Calçots: De la huerta catalana a la mesa

Es en invierno, bajo el paraguas de la Fiesta de la Calçotada, cuando esta variedad de cebolla alcanza su momento más álgido.

Adrián Lorenzo
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Foto: nito100/iStock

Son uno de los platos más típicos de la gastronomía catalana, se comen con las manos y la forma más habitual de prepararlos es a la brasa, acompañados de salsa romesco. Hablamos de los calçots, una especie de cebollas tiernas, alargadas y dulces, características de la localidad tarraconense de Valls. Y es que fue allí donde, según cuenta la leyenda, a un agricultor se le ocurrió la idea de asar cebollas viejas al fuego. En un descuido, estas se carbonizaron y en vez de tirarlas, les quitó la parte quemada y al probarlas descubrió que su interior era dulce y poco fibroso.

Dos siglos después, reunirse en torno a la mesa para comer calçots es uno de los encuentros sociales más asentados en Cataluña. Hay infinitas formas de cocinarlos, sin embargo, tal y como manda la tradición, antes de servirlos sobre una teja hay que envolverlos en papel de periódico para que no se enfríen. Una vez sobre la mesas, se pelan y se comen con las manos, no sin antes haberse puesto el babero típico y asegurarse de tener muchas servilletas. Y es que los calçots manchan, ¡y mucho!

El inicio de la temporada alta del calçots del Valls (protegido por una indicación geográfica) se inicia el último fin de semana de enero, tras la Fiesta de la Calsotada y termina a mediados de abril. Es por eso que durante los próximos meses son muchos los turistas y locales los que se acercarán hasta los restaurantes y bares de la zona para degustar este manjar.

Masia del Pla

Ente los restaurantes de más renombre durante la temporada de calçots encontramos la Masia del Pla, situado en Pla de Santa María, a cinco minutos en coche de Valls. En un ambiente acogedor y muy familiar, el establecimiento ofrece menús para todo tipo de bolsillos y gustos. El más demandado es el Express, que incluye (desde 30€) una teja de calçots cocidos acompañados con sus salsa, longaniza y morcilla de Valls a la brasa con alubias, crema catalana y vino de la casa.

Casa Félix

Clásico entre los clásicos. Casa Félix es un antiguo restaurante del Valls, rodeado del más puro paisaje mediterráneo: olivos, almendros, viñedos… Uno de los espacios más emblemáticos del establecimiento son las tinas, unas botas de madera con capacidad para hasta 16 personas donde degustar los calçots en un ambiente discernido. El precio medio del menú varía en función del día (entre 35 y 40€) y permite a los comensales comer todo lo que quieran.

Casa Gurí

Enclavado en el pequeño pueblo de La Masó, municipio de la comarca de Alto Campo, se encuentra Casa Gurí, un restaurante familiar inaugurado en 1999 donde la calsotada se vive de la forma tradicional, ya que las recetas para cocinar los calçots han pasado de generación en generación. El menú típico (desde 36€) incluye los calçots, salchichón, cordero, carne a la brasa y crema catalana. 

Hostal Grau

Comer calsots junto a una abadía cisterciense del siglo XII también es posible. Es el caso del Hostal Grau, un pintoresco establecimiento que permite degustar los calsots en la terraza de su jardín mientras se observa cómo se cuecen al fuego. Después de esto, la comida se traslada al interior del hostal, donde se sirve la carne y los postres. El precio del menú (desde 37€) incluye media docena de platos entre los que destacan: los calsots, una butifarra negra con alubias o carne de cordero, entre otros.