El pueblo más sorprendente de Ávila está atravesado por un río y tiene unas impresionantes piscinas naturales
Con apenas 5.000 habitantes, Candeleda es un rincón que sorprende a quien lo visita por primera vez en la vida.

En el extremo sur de la provincia de Ávila, a los pies de la Sierra de Gredos y apenas a dos horas y media de Madrid, se encuentra un rincón que sorprende a quien lo visita por primera vez: Candeleda. Este pueblo, con apenas 5.000 habitantes, es uno de esos destinos que no necesitan grandes campañas publicitarias para enamorar, basta con descubrirlo.
Candeleda no solo se enorgullece de su arquitectura tradicional, su gastronomía o sus fiestas patronales. Lo que realmente la convierte en un destino sorprendente —incluso para los viajeros más exigentes— es su ubicación privilegiada junto al río Tiétar, que no sólo le aporta mucha vida, sino también uno de sus mayores tesoros naturales: unas espectaculares piscinas naturales que, en plena época estival, se convierten en un auténtico oasis entre las montañas.
El río Tiétar, afluente del Tajo, desciende desde las cumbres nevadas de Gredos para atravesar esta localidad y dejar a su paso paisajes de postal donde el agua conserva una pureza inusual. Y es que las aguas del río y de sus gargantas forman piscinas naturales que invitan a darse un buen chapuzón, especialmente en los calurosos meses de verano.

Entre las más populares se encuentran la Charca de Palomares, la Garganta de Santa María y el Charco Carreras, lugares que, además de permitir el baño, ofrecen vistas impresionantes del entorno natural. Muchos de estos sitios están acondicionados con zonas de sombra, merenderos y accesos relativamente sencillos, lo que los convierte en una opción perfecta para familias, senderistas y viajeros que buscan un contacto más íntimo con la naturaleza.
La ubicación de Candeleda es peculiar. A pesar de que pertenece como tal a Ávila, su clima, su vegetación y hasta parte de su acento recuerdan más a Extremadura que al resto de Castilla y León. Este microclima único, templado incluso en invierno, hace posible el cultivo de productos como el pimiento rojo, cuya variedad local -el famoso pimentón de Candeleda- es apreciada en toda la gastronomía mediterránea.

Asimismo, Candeleda ha sabido mantener un casco antiguo que es una delicia para perderse: calles empedradas, casas con balcones de madera adornadas con geranios, pequeños comercios tradicionales y plazas llenas de vida donde se conserva un ritmo de vida tranquilo y hospitalario. Todo esto sin renunciar a la modernidad: el municipio cuenta con alojamientos rurales con encanto, restaurantes de cocina local de alta calidad y una variada agenda cultural.
Actividades para todos los gustos
Más allá del baño en sus piscinas naturales, Candeleda se trata de un destino perfecto para los amantes del turismo activo. Desde aquí parten numerosas rutas de senderismoque se adentran en la Sierra de Gredos, como el camino hacia la Cueva del Águila o el ascenso al Refugio del Rey, una ruta de dificultad media que regala vistas espectaculares del valle del Tiétar.
También se puede practicar rutas a caballo, ciclismo de montaña o deportes acuáticos en el cercano embalse de Rosarito. Y para quienes optan por el descanso, la zona ofrece rincones tranquilos desde los que ver el atardecer sobre las montañas.

Candeleda también sorprende por su patrimonio cultural. La Ermita de Chilla, ubicada a las afueras del municipio, es un importante centro de peregrinación y ofrece una de las mejores panorámicas del valle. Las fiestas patronales en honor a la Virgen de Chilla, en septiembre, atraen a miles de visitantes cada año.
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