Lo siento Caribe, la playa más bonita del mundo está en España: arena blanca, aguas turquesas de otro planeta y la tranquilidad del Mediterráneo
Está en un parque natural cuyas praderas submarinas son Patrimonio Mundial desde 1999.

Esta playa es uno de los paraísos más codiciados de la Tierra. ¡Palabra de VIAJAR! / Istock
Lo primero es la temperatura del agua en los tobillos: más templada de lo que uno espera a las nueve de la mañana, porque apenas hay profundidad y el sol la calienta como si fuera una bañera de treinta metros de ancho. Lo segundo es el sonido, o su ausencia. No rompen olas, solo hay un chapoteo mínimo en la orilla. Y lo tercero, cuando ya se ha avanzado veinte pasos y el agua sigue por la rodilla, es la sensación absurda de estar caminando sobre un espejo: el fondo se ve con un detalle incómodo, cada surco de arena, cada mancha oscura de vegetación, la propia sombra proyectada dos palmos más allá.

¡Bienvenidos a la playa con las aguas más azules del mundo! / Istock / TONO BALAGUER
Esto ocurre en el extremo norte de Formentera, en la cara oeste de la península de Es Trucadors, y el sitio se llama Ses Illetes por los islotes que asoman enfrente. Bajo los pies, la arena no es la arena gruesa y crujiente del Mediterráneo continental: es un polvo blanco, casi harinoso, que se compacta en la orilla y se vuelve blando en la parte alta de la playa, donde cuesta caminar sin hundirse. Hay quien viene a pasar el día tumbado a cincuenta metros del aparcamiento. Y hay quien echa a andar hacia el norte y descubre que la playa se sigue estrechando durante más de un kilómetro, hasta convertirse en un pasillo de arena de pocos metros de ancho con mar a izquierda y derecha. Son dos visitas completamente distintas al mismo lugar.

Adriana Fernández
Una lengua de arena que se estrecha hasta desaparecer
La geografía manda aquí más que cualquier folleto. Es Trucadors es una península alargada que sale del norte de la isla como un dedo apuntando a Ibiza, y Ses Illetes ocupa su flanco de poniente. A medida que se camina hacia el extremo, la franja de tierra se adelgaza hasta que ambos mares se ven al mismo tiempo desde el mismo punto, y al fondo aparece s'Espalmador, separado por un paso de agua somera. El istmo arenoso que se prolonga hacia Espalmador ya figuraba en la legislación balear de protección de espacios naturales en los años ochenta, mucho antes de que el sitio se convirtiera en icono fotográfico.

Vista aérea de la playa de Ses Illetes. / Istock
El color del agua no es un truco de la luz ni de la cámara. Responde a dos factores combinados: la escasísima profundidad —se puede andar decenas de metros sin que el agua pase de la cintura— y la naturaleza del fondo, arena clara que refleja la luz hacia arriba, alternada con manchas de posidonia oceánica. Esa planta marina, endémica del Mediterráneo, es la responsable de la transparencia: oxigena el agua, la mantiene limpia, fija el sedimento y protege la playa de la erosión del oleaje, además de sostener las poblaciones de peces del entorno. Las manchas oscuras que a veces desconciertan al bañista son precisamente eso: la razón de que el agua se vea así.
Y ahí está el dato con más peso de todo el conjunto. Esas praderas, entre Ibiza y Formentera, forman la parte natural del bien que la UNESCO inscribió en la Lista del Patrimonio Mundial el 4 de diciembre de 1999 con el nombre de "Ibiza, biodiversidad y cultura", junto a Dalt Vila, Puig des Molins y el yacimiento fenicio de sa Caleta. El comité lo justificó explícitamente por la influencia de la posidonia en la interacción entre los ecosistemas costero y marino. Dos años después, la Ley 17/2001 declaró parque natural las 15.396 hectáreas de ses Salines de Ibiza y Formentera, de las que casi 13.611 son marinas. Bañarse en Ses Illetes es bañarse dentro de un parque natural: eso explica los controles, los límites y las prohibiciones que el visitante se encuentra al llegar.

Bañarte en Ses Illetes es, literalmente, bañarte en un Parque Natural protegido. / Istock / Tono Balaguer
Del bullicio de los chiringuitos al silencio del norte
Que esta sea, para VIAJAR, la playa más bonita del mundo no tiene que ver con un veredicto ni con una lista: tiene que ver con lo que ocurre cuando uno se aleja doscientos metros del aparcamiento. Y con que el sitio siga reconocible después de medio siglo de fama. Aquí llegaban los barcos desde Ibiza cuando no existía carretera y el único acceso era por mar; algunos de los establecimientos que hoy sirven arroces en la arena abrieron precisamente en aquellos años, cuando el visitante desembarcaba directamente en la orilla.

La recomendación en Ses Illetes: mejor andar al fondo para encontrar la verdadera tranquilidad. / Istock
La experiencia real, sin embargo, depende de dónde se ponga la toalla. La zona sur, la más próxima a los aparcamientos, funciona como una playa de servicios: chiringuitos, tumbonas, tráfico de tenders que van y vienen de los barcos fondeados, música contenida y una densidad de gente considerable a partir del mediodía en agosto. Es la imagen que circula por redes y también el tramo que más decepciona a quien esperaba soledad.

