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Todos van a Tossa de Mar, pero pocos conocen este pueblo medieval de Cataluña: un castillo medieval y una fortaleza a orillas del Mediterráneo, declarada Bien de Interés Cultural

A pocos kilómetros de Tarragona existe un pueblo con un castillo del siglo XVII y una muralla del siglo XVIII declarada Bien Cultural de Interés Nacional, entre otros de sus encantos para visitar este mes de septiembre.

El pueblo medieval de Cataluña con una fortaleza del siglo XVII, declarada Bien de Interés Cultural, a orillas del Mediterráneo

El pueblo medieval de Cataluña con una fortaleza del siglo XVII, declarada Bien de Interés Cultural, a orillas del Mediterráneo / Istock / spinout

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Para aquellos amantes de la Edad Media, seguidores de series de época y con una imaginación que trasciende la realidad este destino no solo cumple con las exptectativas, sino que las supera. Este pueblecito es conocida por su costa y sus playas de arena fina, pero basta subir unas calles para encontrarse con un escenario en el que las murallas, las callejuelas de piedra y los restos de otra era son los protagonistas. Se encuentra en la provincia de Tarragona y entre sus encantos se encuentra el que todavía mantiene un aire de discreción frente a las multitudinarias masificaciones.

Se llama Altafulla, y se sitúa en el margen izquierdo del río Gaià, entre la montaña de Sant Joan y la de Sant Antoni, a unos 80 metros de altitud frente al Mediterráneo, a apenas quince minutos en coche de Tarragona capital. Con algo menos de 5.000 habitantes, el municipio tiene sus raíces en la época romana, como demuestran los restos arqueológicos de la Villa Romana dels Munts, que forma parte del conjunto de Tarraco declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Villa romana dels Munts (Altafulla, Tarragona)

Villa romana dels Munts (Altafulla, Tarragona) / Istock / Besides the Obvious

El pequeño pueblo de Tarragona donde se esconde un balneario impresionante: rodeado de naturaleza, con calles empedradas y una excelente gastronomía local

Adriana Fernández

El recinto amurallado original se levantó durante los siglos XVII y XVIII hasta formar la actual Vila Closa, cuando el pueblo se expandió hacia el mar. Ese doble legado, romano y medieval, es lo que capta la atención de la mayoría de sus viajeros. De hecho, este conjunto urbano, formado en buena parte por casas construidas durante el siglo XVIII dentro del antiguo recinto amurallado, fue declarado Bien Cultural de Interés Nacional.

Leyendas

El pueblo guarda una curiosidad menos conocida que roza lo esotérico. Según la tradición popular, tres brujas habitaron antiguamente la localidad, una leyenda que ha llevado a Altafulla a ganarse cierta fama como uno de los pueblos más embrujados de Cataluña.

Municipio medieval de Altafulla, Tarragona

Municipio medieval de Altafulla, Tarragona / Istock / Benito Juncal

Un castillo con casi mil años de historia

El gran protagonista arquitectónico del pueblo es el castillo, también conocido como castillo de los Montserrat. Su historia es mucho más antigua que el edificio que vemos actualmente. La primera referencia documental se remonta a 1059, mientras que la construcción conservada hoy es principalmente fruto de una reconstrucción realizada en el siglo XVII. La fortaleza presenta una planta irregular, diferentes cuerpos en forma de torre y una silueta fácilmente reconocible gracias a sus almenas y garitas.

Castillo de Altafulla (Tarragona)

Castillo de Altafulla (Tarragona) / Istock / LianeM

Durante buena parte de su historia estuvo vinculada a familias de la nobleza catalana. Los Requesens fueron sus propietarios desde comienzos del siglo XIV hasta que pasó a manos de Pere de Castellet. Más adelante, en el siglo XVII, el conjunto quedó ligado a los marqueses de Tamarit, cuyos descendientes han conservado la propiedad hasta nuestros días. El edificio mezcla su carácter defensivo con elementos renacentistas, especialmente visibles en algunas puertas y ventanas.

La costa de Altafulla (Tarragona)

La costa de Altafulla (Tarragona) / Istock / Qarlos Qastilla

Al ser propiedad privada, no se puede visitar por dentro, pero contemplarlo desde la Vila Closa permite entender perfectamente su papel como centro de poder y referencia visual del antiguo pueblo. Cabe destacar que el paseo por la Vila Closa es corto, pero está repleto de pequeños detalles que enamoran. Las calles en pendiente, el Pasaje de Santa Teresa, la Placeta, la calle del Forn o la plaza del Pou permiten descubrir poco a poco un lugar encantado.