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Catalina y Segundo vivían en Mallorca y se mudaron a un pueblo de Asturias donde compraron un piso por 20.000 euros: "Hemos ganado mucha tranquilidad y calidad de vida"

La pareja reconoce que el pueblo no ofrece el mismo ocio que Mallorca y que para algunas compras debe desplazarse hasta Oviedo, pero valora sus servicios básicos.

Esta pareja vivía en Mallorca y se mudó a un pueblo de Asturias: “Hemos ganado mucha tranquilidad y calidad de vida”

Esta pareja vivía en Mallorca y se mudó a un pueblo de Asturias: “Hemos ganado mucha tranquilidad y calidad de vida” / Istock / Michael Major

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Segundo y Catalina dieron el paso con el que muchos sueñan, pero que no se atreven a llevar a cabo. Ellos vivieron toda su vida en Palma de Mallorca hasta que decidieron dejar la isla y mudarse a Blimea, una parroquia del concejo asturiano de San Martín del Rey Aurelio. El municipio tiene unos 4.000 habitantes y está muy lejos del ritmo de vida que llevaban en Palma.

El entorno rural de Asturias está lleno de pueblos con encanto listos para recibir vecinos.

El entorno rural de Asturias está lleno de pueblos con encanto listos para recibir vecinos. / Istock

La vivienda fue uno de los motivos principales para tomar esta decisión, ya que en Mallorca pagaban cerca de 1.000 euros de alquiler y prácticamente todo el sueldo se destinaba a la vivienda, un problema con el que conviven tantísimos españoles. Además, los desplazamientos diarios se habían complicado: los trayectos que antes duraban 10 minutos podían alargarse hasta 30 o 40. "Toda la situación nos causaba mucho estrés", explican en una entrevista con La Vanguardia.

Después de unos cuatro meses buscando, encontraron un piso de unos 80 metros cuadrados en Blimea y lo compraron por 20.000 euros. La reforma les costó otros 7.000 euros.

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Un piso de 20.000 euros y dos meses de reformas

Segundo, que trabaja como asesor inmobiliario, comenzó a buscar vivienda fuera de Mallorca después de comprobar la subida de los precios. Mientras buscaba, leyó que San Martín del Rey Aurelio era el concejo más barato de España según el precio del metro cuadrado y empezó a buscar pisos en la zona. Estuvieron unos cuatro meses comparando viviendas hasta encontrar la que acabarían comprando y, antes de dar el sí definitivo, investigaron el edificio, consultaron el catastro y viajaron a Asturias para verla personalmente. No lvidemos que Segundo conocía perfectamente el sector, por lo que tenía claro qué pasos había que dar antes de lanzarse a por ello.

El piso necesitaba una reforma, pero la pareja vio posibilidades. "Valoramos que fuera muy grande, que entrara mucha luz natural y que, tras unas reformas, podía quedar muy bonito", explican en dicha entrevista.

Blimea, una parroquia del concejo asturiano de San Martín del Rey Aurelio

Blimea, una parroquia del concejo asturiano de San Martín del Rey Aurelio / Wikimedia Commons

Durante las primeras semanas durmieron sobre un colchón mientras acondicionaban la vivienda. Tiraron paredes que no eran estructurales, retiraron una moqueta antigua y muebles viejos, pintaron, colocaron vinilos en el suelo y renovaron el baño. Trabajaron durante unos dos meses entre ocho y diez horas diarias. Para ahorrar dinero hicieron ellos mismos buena parte de las obras, con ayuda del padre de Segundo mediante videollamadas y recurriendo también a tutoriales. "Con lo que cuesta que te reformen solo un baño, nosotros prácticamente reformamos todo el piso", cuentan.

El resultado es una vivienda de unos 80 metros cuadrados con tres habitaciones, comedor grande, cocina amplia y un baño. Lo único que echan en falta es un balcón.

Una vida con menos tráfico y más tranquilidad, pero sin todo a mano

En Blimea, Segundo y Catalina destacan sobre todo la tranquilidad. "Aquí no hay tráfico, ni colas; puedes ir andando a casi todo y no tienes ningún problema para encontrar aparcamiento", explican.

También destacan la relación con los vecinos, pues aseguran que desde el principio se sintieron bien recibidos y cuentan que un vecino mayor les abrió las puertas de su casa y sigue pendiente de si necesitan algo. "La gente del pueblo es muy cercana, te saluda, se interesa por ti y te hace sentir parte del lugar en muy poco tiempo", cuentan.

La pareja asegura que la diferencia también se nota en su propio ritmo diario. "Desde que vivimos aquí hemos aprendido a vivir con menos estrés y más calma", explican. Para ellos, el cambio ha supuesto priorizar la tranquilidad frente a la oferta de una gran ciudad. "Ahora valoramos más la tranquilidad, el trato humano y la calidad de vida que el hecho de tener todo cerca o vivir en una gran ciudad".

Oglesia de Santa María en Blimea

Iglesia de Santa María en Blimea / Wikimedia Commons / Zarateman

Pese a todas las ventajas de su nueva vida, la pareja reconoce que vivir en un pueblo también implica renunciar a determinadas comodidades. Tienen farmacia, colegio y centro de salud, pero para encontrar un centro comercial, tiendas de ropa u otras opciones de ocio tienen que desplazarse hasta Oviedo. "Definitivamente, no es para todo el mundo", explican. Aun así, consideran que quienes nunca han vivido en un pueblo podrían sorprenderse con el cambio.

Y, como es evidente, también notan y echan de menos el clima de su isla, pero ya la pareja ya sabía que tendría que adaptarse. "El clima es mucho más frío, pero nada que no se pueda solucionar llevando más capas de ropa", explican. Reconocen que toda decisión tiene alguna desventaja, aunque consideran que el cambio les compensa: "Hemos ganado mucha tranquilidad y calidad de vida".