Vista de Ses Illetes, en Formentera. / Istock
Basta caminar. Quince minutos hacia el norte y los establecimientos desaparecen, la arena se estrecha, la gente se dispersa y empieza otra cosa: matas bajas de vegetación dunar, sabinas retorcidas por el viento de tramontana, aves marinas pescando a pocos metros de la orilla. El parque natural sostiene poblaciones importantes de aves acuáticas y marinas nidificantes, invernantes y migratorias, además de un número notable de especies de flora y fauna endémicas de Baleares. Aquí la sensación no es de playa, sino de estar en medio del mar sobre una franja de arena que podría desaparecer con un temporal.
¡Ojo!
Conviene recordar que se transita por un espacio protegido: la duna no es un camino, la vegetación fija la arena y el parque incluye reservas naturales de acceso restringido, entre ellas zonas representativas de Espalmador.
Cómo llegar, qué se paga y a qué hora no ir
Formentera no tiene aeropuerto, así que el acceso pasa siempre por Ibiza. Desde el puerto de Eivissa salen ferris de varias compañías hacia La Savina, con travesías de entre 30 minutos y una hora. Desde el puerto, Ses Illetes queda a unos 3 kilómetros: se puede llegar en bici por los caminos verdes de la isla —la opción más razonable en verano—, andando en unos 30 o 40 minutos según el paso, o en la línea de bus L3, el circuito turístico que une La Savina con la playa de ses Illetes en torno a 15 minutos y que opera desde el 1 de abril con varias expediciones repartidas entre la mañana y la tarde.

Antiguo muelle en Ses Illetes. / Istock / Nando Lardi
Con vehículo hay dos peajes distintos y conviene no confundirlos. El primero es formentera.eco, la autorización para circular y estacionar en la isla, vigente del 1 de junio al 30 de septiembre de 2026: 9 €/día por turismo en julio y agosto, con un mínimo de 45 €, y 4,50 €/día por moto, con mínimo de 22,50 €; en junio y septiembre baja a 6 y 3 €/día. Los híbridos tienen una bonificación del 50 % y los eléctricos del 100 %, y el cupo diario para visitantes está fijado en 1.732 coches y 122 motos. En temporada alta ese cupo se agota: a mediados de julio ya no quedaban plazas para la primera quincena de agosto.
El segundo es el control de acceso específico a la zona de Ses Illetes, dentro del parque, activo del 10 de mayo al 15 de octubre de 2026. La tarifa para no residentes es de 7 € por coche y 5 € por moto entre el 16 de julio y el 31 de agosto; 6 y 4 € del 16 de junio al 15 de julio y del 1 al 15 de septiembre; y 5 y 3 € en los tramos de inicio y final de temporada. El aforo máximo autorizado es de 384 coches y 1.132 motos, los residentes en Formentera están exentos, y peatones, ciclistas, personas con movilidad reducida y vehículos eléctricos entran gratis, con un 50 % de descuento para los híbridos. El cobro funciona entre las 9:00 y las 17:00 o las 21:00 según el aparcamiento y la fecha. Los quads están prohibidos en todo el parque natural.

Aguas que solo encontrarás en Ses Illetes. / Istock / Tono Balaguer
De todo esto se deduce la única recomendación horaria que sirve: llegar antes de las nueve. Antes de esa hora no hay control activo, los aparcamientos están vacíos, el agua está en su punto más quieto y la playa se disfruta sin la logística de tumbonas y tenders. A partir de las once, y hasta media tarde, Ses Illetes es otro sitio. El otro momento bueno es a partir de las seis, cuando la mayoría ya ha vuelto al ferry.
Para comer, dos referencias contrastadas en la propia playa. Es Molí de Sal, instalado en un antiguo molino de la industria salinera, abre todos los días de 13:00 a 18:30 y de 20:00 a 23:00, con arroces, mariscos y cocina mediterránea, y vistas simultáneas a Illetes y a La Savina. La otra es Juan y Andrea, en plena arena de Illetes, en manos de la misma familia desde 1971, cuando aún no había carretera y solo se llegaba por mar; abre a mediodía y mantiene servicio de tender para los barcos fondeados. En ambos casos, precio alto y reserva imprescindible en agosto.
- Lo siento Caribe, la playa más bonita del mundo está en España: arena blanca, aguas turquesas de otro planeta y la tranquilidad del Mediterráneo
- El refugio de Fran Perea (47 años) es un pueblo leonés escondido donde su abuelo le enseñó a querer la tierra: 'No están ya algunas de las personas que me vieron correr por aquellos prados
- Eurostars Ocean Marbella: tu edén en la Costa del Sol
- Lo siento Santorini, pero el mejor pueblo blanco con vistas al mar está en España: casas de cal blanca, buganvillas y una intensa luz mediterránea difícil de encontrar en otro lugar
- El refugio de Jorge Sanz (56 años) está en un rincón de la sierra madrileña: una torre del siglo IX, bosques de encinas y rutas entre enormes bloques de granito
- El refugio de Manolo García (70 años) es un pueblo medieval de 600 habitantes donde encontró 'la fuente de vida y cultura': en la Sierra del Segura y rodeado de olivares y montañas
- Un viaje de tres días por la Edad Media: la escapada histórica que solo podrás vivir en Caspe
- Tenerife, el lugar donde el viaje nunca termina