El SOS de Llafranc, un precioso pueblo de la Costa Brava que cada verano pasa de 300 habitantes a 4000: es tan exclusivo, que muchos lo comparan con Saint-Tropez, el gran icono del lujo en la Costa Azul
Los precios de alquileres y vivienda están por las nubes, y en verano no cabe ni un barco más fondeando en sus calas.

El precioso pueblo de la Costa Brava que cada verano pasa de 300 habitantes a 400 / Istock
Llafranc es un encantador pueblo costero de la Costa Brava perteneciente al municipio de Palafrugell, en Girona. Y aunque su población censada apenas supera los 300 habitantes, esa cifra se multiplica por mucho más de diez cada verano. Es lo que tiene ser una de las joyas de esta costa catalana que cada vez atrapa a más turistas.
Y aunque es verdad que no es un destino con grandes conflictos turísticos como quizá sí puedan serlo Barcelona, Palma de Mallorca o algunas zonas concretas de Ibiza, sí que es verdad que el verano no es una temporada cómoda para quienes viven en el tranquilo municipio durante todo el año.

Sara Fernández García
Esto es así porque Llafranc tiene fama de ser uno de los lugares más exclusivos de Cataluña, y eso es un imán para quienes pueden permitirse unas vacaciones de lujo en este rincón mediterráneo. La bahía es pequeña, el puerto deportivo también, y las colinas que rodean el pueblo están protegidas en gran medida. Eso significa que hay muy pocas viviendas disponibles y mucha demanda.
Se debe a que este pueblo marinero supo crecer al margen del boom turístico, evitando la construcción desmesurada de grandes hoteles y edificios de apartamentos en primera línea de playa, y apostando por un desarrollo mucho más listado. Y eso, no nos engañemos, es un lujo.

Esas barcas en la orilla del mar, esa cala, ese paisaje... es un lujo. / Istock / PAWEL KAZMIERCZAK
El destino favorito de las familias adineradas de Barcelona
Quizá por eso el perfil de visitante que llega a Llafranc es distinto al que acude a otros pueblos de la Costa Brava. Tradicionalmente ha atraído a familias acomodadas de Barcelona, propietarios de segundas residencias, navegantes y compradores internacionales que buscan tranquilidad más que ocio nocturno.
También tiene fama de destino caro, eso también es verdad. Y cuando alguien dice caro, suele referirse a cifras como apartamentos cerca del mar que pueden rondar entre los 600 000 y 700 000 euros. O casas y villas con vistas al mar que no bajan del millón (de euros también, se entiende). Las propiedades más exclusivas pueden superar tranquilamente los cinco millones. Y así con todo.

En verano multiplia su población por más de diez. / Istock
El problema es que parece que todo en el pueblo esté orientado a visitantes de alto poder adquisitivo, lo que puede complicar bastante la vida de quienes residen habitualmente en Llafranc. Esa es la clave. Y un debate que existe en muchas zonas costeras españolas, en realidad, donde la vivienda vacacional y la demanda internacional presionan los precios.
Luego está este otro tema: la dependencia del turismo. Como muchos pueblos de la Costa Brava, gran parte de la actividad económica gira alrededor de la temporada turística. Y la presión medioambiental: el aumento de embarcaciones recreativas en verano genera presión sobre los ecosistemas marinos. Es por eso que asociaciones ecologistas han denunciado fondeos irregulares cerca de praderas de posidonia y problemas de seguridad en zonas de baño y submarinismo.

Su fondo marino, repleto de praderas de posidonia, es un paraíso para el submarinismo. / Istock / AlexKazachok
El Saint-Tropez español
Para quien no conozca este rinconcito bañado por el Mediterráneo, a poco más de cien kilómetros desde Barcelona, decir que su exclusividad es tal que podría compararse con Saint-Tropez o Portofino, aunque mucho más discreto. De ahí que todavía no tenga la fama internacional que sus vecinos de la Riviera Francesa e Italiana.

El Saint-Tropez español. / Istock
Quizá también porque es un destino relativamente pequeño, con una sola bahía en forma de media luna, un paseo marítimo relativamente corto, un pequeño puerto deportivo y colinas cubiertas de pinos que llegan casi hasta el mar. Pero sin duda, ese es parte de su atractivo.
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