Ni Sanxenxo, ni Muros: el pueblo más bonito de Galicia es Conjunto Histórico-Artístico y tiene una plaza del siglo XVI declarada Bien de Interés Cultural
Se considera uno de los pueblos más bonitos de Galicia y con razón, gracias a su historia, arquitectura y al Atlántico que baña sus costas.

Un precioso pueblo de Galicia que enamora por el paladar y la vista. / Istock
Durante mucho tiempo, Galicia fue considerado el fin del mundo -de ahí el nombre de Fisterra, final de la Tierra-. Hubo quien la despreció por aquello, simplemente por su ubicación en el mapa, pero ahora, por fin, hemos sido capaces de apreciar su verdadero encanto. Con sus costas bañadas por el Atlántico y sus aldeas abrazadas por las montañas, es difícil no verse cautivado por la belleza gallega en alguno de sus rincones.

Uno de los pueblos más bonitos e infravalorados de toda España / Istock / Wirestock
Dicen que entre Pontevedra y La Coruña están algunos de los pueblos más bonitos, como Sanxenxo y Muros. Pero esta tierra de misterios y leyendas esconde otro que quizá es más desconocido, pero cuya belleza iguala e incluso podría superar a la de los anteriores. Se trata de Cambados (Pontevedra), una villa señorial que ha logrado coronarse como capital del vino Albariño, Pueblo Mágico de España y Conjunto Histórico-Artístico.

Adriana Fernández
Un pueblo creado hace más de mil años
Para entender el presente de Cambados, hay que empezar por el principio, por sus orígenes prerromanos, cuando los habitantes ya levantaban castros para controlar su poder en aquel precioso territorio. Durante la época romana, adquirió gran importancia por el comercio marítimo y la fertilidad de las tierras, aunque la vid empezó a explotarse en la Edad Media. No fue hasta el siglo XV cuando crearon su propio imperio algunas de las familias más poderosas de la zona.

Una calle medieval señorial de Cambados, Pontevedra / Istock / David Andres Gurierrez
Casas solariegas, residencias y torres defensivas fueron erigidas por familias como los Ulloa, los Figueroa o los Montes de Mendoza, cuya huella todavía continúa intacta en el casco antiguo. Lo señorial se fundió con lo marinero, la elegancia con el bullicio de los puertos, y por eso el urbanismo de Cambados es tan diferenciador. En el siglo XIX, la filoxera acabó con los viñedos europeos y la cepa del Albariño, paradójicamente, ganó en valor.

El pazo de Fefiñáns en Cambados, Pontevedra / Istock / Shootdiem
Ya en el XXI, concretamente en 2001, se declaró al municipio al completo Conjunto Histórico-Artístico. La importancia de antaño y la conservación de los bienes que se levantaron entonces continúa destacando a día de hoy en el corazón de su casco histórico, que también posee el título de Bien de Interés Cultural. El gran emblema de la villa es el pazo de Fefiñáns, una de las joyas arquitectónicas más sobresalientes de Galicia.
Un viaje del pasado marinero a las bodegas de Albariño
El pazo se construyó en el siglo XVI por orden de don Juan Sarmiento Valladares, consejero del rey Felipe II. El conjunto está conformado por una iglesia, un arco-puente y dependencias que hoy utilizan las bodegas de Albariño. Aunque por lo que realmente destaca es por sus arcos de medio punto, su plaza porticada y su torre almenada. No en tan buenas condiciones está la iglesia de Santa Mariña Dozo, de la que hoy solo quedan las ruinas del siglo XV.

La iglesia de Santa Mariña Dozo en Cambados / Istock / David Andres Gutierrez
El barrio marinero de San Tomé, que antiguamente era independiente de Cambados, es el lugar más genuino, conservando intacto su espíritu ligado al mar, con monumentos como la ermita de San Tomé do Mar. Un espíritu similar se respira también en la plaza de As Rodas, revestida de casas de piedra con balcones de hierro típicas de aquella zona. Sin embargo, lo que custodia el mar es la Torre de San Sadurñino, impertérrita en mitad de un islote.

El puente de piedra que conecta con la Torre de San Sadurñino / Istock / David Andres Gutierrez
Se levantó en el siglo VIII como fortaleza defensiva y está unido a la tierra de Cambados por un estrecho puente de piedra. Hoy tan solo se conservan algunos muros y la base de la torre, pero sigue recordando lo que un día fue. Como colofón a todo este precioso e impresionante conjunto, llaman la atención las bodegas de Albariño, desde Martín Códax hasta Condes de Albarei o Pazo de Fefiñáns, para culminar con un final fresco y elegante.
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