panellets. Se cree que proceden de la repostería árabe, debido a su composición a base de almendras. Aunque existe una amplia gama de sabores, los más típicos se hacen con piñones. Se preparan para comerlos el Día de Todos los Santos. 

Un clásico que nunca puede faltar en las mesas navideñas es el rico turrón de Jijona. La receta original, elaborada en este municipio de Alicante, es una armoniosa mezcla de almendras tostadas, azucar glas, miel, huevo, limón y canela. 

Las Islas Canarias tampoco se quedan atrás en el mundo repostero. El frangollo abandera el ranking de los postres canarios, en especial en la isla de Tenerife. Elaborado con almendras y harina de maíz de grano grueso y cruda, según la receta, aparecen variantes con leche, agua, matalaúva, etc. El culmen del dulce es el polvito uruguayo. Aunque no es originario de Canarias, el archipiélago lo ha adoptado con ganas dentro de su cocina. A la masa madre de dulce de leche y queso crema, se le van superponiendo capas de galleta, suspiros de Moya triturados -unos merengues típicos de la población homónima de La Palma- y nata. 

imv / ISTOCK

Asimismo, las cocinas de la huerta murciana ofrecen sus peculiares dulces. Los más conocidos son los paparajotes, elaborados con hojas de limonero recubiertas con una masa que se fríe y se espolvorea con azúcar en polvo y canela. Unos dulces perfectos para acompañar con un buen café de puchero.

Es imperdonable pasar por las Islas Baleares y no probar sus deliciosas ensaimadas. Este producto de repostería tiene unas raíces bien arraigadas en Mallorca, lugar donde se encuentran sus primeras referencias en el siglo XVII. Dependiendo de la presencia de relleno, se establecen dos tipos según la Indicación Geográfica Protegida: la Ensaimada de Mallorca o la de cabello de ángel

olindana / ISTOCK

Aunque en Madrid se pueden encontrar dulces de prácticamente todo el mundo, la esencia de lo castizo se enrosca en sus rosquillas. Llamadas tontas y listas, junto con las francesas y las de Santa Clara, son de los más famosos productos gastronómicos típicos de las Fiestas de San Isidro. Pero no hay nada que guste más a un verdadero chulapo que los barquillos, muy presentes también en San Cayetano, San Lorenzo y La Paloma. Ligeros y sabrosos, apenas quedan obradores históricos que los elaboren, aunque es fácil encontrarlos entre los rincones de un domingo de Rastro o en la Plaza de Oriente. 

Recorriendo Castilla-La Mancha aparecen los miguelitos de La Roda, un dulce típico albaceteño hecho a base de fino hojaldre, relleno de crema y espolvoreado con azúcar glasé, que normalmente se acompaña de café, orujo, miel o sidra. En Guadalajara, el punto dulce lo ponen los bizcochos borrachos, cuya consistencia blanda y pringosa se consigue con un baño de almíbar  hecho de vino blanco, ron u oloroso de Jerez. Además de un dicho popular, la miel sobre hojuelas es un imprescindible en la Cuaresma y Semana Santa manchegas. Se trata de un ejemplo de ‘frutas de sartén’, una elaboración de masa de pastelería que se fríe en aceite de oliva, para después cubrirlo de una sabrosa capa de azúcar y miel. 

Las perrunillas extremeñas derivan de una receta de tortas que hacían los pastores durante la trashumancia. La masa se elabora con harina, huevo y azúcar, mientras que el característico toque aromático lo aportan el anís dulce, la naranja y la canela. 

MarcosMartinezSanchez / ISTOCK

De paso por Granada, hay que dejarse llevar por el pionono. Este pastelillo, creado en el municipio de Santa Fe, es una fina lámina de bizcocho enrollado bañado en líquido muy dulce y coronado con crema tostada. El resultado es un pastel de textura agradable y fresca, que se puede comer en uno o dos bocados.