Ni Santorini, ni la Costa Amalfitana: el pueblo más bonito del Mediterráneo está en España y cuelga sobre el mar

El pueblo que demuestra, una vez más, que España no tiene nada que envidiar a nuestros vecinos italianos.

Un pueblo de Castellón capaz de arrebatarte el corazón.
Un pueblo de Castellón capaz de arrebatarte el corazón. / Istock

A lo largo del territorio nacional, podemos encontrar pueblos que se entienden paso a paso, caminando; u otros en los que en la montaña se comprende su encanto; e incluso aquellos que la historia es quien marca el pulso de la visita. Pero hoy no os hablamos de ninguno de esos (no estrictamente), hoy el protagonista es un destino que no se entiende sin mirar al mar. Efectivamente, hablamos de Peñíscola.

Adriana Fernández

Este precioso pueblo de Castellón se alza sobre una roca que se adentra en el Mediterráneo como si quisiera comprobar, día tras día, que el mar sigue ahí, que no se ha largado. Y, aunque parezca mentira, su encanto no acaba ahí, pues caminando por sus calles descubrirás casas blancas apiladas, murallas históricas agua y un castillo que lleva siglos vigilando el horizonte. Y es que, como siempre decimos aquí, no hace falta cruzar fronteras, en España el Mediterráneo cobra igual (o más) fuerza que en las costas italianas y griegas.

Una ciudad construida sobre la roca

Para hablaros de Peñíscola, me resulta imposible no centrarme en su geografía. El casco antiguo está levantado sobre un tómbolo rocoso de unos 64 metros de altura, unido al continente por un estrecho istmo de arena. Durante siglos fue, en la práctica, una isla natural, lo que la convirtió en una plaza defensiva privilegiada.

Toma aérea desde Peñíscola, España.

Toma aérea desde Peñíscola, España.

/ Istock / Wirestock

Por su parte, las murallas que rodean el casco histórico no están para decorar, son mucho más que su belleza (aunque parezca mentira). Fueron reforzadas en el siglo XVI, durante el reinado de Felipe II, como parte del sistema defensivo del Mediterráneo frente a ataques piratas y amenazas otomanas. Cuando llegas a Peñíscola encuentras una perfecta dualidad; desde lo alto, el Mediterráneo parece tranquilo; desde abajo, las murallas imponen respeto.

El castillo donde vivió un papa que no se rindió

Pero en Peñíscola no todo iba a ser belleza y disfrute visual. Aquí, hay historia para rato. Y es que, coronando el peñón se alza el Castillo del Papa Luna, construido por los templarios entre 1294 y 1307. Allí residió Benedicto XIII, uno de los protagonistas del Cisma de Occidente, que convirtió Peñíscola en sede pontificia entre 1411 y 1423. Fue su refugio político y espiritual cuando media Europa le dio la espalda. Así que, cuando pongas un pie en este destino mediterráneo, ten en cuenta que todo tiene una anécdota detrás.

Imagen de Peñíscola.

Imagen de Peñíscola.

/ Istock / RELENA SANCHEZ

Calles blancas, cuestas y vistas inolvidables

Una vez te hayas impregnado de su historia, toca impregnarse de su cultura. Y, para ello, lo mejor es andar. Perderse por el casco antiguo, con el mar apareciendo de pronto, y rodeado de casas blancas es, en definitiva, una experiencia en sí misma. Aquí no hace falta buscar miradores oficiales, pues el pueblo entero es un balcón al Mediterráneo.

Calle en Peñíscola, España.

Calle en Peñíscola, España.

/ Istock / MarioGuti

A los pies del peñón se extiende la Playa Norte, más de cinco kilómetros de arena fina con una de las vistas más reconocibles de la costa española. Al sur, la Playa Sur es más recogida y tranquila, protegida del oleaje y del viento. Y para quienes prefieren alejarse del bullicio, el litoral ofrece calas donde el Mediterráneo se muestra más salvaje. Aquí hay para todos los gustos. ¿El precio a pagar? Ninguno más allá de dejar todo como te encontraste.

Un plató de cine sin necesidad de decorados

Aquí cobra sentido la frase: "es un pueblo de película", pues Peñíscola ha sido escenario de cine y televisión durante décadas. Desde Calabuch hasta El Cid, pasando por Juego de Tronos, que convirtió sus murallas en la ciudad de Meereen. Y, la verdad, no me extraña, pues pocas localizaciones combinan tan bien historia, mar y arquitectura sin necesidad de mucho esfuerzo. Aquí la realidad siempre ha sido suficientemente espectacular.

Castillo de Peñíscola, España.

Castillo de Peñíscola, España.

/ Istock / Plateresca

Con todo esto que te he contado, a nadie le extraña que Peñíscola sea parada obligatoria si vas a Castellón. Es historia viva, paisaje y carácter. Un lugar donde el mar no es solo fondo, sino protagonista. Y una escapada express donde, una vez más, se confirma que lo bueno, si breve, dos veces bueno.

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