Amar Barcelona, así es el nuevo restaurante de Rafa Zafra en la ciudad condal

Su reciente apertura en el legendario hotel El Palace Barcelona lo convierte en una de las más interesantes propuestas culinarias

Noelia Ferreiro
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Foto: @Carlos Garralaga

Amar la ciudad y amar el Mediterráneo. Amar el mar y amar Barcelona. Con este juego de palabras, con este guiño semántico, acaba de inaugurarse el nuevo restaurante de Rafa Zafra en el hotel más legendario de la ciudad condal.

Amar Barcelona materializa la esperada apertura de este carismático chef andaluz que trabajó en el equipo de El Bulli y que ya ha dado cuenta de su sabiduría culinaria en Estimar Barcelona y Madrid, donde ha puesto en marcha lo que se ha dado en llamar ‘la marisquería del siglo XXI’.

D.R.

Para su nueva apuesta, el lugar elegido no podía ser más emblemático: El Palace Barcelona toda una leyenda de la capital catalana, con más de cien años de existencia. En esa esquina de Gran vía con Llúria que acogió antaño al antiguo Ritz, se emplaza este flamante restaurante, dentro de un majestuoso comedor que ha permanecido cerrado durante cinco años.

Conjugar clasicismo y modernidad

El tiempo suficiente para que Elena Prats y Eva Pous desarrollaran su ambicioso proyecto de interiorismo. La premisa era conjugar la tradición con la modernidad, la solera del edificio histórico en el que se asienta con los matices contemporáneos de la cocina de Zafra. Y el resultado es un salón que recoge con estilo y buen gusto este difícil equilibrio.

Aquí encontramos monocolor (“para dar importancia a la comida”, señalan sus creadoras), dominio del azul marino (“porque recoge la oferta de mar y es el principio y el fin del día”) y pinceladas de oro (“porque es la tradición y la sabiduría, y porque requiere un proceso alquímico, al igual que la propia comida”).

@Carlos Garralaga

Para complementar esta acertada sintonía está el túnel teatral que da acceso a la sala, a modo de pasarela, flanqueado de vitrinas de joyería que exhiben otro tipo de tesoros: langostas, percebes, almejas… y demás excepcionales productos. Y también las lámparas de lágrimas que conviven con luminarias minimalistas. Y la barra junto a la entrada, en la que se pueden degustar delicias de la carta sin necesidad de reserva. También existe, para los más exquisitos, un espacio completamente privado con capacidad para diez comensales.

Casualizar el lujo

En la carta encontramos asimismo un eje vertebrador: la calidad del producto. La cocina de Zafra es una cocina en torno al sabor. “Una cocina honesta basada en unos ingredientes excelentes y que apuesta por la casualización del lujo en un entorno único y elegante”, explica el chef, para añadir después con humor que la idea no ha sido otra que la de “despeinar el hotel”.

Para ello está el toque fresco, joven y renovado que aporta a todos sus platos. Desde sus productos fetiche como el caviar y las ostras, hasta los guiños que concede a los clásicos que formaron la carta del histórico hotel y a la cocina tradicional catalana.

Esto redunda en una experiencia gastronómica innovadora en la que también la tradición y la modernidad evolucionan en paralelo. Productos en los que pesa la estacionalidad, la temporada y el origen. Y cocciones que van desde el crudo al marinado, sin olvidar salazones, vapor, fritos y guisos, y que llegan a la parte más extensa de la propuesta, protagonizada por las brasas.

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Hacer feliz al comensal

Vayamos, pues, a la práctica. A esa mousse de mantequilla que anticipa el aperitivo y que es imposible no devorar. A la tostada de pan brioche con caviar. O al exquisito cuarteto de productos de mar que son marca de la casa: el erizo con tartar de gamba y caviar; el carpaccio de cigala con toque de estragón homenaje a El Bulli; las ostras con ponzu, huevas de salmón y pulpa de tomate; y las gambas XXL de Rosas a la brasa. En todos ellos, el sabor del producto permanece por encima de todo.

Otras muchas delicias completan la carta de Amar Barcelona, ideada para hacer feliz al comensal. Como los mongetes (una especie de alubia) de Santa Pau con morrijo de atún, velo de panceta ibérica y piparras. O como la langosta a la cardinale con trufa rallada y una salsa elaborada a partir chalotas, salsa americana y mantequilla.

Completa la experiencia la carta de vinos, creada por la sommelier Diana D’Urso, y el tentador capítulo de los postres desarrollado por Cristina Ramón. Sirva como ejemplo la torre de profiteroles rellenos de toffee o los churros recubiertos de azúcar y canela acompañados de soufle de chocolate cremoso. ¿Quién puede resistirse?