El secreto mejor guardado de la Costa Blanca: verás flamencos, salinas y atardeceres de postal sin masificaciones

La ciudad perfecta para disfrutar de unas vacaciones mediterráneas auténticas sin hordas de turistas; ambiente marinero, playas de ensueño y atardeceres de postal.

Un pueblo de Alicante que te enamorará.
Un pueblo de Alicante que te enamorará. / Istock / JESUSDEFUENSANTA

Alicante tiene fama de playas espectaculares, chiringuitos hasta el amanecer y urbanizaciones que parecen brotar de la nada. Pero basta con alejarse un poco de los focos para descubrir otra cara, más tranquila, más salvaje, más auténtica. Santa Pola es uno de esos rincones que ofrece una experiencia completa; playas con vistas a una isla, flamencos que te saludan al amanecer y rutas de senderismo que huelen a sal y tomillo. Y lo mejor es que sigue siendo (por ahora) un destino que escapa al radar del turismo masivo.

Una franja de costa con vistas privilegiadas

Ubicada en la provincia de Alicante, esta zona se extiende pegada al mar con una serie de urbanizaciones bajas, casas blancas y calas tranquilas que nada tienen que ver con el bullicio de la Costa Blanca más comercial. Desde sus playas se contempla, casi flotando en el horizonte, la Isla de Tabarca, la única habitada de la Comunidad Valenciana. La estampa es la siguiente; aguas turquesas, barquitas fondeadas, el sol cayendo justo detrás de la silueta de la isla… y todo eso mientras tú estás en la orilla, sin más compañía que el rumor del mar y alguna gaviota curiosa.

Playa de la Marina cerca de la ciudad de Santa Pola.

Playa de la Marina cerca de la ciudad de Santa Pola.

/ Istock / Medvedkov

La playa de Varadero o la playa de Carloti son las favoritas de los que conocen la zona. Agua cristalina, acceso sencillo y un ambiente tranquilo. Aquí no hace falta pelear por un hueco con la sombrilla ni pagar fortunas por una paella.

Naturaleza a tiro de zapatilla

Santa Pola no solo es mar. Uno de sus mayores tesoros son las Salinas de Santa Pola, un humedal protegido dentro del Parque Natural que comienza literalmente al otro lado de la carretera. Aquí la naturaleza va por libre, y los flamencos, las garzas reales y los zampullines te reciben como si nada. Es un espectáculo que cambia cada día con la luz del sol, rosa al amanecer, dorado al atardecer, espejo perfecto cuando no sopla el viento. Puedes recorrerlo a pie o en bici por senderos bien señalizados y gratuitos.

Observatorio de las Salinas de Santa Pola, algunos flamencos rosados en la laguna.

Observatorio de las Salinas de Santa Pola, algunos flamencos rosados en la laguna.

/ Istock / Unaihuiziphotography

¿Una curiosidad? Las salinas no tienen únicamente valor ecológico, también económico, pues llevan siglos extrayendo sal de forma artesanal, y aún se pueden ver las montañas blancas reluciendo bajo el sol como si fueran de nieve. Parece un destino de invierno, pero no, es la sal de las salinas.

Senderismo con vistas 

Si lo tuyo es caminar, no puedes perderte la subida al mirador del Faro de Santa Pola. Desde lo alto del acantilado, la vista es de las que quitan el hipo, un mar infinito que inspira una tranquilidad inigualable y Tabarca en primer plano. El sendero es fácil, apto para todos los públicos, y se puede hacer incluso con calor si vas temprano o al atardecer. Además, hay una pasarela voladiza que cuelga sobre el acantilado, puede dar vértigo, sí, pero también unas fotos espectaculares.

Espectacular imagen del Faro de Santa Pola al anochecer.

Espectacular imagen del Faro de Santa Pola al anochecer.

/ Istock / JESUSDEFUENSANTA

Gastronomía con raíces marineras

En Santa Pola se come muy bien y sin necesidad de rascarse el bolsillo. Aquí mandan el pescado fresco, el marisco de la lonja y los arroces bien hechos, como el arroz a banda o el caldero de pescado, herencia de los antiguos pescadores. Muchos restaurantes no tienen más pretensiones que ofrecer buen producto y mesas con vistas. Y, sinceramente, no hace falta mucho más.

Historia discreta, aunque presente

Aunque no lo parezca, esta zona también guarda fragmentos de historia. La propia ciudad de Santa Pola tiene un castillo-fortaleza renacentista, construido en el siglo XVI para defenderse de los ataques. En el puerto, los restos del muelle romano del siglo I a.C. dan fe de que ya los antiguos sabían que este lugar valía la pena.

Castillo fortaleza en Santa Pola, España.

Castillo fortaleza en Santa Pola, España.

/ Istock / soniabonet

Y si te gusta el ambiente marinero auténtico, no dejes de pasar por la lonja de pescado al caer la tarde. Allí se realiza una subasta pública de lunes a viernes por la tarde, a partir de las 16:00 (aproximadamente), y es posible acceder a ellas de forma gratuita. Puro espectáculo cotidiano.

Castillo fortaleza de la aldea pesquera de Santa Pola, España.

Castillo fortaleza de la aldea pesquera de Santa Pola, España.

/ Istock / MEDITERRANEAN

Quien llega aquí, repite. Y quien escribe estas líneas se debate entre recomendarlo o guardárselo como un secreto. Pero ya lo dice el refrán, "lo bueno, si se comparte, sabe mejor". Así que apunta el nombre, prepara la maleta y descubre una costa que todavía se parece a la de antes, o eso dicen.

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