Cinco planes gastronómicos en La Mancha

La Mancha presume de poseer una cocina recia, noble y llena de sabor. Y lo demuestra en especial en días fríos como estos donde el recetario nos recuerda los platos de cuchara y caza. Junto a su vino y su famoso queso despunta una dulce y golosa repostería.

Carolina Oubernell
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Almagro y los duelos y quebrantos

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Almagro es la joya de una corona que bordan otros poblachos del Campo de Calatrava. Pasear por los soportales de su plaza Mayor es hacerlo a alguna de las viandas más suculentos que da la tierra. Las muchas tiendas de ultramarinos que abren sus puertas a diario sacan a la calle las famosas latas de berenjenas aliñadas, además de los acreditados quesos puros de oveja.

A buen seguro que algún vecino de la plaza le cuenta uno de los secretos mejor guardados de Almagro: La receta de los duelos y quebrantos. Con este evocador nombre se conoce a uno de los platos más apreciados del Campo de Calatrava. Los duelos y quebrantos son un revuelto de huevos salteados con torreznos, masa de chorizo y suavizado con sesos de cordero.

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El sur y los vinos

El sur de La Mancha está cicatrizado por campos de cepas. Desde tiempos ancestrales el hombre cultivó la vid al tiempo que levantaba inexpugnables fortalezas y suntuosos palacios. En estas tierras tuvo su sede la Orden de Calatrava, la más antigua de las cofradías militares españolas.

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Morada de una exquisita cocina que compagina los recios pucheros de cuchara con los platos de huerta. Y todo ello regado por un vino que cada día cobra mayor fama y prestigio. Atrás quedaron los caldos peleones de Valdepeñas. Hoy no existe un buen aficionado al vino que no tenga en su bodega algunos de los muchos títulos que por estos pagos se elaboran.

 

El campo de Calatrava y los platos de cuchara 

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La cocina del Campo de Calatrava tiene un acento humilde. Como buena comarca pastoril cobran importancia las migas, las gachas, la caldereta de cordero o el gazpacho manchego. Además, la gastronomía popular ha conseguido bordar platos como la olla podrida, un guiso de gallina, carnero y garbanzos. O el tiznao, un guisado de bacalao con patatas. Pero son las migas las que más predicamento tienen, en especial en estos días fríos y próximos al invierno. Se elaboran con pan de días anteriores, ajos, pimientos fritos y toda suerte de embutidos como chorizos, morcillas y pancetas. 

Manzanares y la repostería

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No solo por sus exquisitos quesos es conocida Manzanares. La repostería no se ha quedado atrás. Por el contrario, el manchego se aprecia de ser goloso. Lo demuestran postres como las tortas de mosto y manteca, los pestiños, las flores de azúcar o la leche frita.

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Manzanares, resumida en su iglesia parroquial y su hermosa plaza mayor, tiene su recetario tradicional. En los obradores se hornean mantecados de vino, torrijas de Semana Santa, hornazos con huevo duro o bizcochos borrachos.

Las Tablas de Daimiel

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Situadas en el centro geográfico de La Mancha, las Tablas de Daimiel son el último testimonio de los humedales que en otros tiempos se extendían por buena parte de la llanura central de la Península Ibérica. Su perímetro protegido ocupa 1.928 hectáreas. Este mosaico natural acoge en sus zonas encharcadas una vegetación palustre de gran valor para la fauna acuática. Las aves son las mayores protagonistas de este humedal.

En los pueblos que rodean este tesoro ecológico se elabora una cocina inspirada en platos de caza como la perdiz. El ave se cocina encebollada o en escabeche y ha cobrado un delicioso protagonismo en los últimos años su paté, que se inventó algo más abajo, en la ciudad jiennense de La Carolina.