El último pueblo bereber de España es una joya declarada Conjunto Histórico-Artístico: en una Reserva de la Biosfera y con una iglesia mudéjar del siglo XVI
Un viaje en el tiempo entre casas blancas, calles floridas y el sosiego de la Alpujarra granadina.

Declarado Conjunto Histórico-Artístico, cada rincón del casco antiguo conserva la esencia del pasado alpujarreño / Istock
Bubión cuelga del barranco de Poqueira desde hace tanto tiempo que cuesta imaginarlo de otra manera. Casas blancas apiladas unas sobre otras, calles que suben en cuesta, tejados planos que desde arriba parecen una escalera hecha de piedra y cal. El pueblo forma parte, junto a Capileira y Pampaneira, del trío que da nombre al valle del Poqueira, en plena Alpujarra granadina. Y quien lo recorre por primera vez suele hacerse la misma pregunta: ¿esto sigue siendo España o me he equivocado de continente?

Adriana Fernández
No es una pregunta caprichosa. Las casas de Bubión -cúbicas, encaladas, con terrazas escalonadas que casi se tocan entre sí- reproducen con bastante fidelidad el modelo constructivo de las aldeas del Atlas y el Rif marroquíes. Y hay una explicación: los pobladores bereberes que se asentaron en la zona durante la ocupación musulmana trajeron consigo una forma de construir pensada para la montaña, para el frío y para aprovechar cada metro de terreno inclinado. Esa herencia sigue ahí, intacta, siglos después. Por eso a Bubión se le llama, sin exagerar, el último pueblo bereber de España.

Chimeneas morosas tradicionales en el pueblo alpajarras de Bubion / Istock / tbralnina
Un origen más antiguo de lo que parece
La historia del lugar, sin embargo, no empieza con los árabes, aunque sea con ellos con quienes el pueblo toma forma definitiva. En el siglo XIX aparecieron restos de enterramientos romanos en la zona, y hay crónicas que hablan de un pequeño asentamiento godo a finales del siglo IV. Ni unos ni otros dejaron huella urbana que perdurase. El trazado de calles y la estructura del pueblo que hoy se camina son ya obra árabe.

Iglesia de Nuestra Señora del Rosario, Bubio / Istock / saiko3p
Su momento de mayor peso histórico llegó en el siglo XIII, cuando Bubión se convirtió en cabecera de la Taha de Poqueira, el distrito administrativo musulmán que gobernaba todo el barranco. Ese armazón administrativo sobrevivió incluso a la conquista cristiana: en 1577 se firmó el primer documento conocido del ayuntamiento de la Taha, prueba de que la maquinaria heredada del periodo islámico siguió funcionando generaciones después.

Pueblos blancos de Pampaneira, Bubión, / Istock / Norbert Hentges
Y luego está el nombre, que tiene su propio pequeño misterio. Bubión viene del latín Bovium, "tierra de bueyes". Es decir: antes de que los bereberes le dieran su cara actual, la zona ya tenía nombre romano, probablemente por ser tierra de pasto. Un nombre latino sobre una arquitectura africana. Así es Bubión, hecho de capas que no siempre encajan a primera vista pero que ahí siguen, unas sobre otras.
Protegido por partida doble
Bubión entró en 2018 en la asociación Los Pueblos Más Bonitos de España, pero llevaba mucho más tiempo protegido por ley. El 29 de noviembre de 1982, el Real Decreto 3237/1982 lo declaró Conjunto Histórico-Artístico junto a Capileira y Pampaneira, en una única declaración que abarca los tres pueblos del valle como si fueran una sola pieza. Fue una decisión poco corriente para la época: la delimitación no se quedó en las fachadas, sino que incluyó los tres términos municipales completos, cumbres de Sierra Nevada incluidas.

Pampaneira y Sierra Nevada / Istock / Norbert Hentges
A esa protección se suma otra de escala bastante mayor. Todo el municipio pertenece al Parque Nacional y Natural de Sierra Nevada, un espacio que en abril de 1986 la UNESCO reconoció como Reserva de la Biosfera. Cuarenta años ya de esa declaración, que sitúa a la sierra entre los enclaves naturales de mayor valor del país. Pueblo protegido, montaña protegida, y en medio, la gente que sigue viviendo ahí a mil trescientos metros de altitud.

