Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Todos coinciden en el secreto mejor guardado de Galicia: una comarca costera que desbanca a las Rías Baixas gracias a sus acantilados salvajes, sus faros solitarios y el mejor marisco de roca del mundo

La Comarca de Ortegal reúne algunos de los paisajes más abruptos del litoral gallego, con enclaves como Vixía de Herbeira, el Cabo Ortegal y localidades donde el percebe sigue siendo protagonista.

El Faro de Cabo Ortegal

El Faro de Cabo Ortegal / Istock / Nando Lardi

La primera impresión que te llevas de la Comarca de Ortegal no se parece a la imagen que todos podemos tener de Galicia, con una costa llena de pequeñas calas. En este punto de nuestra geografía el terreno es mucho más vertical y más abierto; pero, pese a ello, apenas hay transición entre la tierra y el mar.

El Faro de Cabo Ortegal

El Faro de Cabo Ortegal / Istock / Nando Lardi

Cuando conduzcas por la también conocida como la "Comarca secreta", verás que la carretera se abre y el terreno desaparece de golpe hacia el mar, y ya solo quedarán acantilados y agua al fondo. Y decimos agua y no arena porque esta no es una costa pensada para bajar a la playa, sino para recorrerla desde arriba, enlazando miradores, faros y tramos de carretera.

El pueblo donde mejor se come de Galicia es todavía un desconocido: marisco, hórreos frente al mar y un litoral salpicado de leyendas

Adriana Fernández

La comarca limita al norte con el océano Atlántico y con el mar Cantábrico; al este, con la provincia de Lugo; al sur, con la comarca del Eume; y al oeste, con la comarca de Ferrol.

Primera parada: Vixía de Herbeira

El punto más claro para empezar la ruta es la Vixía de Herbeira. Aquí se encuentran algunos de los acantilados más altos de Europa occidental (y los cuartos de toda Europa, tras los de Hornelen, Cabo Enniberg y Croaghaun), con cotas que superan los 600 metros sobre el nivel del mar. ¡Da impresión verlos!

Acantilados de Herbeira

Acantilados de Herbeira / Wikimedia Commons / Dariome

Lo que más sensación da es la sensación de altura, porque no hay plataformas elevadas ni estructuras construidas por el hombre, sino que el mirador es el propio terreno, y esa verticalidad corta la respiración.

Desde Herbeira, la ruta continúa hacia Cariño. Este tramo, aunque se hace en coche, forma parte del viaje tanto como cualquier mirador por sus curvas constantes, los cambios de rasante y tramos donde el acantilado aparece cuando menos te lo esperas.

Cariño, A Coruña

Cariño, A Coruña / Istock / MAITE GRAU

A lo largo del recorrido hay pequeños apartaderos que funcionan como miradores improvisados. Muchos no están señalizados, así que hay que ir prestando atención para que te de tiempo a pararte, pero precisamente por eso son los que permiten detenerse sin la sensación de estar en un punto muy turístico.

Cabo Ortegal: un punto de referencia en la costa

El Faro de Cabo Ortegal

El Faro de Cabo Ortegal / Istock / Kevin George

El Faro de Cabo Ortegal es uno de los lugares más reconocibles de la zona y data del siglo XX, aunque el enclave ha tenido señalización marítima desde antes.

Este punto está tradicionalmente identificado como el lugar donde se encuentran el océano Atlántico y el mar Cantábrico, aunque otras voces señalan la Punta de Estaca de Bares. Más allá del límite exacto, lo que sí es evidente en este punto concreto es el cambio en la orientación de la costa y en la dinámica del mar.

De Cariño a Cedeira

Cedeira, A Coruña

Cedeira, A Coruña / Istock / 5

Después del cabo, la ruta desciende hacia Cariño y continúa en dirección a Cedeira. En este tramo, el paisaje cambia ligeramente, aunque siguen apareciendo acantilados, pero la costa empieza a abrirse. Además, por aquí verás que van apareciendo núcleos más habitados, perfectos para una parada rápida.

Más allá del mar, lo mejor llega cuando alcanzas el final de esta ruta. En Cedeira, el foco deja de estar solo en el paisaje y pasa también al producto.

Percebes

Percebes / Istock / R

El percebe de esta zona es especialmente valorado por las condiciones peligrosas en las que se recoge, ya que quienes lo capturan se enfrentan a rocas expuestas al fuerte oleaje y un acceso bastante complicado.

Aunque el percebe no es exclusivo de Ortegal, sí forma parte de la identidad de esta costa y es el mejor manjar que puedes disfrutar cuando recorras este tramo del norte. Fácilmente puedes terminar la ruta en una jornada sin prisas, por que las distancias no son grandes, pero las paradas (especialmente si te das un homenaje de este tesoro del mar) alargan el tiempo total.

Algo también a tener en cuenta es el tiempo. Lo habitual es encontrarse con niebla, por lo que la visibilidad puede reducirse mucho y cambiar completamente la percepción del paisaje. Eso hace que, a veces, "desaparezcan" los acantilados. Por eso, un día despejado mejora mucho la experiencia.