Valle de Arán: más lejos, más alto, más desconocido
Todos hemos oído hablar de Baqueira, pero los otros 32 pueblos de este alto y lejano valle leridano ni nos suenan. En la prensa rosa solo salen famosos esquiando. En VIAJAR, sus artesanos, sus maquis y sus mariposas.

Iker Jiménez, en el Valle de Arán, se hartaba de fenómenos paranormales. Algunos ríos atraviesan aquí las rocas como si, en vez de agua glaciar, llevaran baba de Alien. Otros corren al revés que en el resto del Pirineo leridano —hacia el norte, hacia el Atlántico— y, en lugar de truchas, crían esturiones siberianos. Los quesos son cuadrados, los perros saben húngaro y, de la noche a la mañana, aparece en el monte un cementerio de una sola tumba, el más pequeño y romántico de España. Tranquilos, amigos de lo desconocido, que enseguida vamos a desentrañar estos misterios. Otra cosa paranormal, que no tiene lógica, es lo que se tarda en llegar al Valle de Arán. Desde Barcelona, que solo dista 275 kilómetros, se echan cuatro horas. Desde San Sebastián, que queda a 300, se tarda media hora menos yendo por el suroeste de Francia, que es el camino que siguen los muchos vascos que frecuentan el valle y las borrascas atlánticas que lo llenan de verde y, en invierno, de nieve.

Entrando en el valle como los vascos, por el lado francés, el primer pueblo a mano derecha es Bausen. El primer pueblo y el primer misterio, porque si uno registra el cementerio que hay junto a la iglesia de Sant Pèir ad Víncula, no ve el nombre de Teresa Estampa, la vecina más famosa del lugar, la única que sale en Wikipedia. Siguiendo el camino de tierra que nace detrás del templo, en cinco minutos se llega a la ermita de San Roque y, poco después, a otro camposanto con una sola tumba. “A mi amada Teresa, que falleció el 10 de mayo de 1916 a la edad de 33 años”, reza un epitafio, seguramente dictado entre sollozos por Francisco Bugat, que había vivido con ella en pecado, pues era su primo y ambos no habían querido o podido pagar la preceptiva dispensa papal para casarse. “A nuestra querida madre”, reza otro dedicado por los dos hijos que Teresa tuvo con aquel antes de morir de neumonía, de que el cura de Bausen se negara a darle cristiana sepultura y de que los vecinos construyesen de la noche a la mañana este cementerio que hoy asombra una vieja acacia y en el que nunca faltan flores. Es uno de los cementerios civiles más antiguos de España. Y el más chico. El muro de piedra que lo rodea mide 8x6 metros. Pequeñísimo para una historia tan grande de amor, la de los amantes de Bausen. El paisaje es para caerse de espaldas. Por suerte, cerca hay un banco para sentarse a admirarlo.

Esturiones, caviar y guerrilleros
Segunda parada, en Les. Aquí dicen que Pompeyo estuvo bañándose en las aguas calentitas, con mucha sílice y un punto maloliente de gas sulfhídrico, que ahora se disfrutan en Termas Baronía de Les. Pero no son estas aguas, o no solo ellas, las que nos obligan a echar el freno en Les, sino las gélidas del río Garona, que se usan para refrigerar una central de ciclo combinado y, antes de devolverlas al cauce, para criar 25.000 esturiones en la piscifactoría de Caviar Nacarii, que está al lado. No es como criar truchas: hay que cuidarlos siete años, alimentarlos hasta que alcanzan un peso respetable —¡hasta 65 kilos!—, sexarlos uno a uno, hacerles periódicas ecografías a ellas y extraerles el caviar, que no es poco —800 kilos cada año—, ni barato —entre 2.000 y 3.200 euros el kilo—. Todo esto lo supervisa y lo explica muy bien a los visitantes José Montagut, que trata a las esturionas con delicadeza para que no se estresen, susurrándoles con acento de David Bisbal. Es almeriense, de Huércal-Overa. Que a 5.000 kilómetros del río Obi se críen esturiones siberianos y los cuide un vecino del Valle de Arán que ha nacido en la otra punta de España es algo que da que pensar. También da qué pensar en qué estarían pensando —valga la redundancia— los 6.000 o 7.000 maquis que en 1944 se lanzaron a invadir España desde Francia, empezando por el Valle de Arán. Eran veteranos de la Guerra Civil y de la resistencia francesa, que, animados por la liberación de París y el éxito de sus acciones guerrilleras contra los nazis, se habían venido arriba. Franco había puesto a 50.000 hombres en la frontera. La Operación Reconquista de España duró diez días: del 19 al 29 de octubre. En Bossòst, varios paneles informativos rememoran aquel sueño y muchos vecinos recuerdan el día en que el General César volvió al pueblo donde había sido alcalde durante la Segunda República y se tomó unos chatos con sus viejos amigos. Además de memorias democráticas, Bossòst atesora la mejor iglesia románica del valle, la de Era Mair de Diu dera Purificacion, que parece que la han labrado los canteros hace 10 minutos, no hace 10 siglos.

