Abacerías, mantequerías y tiendas de ultramarinos: ¿qué fue de ellas?

La mayoría desaparecieron. Y solo existen en nuestra memoria. Pero hubo un tiempo en el que llenaban tu barrio y el mío. Colmados, abacerías, mantequerías y tiendas de ultramarinos. Visitamos algunas de las pocas que quedan.

Yolanda Guirado
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Foto: Redacción Viajar

Ultramarinos La Confianza. Huesca

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Es guapísima. Señorial. Elegante. Entramos en ultramarinos La Confianza, en el casco histórico de Huesca. Las modas pasan por aquí pero ella ni se inmuta. Data del siglo XIX y nunca ha cambiado de sitio. Sus raíces, francesas. Sus comienzos, dedicados a la mercería. Después llegarían los productos de ultramar y un sinfín de delicias. Una joya en la antigua plaza del mercado. Fiel a lo que fue. Dicen de ella que es la tienda más antigua de España. Un comercio tradicional aragonés con todo el sabor. La carpintería, el mostrador, las estanterías y hasta los escaparates. Todo recuerda a esa época. Las pinturas al fresco del techo son una auténtica obra de arte. En los bajos, una cava natural conserva los vinos de la tierra. Un lugar de siempre donde comprar bacalao, legumbres, especias o frutos secos.  Una antigua mercería con ganas de vivir. 

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Plaza Luis López Allué, 8. Huesca. 

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La Colosal. Áviles

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Érase una vez una tienda de “comestibles finos y piensos de todas las clases”. Una tienda abierta en 1928 llamada La Colosal. Hoy es el ejemplo de las nuevas generaciones. Las que se criaron en este rincón de Avilés. Algunos incluso nacieron aquí. Literal. Un espacio honesto. Sencillo. Las pretensiones, donde tienen que estar. En cada uno de los cientos de productos que llenan las estanterías. Del techo al suelo. Bacalao. Miel. Laterío. Pasteles. Legumbres. Azafrán. Vinos. Delante de nosotras, una señora llena el carro. Hasta arriba. Que en este comercio encontramos de todo y a precios muy razonables. Estamos en uno de esos sitios que ha aguantado el paso del tiempo. Hasta le sientan bien los años. La Colosal, triunfante, sigue levantando la persiana con el ímpetu de aquellos tiempos pasados. ¿Quién dices que da la vez?

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San Francisco, 6. Avilés.

Colmado Múrria. Barcelona

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Nos paramos ante uno de esos carteles publicitarios que son puro arte. Queremos saber más sobre esta tienda que parece sacada de un cuento. Más de 200 quesos, conservas gallegas, ahumados, embutidos, foie-grases, caviar iraní y catalán. Las ensaimadas llegan de Menorca en avión una vez a la semana y se venden como pan caliente. También ofrecen vino ecológico y cava de Alta Alella, la bodega familiar. Aquí manda lo artesano. Lo natural. El respeto por el producto. Es la fotografía de este rincón de Barcelona que abrió en 1898. Le llamaron entonces La Purísima por la parroquia que había cerca. Fue una tienda típica de barrio donde se vendían velas, detergentes y productos básicos de alimentación. Hoy es parte de la historia de la ciudad. 

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Roger de Llúria, 85. Barcelona.

 

Mantequerías Bravo. Madrid

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Entonces el aceite de oliva se servía a granel, en las botellas que el cliente traía, y el café se tostaba a diario y se sacaba a enfriar sobre la acera. Era 1931. Cruz Bravo acababa de abrir su mantequería, que durante la guerra no cerró un solo día. Hoy, la herencia sigue en Elena. Su apellido es embajador de nuestra gastronomía. Una tienda con más de 80 años de historia. Al entrar, el aroma de café recién molido se mezcla con el jamón cortado a cuchillo, con la trufa fresca que acaba de llegar y con la madera del ron envejecido. Nos perdemos entre la amplísima colección de Vega Sicilia y vinos con puntuaciones de 100 Puntos Parker, foies y patés importados en exclusiva o platos cocinados. Esta noche cenamos en casa. Y en Navidad volvemos. ¡Tienen más de 50 variedades de Panettone artesano!

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Ayala, 24. Madrid.

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Antigua abacería Triana. Sevilla 

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Es uno de esos lugares que nos llaman desde fuera. En la calle Pureza, a dos pasos de la capilla de Los Marineros. Muy cerquita de la casa de la Esperanza de Triana, La Antigua Abacería. Uno de esos sitios de siempre. Una tienda donde hoy disfrutamos además de unas tapas de la tierra. Espinacas con garbanzos, migas, chacinas o queso.  Una carta por y para la tradición. Y en sabor no se queda corta. En la barra, mucho arte. Que para eso estamos en Triana. Sobre el mostrador cuelgan las patas de jamón. Al fondo, decenas de conservas, ristras de ajos, aceitunas y unos barriles de vino. Las aceitunas nos las sirven con un cazo. Como antaño. Productos para disfrutar aquí o llevar a casa. Donde sea, pero saboreando las buenas costumbres.

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Pureza, 12. Sevilla.