Cinco ciudades europeas para comer muy rico

Aunque poco se sabe de sus atributos culinarios, estas bellas metrópolis son toda una sorpresa para el paladar.

Noelia Ferreiro
 | 
Foto: martin-dm / ISTOCK

Agraciadas con hermosos cascos históricos, entregadas a la cultura con mayúsculas, exponentes de una fantástica animación… pero sobre todos sabrosas. Así son estas ciudades del Viejo Continente cuyas gastronomías, discretas y desconocidas, tienen sin embargo mucho que decir. Son urbes para disfrutar de sus muchos atractivos, pero también para comérselas.

Cerveza y salchichas en Nuremberg (Alemania)

Alex / ISTOCK

Claro, porque estamos en Alemania. La ciudad con mayor densidad de cervecerías del país presume de la particularidad de sus salchichas fritas Bratwurst, más pequeñas que en otros rincones germanos. Hay que probarlas porque son deliciosas.

Para ello están los puestos desperdigados por todos los rincones donde los locales incluso hacen cola. Quienes prefieran mesa y mantel, uno de los restaurantes más típicos es Goldenes Posthorn, en pleno centro, especializado en cocina tradicional francona. También se pueden degustar en Das Steichele, donde además de la omnipresente cerveza, hay que atreverse con un buen vino de la región (que también los hay y muy ricos).

Ambiente cool en Cracovia (Polonia)

martin-dm / ISTOCK

Comer en cualquiera de los múltiples restaurantes que se agolpan en esta ciudad polaca significa contagiarse de su maravillosa atmósfera. Prueba de ello es el centro de Kazimierz, constituido por la plaza Szeroka (es más bien una calle muy ancha), donde el restaurante Once upon a time (Szeroka, 1) recrea las casas judías, tal y como eran antes de la guerra. Pero nada hay como la Plac Nowy, el alma de Cracovia, donde hierve la animación juvenil: cafés, barecitos, puestos de comida, locales de moda…

En sus alrededores no hay que perderse la cafetería Singer (Estery, 20) cuyas mesas son máquinas de coser; Nova Resto Bar, popular restaurante con decoración vintage y Moment con relojes por aquí y por allá (incluidos los famosos de Dalí) para que el tiempo pase más despacio. 

Menús bio en Liubliana (Eslovenia)

RomanBabakin / ISTOCK

La capital de Eslovenia, que ostentó la capitalidad verde europea hace apenas unos años, presume de su lado más bio en lo que a alimentación se refiere. Para ello está el Mercado Central en un edificio del famoso arquitecto Plecnik (desde fuera se semeja a una muralla medieval mientras que dentro recuerda a la Gracia clásica) con los contiguos tenderetes al aire libre de frutas y de verdura.

También en este espacio, cada viernes, tiene lugar la Odprta Kuhna o Cocina Abierta, donde restaurantes de todo el país ofrecen un menú saludable en puestos en plena calle. Organic Garden, por ejemplo, propone comida vegetariana, mientras que Green Republic sirve deliciosos smoothies completamente naturales.

Cocina de la mamma en Bolonia (Italia)

lechatnoir / ISTOCK

Esta bellísima ciudad italiana es toda una tentación para el placer del estómago. Para comprobarlo, basta con tomar el aperitivo en el barrio-mercado del Cuadrilátero, la zona medieval, repleta de bares, restaurantes y tiendas donde comprar productos tradicionales. Puede ser en la Ostería Il Sole, la más veterana, en la que nada ha cambiado desde hace 500 años (incluida su regla de servir sólo vino, ni siquiera agua); o en la más moderna 051, donde acuden los jóvenes para acompañar su trago son un tigelle, que es una especie de pan muy sabroso.

Disfrutar de la exquisita gastronomía boloñesa pasa también por perderse por el Mercato delle Erbe, en pleno centro, que alberga puestos y restaurantes en los que degustar exquisitos platos tradicionales en un ambiente desenfadado. No hay que olvidar que estamos en la ciudad de la mortadela y de los tortellini, en la región del lambrusco y el parmigiano reggiano, en el territorio italiano más consagrado al arte de comer. 

La naturaleza en la mesa de Helsinki (Finlandia)

Subodh Agnihotri / ISTOCK

En Helsinki, cocina y ecología son dos términos que se complementan hasta fundirse en uno solo. Porque aquí lo healthy irrumpió sobre el mantel mucho antes de convertirse en una moda. De ello dan fe los centenares de restaurantes que conforman un panorama eco de lo más completo y variopinto.

Algunos tan curiosos como Juuri conocido por sus sapas, que son las tapas a lo finés; Linnankellari, emplazado en el sótano de una antigua prisión reconvertida en hotel; o Grön con un estupendo menú disponible en versión vegana.