Comer y beber en Berlín: sus restaurantes de moda

En la capital de Alemania hay grandes ejemplos de cocinas como las de Turquía y Oriente Medio, inusuales en otras grandes ciudades europeas. La capital “que más decide” en el continente vive un flujo de viajeros que la hacen irrevocablemente cosmopolita. Las calles de Berlín, sin embargo, revelan la pasión local por el genuino codillo nacional, las albóndigas y unas salchichas que guardan nulo parentesco con las habituales en un supermercado español. De todo ello damos debida cuenta al viajero con ganas de comer bien, advirtiéndole de que se prepare para ganar unos kilos si se deja llevar por esos rotundos manjares y por la costumbre local de desayunar con cerveza. Estos restaurantes son un buen comienzo.

José Costa
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Redacción Viajar

Popular y sustancioso .Decorado con dibujos y pinturas que relatan viejas historias, el restaurante más antiguo de Berlín concentra todos los tópicos que un viajero debe experimentar para “sentir en alemán”. Las mesas de este edificio de 1521 varias veces remodelado han servido a figuras como Napoleón o Máximo Gorki frente a la estufa de azulejos con 200 años de antigüedad. 

Por qué es especial. Aquí el verdadero propósito es arremangarse para un homenaje de cocina popular sustanciosa, sin florituras ni finezas, pero con todo el sabor local. Ponerse tibios de codillo asado a la berlinesa, albóndigas, patatas y cerveza, todo ello en grandes cantidades, a precios asequibles y con un servicio que te hace sentir en casa. (Waisenstrasse, 14-16)  

Lorenz Adlon Esszimmer

Redacción Viajar

Un placer histórico. Visitar un hotel tan mítico contemplando el mayor símbolo berlinés por la ventana (la Puerta de Brandeburgo) ya justificaría la reserva como evocadora inmersión en la historia de la ciudad, pero el marco no lo es todo y este hotel Kempinski se preocupa de estar al máximo nivel gastronómico de la ciudad.

Por qué es especial. Su chef, Hendrik Otto, lleva 16 años conservando las estrellas Michelin que cosecha en los restaurantes que ha dirigido. Se crió cultivando frutas y verduras, por lo que las trata con especial amor, y en sus menús que cambia cada mes da una impronta creativa a carnes como el venado, el hígado de oca o las costillas de vaca. Su espléndida carta de vinos se ajusta a cada elección. Solo abre para cenas. (Unter den Linden, 77)

Cervezas artesanas, “didácticas” y para desayunar 

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La cantidad de rutas posibles por las cervecerías de cada barrio son un atractivo único en la ciudad de Berlín. Con permiso de Munich, si un alemán consume una media anual de 104 litros de “champán del norte”, como la denominaban los soldados napoleónicos, el mayor porcentaje de las cinco mil variedades diferentes que produce el país corresponde a marcas artesanales. Y solamente en Berlín ya se identifican doscientas pequeñas fábricas de estas cervezas, un negocio en alza para emprendedores hipsters.

Privatbrauerei Rollberg

En la ciudad donde pubs y restaurantes cuentan con su propia marca, muchos comienzan el día desayunando una Pilsen ligera de Schultheiss, Berliner Kindl o Engelhardt, que alegran con un chorrito de aguardiente. Las cervezas autóctonas de gama media son la Berliner Weisse en sus tres tipos: ein rotes (roja y azucarada con sirope de frambuesa), ohne schuss (dorada original) y ein grünes (verde por contener asperilla), y la Berliner Pilsner, que es ligera, refrescante y de las pocas que permanecieron del Este comunista por su buena calidad y aceptación popular.

La Privatbrauerei Rollberg, situada en la antigua fábrica de la Berliner Kindl, en Neukoelln, es un caso de “cervecería didáctica” que divulga el talento nacional para esta bebida. ¡Pero cada barrio tiene las suyas!

Charlotte & Fritz 

Redacción Viajar

Solo el mejor producto local. El recientemente inaugurado Casual Dining Restaurant en el hotel Regent Berlin recuerda a la cultura de salón del Berlín del siglo XIX con su ambiente elegante pero informal. El bulevar Unter den Linden, la Puerta de Brandeburgo y la Friedrichstrasse, con sus exclusivas boutiques, están a solo unos pasos.