Siete kilómetros más adelante, en Es Bòrdes, desvío obligado en verano para acercarse a la Artiga de Lin, una pradera alpina rodeada de hayedos, abetales y picos afilados y uno de los mejores lugares de España para ver mariposas: apolos, hormigueras de lunares, colias alpinas… Al lado están los Uelhs deth Joèu —los Ojos del Diablo o de Júpiter—, surgencia en la que afloran las aguas fundidas del glaciar del Aneto, las cuales se las traga la tierra en el Forau de Aigualluts, en el valle oscense de Benasque, y recorren cuatro kilómetros bajo las montañas hasta aparecer en este rincón de Lleida, formando una hipnotizadora cascada. Tras andar por el monte, toca repostar calorías en Vielha, la capital del valle, donde hay ¡76 restaurantes! Podemos abrir boca en el espacio gourmet de Caviar Nacarii. Y podemos seguir abriéndola hasta desencajarnos la mandíbula en Basteret, con sus croquetones de cien gramos, sus torreznos con tomate rosa y la picaña que brasea con maestría David Barrera. O podemos pasar de largo por Vielha y parar en Escunhau a comer la famosa olla aranesa que Montse Solà lleva haciendo desde hace 20 años en Casa Turnay.

Nieve, dinero y pueblos de postal
Valle arriba, empieza a oler a dos cosas que en teoría no huelen a nada pero que se sienten a kilómetros: nieve y dinero. En Salardú, el taller Husta Skilab hace un par de esquíes a mano cada día por 1.500 euros. En el precioso pueblecito de Unha, el Museo de la Nieve, el único de su asunto en España, muestra cómo el blanco elemento ha pasado de ser un sudario —un solo alud apagó 62 vidas en 1855— a convertirse en un manto de armiño, tal es la riqueza que trajo al valle la estación de Baqueira, inaugurada en 1964. En Bagergue, otro pueblo bonito y florido, lo que huele es a queso, porque ahí está todo el día Toño Tarrau haciéndolos de variadas formas y sabores con la leche cruda de sus vacas.

En el Pla de Beret, nace el Garona, el río que hemos seguido, y también el Noguera Pallaresa. Aquí hay que ponerse calzado de senderismo —o raquetas de nieve o esquíes de fondo— para pasear por la margen izquierda del segundo hasta Montgarri, un pueblo de postal, con iglesia de picudo campanario erigida en el s. XVI sobre una ermita románica, que fue abandonado hace 60 años porque estaba altísimo —a 1.645 m— y mal comunicado. Hoy es un refugio y un restaurante al que muchos se acercan en trineos guiados por el musher eslovaco Marek Bičan: “Fut!, Gyorsabban!”. Marek no habla a los perros en su idioma, ni en finés ni en aranés. Lo hace en la lengua de Viktor Orbán. Como para no obedecer.
Los vecinos del Valle de Arán que debes conocer

José Montagut
El hombre que susurra a los esturiones
“Son más duros de lo que crees: algunos saltan fuera del agua por la noche y allí se quedan tan panchos varias horas, hasta que llego a la piscifactoría y los vuelvo a meter.” José Montagut (Huércal-Overa, Almería, 1981), técnico acuícola de Caviar Nacarii (caviarnacarii.com), no tiene que ponerse la capa de Superman para salvar a sus niños, porque vive en Es Bòrdes, a 10 minutos de Les. Tampoco está lejos el espacio gourmet de la misma empresa, en Vielha, donde nos enseña a extender el caviar con una cucharilla de nácar sobre el dorso de la mano, como la sal del tequila, a preparar la boca con un sorbo de cava y a paladear el oro negro con los ojos en blanco y un largo ¡uhmmm! ¿Lo mejor del valle, aparte de esto? “La Artiga de Lin: cuando llegué de Almería en 2020 y vi tanto verde y tanta agua, no me lo podía creer.” ¿Echas de menos algo de tu tierra? “El calor”. Nunca aprieta el sol a gusto de todos.

Xavi Giner y Dani Poy
Fabricantes de esquíes únicos
Dani Poy, carpintero de Tortosa (1976), conoció a Xavi Giner, ingeniero y profesor de esquí de Sabadell (1983), construyendo una escalera para la casa que este último tenía y tiene en el pueblecito de Arró. Ahora son el corazón y el cerebro de Husta Skilab (hustaskis.com), un taller de Salardú lleno de planchas, recortes y virutas de paulonia, fresno y bambú, “maderas con las que hacemos desde 2017 esquíes artesanales y personalizados a más no poder, diseñados según la forma de esquiar de cada cliente con analítica biométrica e ingeniería de última generación”. Todo muy técnico y, al mismo tiempo, muy tradicional. “Mucha de nuestra husta es de proximidad y de gestión forestal sostenible, y la cortamos y la preparamos en invierno, con luna creciente”. ¿Y qué es husta? “Madera en aranés”.

Toño Tarrau
El quesero más alto y caluroso del Pirineo
Viendo a Toño en manga corta, parece que estamos en la Costa Brava, pero estamos en Bagergue, a 1.420 metros de altura, donde nació hace 48 años y donde ir así a las 9:00 es tentar a la pulmonía. Como medio Valle de Arán, fue profesor de esquí en Baqueira y eso curte las vías respiratorias. “En 2010 creé con mi hermano Óscar Hormatges Tarrau, la quesería más alta del Pirineo. Emulamos a nuestra abuela Genoveva, que hacía quesos en casa. Algunos los regalaba: al cura, al médico… Somos fieles a la tradición, muy pequeños. Solo producimos 3.000 kilos con leche cruda de nuestras 60 vacas frisonas y pardas alpinas. Y no queremos crecer. Cuando se aumenta la cantidad, la calidad se resiente.” Para comer sus quesos y algo caliente, nos sugiere el restaurante familiar Casa Rosa, que está al lado. Toño barre para casa. En manga corta.
Síguele la pista
Lo último