Badajoz, fusión luso-extremeña en La Raya

La orografía y el cauce de los ríos marcan la frontera natural entre España y Portugal, conocida como La Raya. Una frontera de 1.200 km jalonada de castillos y edificaciones defensivas que recuerdan un pasado beligerante entre los dos países. Pero La Raya siempre fue permeable al mestizaje, más sabroso cuando se fusionan ambas cocinas, como en estas propuestas de la provincia de Badajoz

Tayo Acuña
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Foto: Miguel Angelo Silva/istock

El río Guadiana y sus afluentes Ardila, Chanza y Caya marcan la frontera entre la provincia de Badajoz y Portugal, y es quizás el tramo más desconocido y, posiblemente, el más auténtico de La Raya Sur. En sus dehesas de encinas y alcornocales viven y pastan ovejas, cerdos ibéricos y reses retintas, los tres ingredientes principales de un recetario no apto para veganos. Una gastronomía local en la que nunca faltan las carnes frescas y adobadas, chacinas, embutidos, quesos (de oveja y cabra), setas en temporada (gurumelos, boletus...), productos de la huerta, caza, pescados del río, dulces y vino de la tierra.

Oliva de la Frontera es el primer pueblo de una ruta llena de sabores intensos y un lugar donde los hermanos Cuenca, afinadores de quesos, maduran unos quesos extraordinarios hechos con leche cruda de oveja y cabra. En Valencia de Mombuey nos espera La Raya, un acogedor bar y restaurante con una cocina telúrica, tradicional y de temporada. Rafael sale todas las mañanas al campo en busca de los productos salvajes de temporada: tagarninas, espárragos verdes silvestres, gurumelos, boletus, criadillas de tierra, zorzales, conejos de campo, pardillas (pequeños peces de río), tencas... El resto lo compra en el mercado. Son famosas sus croquetas (trigueros, gurumelos, jamón...) y los revueltos de criadillas de tierra fritas.

En temporada, de febrero a mayo, los gurumelos son los reyes de la casa, una seta muy aromática que va con todo, con arroz, judías blancas, a la plancha, en revuelto... Tiene una carta corta en la que nunca faltan el bacalao ni los diferentes cortes del cerdo ibérico: secreto, pluma, castañetas (glándulas salivares del cerdo) y el “gorrino chico”. Una cocina para disfrutar con un vino de la tierra.

El chiringuito Pijín, en el embarcadero de Cheles, es un restaurante muy sencillo que merece un alto en el camino. Tiene una carta muy corta y su especialidad son los peces de río (barbos y tencas) que pescan todos los días en las aguas cristalinas del embalse de Alqueva, su gran despensa natural; las estrellas de la casa son los pescados fritos, engazpachados (un guiso tradicional de peces fritos o asados a la brasa, macerados en un “gazpacho sin triturar” durante 24 horas) o cocidos. Una carta que se completa con embutidos, chacinas, quesos, sepia, calamares... El pescado frito y las vistas al embalse y a la frontera portuguesa bien merecen la pena.

Siguiendo la carretera llegamos a la espectacular Olivenza, un estratégico enclave fundado por los Templarios en el siglo XIII que ha cambiado de soberanía varias veces a lo largo de su historia. Pertenece a ese distinguido grupo de pueblos y ciudades que los diplomáticos llaman “fronteras sobre ruedas”. Inicialmente fue española y desde 1801 pertenece de nuevo al Reino de España. Un bonito pueblo que conserva intacta su herencia portuguesa en la arquitectura, en la decoración con azulejos, en el nombre de las calles... y en su gastronomía.

Dosca es un acogedor restaurante con una cocina típica extremeña con influencias lusas. Entre sus platos destacan la sopa de tomate, los garbanzos guisados, las alcachofas fritas rellenas de carne de retinto, las criadillas de tierra (en temporada) con vino y aceite de azahar, el solomillo de retinto... para terminar con un postre casero, acompañado todo con vino de la tierra. Si el tiempo lo permite, es recomendable pedir una mesa en la terraza con vista a la plaza Magdalena.

Tayo Acuña

No podemos dejar Olivenza sin pasar por Casa Fuentes, para muchos la mejor pastelería y la única que elabora y vende la tarta Técula Mécula, cuya receta registraron los abuelos de los actuales dueños en el año 1942. Parece ser que el nombre quiere decir, más o menos, Para ti/Para mí, y es un dulce para compartir. Además, preparan una contundente tarta de bellota y chocolate y un larguísimo número de pasteles y bizcochos: imperiales (madalenas hechas con almendra), manueles, pastel de bautizo, merengues... Un lugar que hará las delicias de los más golosos.

Nuestro recorrido termina en Badajoz, una bonita y desconocida ciudad con una oferta gastronómica muy interesante. Cuando llega el buen tiempo las calles peatonales y las plazas se llenan de terrazas y barras a pie de calle, un paraíso para tapear. El bar Venero es el más conocido de la ciudad por su singularidad y servicio. Abre a las cuatro de la mañana y echa el cierre a mediodía, solo da desayunos, y su público es muy variado porque recoge a todos los que se acuestan tarde (por juerga o trabajo) y a todos los que madrugan. Su especialidad son las migas y las cachuelas acompañadas con café con leche. Unas migas muy básicas hechas con pan duro, aceite de oliva y ajos fritos, y la clásica cachuela elaborada con el hígado de cerdo frito en manteca de cerdo con ajo, especias, pimentón y cocido al final. Puede ser un desayuno contundente o una cena tardía.

Terminar en Marchivirito es un acierto. Es un agradable restaurante con un comedor interior y una terraza bien preparada para los días de calor. Lo suyo es una cocina tradicional española hecha con buen producto, el recetario tradicional puesto al día con elaboraciones sencillas y con presentaciones vistosas.

Las estrellas son las carnes (cordero merino, cerdo ibérico y retintos), con dos platos emblemáticos que mantiene en la carta año tras año: el steak tartar de retinto que preparan delante del cliente y el rabo de retinto estofado, deshuesado y envuelto en crujiente de jamón ibérico. Y también los pescados (merluza, rodaballo y bacalao), que llegan directamente de Lisboa. Terminar con una tarta de tres chocolates será un buen postre para una excelente comida. Pepe siempre recomienda los vinos de su tierra, pero en su carta también hay Riojas y Riberas. Y para los que quieran regresar con los sabores de Extremadura en la maleta, les aconsejo una visita a Embutidos Pepe, una tienda de exquisitos y variados productos extremeños. Bien merece una ojeada.

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