Bar La Paloma. La marisquería más castiza de Madrid

La fama le persigue desde hace 60 años. Es domingo. Son las 12 de la mañana y en el bar La Paloma no cabe un alfiler. Metemos un poco el codo para probar las gambas de Huelva. (La necesidad manda). Ahora sí, nos hacemos un hueco en la barra más castiza de La Latina. 

Yolanda Guirado
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Foto: Yolanda Guirado

El 85 tiene premio

Yolanda Guirado

Mucho ha cambiado el barrio. Es el sentir de los que fueron jóvenes hace unas décadas. De los que han vivido aquí los buenos momentos y los no tan buenos. La Latina se ha transformado. Se ha hecho moderna. Entre cafés de especialidad, tiendas de cervezas artesanas y espacios healthy hay un sitio que permanece impasible: La Paloma.

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Este es un bar del Madrid antiguo. Como los que ya no quedan. Estamos en el número 85 de la calle Toledo. Una fachada sencilla. En un discretísimo escaparate; las ostras, los berberechos, las almejas, las cigalas, gambas y percebes. Los langostinos o los camarones. Entrando a la derecha, una plancha siempre encendida. 

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Nos acercamos a la barra. Muy poco a poco. Cuando Alfredo nos mira de lejos le pedimos dos cañas. Por señas. Con las cervezas bien frías llegan dos tapas. Boquerones en vinagre. Cortesía de la casa. Son la especialidad y los preparan aquí artesanalmente con vinagre y sal. Ante esta bienvenida, nos quedamos con ganas de más.

 60 años levantando la persiana

Yolanda Guirado

Alfredo Simón es la segunda generación. Su padre abrió hace 60 años. Él nació aquí. La Paloma sigue igual. Las gambas de Huelva a la plancha y las ostras gallegas son los must de este rincón. Mucho sabor. Solera para dar y tomar en este lugar con el encanto de los sitios que no van de nada. Sencillamente, son.

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En las paredes, siguen colgadas fotografías de toreros y el cartel de la feria de San Isidro se queda todo el año. Hasta la próxima. Los barriles en el suelo sirven de sillas improvisadas mientras saboreamos las ostras de Cambados, las almejas gallegas o las gambas de Huelva con un vermut. De grifo. Nos lo sirven con sifón y limón. Así sí.

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Cada noche, Alfredo llama personalmente a la pescadería para el día siguiente. Les abastecen del mercado de La Cebada a diario. Desde hace 60 años les abastece la misma pescadería. Solo cambiaron una vez porque la que había antiguamente cerró. Será por eso que la clientela repite. Antes venían los abuelos. Ahora, los nietos. Qué gusto tienen los sabores del recuerdo.

Un matrimonio bien avenido

Yolanda Guirado

Sigue entrando gente. La barra es nuestra. O por lo menos, un huequito. Suficiente para disfrutar de La Paloma. Una de gambas, una de boquerones y dos cañas. 16 euros. La cuenta la hace Alfredo de cabeza mientras tira las cervezas. En La Paloma no hay sillas ni taburetes. Es un espacio para venir a tomar una caña y unas gambas. Un truco infalible; si pasas al fondo siempre encuentras un sitio. El tuyo.

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No tienen carta. En la pizarra azul, las propuestas del día. Cuando manda la calidad, la cantidad no necesita abrumarnos. Y en este lugar de antaño, unas patatas fritas con boquerones en vinagre. Pocos aperitivos hay tan madrileños como este. Mientras esperamos los percebes; un matrimonio. (Boquerones y anchoas, para los que no nos decidimos).

Punto de encuentro de vecinos. Lugar clave para tomar la primera después de un paseo por el Rastro. Si la fuente de cerveza hablara… lleva décadas presidiendo la barra. Desde que abrieron. Antaño el padre de Alfredo la llenaba de hielo para enfriar la cerveza. Hoy ha perdido su uso. Ahora, da cobijo a los que nos dejamos caer por una barra llena de vida. Otra de gambas y nos vamos. O no. 

Calle Toledo, 85. Madrid.