La encantadora villa medieval de Soria que te lleva de viaje al pasado en solo dos calles: tiene muralla, castillo del siglo XIV, ermita románica y casas de adobe y madera
Solo tiene 40 habitantes, pero su riqueza arquitectónica y patrimonial le valieron la declaración de Conjunto Histórico-Artístico.

Entre Soria y la bellísima Burgo de Osma, a solo media hora en coche, se encuentra uno de esos pueblos medievales que parecen haberse detenido en el tiempo hace muchos, muchísimos años. Poner un pie en sus callejuelas empedradas es, en sentido literal, como hacer un viaje en el tiempo.
Apenas tiene 40 habitantes, dos calles y una plaza mayor. Pero su riqueza arquitectónica e histórica le han valido el título y el reconocimiento de Conjunto Histórico-Artístico desde los años 60 del siglo pasado.
Qué hay que ver en este pueblo medieval
Todo en Calatañazor tiene aspecto tradicional, empezando por sus calles, empedradas, y flanqueadas por viviendas típicas: con soportales, balcones y aleros pronunciados, levantadas a dos alturas en adobe, con características chimeneas cónicas y atravesadas por vigas de madera de sabina. Es, de hecho, el árbol que más abunda en los alrededores y que dan forma a uno de los bosques mejor conservados del planeta: el Sabinar de Calatañazor.

Y continuando por la muralla. La villa de Calatañazor estuvo completamente rodeada de un grueso muro fortificado y adaptado al cerro en el que se asienta el pueblo. Llegó a tener ocho torres cilíndricas macizas, que en tiempos de invasiones y conquistas sirvieron para controlar los accesos y vigilar posibles ataques.
Cuenta la leyenda que uno de los más famosos tuvo que ver con Almanzor, el militar musulmán que fue derrotado por los cristianos en las cercanías del castillo a comienzos del siglo XI. Un enfrentamiento al que se bautizó como la batalla de Almanzor, y que está acompañada de uno de los dichos más populares vinculados al pueblo: ‘Calatañazor, donde Almanzor perdió el tambor’.

Del románico al gótico
Se sabe que Calatañazor tuvo dos puertas de acceso al recinto amurallado, pero hoy solo se conserva el arco del postigo de la fuente. Pero no es el único resto arquitectónico que resiste en el pueblo. Los más llamativos son la ermita románica de la Soledad, situada a la entrada del pueblo y levantada en torno al siglo XII. Y justo al otro lado de la carretera, las ruinas románicas de la ermita de Juan Bautista, de la que solo queda la portada y los muros.

Y luego está la iglesia de Santa María del Castillo, una construcción religiosa que combina los estilos gótico y románico: se trata de una iglesia original levantada en el siglo XII sobre la que más tarde se edificó una nueva construcción alrededor del siglo XVI, algo muy habitual en la época. Eso hace que tras una fachada gótica de tres arquivoltas, en su interior se conserven retablos, una talla románica y hasta una pila bautismal de los inicios de la Edad Media.
Necrópolis, muralla y castillo medieval
De esa misma época es la necrópolis altomedieval que hay en la parte de atrás de la ermita de la Soledad. Está compuesta por tres sepulturas con forma antropomorfa, que parecen imitar el contorno del cuerpo humano.

Aunque la silueta de Calatañazor no sería la misma sin su castillo. O lo que queda de él, en realidad. Los restos de la fortificación del siglo XIV y XV se reducen hoy a algunos lienzos y parte de la torre del homenaje, levantada en mampostería y sillería, en contraste con el resto de construcciones de este pequeño pueblo de Soria, una joya de la historia que parece resistir como aislada del resto del mundo.
Síguele la pista
Lo último