El tesoro mudéjar conocido como "la Atenas de Extremadura": una joya declarada Bien de Interés Cultural que cuenta con recetas de convento que "resucitan a un muerto"
Este pueblo fue centro neurálgico, cultural y administrativo del sur de Extremadura durante los siglos XV y XVI. En aquella época muchos temían este lugar, pero a día de hoy es especial por su notable riqueza monumental.

Una joya de extremadura que ya deberías conocer. / Istock
No, no hace falta cruzar el Mediterráneo para encontrar un destino cargado de historia y belleza arquitectónica comparable a la de grandes capitales culturales. En el sur de Extremadura, hay una ciudad de pocos más de 5.000 habitantes que despliega un patrimonio que le ha valido el sobrenombre de “la pequeña Atenas extremeña”. Un título ambicioso que cobra sentido en cuanto uno comienza a recorrer su casco histórico repleto de casitas blancas.

Este pueblo de Extremadura es conocido como "la pequeña Atenas": es Bien de Interés Cultural y en su pasado era muy temido / Istock / Rudolf Ernst
Estas viviendas de inspiración mudéjar marcan la diferencia con otros pueblos de alrededor entre sus calles, pero pronto aparecen detalles góticos, trazas renacentistas o elementos barrocos que enriquecen el conjunto. Esta mezcla, lejos de resultar caótica, construye una identidad singular que habla de siglos de historia... Motivo más que suficiente para recibir el título de Bien de Interés Cultural. Este enclave es conocido como Llerena, en Badajoz, un pequeño pueblo que condensa una gran belleza arquitectónica en su conjunto.

Adriana Fernández
Un pasado oscuro: por qué todos temían este pueblo de Extremadura
Uno de los edificios que mejor resume ese pasado es la Casa Maestral, antigua residencia de los maestres de la Orden de Santiago. Más tarde, el edificio adquirió un papel mucho más oscuro al convertirse en sede del Tribunal de la Inquisición. En el siglo XVI, la llegada del Tribunal del Santo Oficio transformó a Llerena en uno de los centros neurálgicos de la Inquisición en el suroeste peninsular. Durante décadas, su nombre estuvo asociado al control religioso y a episodios de persecución que dejaron una huella profunda en toda la región.

Llerena, Extremadura / Istock / Rudolf Ernst
Hoy, su patio de arcos y ladrillo conserva todavía los grafitos que dejaron los prisioneros, un testimonio silencioso que añade una dimensión estremecedora al recorrido. No muy lejos se encuentra el antiguo Palacio Episcopal, actualmente reconvertido en museo. Su interior permite descubrir piezas de artesanía local. También tuvo un pasado vinculado al Santo Oficio.
El precioso patrimonio arquitectónico de la 'Atenas extremeña'
El corazón de la vida local late en la Plaza de España, un espacio amplio y luminoso donde confluyen vecinos y visitantes. La plaza ha sido, además, punto de encuentro para artistas a lo largo del tiempo. No es casual que en Llerena naciera el escritor Luis Zapata de Chaves ni que el pintor Francisco de Zurbarán mantuviera una estrecha relación con la localidad, hoy recordada con una escultura que preside este lugar. Dominando la plaza se alza la Iglesia de Nuestra Señora de la Granada, el monumento más emblemático del municipio.

Estatua de Francisco de Zurbarán / Istock / Uvamen
Su torre mudéjar, visible desde distintos puntos, se convierte en una referencia constante. En su interior, reconstruido tras el incendio de 1936, conviven distintos estilos que reflejan la evolución del edificio a lo largo de los siglos. Pero sería un delito irse de este pueblo sin probar sus platos tradicionales.
La cocina de Llerena: los platos tradicionales de las monjas
La gastronomía de Llerena es, ante todo, una cocina de raíces profundas, marcada por la sencillez de sus ingredientes y la riqueza de su historia. Aquí, el pan no es solo un acompañamiento: es la base sobre la que se construyen muchos de sus platos más representativos. Sopas humildes, gazpachos y migas contundentes forman parte de su cocina típica transmitida de generación en generación. La repostería, por su parte, revela otra capa de esta herencia cultural.

El interior del Convento de Santa Clara (Llerena, Extremadura) / Istock / Felipe Rodriguez
Dulces elaborados con miel, almendras y huevo remiten a influencias judías y moriscas. Entre ellos sobresalen los conocidos “corazones” elaborados en el Convento de Santa Clara, pequeñas piezas de repostería que combinan sencillez y delicadeza. Un postre que absolutamente nadie en el mundo debería perderse.
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