El secreto mejor guardado del sur de España es un Conjunto Monumental con obras de Boticelli de valor incalculable: tiene la tumba de los Reyes Católicos y es Bien de Interés Cultural
Granada guarda entre sus muros uno de los tesoros artísticos más insólitos de España: un conjunto monumental formado por la Catedral y la Capilla Real que custodia un Botticelli original encargado por Isabel la Católica, la cripta donde reposan los reyes que cambiaron el mundo y siglos de historia condensados en piedra, mármol y oro.

Esta catedral es una de las más fascinantes del sur de España y guarda una obra de Boticelli. / Istock
España lleva siglos siendo uno de los grandes repositorios del arte universal. Sus iglesias, catedrales y basílicas actúan como museos vivos en los que conviven obras de los más grandes maestros de la historia del arte: Zurbarán, Murillo, El Greco, Alonso Cano, Ribera, pero también italianos, flamencos y renacentistas que encontraron en la fe cristiana el mayor de sus mecenas. Los templos españoles no son solo lugares de culto; son auténticas cámaras del tesoro donde la devoción y la genialidad se dieron la mano durante siglos para producir obras que hoy desafían cualquier valoración económica. Desde la catedral de Sevilla —la mayor del mundo gótico— hasta la Sagrada Familia de Gaudí, pasando por la catedral de Burgos o la de León con sus incomparables vidrieras, el patrimonio artístico religioso de España es una herencia que no tiene parangón en el mundo occidental.

Interior de la Catedral de Granada. / Istock / TOM_COFFEY
En ese mapa de maravillas, Granada ocupa un lugar singular y, paradójicamente, todavía poco comprendido en toda su magnitud. La ciudad que fue el último reducto del Al-Ándalus y el lugar donde los Reyes Católicos eligieron descansar eternamente se convirtió, tras la Reconquista de 1492, en un laboratorio artístico sin precedentes. La Alhambra, la Catedral, el Monasterio de la Cartuja y el barrio del Albaicín forman una constelación monumental que convierte a la ciudad nazarí en uno de los destinos culturales más densos y extraordinarios del continente europeo. Granada no es solo la Alhambra —aunque la Alhambra sea ya, por sí sola, razón suficiente para cruzar el mundo—. Granada es una ciudad que acumula capas de historia, arte y civilización como pocas en el planeta.

Adriana Fernández
El conjunto catedralicio que guarda un Botticelli y los restos de los reyes que dieron forma a España
En el corazón de Granada, a escasos metros del bullicio de la calle Reyes Católicos, se levanta uno de los conjuntos monumentales más extraordinarios de la arquitectura religiosa española: la Catedral de Granada y su inseparable Capilla Real. La Catedral, cuya construcción arrancó en 1523 por deseo expreso de los Reyes Católicos y no concluyó hasta 1704, es considerada una de las primeras y más importantes iglesias renacentistas de España. Fue Diego de Siloé quien, a partir de 1528, transformó el proyecto gótico inicial de Enrique Egas en uno de los templos más ambiciosos del siglo XVI, trazando una estructura basilical de cinco naves coronada por una capilla mayor de planta circular bajo una cúpula de 45 metros decorada con vidrieras, esculturas y pinturas de incalculable valor.

Exterior de la Catedral de Granada. / Istock / Manjik
El resultado es un espacio que, como recoge la propia web de la Catedral, aúna el legado espiritual y cultural de generaciones que "fueron creando un rico y variado patrimonio artístico y cultural". En el siglo XVII, el genio granadino Alonso Cano —pintor, escultor y arquitecto a la vez— vino a añadir su firma a la fachada y a la Capilla Mayor, completando un palimpsesto artístico de belleza sobrecogedora.
Pero es la Capilla Real, edificio anejo a la Catedral que funciona como parte indisoluble del conjunto monumental, donde la historia y el arte alcanzan su punto más sublime y, quizás, más desconocido. Su museo alberga una de las colecciones privadas de arte más extraordinarias que hayan podido llegar hasta nuestros días: la colección personal de Isabel la Católica. Entre las joyas de esa colección, perfectamente documentada en la web oficial de la Capilla Real, destaca una pequeña tabla de apenas 53 centímetros de alto y 35 de ancho que hace palidecer a cualquier tasación: La Oración del Huerto, de Sandro Botticelli.

