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Aurora vendió su casa de Barcelona y compró cuatro en una aldea gallega de 50 habitantes: "No estábamos comprando una casa, estábamos comprando nuestra libertad"

Junto con su pareja e hijos, Aurora tomó la difícil decisión de dejar atrás la vida en la ciudad y comenzar de nuevo en esta pequeña villa orensana.

Aurora y su familia se mudaron a una aldea gallega, donde están reformando una casa

Aurora y su familia se mudaron a una aldea gallega, donde están reformando una casa / Istock / XXLPhoto

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Cada vez son más las familias que optan por dejar atrás la vida en la ciudad y mudarse al entorno rural, ya sea con la intención de buscar un estilo de vida mejor, alejarse de la contaminación y barullo que invade las calles de las ciudades, o simplemente para formar parte de una comunidad. Este es el caso de Aurora, que junto con su familia dejó atrás la vida en Barcelona para comenzar desde cero en una pequeña aldea de la provincia de Ourense.

Mucha gente está volviendo a los pueblos

Mucha gente está volviendo a los pueblos / Istock / Renata Hamuda

Todo comenzó cuando, hace unos años, la familia viajó hasta la zona para pasar el verano. Durante su estada en tierras gallegas, descubrieron la aldea, e inmediatamente quedaron enamorados. Allí encontraron un antiguo pajar que tenía la posibilidad de ser rehabilitado para convertirse en vivienda. Con la idea de hacer de él una segunda residencia, la pareja compró el pajar y en seguida se pusieron manos a la obra. Pero las cosas no fueron inicialmente como ellos habían planeado.

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Dejar una vida atrás

Hace ya unos cuantos años, Aurora y su marido Miqueas compraron la que esperaban que, en muy poco tiempo, se convirtiera en su segunda residencia a la que ir a pasar algunas temporadas. El problema vino cuando, una vez terminada la reforma que habían encargado, vieron que la casa seguía siendo un desastre. Un tiempo después, la pareja compró una segunda casa, en la que se instalaron durante un mes entero para arreglarla ellos mismos. Fue durante su estada allí que la pareja se dio cuenta que la vida que estaban llevando era la vida que querían para el resto de sus días.

Así, tras estar un tiempo reflexionando y considerando cual era la mejor opción, vendieron su empresa y su casa en Barcelona, y en un pequeño remolque de 1 metro cúbico trajeron sus vidas hasta la aldea. Una vez allí, teniendo en cuenta de que su casa todavía no era habitable, compraron una segunda casa en la misma aldea, en la cual viven actualmente mientras reforman su casa soñada.

Aurora confiesa que no fue una decisión nada fácil. Tenían que decir adiós a todo lo conocido – familia, amigos, confort –, pero también “las prisas, el ruido y una vida que ya no sentíamos como nuestra”. Es por esto que ahora mismo no se arrepienten absolutamente de nada; “En su día tomamos una decisión y sabíamos que no estábamos vendiendo una casa, sino que estábamos comprando nuestra libertad”, explica Aurora.

Un proyecto de grandes dimensiones

Comprada hace poco más de un año por menos de 15.000€, esta segunda casa, en la que actualmente vive la familia y que van reformando poco a poco, cuenta con dos construcciones adicionales. Estas construcciones también entran dentro de los planes de rehabilitación de Aurora y Miqueas, pues quieren que cuando su familia y amigos vengan a visitarles puedan tener su espacio propio.

Frente a todas esas personas que le decían que “no aguantarían ni un invierno en la aldea”, Aurora ha prometido que harán todo lo posible por demostrar que están equivocados. Sabe que será una tarea difícil, pero confía en que saldrán adelante de alguna manera u otra. Será un proceso largo y costoso, el cual Aurora irá documentando y compartiendo en sus perfiles de redes sociales (@aurora_mats) para que sus seguidores vayan viendo como avanza todo.

La vida en la aldea

Aurora comenta en uno de sus vídeos que, durante los meses que la familia ha estado viviendo en el pueblo, ha comprendido que este proyecto nuevo de vida que han emprendido no se basa solo en rehabilitar unas casas, sino también de rehabilitar una forma de vivir; que las tradiciones, costumbres y vecinos, la historia que todavía guardan, es importante que se preserven.

Acompañados por su perro y sus dos gatos, la familia lleva ya unos meses instalados de manera permanente en la aldea, donde Aurora trabaja de manera telemática dando asesorías de aromaterapia, mientras que Miqueas sigue teletrabajando en su marca de venta online; eso sí, todo esto cuando no están ocupados trabajando en las obras de la casa.

Aunque hay quienes le dejan comentarios en redes a Aurora diciendo que deje de enseñar cómo es la vida en la aldea, pues “los van a empezar a invadir”, Aurora comenta que los mismos vecinos del pueblo opinan todo lo contrario. Cuando les pregunta si quieren que vaya gente al pueblo, éstos responden entusiasmados de que sí. Añaden que Aurora y su familia han traído vida nueva al pueblo, y les han dado un nuevo empujón, algo muy necesario en una época donde la despoblación rural es un problema cada vez más extendido.