Casa alpujarreña / wikimedia Commons/Eduardo Milla
La iglesia que se construyó sobre una mezquita
Perderse por Bubión pasa, casi obligatoriamente, por la Iglesia Parroquial de la Virgen del Rosario, en la Plaza del Ayuntamiento. Es un edificio que resume bien la mezcla de culturas que define al pueblo entero: se levantó en el siglo XVI sobre una antigua mezquita medieval, aprovechando su emplazamiento. Su estilo es mudéjar -esa arquitectura cristiana levantada con manos y técnicas musulmanas tras la Reconquista- y se nota, sobre todo, en la torre campanario, de planta cuadrada y remate sobrio, heredera directa del alminar al que sustituyó. La torre rinde homenaje a los dos patronos del pueblo, San Sebastián y la Virgen del Carmen.

Bubión verde en primavera / wikimedia Commons/Elvira lopez aparicio
Y esa misma torre tiene su leyenda. Los vecinos más mayores todavía la cuentan: dicen que allí murió de amor, encerrada, una reina mora, y que su espíritu sigue caminando por las calles cercanas a la iglesia. No hay forma de comprobarlo, claro. Pero cuando se pasea por Bubión al atardecer, con las casas encaladas cogiendo ese tono naranja de última hora, se entiende perfectamente por qué la leyenda ha aguantado tantos siglos sin que nadie se moleste en desmentirla.
Los terraos: tejados por necesidad, no por estética
Uno de los detalles que más llama la atención de Bubión son sus terraos, esos tejados planos tan característicos que a más de un visitante le recuerdan al norte de África. Pero el diseño no responde a un gusto estético: responde a la supervivencia. La superficie plana evitaba que la nieve acumulada en invierno reventase las cubiertas, algo nada raro a más de mil metros de altura. Se construían, además, con launa, una arcilla local, y no por elección: la arcilla de la zona era de mala calidad para fabricar las tejas tradicionales que sí se hacían en otras partes de Andalucía. La necesidad, aquí, terminó convertida en seña de identidad.

Pampaneira es un pintoresco pueblo situado en la comarca de las Alpujarras de la provincia de Granada, España / Istock / bralnina
Merece la pena parar también en los tinaos de las calles Alcalde Juan Pérez Ramón y Trocadero, construidos con madera de castaño, propia del pueblo. Y dejarse acompañar por el sonido del agua que baja desde las fuentes y los antiguos lavaderos mientras se camina, que es en buena parte lo que ha convertido a Bubión en el único destino "slow" de Andalucía.

LAVADEROS DE BUBIÓN / wikimedia Commons/SANDRALP
La Fuente del Lavadero es la más conocida y la que más se usa entre los vecinos, gracias a su caudal y a la calidad del agua. Está debajo del colegio y del aparcamiento del pueblo, tiene cuatro caños que vierten sobre un pilar de piedra caliza, y el agua sobrante alimenta un antiguo lavadero reconstruido -el Lavadero Alto-, hoy uno de los más grandes de todo el municipio.
Lo que queda de la vida de antes
Para hacerse una idea real de cómo se vivía aquí, hay que entrar en el Museo municipal Casa Alpujarreña, en la Plaza de la Iglesia. El edificio se construyó en fechas cercanas a la Reconquista y durante generaciones fue el hogar de una sola familia, hasta que la emigración fue vaciando el pueblo casa por casa. Aquella vivienda terminó reducida a estancias cortas, de vacaciones, hasta que se vendió al Ayuntamiento, que decidió convertirla en museo reuniendo entre los propios vecinos los objetos que hoy se exponen.

Museo casa Alpujarreña / Ayuntamiento de Bubión
Dentro hay una cama antigua, aperos de labranza, herramientas para hacer vino, mesas, ollas, platos de uso diario. Nada está puesto ahí para impresionar: son los objetos reales de quienes vivieron en esa casa. Si con eso no basta, el Museo de la Agricultura de Bubión completa la visita explicando cómo se ha trabajado la tierra a esta altitud, donde cada bancal representa siglos de esfuerzo arrancado a la ladera.

Museo de Budión / Ayuntamiento de Bubión
Una fiesta que termina en fuego
Si la visita coincide con agosto, hay una cita que no conviene perderse: el Entierro de la Zorra, que este año se celebra el 25 de agosto. Durante las fiestas patronales, los vecinos pasean por las calles una figura rellena de fuegos artificiales -la zorra- para prenderle fuego al final del festejo. Es una tradición popular que se mantiene casi intacta desde hace generaciones y que convierte a Bubión, esa noche, en el centro de todo el valle del Poqueira.
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