El segundo hayedo más grande de Europa está en España: un bosque repleto de leyendas que alberga seres mitológicos únicos
Es una de las zonas más bellas y alucinantes de España y es una auténtica desconocida para muchas personas.

El haya se considera la madre de los bosques, la reina protectora que se encarga de cuidar y proveer de agua, oxígeno y alimento al resto de habitantes del bosque. Se conocen también como los 'atrapalluvias', porque atraen las nubes y las nieblas con sus hojas de un color verde brillante en primavera, ocres en otoño e inexistentes en invierno. España cuenta con el segundo hayedo más grande de Europa y, solo por la magia que desprende, merece la pena conocerlo.

Solo por delante está la Selva Negra de Alemania, un paraíso natural al sur del país que se considera uno de los entornos naturales más bellos del continente, contando también los pueblos de alrededor como Friburgo. En segundo lugar está la Selva de Irati de Navarra. Este bosque abarca una superficie de más de 17.000 hectáreas, que se reparte por los valles de Aezkoa y Salazar en Navarra, los de Cize y Soule en País Vasco y los Pirineos Atlánticos en Francia.
Bosques de hayas, robles y muchas más especies
Varias zonas de la selva están protegidas como reservas naturales, en total son tres: la reserva natural de Lizardoia, un bosque de hayas y abetos de 64 hectáreas en el monte La Cuestión que también es Patrimonio de la Humanidad de la Unesco; la reserva natural de Mendilatz, de 119 hectáreas de hayas y otros árboles en el monte homónimo; y la reserva natural de Tistuibartea, un bosque de roble de 55 hectáreas en el monte Petxuberro.

Todas ellas presentan un clima muy húmedo que es apto para la proliferación de ríos, arroyos y torrentes en torno a los cuales se concentra una enorme fuente de vida animal, siendo cobijo para jabalíes, ardillas rojas, corzos, buitres leonados, águilas reales o víboras hocicudas; y también vegetal. Las hayas y los abetos son los más abundantes, pero también destacan los abedules, los tejos, los arces, las zarzamoras, los acebos, los robles, los helechos o los sauces.
Leyendas del folclore navarro
Entre todos los árboles de sus bosques, se dice que la Selva de Irati esconde varios secretos llenos de magia. Es una zona en la que las leyendas están a la orden del día y el entorno las favorece: embalses de aguas cristalinas en las que se reflejan la luna al caer la noche y las hojas de las hayas, colocados de manera estratégica como creando el hogar ideal para seres mitológicos que han sido alimentados por el folclore y la tradición navarras.

No es que sea un lugar de cuento de hadas, es que los vecinos de la zona hablan de magia real y han creído durante siglos en la existencia de la misma. Podríamos comenzar por el monte Urkullu, su torre romana del siglo I a.C. y la estación megalítica con restos prehistóricos de hace más de cinco mil años. El folclore cuenta que los primeros pobladores de estas tierras fueron los Jentilak o Gentiles, que gozaban de una fuerza descomunal para mover aquellas piedras.

Pero cuando nos adentramos más de lleno en el bosque de Irati es cuando existe la posibilidad de toparnos con seres como el Basajun, el señor de los bosques, descendiente directo de los Gentiles. Habita el bosque y lo protege, ahuyentando o atrayendo tormentas o advirtiendo a los pastores de los lobos. Se considera el primer agricultor, herrero y maestro molinero y se dice que fue él quien enseñó estas labores a los seres humanos.
Las maravillas que rodean la Selva de Irati
Conociendo esta historia, hay quien tiene más ganas de adentrarse en la Selva de Irati y quien lo hace con más respeto. Más allá de los bosques, se pueden conocer otros rincones como las Casas del Rey del siglo XVIII, la ermita de la Virgen de las Nieves, las Cascadas del Cubo, la Fábrica de Armas de Orbaizeta o el mirador de Zamariain. O atravesando rutas circulares de dificultad baja y media como Errekaidorra, Gartxot o los Parísos-Erlán.

En el valle de Aezkoa también se pueden descubrir pueblos de casas bajas, tejas rojas y calles empedradas, con unas vistas espectaculares al Pirineo navarro. Ochagavía -considerado uno de los pueblos más bonitos del país-, Izalzu, Jaurrieta, Orbaiceta, Aribe o Villanueva de Aézcoa son solo algunas pinceladas de lo que se puede encontrar en esta preciosa zona del norte de España, donde la magia se sobrepone y los árboles crecen a su antojo.
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