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Sorolla dijo que este pueblo de Alicante era el lugar que había soñado siempre y lo pintó obsesivamente: "Tiene lo que yo deseo y más. Enmudezco de la emoción"

El pintor nació en Valencia y murió en Madrid, pero si hubo un lugar que le marcó fue este pueblo pesquero de Alicante.

El pueblo que enamoró a Sorolla está en el Mediterráneo

El pueblo que enamoró a Sorolla está en el Mediterráneo / Istock / David Robinson

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Existen lugares que inspiran obras de arte, sitios que parecen sacados de una y luego hay otros que son arte en sí mismos. El pintor valenciano Joaquín Sorolla, el que mejor ha plasmado la luz en siglos, se enamoró de un pueblo pesquero de la costa que acabó apareciendo en muchos de sus cuadros. Viajó hasta Jávea, en Alicante, buscando inspiración, y aquello no fue lo único que encontró.

Llevaba unos días instalado allí cuando escribió una carta a su mujer, Clotilde. Corría el año 1896 y rezaba así: "Esto tiene lo que yo deseo y más, y si tú vieras lo que yo tengo delante de mi casita, no encontrarías palabras para enaltecerlo, yo enmudezco de la emoción que aún me domina". Mar y montaña se conectan en Jávea, dando como resultado "el sitio que soñé siempre", en sus palabras.

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Adriana Fernández

Sorolla, el maestro de la luz en Alicante

También llegó a decir que ellos, los valencianos, "no podemos tener idea justa de esta grandiosa naturaleza" y que le producía "el mismo efecto que si viviera dentro del mar". Era la primera vez que iba, pero no sería la última, pues regresó en 1898, 1900, 1905 y 1919, pintando allí un total de 136 obras y más de 200 dibujos, entre los que destacan sus famosos cuadros de nadadores y rocas.

La obra 'Nadadores, Jávea' de Joaquín Sorolla

La obra 'Nadadores, Jávea' de Joaquín Sorolla / Wikimedia Commons. Ángel M. Felicísimo

Sorolla fue el gran maestro de la luz y, como tal, la reflejaba como nadie. En las aguas que bañan la costa de Jávea encontró su gran inspiración: un lugar donde el Mediterráneo parece hecho de otra pasta. La pintó desde distintas localizaciones, como el puerto, el cabo de San Antonio, la Caleta del Racó, la Grava, la cala Tangó, el Montañar, el Portitxol o el Arenal.

La costa de Jávea que enamoró a Sorolla

La costa de Jávea que enamoró a Sorolla / Istock / Jose Antonio Aldeguer

En su primera visita se alojó en la zona del puerto, donde antiguamente había casas viejas de pescadores y un muelle. Se cree que se quedó entre la calle de Pescadores y la de La Caleta, y se sabe que desde su ventana tenía vistas hacia la bahía de Jávea, el cabo de San Martín y el de San Antonio. Así lo contó a su mujer en sus cartas, y así se fue enamorando poco a poco del lugar.

El Mediterráneo en Jávea

Del cabo de San Antonio dijo que es "otra maravilla, un monumento de color rojizo enorme inmenso, y un color en las aguas de una limpieza y un verde brillante, puro, una esmeralda colosal, y enfadado creo sea el acabose". No es para menos, pues se trata de uno de los puntos más impresionantes de la zona, el lugar más al este de la península con acantilados de más de 150 metros.

La bahía de Jávea en Alicante

La bahía de Jávea en Alicante / Istock / ampueroleonardo

A sus pies descansa la Reserva Marina de San Antonio y otras microrreservas de flora; en el interior del Parque Natural del Montgó, que cuenta a su vez con una microrreserva vegetal al norte y en el Islote de la Mona. Este pedazo de tierra ocupa menos de 700 metros cuadrados, pero es uno de los refugios con mayor densidad de especies raras y endémicas de toda la red de microrreservas.

Un paseo por el centro histórico

Sorolla no solo quedó impresionado ante la costa de Jávea, sino que también se lanzó a explorar el casco antiguo. Como él mismo dijo, "el pueblo recuerda, con mejor color, cosas de Toledo, y tiene un conjunto del aspecto de estar viviendo en pleno siglo XVI". Allí señaló la iglesia gótica de San Bartolomé, del siglo XVI, en su opinión, "mejor que la Catedral" y "digna de estudiarse".

El casco antiguo de Jávea

El casco antiguo de Jávea / Istock / Susana del Pozo

La Edad Media dejó su impronta en cada una de sus calles adoquinadas, dominadas por las murallas que funcionaron como defensa ante los ataques piratas, igual que el campanario de la iglesia. Grandes edificios históricos de gran valor arquitectónico se entremezclan con casitas blancas, palacetes y monumentos seculares. Junto al mercado de abastos y el Ayuntamiento, edificado sobre un cementerio medieval.