Ni tulipanes, ni de lavanda: los campos en floración más bonitos del mundo están en Murcia y son de una deliciosa fruta
Estos campos demuestran a la perfección que la primavera va de la mano del color y de la alegría.

Una preciosa postal de tonos rosados que es única en el mundo. / Istock
Cada primavera, como un reloj suizo, siempre se repite la misma postal; la impresionante imagen del Valle del Jerte con sus cerezos o los almendros del interior peninsular. Pero hay otro paisaje en flor que, sin tanto ruido mediático, lleva décadas sorprendiendo a quien lo descubre por primera vez. Ocurre en el entorno de Cieza, en la Vega Alta del Segura, donde miles de hectáreas de frutales de hueso (sobre todo melocotoneros) convierten el paisaje en una extensión rosada difícil de explicar si no se ve en directo. La imagen es, sencillamente, fantástica. Y es sorprendente que no se conozca mundialmente.

Adriana Fernández
Una floración ligada al calendario agrícola
La floración de los melocotoneros en Cieza suele producirse entre finales de febrero y mediados de marzo, dependiendo de las temperaturas del invierno. No hay una fecha fija (ya sabéis que la naturaleza no funciona con agendas), pero cuando coincide con un invierno suave y lluvias previas, podemos aseguar que el disfrute de tonos rosados, blancos y malvas que se extiende durante kilómetros está asegurado. La postal es sorprendente, realmente digna de cuadro que exponer en el Museo del Prado.

Flor de melocotón en Cieza. / Istock / Rudolf Ernst
A diferencia de otras floraciones convertidas en reclamo turístico, aquí el origen es puramente agrícola. La comarca de Cieza es una de las grandes productoras de fruta de hueso de España, con explotaciones familiares que llevan generaciones cultivando melocotón, albaricoque o ciruela. La flor es, en realidad, el primer paso de una campaña que se recoge meses después. Y es que, aunque os parezca increíble, no siempre el turismo ha sido la piedra angular del país.
Un paisaje que se entiende mejor desde las alturas
Para apreciar de verdad la dimensión del fenómeno hay que alejarse de la carretera y buscar puntos elevados., donde la vista panorámica te dejará sin palabras. Desde arriba se puede observar cómo la floración no es un campo aislado, sino un mosaico continuo que sigue el curso del río Segura.

Fotografía aérea de un florecimiento de árboles frutales en Cieza. / Istock / amoklv
Uno de los grandes atractivos es precisamente ese contraste; el verde oscuro de las sierras cercanas, el trazado del río y, en medio, una extensión rosada que cambia de intensidad según la luz del día. Al amanecer y al atardecer el color se vuelve más denso, casi como de película, algo que ha convertido la zona en destino habitual para fotógrafos de paisaje.
Historia agrícola en el corazón de la Vega Alta
Aunque la floración se ha hecho popular en los últimos años, la tradición frutícola de Cieza es mucho más antigua. El aprovechamiento agrícola del valle está documentado desde época andalusí, cuando el sistema de acequias permitió organizar regadíos en una zona marcada por la escasez de lluvias.

Fotografía aérea de un florecimiento de árboles frutales en Cieza. / Istock / amoklv
Ese legado sigue siendo visible hoy en día y explica por qué la Vega Alta del Segura se especializó en cultivos intensivos de frutales. La floración primaveral no es, por tanto, un espectáculo espontáneo, es el resultado de siglos de adaptación al territorio y a un clima que combina inviernos suaves y veranos muy cálidos.
Mucho más que flores
El viaje a Cieza no es solo sus campos rosados, aunque podría valer. El municipio conserva un casco histórico con raíces medievales y un patrimonio arqueológico impresioante, como el yacimiento andalusí de Medina Siyâsa, situado en un cerro cercano y clave para comprender la historia del valle. Además, el cercano paraje del Cañón de Almadenes y las riberas del Segura ofrecen vistas y rutas distintas que completan el viaje perfecto por los "paisajes increíbles de la provincia". Y es que, la floración es el gran reclamo, sí, pero el territorio tiene argumentos propios para sostener el viaje más allá del color rosado. ¿Necesitas más argumentos para ir?

Flor de melocotón en Cieza. / Istock / Rudolf Ernst
Un fenómeno efímero
La lástima es que la floración de los melocotoneros de Cieza dura poco. Pero ya sabéis; lo bueno y breve, dos veces bueno. Y es que, en apenas dos o tres semanas el color desaparece y deja paso al verde intenso de las hojas y, más adelante, al fruto. Esa brevedad forma parte de su atractivo, pues obliga a mirar el calendario y a decidir el momento. No compite con los cerezos del norte ni con los almendros del interior. Simplemente, ofrece otra forma de entender la primavera en España; menos conocida, más ligada al trabajo agrícola y, precisamente por eso, más auténtica.
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