El curioso pueblo construido en la cima de una cantera de basalto activa: las casas de su casco antiguo están construidas con material volcánico

Este pueblo de origen volcánico se encuentra a más de 50 metros de altura y es todo un misterio para los que buscan lugares únicos en nuestro país.

El curioso pueblo construido en la cima de una cantera de basalto activa de más de 50 metros de altura
El curioso pueblo construido en la cima de una cantera de basalto activa de más de 50 metros de altura / Istock / Eloi_Omella

El pueblo del que hablamos está colgado literalmente de un acantilado de basalto que se asoma al vacío dejando sin aliento a los visitantes. Sus vecinos, acostumbrados a las alturas y sin vértigo por obligación, disfrutan de una vida cotidiana y tranquila sobre lo que para muchos es todo un misterio de la naturaleza. A cincuenta metros sobre el valle, sus casas de piedra se alinean al borde de un abismo, logrando unas vistas únicas que atrapan a cualquier viajero entre sus calles.

En el Pirineo catalán, este lugar se ha convertido en un sueño geológico: más conocido como Castellfollit de la Roca, es una puerta natural del Parque Natural de la Zona Volcánica de la Garrotxax. Es un territorio moldeado por más de cuarenta conos volcánicos y ríos que, durante milenios, tallaron este paisaje construido por la Inteligencia Artificial. Los ríos Fluvià y Toronell fueron los encargados de esculpir la colosal muralla negra sobre la que vive un pueblo entero de menos de 1.000 habitantes.

Redacción Viajar

Los orígenes de un pueblo que vive entre el cielo y la lava

Sus orígenes se remontan al siglo XI, cuando un antiguo castillo dio nombre a la villa. Desde entonces, la vida en Castellfollit ha estado marcada por la piedra volcánica. De hecho, su cantera, activa desde el siglo XIX, es la única de este tipo que sigue en funcionamiento en España. El basalto extraído aquí alcanzó fama universal cuando Antoni Gaudí lo utilizó para levantar las columnas del Park Güell de Barcelona.

Vista aérea de Castellfollit de la Roca

Vista aérea de Castellfollit de la Roca

/ Istock / Meynuit

Qué hacer en un pueblo que está suspendido en una roca de más de 50 metros de altura

En lo alto del pueblo, la iglesia de Sant Salvador, del siglo XIII marca el punto más alto, un mirador privilegiado. Al caer la tarde, cuando el sol baña el basalto con tonos dorados y rojizos, Castellfollit se transforma y se convierte en el mejor momento para pasear por sus calles estrechas recorriendo siglos de historia. En el extremo del precipicio, la plaza Josep Pla ofrece una de las vistas más impactantes de la Garrotxa.

Las calles estrechas de Castellfollit de la Roca

Las calles estrechas de Castellfollit de la Roca

/ Istock / DC_Colombia

Entre sus ofertas más llamativas se encuentran varios museos, algo que llama mucho la atención del turista. Y es que, a pocos pasos del centro, el Museo del Embutido recuerda la tradición gastronómica de la zona, donde los embutidos artesanales son una auténtica institución. Tanto que, los pequeños bares del pueblo ofrecen degustaciones de longaniza, butifarra, pan con tomate y vino local. También se encuentra el Museo de Vietnam, una insólita colección privada de objetos y fotografías de aquella guerra.

La naturaleza que rodea Castellfollit de la Roca

La naturaleza que rodea Castellfollit de la Roca

/ Istock / Liudmyla Yaremenko

Quien desee adentrarse en su entorno puede seguir alguno de los senderos que recorren el parque volcánico, como el camino que parte del río Fluvià y asciende al centro histórico. Llegar es más sencillo de lo que parece: apenas 50 minutos desde Girona por la C-66 o poco menos de dos horas desde Barcelona. Sentir que estás sobre un pueblo flotante es una auténtica pasada.

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