El último refugio de Robe Iniesta: un pueblo de Vizcaya al lado del mar y con prados verdes como los de su Extremadura natal
El fundador de Extremoduro vivió sus últimos entre el País Vasco y Extremadura, dejando un legado que nunca caerá en el olvido.

Roberto Iniesta cantaba en 'El hombre pájaro' que era consciente de su volatilidad. Quizá sus seguidores no lo eran tanto y, por eso, su muerte el pasado 10 de diciembre, pilló a tantos por sorpresa. Años atrás, en 'Quemando tus recuerdos', decía: "Vivir a la deriva y sentir que todo marcha bien. Y volar siempre hacia arriba y pensar que no puedo perder". Su discurso cambió en los últimos años, conocedor de que la muerte ya le estaba pisando los talones.
Nació en Plasencia, Cáceres, y la tierra, extrema y dura, lo acompañó desde el inicio de su carrera, dando nombre a su banda de rock transgresivo Extremoduro. Él mismo afirmaba que vivía "sin patria, ni bandera", a su manera, y eso no terminaba de gustar a todo el mundo. Incluso su ciudad renegó de Robe y ese fue uno de los motivos por los que se trasladó a la otra punta de España, al País Vasco, donde vivió durante quince años.
Existían cientos de mitos que retozaban en torno a su figura, como que era el líder de una secta, y él nunca desmintió ni confirmó ninguno. Será algo que siempre formará parte de la leyenda. Lo que sí sabe todo el mundo es que fue una persona tímida los 63 años que vivió, que prefería estar alejado de los focos de las entrevistas y que aparecía cuando quería y donde le daba la gana. Por eso decidió vivir en el pequeño pueblo vizcaíno de Lezama.
Un refugio silencioso y alejado del bullicio
Es un rincón silencioso, a solo 20 minutos de Bilbao, donde el pasado medieval brilla por sí solo, en mitad del precioso valle de Txorierri. Si bien parece un cambio tosco, su querida tierra extremeña es mucho más parecida a Euskadi de lo que la gente pudiera pensar: prados verdes, montañas escarpadas, pueblos de madera y piedra... Allí encontró un refugio de todo aquel frenetismo cargado de drogas del que dijo que se había alejado a finales de los 90.

Se trasladó en 1996, junto con su esposa Bibi Vázquez -que dicen que inspiró la canción 'Bribriblibli'-. En aquella época era íntimo de Iñaki Antón 'Uoho', la otra mitad de Extremoduro y de origen bilbaíno. Fueron sus años más fértiles como músico. Encontró la inspiración al lado del mar, en las anteiglesias vascas, frente a casas solariegas como la de Oxangoiti, en torres como la de Lezama del siglo XIV o a las afueras de la iglesia renacentista de Santa María.

Las raíces medievales aún se respiran en el urbanismo de Lezama, con caseríos tradicionales que llevan siglos en pie y se entremezclan con las modernas explotaciones agrícolas. Entre ellas, las bodegas de la Denominación de Origen Bizkaiko Txakolina. Las casas de Robe, Iñaki y Fito Cabrales (de Platero y Tú) estaban a escasos kilómetros de distancia, y aquel pueblo de menos de 2.500 habitantes, se convirtió en un lugar de peregrinaje para el rock del momento.
Entre Plasencia y Vizcaya en sus últimos años
Dejó Lezama en torno al año 2011, tan solo ocho antes de romper definitivamente con Uoho, y compró una casa en Munguía (Mungia en vasco), también en Vizcaya. Aunque vivía casi todo el tiempo en su Plasencia natal. Munguía es bastante más grande que Lezama, con casi 18.000 habitantes y nueve barrios con personalidad propia. Además de algunos tesoros arquitectónicos como la antigua casa-torre de Torrebillela.

Sin lugar a dudas, el caserío de Landetxo Goikoa, el más antiguo de Vizcaya del siglo XVI, en su monumento más importante. La iglesia gótica de San Pedro, la ermita de San Miguel de Zumetzaga, los dos puentes románicos, la Fuente de la Concordia o los molinos de agua Olabarri, Erdizubi, Errotatxu y Egaldeko errota. Su amor y respeto por la provincia vasca era enorme. Tanto, que incluso hizo sus pinitos hablando en euskera en más de un concierto.

Robe Iniesta ha pasado al libro de rockeros legendarios antes de tiempo, dejando una enseñanza crucial en sus últimos conciertos: "Que estéis atentos a la vida, que no os perdáis nada". Las únicas palabras que nos quedan decirle son las que él mismo usaba como despedida: "Hasta siempre. Hasta siempre, siempre. Hasta siempre, siempre, siempre".
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