Mucho más que papas arrugadas: Gran Canaria, la isla más 'gourmet'

Todo un universo de sabores más allá de las papas arrugadas

Noelia Ferreiro
 | 
Foto: Adam Smigielski / ISTOCK

Al calor de los productos del océano, de las frutas tropicales que el clima propicia y de las influencias remotas que fondearon en sus puertos, se ha forjado la cocina de la más redonda de las Islas Afortunadas, donde perviven técnicas culinarias que beben de 500 años de intercambio cultural con Europa, África y América.

Balate Dorin / ISTOCK

Más allá de su contraste de paisajes y de sus gentes cálidas y acogedoras, Gran Canaria es un destino gastronómico. Un lugar en el que sorprenderse con el arte de unos fogones que tienen, por supuesto, elementos comunes con el resto del archipiélago, pero que también se distinguen por sus rasgos propios. Estos son algunas de las visitas que no te puedes perder para descubrir esta isla a bocados:

Aquanaria y sus lubinas gigantescas

Sí, unas lubinas de tamaño XXL que se cría en libertad en esta granja marina (que no una piscifactoría), emplazada a pocas millas de la costa. El secreto es una crianza de 36 meses en las aguas bravas del océano, respetando su hábitat natural. Y el resultado, un manjar exquisito demandado por mútiples chefs con Estrella Michelin. En los restaurantes de Gran Canaria es uno de los platos estrella.

El café más caro del mundo

Lo encontramos en el Valle de Agaete, al norte de la isla, cultivado por la quinta generación de una familia. Se trata de la Finca La Laja, donde se produce uno de los cafés más exclusivos del mundo: una pequeña producción de la codiciada variedad Arábica Typica (originaria de Etiopía) que se vende a 70 euros el kilo. Es el cafetal emplazado más al norte de todo el planeta y su visita, entre naranjos, mangos, guayabos y aguacates, es toda una delicia.

Valle de Agaete, Gran Canaria
Valle de Agaete, Gran Canaria | barmalini / ISTOCK

La sal de la vida

En las maravillosas Salinas de Tenefé  descubrimos este ingrediente gourmet que se obtiene de manera artesanal, ecológica y natural. Construidas en el siglo XVIII e integradas en un Parque Cultural en el que se ocultan enterramientos aborígenes, vestigios de la Segunda Guerra Mundial y una espectacular biodiversidad, se aprende que la sal es mucho más que un producto básico.

Los vinos

Interesantes caldos que, con su mineralidad, reflejan el carácter de la tierra, del clima y de los vientos. Variedades atípicas como la malvasía, listán negro, tintilla, negramoll, castellana… Y bonitos viñedos que se agarran a la pendiente. Todo esto encontramos en bodegas como La Higuera Mayor o Las Tirajanas.

La mesa y el mantel

Todo esto, claro, ha de ponerse en práctica. Y para ello están los afamados restaurantes de la isla. Hay muchos, pero no hay que perderse Hestia, en Las Palmas; Texeda, en la localidad de Tejeda; y Los Guayres y Casa Enrique, en Mogán.