Valle del Roncal. Perderse por el Pirineo románico

El Valle de Roncal es el lugar del Pirineo idóneo para huir de la rutina y las preocupaciones. Es el momento de adentrarnos en un territorio que promete conquistarnos.

María Centeno
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Foto: Hans C. Schrodter/Shutterstock.

Los valles pirenaicos albergan algunas de las construcciones de arte románico más valiosas de España. Un claro ejemplo es el del Roncal, que agrupa los municipios de Burgui, Vidángoz, Garde, Roncal, Urzainqui, Isaba y Uztárroz. Adentrarnos en este entorno perteneciente a la Comunidad Foral de Navarra nos ofrece la oportunidad de admirar los vestigios arquitectónicos que se han conservado hasta nuestros días. Es el caso de los puentes de estilo románico que hoy en día se han convertido en parte de los paseos montañeros capaces de reconciliar al hombre con la naturaleza.

El pueblo navarro de Roncal es uno de los más bonitos del España. | Ana del Castillo/Shutterstock

Las iglesias que responden a este tipo de arte se suceden a lo largo y ancho de su extensión. Así se recoge en publicaciones como la titulada Viaje al Valle de Roncal, del blog Mis viajes. En ella se recrea un recorrido que parte de Huesca para adentrarse en este lugar de los Pirineos.

El itinerario incluye templos como la iglesia de San Juan Bautista de Orradre, de estilo gótico, aunque con detalles románicos. Le siguen la de La Purificación de Santa María de Napal, la de San Fructuoso de Iso, la de San Clemente de Aspurz, la de Santa María del Campo de Navascués y la de San Cristobal de Navascúes. También podremos contemplar la ermita de Nuestra Señora del Castillo de Burgui, la de San Esteban de Vidángoz, la iglesia de San Esteban en Roncal, la de San Cipriano de Isaba y la ermita de Idoia de la misma localidad.

Ruta por el románico

No solo el Valle de Roncal promete ofrecernos una muestra artística de gran valor. La ruta del románico por tierras navarras nos da la oportunidad de conocer multitud de construcciones que cautivarán nuestra atención. Entre ellas, destaca el Monasterio de Leyre, con su fachada románica. Las esculturas que se reparten por ella parecen darnos la bienvenida antes de traspasar sus muros.

Es uno de los máximos exponentes del estilo románico de la Comunidad Foral de Navarra. Pero no el único. También debemos hacer referencia a la portada de la iglesia de Santa María de Sangüesa, el Santuario de Ujué y el Castillo de Javier. El recorrido dará lugar a una interesante excursión que fácilmente podremos hacer en un día. 

Pastos y bosques del Valle del Roncal. | Josema Gomez/Shutterstock

Otros atractivos del Valle

Estamos ante un espacio en el que disfrutaremos de la naturaleza recorriendo sus límites y practicando deportes tan diversos como escalada, senderismo, montañismo, espeleología, parapente…

En medio del que está considerado como un monumento natural, la cultura y las tradiciones más arraigadas también saldrán a nuestro encuentro para desvelarnos su particular riqueza. Es así como descubriremos a las golondrinas, apelativo que recibían las alpargateras de Isaba, por su vestimenta negra y su taburete blanco. El centro etnográfico creado en su recuerdo nos permitirá conocerlas en mayor profundidad.

Otro oficio que tendremos ocasión de descubrir, igualmente, es el de almadiero. Con este nombre se conocía a los hombres que transportaban troncos de árbol por el río.

Espacio natural de Mata de Haya, también conocido como el Rincón de Belagua. | Alberto Loyo/Shutterstock.

Sabores pirenaicos

La gastronomía es otro de los atractivos de los que goza este valle. Entre los productos que se elaboran podemos destacar el queso de Roncal, que en 1981 consiguió la Denominación de Origen de Quesos de España. Su calidad y el modo en que se lleva a cabo su elaboración fueron decisivos para que la lograra.

El queso Roncal, con Denominación de Origen, es uno de los productos más típicos del valle. | Ana del Castillo/Shutterstock.

Las costillas de cerdo preparadas a la brasa es otro de los manjares que no hay que dejar de degustar en nuestra visita a esta tierra. Lo mismo cabe decir de la chistorra, las setas y hongos, la trucha a la Navarra y, de postre, la cuajada. ¿Cómo resistirse?