Solo de Croquetas. El bar donde probarás las croquetas de paella

De primero; croqueta. De segundo; croqueta. Y de postre; unas croquetas. No nos hemos vuelto locos. Es la propuesta de Solo de Croquetas. El nuevo local en Madrid que ama la croqueta por encima de todas las cosas. Y lo demuestra. Con creces. La de chipirones en su tinta compite con la de menestra riojana y la de Oreo. Dura competición. Nadie dijo que elegir fuera fácil.

Yolanda Guirado
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Foto: www.shutter.es

En la pared cuelga el mapa croquetero. Aquí una cosa queda clara, el culto a la croqueta se vive en España apasionadamente. La de cocido, por Madrid. Homenaje a Valencia con la croqueta de paella. La de zarangollo rinde homenaje a Murcia. Y así hasta un total de 25 variedades. De bacalao al Ajoarriero. De Morcilla con Manzana. De Botillo. De Calamares en su Tinta. Suma y sigue. 

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No busques carta. Porque no tienen. En una pizarra leemos las sugerencias. Muy cambiantes. Pollo al chilindrón. Callos a la madrileña. Oreo con chocolate blanco. Brownie vegano. No. No hemos cambiado de tema. Son algunas de las croquetas que también podemos probar aquí. Las dulces triunfan entre los clientes que repiten. Las tomamos de postre. Arriesgamos. Y nos encantan.

¿Croqueteamos?

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Y es que con ese amigo de la infancia podrías hacer cualquier cosa. Hasta montar un bar solo de croquetas. Y eso fue lo que les pasó a Javier y Eduardo. Desde los tres años viviendo, compartiendo. Hasta que un día pensaron: ¿Por qué no? Y de esa pregunta al aire nace un proyecto único. Bueno, de esa pregunta y de su pasión por las croquetas. Y de los cientos de viajes que han hecho juntos.

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En Asturias y disfrutando de un cachopo 10. Así nace Solo de Croquetas. Y tú, ¿Cuál es la croqueta más rara que has tomado? ¿Te imaginas una croqueta de Cachopo? Dime una croqueta que se te ocurra. La más rara avis. Y así fue como empezaron a surgir sabores. Extravagantes. Divertidos. Salados. Exóticos. Dulces. Deliciosos. Muy croqueteros.

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En esta tasca del siglo XXI, las croquetas son caseras. Las preparan en un obrador. Entre dos y tres días necesitan para cada sabor y no tienen gluten. Y por más que preguntamos entre croqueta y croqueta, no podemos saber más.  Es lo que tienen los secretos de la cocina. Que con una cerveza bien fría se digieren mejor. Explosión de tradición gastronómica.

Los Crocktails, redondos

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Dulces. Saladas. De queso. Carne. Pescado. Una cata de croquetas para disfrutarlas todas. Las preparan todos los días y hay diferentes tipos. Muy buena idea para los que queremos probarlas todas. Cada cata incluye ocho croquetas diferentes y una selección de 4 vinos. Una proposición muy indecente para los amantes de las croquetas. Solo una condición; hay que reservar por adelantado. 

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Para chuparse los dedos. Esta idea solo puede surgir en un local donde leemos “Yo voy donde sea si hay croquetas.” Se nos ocurre que a la frase le faltaría la última parte: “y macerados croqueteros”. Porque aquí las noches redondas se maridan con uno de los Crocktails. 

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Si eres de los que no puedes decir no a los postres de nuestras abuelas, esta es tu croqueta: la de arroz con leche. Un postre para disfrutar con un vodka con frutos rojos y una croqueta de cheesecake con frambuesa. Una ginebra con cardamomo y laurel y una croqueta de soja y otra de pisto manchego. El ron con menta, romero y lima marida con la de mojón picón. Un guiño a Canarias que no podía faltar. Solo unas croquetas podían dar tanto que hablar.