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Virginia Woolf quedó hechizada por su luz y dijo que era el lugar más espléndido del sur de Europa: "Nunca he visto nada tan salvaje, colosal y asombroso"

La escritora inglesa hizo tres viajes a este país del sur de Europa y, poco a poco, se fue enamorando cada vez más.

La ciudad de Andalucía que cautivó a Virginia Woolf

La ciudad de Andalucía que cautivó a Virginia Woolf / Istock / Hans Martens

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Antes de luchar por una habitación propia, Virginia Woolf salió a descubrir el mundo desde su Kensington natal. La primera incursión la hizo en 1905, cuando tenía poco más de veinte años, y descubrió lo que para ella era "con diferencia, el país más espléndido que he visto en mi vida". Ese país era España y lo visitó otras tres veces más: en 1912 por su luna de miel y en 1923 para conocer las Alpujarras y visitar a un buen amigo.

En su libro 'Hacia el sur. Viajes por España de Virginia Woolf' (Itineraria editorial) se recoge todo lo que escribió en su viaje por barco, tren e incluso a lomos de una mula, y cómo quedó tan maravillada especialmente ante Granada y su Alhambra, de la que dijo: "Nunca he visto nada tan salvaje, colosal y asombroso". Aquel primer viaje lo hizo junto a su hermano Adrian, a modo de tratamiento para su depresión agravada tras la muerte de su padre.

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Adriana Fernández

De Sevilla escribió que era una ciudad pequeña, con una catedral "no especialmente hermosa, pero sí impresionante". Añadió que "las calles son muy estrechas, están empedradas y sin acera por la que caminar", que "los tranvías son malos y no son fáciles de alcanzar" y que "es una ciudad en la que cuesta orientarse". Hoy las cosas han cambiado mucho en Sevilla y seguro que le hubiera gustado un poco más. Pero la urbe que realmente le fascinó fue otra.

La ciudad de Sevilla que no encantó a Virginia Woolf

La ciudad de Sevilla que no encantó a Virginia Woolf / Istock / MarioGuti

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Llegó a Granada el 12 de abril de 1905, tras doce horas de trayecto desde Sevilla -una distancia que hoy se salva en menos de tres horas en coche-, y se alojó en el Hotel Washington Irving. El primer día ya lo dedicó a conocer los jardines de la Alhambra por la mañana y los palacios nazaríes por la tarde, cautivada por su luz. De ellos dijo: "Empequeñece al más hermoso jardín de Inglaterra y es un precioso palacio árabe rodeado de maltrechas murallas de color ocre".

El palacio del Generalife en la Alhambra de Granada

El palacio del Generalife en la Alhambra de Granada / Istock / Jose Ignacio Soto

Al día siguiente visitó la catedral, de la que destacó la tumba de los Reyes Católicos en la Capilla Real. Se trata de dos sepulcros visibles elaborados en mármol de Carrara y hechos por el escultor italiano Domenico Fancelli. Uno de ellos es para los reyes y el otro para su hija Juana y su esposo Felipe. El día terminó con un espectáculo de flamenco en uno de los patios de la Alhambra, algo tan espectacular como tradicional en una de las cunas de este estilo.

La tumba de los Reyes Católicos en la catedral de Granada

La tumba de los Reyes Católicos en la catedral de Granada / Istock / ManuelVelasco

En una carta que mandó a Violet Dickinson alabó el hotel donde se quedó, asegurando que fue "el mejor lugar que vimos" en todo el viaje. En la época que ella fue, España no se encontraba en su mejor momento y por eso le pareció "un país atrasado y con unas penosas comunicaciones". Aun así, quiso regresar con motivo de su luna de miel junto a su marido Leonard Woolf, de quien tomó el apellido que la hizo verdaderamente famosa.

Sus dos últimos viajes

En 1912 pasó por Tarragona y Madrid. Sin embargo, el viaje más largo que hizo por España fue en 1923, cuando conoció las Alpujarras de la mano de su amigo Gerald Brenan: "La belleza parecía haberse colmado ante nosotros y una va de un lado a otro nadando en sus aguas". Sierra Nevada también le dejó una huella imborrable: "Consiste en piedras, olivos, cabras, gamones, lirios, arbustos, laderas, terrazas, matojos y huevos innumerables, indescriptibles e impensables".

El pueblo de Capileira en la Alpujarra de Granada

El pueblo de Capileira en la Alpujarra de Granada / Istock / saiko3p

Poco a poco, fue apreciando más el país hasta acabar confesando su admiración por el costumbrismo y su belleza natural. Más allá de eso, aquellos viajes significaron mucho para su figura, a pesar de no ser demasiado conocidos, pues hablaban ya de una mujer independiente que hacía "cosas de hombres", como la literatura de viajes. La campiña andaluza le acompañó en tres ocasiones de su vida, demostrando que "la belleza debe romperse para permanecer hermosa".