El santuario brutalista vasco que rechazó el Vaticano: tiene un pórtico de 36 metros de largo, tres torres punzantes y está hecho de hormigón
Fue construido en los años 50 y su diseño cambió la historia de la arquitectura en España.

El santuario lleno de pinchos que fue rechazado por el Vaticano / Istock / Unai Huizi
España cuenta con lugares únicos como la Mezquita-Catedral de Córdoba, el Monasterio de Montserrat en Barcelona o el Puente Nuevo en Ronda. Sin embargo, hay un monumento que, aunque suene difícil de creer, es todavía más singular. Es un santuario, y se encuentra en el País Vasco.

El pueblo donde se encuentra un santuario muy inusual / Istock / Uziel Martinez
Es uno de los pioneros del brutalismo del país y tiene 3 torres muy especiales: están llenas de pinchos. Sin embargo, esto no es lo único curioso de este lugar, pues llegó a ser rechazado por el Vaticano por culpa de unas estatuas. Tras haber sido prohibidas por un tiempo, hoy en día están expuestas y son parte de la historia de la provincia de Guipúzcoa.

Adriana Fernández
El santuario que pincha
Hablamos del Santuario de Arantzazu, situado en el municipio de Oñate. Fue diseñado en los años 50 por los arquitectos españoles Francisco Javier Sáenz de Oiza y Luis Laorga junto a un grupo de artistas formado por Jorge Oteiza, Lucio Muñoz, Néstor Basterretxea, Eduardo Chillida, Xabier Egaña y Fray Eulate. Aparte de crear un santuario de hormigón impresionante y un pórtico enorme de 36 metros de largo mucho más grande que el tamaño promedio, decidieron ir un paso más allá y cambiar la historia de la arquitectura en España.
Todos ellos decidieron acabar con lo tradicional e innovar de una manera única cubriendo las 3 torres de la fachada con pinchos, desechando la idea de tener unas columnas clásicas y haciendo referencia a donde se dice que se apareció la Virgen de Arantzazu. Según la cultural popular, fue encontrada por un pastor sobre un espino.

Santuario de Arantzazu, en Oñate / Istock / Sergio Formoso
Las estatuas vetadas por el Vaticano
Las torres punzantes no son lo único asombroso del santuario, pues sus estatuas llegaron a ser prohibidas por el Vaticano. En vez de incluir esculturas de los 12 apóstoles, Jorge Oteiza decidió hacer 14 con una característica muy inusual: todas tenían un vacío en el pecho. Su intención no era representar a los apóstoles sino a los seres humanos de a pie, dando a entender que están vacíos de ego y permitiendo con los huecos que todo el que visitase el santuario pudiera “introducir su alma en ellos” y verles de tú a tú, como iguales.

Estatuas del Santuario de Arantzazu / Istock / Santi Rodriguez
La Iglesia no terminó de comprender lo que Oteiza quería transmitir, así que la Comisión Pontificia de Arte las prohibió a través de acusaciones de herejía y comunismo, entre otras cosas, y por no seguir la tradición del arte sagrado. Sin embargo, en 1969 se retiró el veto y pudieron ser finalmente instaladas en la fachada del santuario.
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