Capilla Real de Granada. / Istock
Pintada entre 1498 y 1500, pertenece al conjunto artístico que aportó la reina Isabel la Católica para la decoración de dicho templo. Fue, por tanto, un encargo o adquisición personal de la reina para su devoción privada, una de las llamadas "tablas de devoción" que la soberana atesoró con mimo extraordinario. En la última etapa de su vida, Botticelli vivió un proceso interior que le llevó a una pintura más religiosa, y esta tabla es quizás el ejemplo más puro de esa espiritualidad tardía: la pintura refinada, armoniosa, idílica a veces y siempre de incuestionable poética que personalizó al Botticelli caracteriza la tabla de la Oración del Huerto. Que una obra de esta naturaleza —expuesta de manera permanente en el museo de la Capilla Real, en su sección de pinturas italianas— pueda contemplarse sin colas interminables ni reserva de meses es, sencillamente, uno de los privilegios más insólitos del turismo cultural en España.
La Capilla Real guarda, además, algo que va más allá del arte: a los propios protagonistas de la historia. La reina Isabel I de Castilla pasó todo el verano de 1504 enferma y, ya viendo cerca su final, firmó la carta fundacional de una capilla donde sus restos y los de su esposo Fernando descansarían eternamente en Granada.

Interior de la Catedral de Granada. / Istock / Jacques van Dinteren
Así nació este recinto funerario, construido por Enrique Egas entre 1506 y 1517, que alberga los sepulcros en mármol de Carrara de Isabel y Fernando, obras maestras del escultor italiano Domenico Fancelli, junto al de Juana la Loca y Felipe el Hermoso, labrado por Bartolomé Ordóñez. Bajo la tumba hay una pequeña cripta a la que se puede acceder por unas escaleras, donde se pueden observar los féretros de plomo de los cuatro miembros de la realeza y el sarcófago del nieto de los Reyes Católicos, el infante Miguel de la Paz, que murió siendo un niño. La Capilla Real fue declarada Monumento Histórico Artístico el 19 de mayo de 1884, teniendo la consideración de Bien de Interés Cultural en la actual legislación del Patrimonio Histórico Español (25 de junio de 1985) y la Ley del Patrimonio Histórico Andaluz (3 de julio de 1991). Una distinción que reconoce formalmente lo que cualquier visitante percibe en cuanto franquea sus puertas: que este lugar es, a la vez, el panteón de la historia de España y uno de sus más grandes museos.

La catedral de Granada, en su interior, destaca por sus imponentes dorados. / Istock / Starcevic
Granada, una ciudad que no termina de agotarse
Decir que Granada merece más que un día sería quedarse corto. La ciudad es, como apunta el portal oficial de turismo de España, un destino que no se deja reducir a una sola visita. Quienes se quedan solo con la Alhambra —por extraordinaria que sea, como el monumento más visitado de España y una de las pocas ciudades medievales islámicas mejor conservadas del mundo— se pierden la mitad de la historia. A pocos pasos del conjunto catedralicio, el barrio del Albaicín, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1994, es el barrio más antiguo y pintoresco de Granada, con su laberinto de callejuelas, plazas recogidas, casas moriscas y el Mirador de San Nicolás, desde donde la vista de la Alhambra y Sierra Nevada al fondo es, sencillamente, una de las estampas más emocionantes de Europa. El Sacromonte, con su Abadía del siglo XVII y sus célebres cuevas, añade una dimensión casi mística a la experiencia granadina: es el barrio del flamenco más hondo, de las zambras gitanas al calor de las hogueras y de una espiritualidad que no tiene equivalente en ninguna otra ciudad española.

Barrio del Albaicín. / Istock
El Monasterio de la Cartuja es otro de esos lugares que sorprenden a quienes no lo esperan: un interior barroco de extraordinaria riqueza, con una sacristía en la que el churrigueresco alcanza cotas de virtuosismo difícilmente igualables. El Monasterio de San Jerónimo —también obra de Diego de Siloé— guarda en su interior los restos del Gran Capitán, Gonzalo Fernández de Córdoba, y un crucero renacentista considerado entre los mejores de España. Y si el viajero quiere ampliar su radio, la provincia de Granada despliega paisajes que oscilan entre la cumbre más alta de la Península —el Mulhacén, en Sierra Nevada— y las playas subtropicales de la Costa Tropical, pasando por los pueblos blancos de las Alpujarras, con su arquitectura bereber única en Europa, o las cuevas prehistóricas de la Cueva de los Letreros. Granada, en definitiva, no es un destino: es un universo.
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