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El viaje soñado que Darwin nunca pudo hacer: la isla española que le obsesionaba desde joven y a la que el Beagle no le dejó bajar por una cuarentena

Con apenas 22 años, Charles Darwin se sumergió en una expedición científica que le llevó muy cerca de las Islas Canarias, pero no pudo llegar a cumplir su sueño de pisar tierra firme.

Una isla que obsesionó a Darwin desde joven... y que finalmente no pudo visitar.

Una isla que obsesionó a Darwin desde joven... y que finalmente no pudo visitar. / Istock

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Mucho antes de revolucionar la ciencia con la teoría de la evolución, Charles Darwin ya había demostrado un extraordinario talento para contar el mundo. Además, tenía un destino grabado en la imaginación: las Islas Canarias. El viaje que realizó a bordo del HMS Beagle entre 1831 y 1836 no solo transformó su manera de entender la naturaleza, sino que dio lugar a uno de los grandes relatos de exploración del siglo XIX. Sus páginas, llenas de observaciones sobre paisajes, animales y culturas, siguen siendo hoy una referencia para los amantes de la literatura de viajes.

La isla española que obsesionaba a Darwin desde joven y a la que nunca pudo visitar en su travesía en el Beagle

La isla española que obsesionaba a Darwin desde joven y a la que nunca pudo visitar en su travesía en el Beagle / Istock / MikeMareen

Aunque su nombre quedó para siempre ligado a 'El origen de las especies', muchos especialistas consideran que su documentado diario de viaje habría bastado para convertirlo en un autor imprescindible. En él describe con un estilo cercano y minucioso todo lo que encontró durante una expedición que recorrió buena parte de Sudamérica y que estuvo repleta de episodios memorables. Entre ellos destaca uno especialmente frustrante para el joven naturalista: su fallido desembarco en Tenerife.

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Adriana Fernández

Las islas Canarias eran uno de los destinos con los que Darwin llevaba años soñando. Había leído con fascinación las descripciones de naturalistas como Alexander von Humboldt y estaba convencido de que aquel paisaje volcánico sería el escenario perfecto para iniciar su aventura científica. A comienzos del siglo XIX, el archipiélago despertaba una enorme fascinación por sus paisajes volcánicos, su riqueza botánica y la extraordinaria diversidad de sus ecosistemas.

Charles Darwin

Charles Darwin / Istock / pictore

La historia de su deseo por visitar esta isla de España

En 1828, cuando apenas tenía 19 años, estudiaba en la Universidad de Cambridge. Había llegado allí por deseo de su padre, con la intención de formarse como clérigo después de abandonar los estudios de Medicina en Edimburgo. Pero pronto descubrió que lo que realmente despertaba su entusiasmo no eran los libros de teología, sino la naturaleza. En aquel entonces dedicaba buena parte de su tiempo a recorrer los alrededores en busca de escarabajos. Al mismo tiempo, devoraba las obras del naturalista alemán ya mencionado, cuyos relatos de viaje despertaron definitivamente su deseo de conocer lugares remotos.

Tenerife

Tenerife / Istock / RussieseO

Este explorador había recorrido Tenerife en 1799 y sus descripciones del Teide, de los bosques de laurisilva y de la singular geología volcánica impresionaron profundamente al joven estudiante. Tanto fue así que, según escribió en su autobiografía, llegó a copiar largos fragmentos de aquellos libros y alimentó un "ardiente deseo" de contribuir algún día al conocimiento de la naturaleza. Con el tiempo, llegó a Cambridge una carta del profesor George Peacock solicitando la recomendación de un naturalista que pudiera embarcarse en el HMS Beagle, un navío que iba a emprender una expedición científica alrededor del mundo.

Tenerife

Tenerife / Istock / Dark_Eni

El Beagle zarpó finalmente el 27 de diciembre de 1831, tras varios meses de retraso. Los primeros días en el mar fueron especialmente duros para Darwin, que sufrió intensos mareos durante la travesía por el golfo de Vizcaya. En una carta dirigida a su padre llegó a reconocer que el mal de mar había superado cualquier expectativa y que apenas encontraba alivio tumbado en su hamaca. Pero pronto llegaría una de las grandes decepciones de su vida: no poder visitar Tenerife después de todo.

Un sueño frustrado: por qué no pudo visitar Tenerife

El 6 de enero de 1832 el barco alcanzó por fin el puerto de Santa Cruz de Tenerife. Pero cuando el científico estaba a punto de cumplir el sueño que llevaba años persiguiendo, una inesperada cuarentena impuesta por las autoridades por un brote de cólera impidió que la tripulación pudiera desembarcar. Durante 12 días solo pudo contemplar el perfil del Teide desde la cubierta del Beagle antes de que el capitán ordenara poner rumbo de nuevo al Atlántico.

Naturaleza volcánica y el Teide de fondo en Tenerife

Naturaleza volcánica y el Teide de fondo en Tenerife / Istock / FedevPhoto

Aquella decepción quedó reflejada en su diario. En otra carta a su padre describió el silencio que se apoderó del barco cuando recibieron la noticia y recordó aquel instante como uno de los más decepcionantes de toda la expedición. Sin saberlo, Darwin acababa de despedirse del lugar que tanto había anhelado conocer.