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La única construcción humana visible desde el espacio está en España: un mar blanco de más de 40.000 hectáreas que es la huerta de Europa

Desde una nave orbital apenas se distinguen ciudades enteras. Lo que sí se ve, según cuentan quienes han mirado la Tierra desde ahí arriba, es un manto blanco en el sureste español.

Ni las Pirámides de Egipto, ni la Muralla China: la única construcción humana que se ve desde el espacio es una maravilla visual que está en el sur de España

Adriana Fernández

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Era un 24 de mayo de 2022 cuando el instrumento OLI-2 del satélite Landsat 9 capta una imagen que lleva años circulando por todo el mundo: una enorme mancha blanca, casi cegadora, que ocupa buena parte de España. No es sal. No es nieve. Es plástico y cubre aproximadamente unas 40.000 hectáreas de nuestro territorio, según los datos que publicó la NASA Earth Observatory.

La cifra exacta varía según quién la mida. La propia idea de que sea "la única construcción humana visible desde el espacio" es, en realidad, una frase que ha corrido por la prensa durante años sin que la NASA la haya pronunciado nunca como institución. Lo que sí existe es la imagen que ha dado la vuelta al mundo, el dato de superficie y las palabras de varios astronautas que ha mirado hacia abajo y ha reconocido el paisaje como ningún otro del mundo con sus propios ojos. Ese paisaje tiene nombre y está en Almería, en el Campo de Dalías.

Mar de invernaderos de plástico para cultivos agrícolas en Andalucía

Mar de invernaderos de plástico para cultivos agrícolas en Andalucía / Istock / TONO BALAGUER

Lo que se ve desde el espacio

Pedro Duque, primer astronauta español, lo dijo en televisión con una frase que resume el fenómeno mejor que cualquier estadística: "lo que más se ve es el campo de invernaderos del sur de Almería". No habló de pirámides ni de murallas milenarias. Habló de plástico.

La única construcción humana visible desde el espacio está en España.

La única construcción humana visible desde el espacio está en España. / NASA

La historia de ese plástico empieza en los años 50 y 60, cuando el Campo de Dalías era terreno árido, con matorral y pastos, y con apenas algún cultivo estacional al aire libre. De ahí pasó a convertirse en lo que hoy se conoce como "el mar de plástico", también llamado la huerta de Europa. Está entre El Ejido y la capital almeriense y la transformación se hizo tan extensa que dejó de ser un asunto agrícola local para convertirse en un fenómeno visible desde el espacio. Aunque lo llamativo es lo que hay debajo de ese plástico: entre 2,5 y 3,5 millones de toneladas de frutas y hortalizas, que salen cada año de esos invernaderos. Entre lo más cultivado en ellos destacan el tomate, el pimiento, el pepino y el melón.

Recorrerlo por tierra

Otra cosa es verlo desde la carretera. El blanco no se apaga con la distancia, se multiplica. Investigadores de la Universidad de Almería, usando los sensores MODIS de los satélites Aqua y Terra, calcularon que el albedo de la superficie almeriense aumentó casi un 10% entre 1983 y 2006 por culpa de esa reflectividad. El resultado es medible: un enfriamiento local de 0,3 grados por década frente a un calentamiento regional de 0,5 grados en el mismo periodo. El paisaje, literalmente, cambia el clima que lo rodea.

Mar de plástico de Almería.

Mar de plástico de Almería. / Istock

Al llegar por la autovía hacia Almería capital, el mar de plástico se convierte en un horizonte plano y luminoso que puede desorientar a quien no lo conoce. No hace falta desviarse para verlo, basta con circular por la zona en cualquier hora de sol. Lo que impresiona no es un edificio ni un monumento, es la escala: kilómetros y kilómetros de la misma superficie repetida hasta donde alcanza la vista, sin interrupción.

Almería más allá del plástico

La capital que acompaña a todo este paisaje tiene su propia historia. La Alcazaba de Almería, fortaleza de origen califal, se levantó en el siglo X por orden de Abderramán III y conserva un perímetro amurallado de aproximadamente 1 kilómetro y medio. A pocos pasos, la catedral de la ciudad rompe con la idea habitual de templo religioso: empezó a construirse en 1524 como catedral-fortaleza, pensada para resistir los ataques de los piratas berberiscos que entonces acechaban la costa. Eso se aprecia en sus muros gruesos y sus imponentes torres defensivas, que explican el papel que tuvo esta fortificación en tiempos de piratas.

Quien busque agua y naturaleza tiene el Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar a poca distancia, con playas como Los Genoveses, Mónsul o la playa de los Muertos, algunas de las más fotografiadas del litoral mediterráneo español. Y luego está la mesa. Las migas, hechas con pan duro y sofrito, son casi una institución en la provincia. Las gambas con gabardina y los boquerones en adobo completan una gastronomía que no necesita etiquetas de guía para justificarse por sí sola.