El último bosque medieval de Europa está en España: es uno de los hayedos más grandes y mejor conservados del continente
No hay que salir de España para descubrir una de las selvas más bonitas, extensas y mejor conservadas del mundo: está en Navarra y fue declarada Zona de Especial Protección para las Aves.

En este emblemático bosque el viajero siente a cada paso cómo crujen las hojas, cómo se respira la tierra húmeda y susurra el viento entre ramas centenarias. Multitud de senderos serpentean este gigantesco hayedo donde no hay infraestructuras que interrumpan el paisaje, solo árboles y naturaleza en su máxima expresión. Dicen que uno tiene la sensación de estar entrando en un bosque primigenio, intacto desde la Edad Media... Y lo mejor es que no hay que salir de España para descubrirlo.
Con más de 17.000 hectáreas, este enclave se ha ganado el apelativo de “último bosque medieval” del continente por su estado de conservación y su atmósfera ancestral, tal y como señaló en su momento el Nobel Hemingway. Es a los pies de las cimas de Astobizkar y Ortzantzurieta donde se extiende la Selva de Irati, uno de los hayedos-abetales más extensos de Europa. Denso, húmedo, casi primordial, este bosque respira entre brumas atlánticas que se enredan en la hojarasca.
Lo cierto es que puede que en Navarra el imaginario colectivo viaje de inmediato a los encierros de San Fermín, pero hay otro símbolo que compite en intensidad emocional: la Selva de Irati. Este es un territorio que se recorre con los sentidos en alerta, como si cada sendero fuera una invitación a desacelerar el ritmo de vida tan frenético que llevamos inconscientemente en la ciudad.

Navarra guarda el último bosque medieval de Europa: una fauna protegida
Hayas y abetos dominan la vista aérea de la zona, acompañados por robles, abedules y sauces que dibujan matices según la altitud y la humedad. En el sotobosque, helechos y musgos tapizan el suelo con una textura esponjosa que amortigua el paso y conserva la humedad atlántica... Una fantasía donde la fauna goza de libertad: ciervos, corzos, jabalíes... Del mismo modo, es declarada Zona de Especial Protección para las Aves, ya que es refugio para especies cada vez más escasas en otros puntos del continente: el picamaderos negro, el pico dorsiblanco o los distintos carpinteros.

Mientras tanto, en las alturas, rapaces como el quebrantahuesos, el halcón peregrino o el águila real trazan círculos sobre un mosaico verde que actúa como telón de fondo. Una riqueza biológica que se sostiene, en parte, gracias a figuras de protección específicas: las reservas naturales de Mendilatz y Tristuibartea, y la reserva integral de Lizardoia, donde la intervención humana es mínima.

Las rutas más bonitas para perderse por uno de los hayedos más grandes del mundo
Siglos después de la célebre batalla de Roncesvalles, el paisaje volvió a militarizarse: trincheras y fortificaciones marcan rutas como la Línea P, levantada tras la Guerra Civil española ante el temor de una invasión, o los itinerarios vinculados a la Ruta Wellington. Pero si hay una corriente constante en estas montañas es la de los peregrinos. Desde Saint-Jean-Pied-de-Port (Donibane Garazi), miles de caminantes cruzan el collado rumbo a Santiago. El Camino Alto, también llamado Ruta de Napoleón, asciende por crestas exigentes; el Camino Bajo serpentea por Luzaide-Valcarlos. Ambos confluyen en Roncesvalles, donde la colegiata de Santa María, joya del gótico de influencia francesa, acoge a los viajeros desde el siglo XII.
También es muy conocida la ruta que cruza de sur a norte del bosque, pasando por el valle de Aezkoa: son 20 km en coche o, quien se anime, en bicicleta... Una de las opciones preferidas de los excursionistas cuando visitan este emblemático lugar. Pero la realidad es que hay otras muchas opciones que conquistan: la ruta de Irabia, el ascenso al Pico Ori, o el conocido como 'paseo de los sentidos'. En definitiva, en este rincón del Pirineo navarro, historia, mito y naturaleza se entrelazan de la forma más bonita posible.
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