Por qué es especial. El sello particular del chef Jörg Lawerenz consiste en armonizar las especialidades locales con influencias culinarias internacionales. Está orgulloso de sus carnes perfectas y de trabajar solo con los más prestigiosos proveedores locales como la panadería Domberger Brotwerk, la granja de truchas 25 Teiche, cafés de The Berliner Kaffeerösterei y los lácteos de la firma Lobetaler. (Charlottenstrasse, 49) 

Más que codillo y salchichas

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La principal exigencia del alemán sobre el comer se puede llamar sin rubor “contundencia”. El amor por la carne forma parte del ADN nacional y las calles de su capital nos hacen pensar en un Eisbein, el famoso codillo de cerdo con chucrut en versión local (aunque sea de origen bávaro), o en los puestos ambulantes de salchichas con más variedades que la clásica bockwurst, donde se devora la muy berlinesa currywurst, con ketchup y curry en polvo.

Las albóndigas de carne (boulette) y los filetes de cerdo ahumado (kasseler), parecidos a nuestras chuletas de Sajonia, o empanados de cerdo, pollo y ternera (schnitzel) certifican la intensa dieta carnívora de la ciudad. Tampoco dejan pasar un buen asado de ganso con col verde.

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La patata en ensalada (kartoffelsalat) o en sopas y cremas (kartoffelsuppe) es otro fijo en los menús que dificulta conservar la línea.  El elemento acuático está representado por las carpas del río Havel y el omnipresente arenque enrollado con pepinillo de aperitivo (rollmops) o frito en marinada de vinagre (brathering) como plato cotidiano, sin olvidar la anguila verde (aal grün) por el color de sus hierbas aromáticas, la perca en salsa de cerveza o el lucio asado con bacon.

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Sobre esta sólida base local, Berlín abre las opciones de una ciudad cosmopolita con numerosas comunidades turcas y árabes desde donde se expandió por Europa el döner kebab y se encuentran los mejores hummus, falafel y msabbaha de Oriente Medio, siendo la ciudad elegida por la
cadena Benedict para abrir su primera
filial fuera de Israel. 

Como prueba de la permeabilidad internacional de Berlín, baste decir que su chef Tim Raue, el único que ha logrado incluir su restaurante homónimo entre los 50 mejores del mundo, se dedica a la cocina asiática.

Nobelhart & Schmutzig

Redacción Viajar

Para una cena trendy muy berlinesa. Llegó para cubrir un vacío en la alta cocina de la ciudad, que ofreciendo todas las posibilidades internacionales había descuidado la berlinesa. Solo usan productos de la capital y sus alrededores, marcándose como límites máximos Mecklenburg-Vorpommern, Brandeburgo y el mar Báltico.

Por qué es especial. Se le compara con el Noma danés, pero con apariencia de Art Food Bar urbano. No hay carta sino un menú fijo de diez platos que son auténticos viajes por la cocina actual, con los nombres básicos de los alimentos locales: lucioperca, rábano picante, anguila con lombarda, cordero y zanahorias... Su sofisticada elaboración contradice esta parquedad expresiva. Solo para cenar. (Friedrichstrasse, 218)

Pauly Saal 

Redacción Viajar

La delicadeza del contraste. Resulta fascinante tener aquí una gran experiencia gastronómica, en lo que fue un gimnasio de colegio femenino judío que aún se adivina tras el rediseño que lo convirtió en restaurante vanguardista de moda. Un decorado que parece salido de una película del director Wes Anderson.

Por qué es especial. Las elaboraciones del cocinero Arne Anker son únicas en lograr sabores sutiles y combinaciones de texturas. Por ejemplo, puede unir la exótica calabaza roja Hokkaido a la brasa con la sandía en un plato que además incluye semillas, un curry con anís estrellado, crema de setas y vinagreta de melón alrededor de un pescado de agua dulce como el siluro. (Auguststrasse, 11-13)